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Primer
Encuentro
Me declaro el alma mater
De estos días vagatorios
Y huyo a la faz blanca
De los calendarios.
La tierra de nadie cruje
Fértil y doliente
La luna se troza encarnada
Mientras cubres
Tu sexo imaginario.
Yo te observo satánica
Y constelada
Bajo los notros floridos
Te acecho, te huelo
Te espero
Suelto al viento
Mi carnívora melena
Y un estruendo de nubes rosadas
Pronuncia al fin
El nombre de todos los días.
©Zulema Retamal
Momentos
En medio del armario
De la abuela
Están las palabras
Las ocultas y frescas palabras
En el ancho pasillo
En las ventanas
En la tarde
Vuelan , zumban
Como locos matapiojos en nubes
Son tantas que de tantas
Me atraviesan y se van
Dejando mi estructura
En los campos de poleo
O en ciegas avenidas
Que conducen siempre
A la puerta de tu casa.
©Zulema Retamal
Razones
Permanecerás
Porque conozco
Tus celos habituales
Porque mansamente
_y a tu gusto_
te revuelves
y aglutinas en mi cuerpo
porque alguna vez
he muerto de la risa
cuando has despertado
en mitad de la noche
pronunciando el nombre
de otra.
©Zulema Retamal
Divino
Tesoro
Y de tan santas que éramos
Corríamos
Los domingos de madrugada
Para inventarle
Los mil y un pecados
Al cura del pueblo
Que por aquellos días
Era un milagro de Dios.
©Zulema Retamal
Cuento
Corto
El tyranosaurus Rex
Se abalanza
Con sus dientes caníbales
Me defiendo -sólo un poco-
Luego se inunda el aire
Con el aliento más caliente
De sus fauces.
©Zulema Retamal
Las Que No
Somos Santas
Las que no somos santas
Quemamos las naves
Sin golpes de pecho
En la plaza del pueblo
No comulgamos
Ruedas de carreta
Ni acarreamos el agua
Para el propio molino.
Miramos debajo del agua
Por el ojo de la cerradura
Y por el ojo de buey
Pero no pasamos
Tan fácilmente como el camello
Por el ojo de la aguja
Somos memoria del día
Y no le debemos
A santo alguno una vela.
©Zulema Retamal
Intima
Amo las palabras
Las sueltas las brillantes
Las breves
Las armadas de silencio
Pero hay una que se esconde
En mi boca
Huye hacia adentro
Hacia los árboles sombríos
De la tarde
Y en el sosiego de la noche
Salta hacia mi lecho
Se transforma en cercanía
Entonces la digo
Mil veces la digo.
©Zulema Retamal
Soy
La mestiza
Arauco
La perdiz que se escabulle
El espíritu de los árboles
Los ojos de la luna
Soy la que
deja acoplar
Su silueta de pájaro
La que destila salivas en tu boca
Soy Eva la
ingenua
Del anteparaíso habitado
La forajida de tus sueños
La playa que sorbe
Tus sales de marinero
Soy nada más
La maga que te inunda
En sus trucos naturales.
©Zulema Retamal
Ciclo
Si me lanzo hacia
un abismo
aguas arriba
el olor a menta invadirá
la calle
El big Bang será el principio
de un a foto que refugia
el otro lado del espejo
Los pistilos estallantes
construirán de nuevo
la galaxia
Aparecerán entre mis dedos
con textura de amapolas
las estrellas extinguidas
y la sangre que me aloja
invertirá la huella
de un ferruginoso recorrido
Seré el águila o el cisne
de nuevo
para habitar las cercanías
de lagos y montañas
Habré de escalar templos
descalza y temblorosa
como Venus destruida
Entonces seré tu diestra
tu siniestra
en la memoria por un tiempo
hasta que un grito autóctono
se hunda como puñal de piedra
en el centro de esta tierra
que no existe
©Zulema Retamal
Encuentro
Un hombre de
carne
recorre arterias y laberintos gloriosos
huele a exterminio de medusas
y en su mirada lleva cielos sumergidos
páginas escritas en la arena
La otra mitad llamado
Erguido y seminal
busca la espesura de mi cuerpo-
abismo que lo traga en todos los idiomas
Mi amapola volcánica
estruja lo inabarcable de su mar
Cada trazo suyo
se extiende como un pez de ámbar
entre danzas libertinas
condenadas a morir por las mañanas
Los álamos que habitan sus manos
dejan caer movimientos celestes
relámpagos que apartan
en su origen las líneas paralelas
y en su boca yace el vaticinio
de los besos
Este hijo de la claridad
de las redondas noches
suelta los demonios de mi cuerpo
me atrapa en el olimpo de los dioses
Me pertenece
en un instante eterno
porque torrenciales los hilos
que conducen a su río
abrazan mi estructura sin piedad
a un olor de hombre terrenal y divino
©Zulema Retamal
Las que no somos santas
Las que no somos
santas
quemamos las naves
sin golpes de pecho
en la plaza del pueblo
No comulgamos
ruedas de carreta
ni acarreamos el agua
para el propio molino
Miramos debajo del agua
por el ojo de la cerradura
y por el ojo de buey
pero no pasamos
tan fácilmente como el camello
por el ojo de la aguja
Somos memoria del día
y no le debemos
a santo alguno una vela
©Zulema Retamal
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