En mi soledad

 


fotografía: Patricia Echegoyen

 

 
 
TIEMPO SIN RETORNO
 
Estamos separados por un vacío agudo y triste...
 
En un tiempo sin retorno que es cárcel de este anhelo perenne y breve...
 
Cada cual en su vida; mientras te empeñas en llenarme de tí, como un fantasma.
 
Me queman tus palabras, la nostalgia, los recuerdos, la mudez tensa del silencio...
 
Este camino que nos pierde , tu vuelo azul de golondrinas...
 
Tú: todo y nada, rumor que se resbala por mis sienes, impulso que me atrapa, luz que brota en mi frío y me abraza tibiamente...
 
Vuelves sin quererlo, en la sed que nos separa, siendo temblor y fiebre extraña...
 
Tú y yo, tan lejos como doloridas sombras ahogándose por dentro con este aire triste, donde se rompe el cristal de nuestro sueño.
 
Sólo nos queda: una sonrisa fría, el vacío ante los ojos, y el miedo de perdernos...
 
Tu soledad y la mía, queriendo rescatar aquellas tardes de abril, hechas ya pliegues del viento; las horas idas, los paisajes borrados...
 
Porque permanezco en tí, con infatible cercanía, donde me persigues y me huyes, tendiéndome tu mano impalpable en la distancia...
 
 
A ESE HOMBRE
Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a desbordarse, que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de la espiga, que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas  de seda al tacto y una verdad sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros desafíos.
Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento. En su cabello de trigo que me inunda en un pleamar de pétalos y trinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el aroma, claveles recién abiertos y flores níveas en mis sueños.
 
 
 
SEMILLAS INMORTALES
LLORA MI ALMA
Esta noche, envidio a la apartada gruta en su mundo perdido del camino, al mar que a la ribera sujeta con amarras, a la lumbre, a la huida del celaje...
 
Cómo callar mi corazón, si todo es inquietud, ansia y cansancio. Se apagó tu voz y no acepto tu muerte, aunque permanezcan en silencio tus óleos, acuarelas y pinceles.
 
Mi voz no logra tocarte en la distancia, llora mi alma, otra vez sus alas grises...
 
Retornan los recuerdos y tu figura es un signo leve dibujado en el aire.
 
Vaga mi mirada, me pesan los párpados en este torbellino que rueda en mi memoria.
 
¿Sabes?, hoy cuando los capullos se abrieron, sentí que en ellos tu alma suspiraba.
 
Si tan sólo pudiera encontrar tu paso y dejarme llevar.
Que cerrada es la noche en el insomnio, qué hondo es el dolor y qué ansia por rescatarte de los ocultos jardines donde empiezas a vivir.
 
Si hubiera podido sujetar el tiempo, decirte cuánto te amo; pero tú al morir fuiste oscureciendo de melancolía.
 
Dejaste mi alma sola, fluyendo en emociones de ayer, volviendo los ojos a un camino largo, interminable, cercado por dolor y lejanías.
 
Estarás en mí, aunque hoy tiemble la luna con mi llanto, y tus labios pálidos no se abran más para llamarme, estarás en mí con el amor de siempre, rodeando mi corazón en todas sus auroras.
Te hablo  desde el fondo de mi sangre, a gritos, perdiéndome en el vértigo del límite. Te marchaste como pasajero liberado del tiempo. No pude detener tu muerte, con este lazo de lágrimas...
 
Padre, recógete en la sombra, sé trino y alabanza. Tu cuerpo en la tierra y el alma en el cielo, consuelen mi pena y bendito seas...
 
 
TU RECUERDO
 
El viento es monótono y seco. Pasan los días como los sueños y las voces, el ayer lánguido y triste.
¿Cómo escuchar tu voz en los labios del silencio?
Mírame - en la inmóvil yedra- imaginándote en la calma del ocaso, bajo la luz de un cielo estrellado.
Calla mi boca tu ausencia, en cada instante  que pasa.
Soy la linfa del caudal disperso que se oculta,  en esta noche íntima, donde esquivo la orfandad del pensamiento.
Dame una soledad intacta y pura, que pueda sentir la exceltitud del alma, oír tu risa en un niño jubiloso, escuchar la lluvia entre los recodos dormidos del jardín.
Así en el azul de tu distancia, a solas lloro tu abandono.
Si pudiera sentirme leve como el viento, llegar a ti humildemente sin sueños ni ataduras. Así, en el hondo anhelo de mi alma, sigo sin encontrarte.
 
Pinceladas violetas abren  mi ventana, la brisa huele a rosas...tu voz inefable me grita en la senda estremecida.
La muerte oculta matices de belleza que aún no has penetrado.
Vibra tu alma cuando la sombra llega con sus tenues misterios.
¿Qué hacer sin tí? Me pregunto tantas veces, mientras la vida sigue su curso.
Tu espacio está lleno de rosas marchitas. Tú no puedes morir porque vas en nosotros y más allá de nosotros...
Este dolor nuevo, dolor llevado en las entrañas hace brotar acongojadas voces.
Hoy he comprendido la distancia y llegó hasta mi la honda tristeza.
Me invade la ternura, me quedo a dos pasos del llanto...
Padre:¡Que las enredaderas del olvido no cubran tu figura!
“En nuestro país existimos cantidad de personas que escribimos poesía. Muchos somos encasillados  como naturalistas pues  nuestra obra se enraíza a lo espiritual, como una consecuencia de un realismo no satisfecho. Es decir, vivimos el misterio y la impresión interna y externa de nuestro ser. Otros en cambio,  prefieren  el realismo en cuanto estiman todo aquello que alcanzan con los sentidos. Pero en realidad, pienso que debido a nuestra naturaleza, somos seres hechos  de –espíritu y materia-, por lo que tarde o temprano cabalgamos con una u otra corriente.” 
 
 

[4][1] Las Colinas era una  colonia que fue soterrada por un laúd de tierra en la Cordillera del Bálsamo, en la Ciudad de Santa Tecla,  en el terremoto ocurrido en El Salvador el 13 de enero del año 2001. Se han relatado muchas leyendas desde entonces: una de ellas habla del pacto con Satanás de una familia propietaria de una mansión que no fue tocada por el laúd de tierra a pesar de estar justo en el lugar del desastre, la otra nos dice que una serpiente gigante atravesó toda la Cordillera del Bálsamo por debajo de la tierra, desde el lago de Coatepeque hasta el lago de Ilopango y que justamente hoy reposa bajo el Cerro de San Jacinto. Ambos relatos sólo representan la imaginación  
[5][2] El fango bajó a las fincas “El Jardín” y “Los Naranjos” y corrió como un demonio por toda la carretera después del temblor. Bajo el laud murieron decenas de personas soterradas.
En la comunidad “El Jabalinillo”, Sitio “El Niño” , situadada en Colón, Departamento de La Libertad, quedaron cuarenta viviendas bajo tierra.
El 19 de enero del año 2001 el Gobierno del Reino de España donó dos millones de dólares para reconstruir viviendas definitivas en Tepecoyo, Departamento de La Libertad según fuente de El Diario de Hoy, 3 de marzo del año 2001.
[6][3] Las vías de acceso de San Salvador al bosque de Cinquera son dos: una por Suchitoto y otra por Ilobasco.
 
 
 
 TRIGUEROS DE LEÓN: NO CREO EN TU MUERTE.
 
 
Ricardo Trigueros De León
 
 “La muerte es dolientemente bella. Va tocada de telas extrañas, de mentolados vendajes. Es dueña de la alondra ciega y la oculta violeta. Su presencia lunar se anuncia en el halo que moja los árboles; en el canto triste de la noche; en la inmensa soledad....”
El canto funeral es antiguo. El dolor es antiguo. La imagen de la muerte se presiente en los pasos de las sombras que nos alcanzan lentamente . Por eso debemos vivir el instante, los detalles de todos los días, las cosas que nos rodean, para ver surgir el símbolo celeste de la aurora en cada respiración, en cada brote de luna.
Pero yo no creo en tu muerte.
 
Porque estas en los libros y en  tus palabras sobre los últimos bohemios, en el dolor cortante que llega a los hombres en sus noches sin auroras con tu sed insaciable de fabricar versos. Tu fiebre de escribir y leer.
Me hablas de Raúl Andino y su obra, Vicente Rosales y Rosales, de Ramón Quezada “De la vida que pasa”; del gato abogado para el gordito García Salas; de la tragedia en el espejo y el mar donde reverbera la luz del sol. Llamas a la luna del trópico de Emilio Ortiz Gutiérrez, al maestro Gavidia en las riberas del Sena, Alfonsina Storni enamorada de lo imposible y al tío Heledario Barrios -el hombre que no ve - anhelando modelar estatuas de nieblas... me cuentas historias sobre tu primera  maestra Fela Estrada. De sus labios entreabiertos como queriendo hacer brotar entre ellos la ultima palabra que se quebró en su garganta. Narras el cuadro desgarrador entre los niños.
Llega el susurro de Verlaine y hace de la harina del sufrimiento su sacra forma. Escribe a un poeta tísico, a su imagen sonambulica, pobre y terrible. A las señoritas decentes que tratan de hacerse a un lado para que no las infecte. Y canta el amor sin objeto en tu edad temprana. Escribe al amigo, al secreto de la poesía .
Me hablas de la abuela desmadejando canciones que a ti te arrullaron. La mujer buena que te llevo nueve lunas en su cuerpo, a su gravidez.
Como puedo creer en tu muerte?
Si continuas en el ala blanca y en el amanecer campestre. Describiéndome los geranios de la casa en Ahuachapán. Aromados buenos días en la ventana. Vida sencilla y provinciana. Enciendes tu lámpara y vuelves a tomar el libro y a pensar en la gracia que tienen los geranios....
Como puedo creer en tu muerte?
Si basta abrir las páginas de tus libros para encontrarte en don Nayo, la vecina, la tortuga, la chiltota ...
Veo tu ventana abierta al espacio ilímite. Y la palabra como llama votiva quema los recuerdos.
Aparece tu campanario, su cielo azul, la iglesia y las calles retorcidas, sus personajes casi mitológicos: don Toyano, el del saco relleno de papeles; Sixto, con su cruz de latón persignándole el pecho eternamente; y la Hermosa Elena , reina ilusa, que cargando sus ensueños dentro de sus canastas, murió de tanto soñar con su amado Antonio.
Como puedo creer en tu muerte?
 
Si estás de nuevo junto a mi abuela, leyendo un libro de páginas suaves. Como cuando te enseñaba en la casa allá en la montaña. Cantas junto a ella en cada latido cálido, en un himno de gracias.
Vuelves a enseñarme los suaves octosílabos, las emociones sutiles, el sentimiento hecho espuma entre las manos. Me hablas de Juan Guzmán Cruchaga, de los ríos que saltan entre las breñas. Llegas con el trópico y tu entusiasmo por la pintura de José Mejía Vides y el pueblo tendido en el valle, el pueblo de casas pequeñas y jubilo en los domingos.
Como puedo pensar en tu muerte?
Si vuela tu palabra y me llaman tus manos blancas que se prolongan en caricias
vienes a mi con tu romanticismo y el afán de tu recuerdo. El viento inicia tu imagen,
Narras historias de Gabriela Mistral, de sus años de magisterio rural hasta cuando trazo un mapa de poesía. Te ríes y recuerdas a Pablo Neruda, sentado frente a ti charlando. Reminiscencia de mar. Pablo Neruda ama los caracoles. Entre sus cosas raras (estampas orientales, versos, amuletos están los caracoles. Los quiere. Suena el viento de caballos azules. Pablo es tajante en sus juicios. Sonríes.
Me insinúas el misterio de la ausencia. Y vuelves a mi abuela con las palabras más dulces Me dices: -leíste a Rafael Alberti- la sal, el pez, la arena, la ola. Salen a su encuentro. Azorín  que gusta mirar lo pequeño, la grandiosidad de lo pequeño y fija sus ojos en un detalle, en una hoja, en un insecto. Rubén Darío, bohemio de extraordinaria sensibilidad, una torre de Dios, a mi querida Claudia con su Presencia en el Tiempo..
Yo no creo en tu muerte.
Estas vivo en las justas medidas. Con tu Perfil en el Aire y Labrando en Madera, en cada autógrafo escrito por  tus amigos, escritores y poetas: Miguel Angel Asturias, Luis Alberto Sánchez, Joaquín García Monje, Juana de Ibarbourou, León Felipe, entre otros. En tus declaraciones en torno de los Juegos Florales donde habla del dominio del oficio y originalidad de Ricardo Bogrand. Y de tu critica a jurado calificador. De tu recuerdo de Alfonso Reyes perdido entre libros, contando anécdotas de su vida literaria, sus experiencias en París, sus días en Madrid, de Río de Janeiro, de Buenos Aires.
 
Sonríes.
Leo La Crónica de Hoy en el periódico La Estrella de Panamá, 24 de abril de 1960 donde Stela Sierra reconoce tu labor en el Departamento Editorial, y las colecciones “Los contemporáneos”,”Teatro”,”Historia”,”Ciencias Sociales” y la Biblioteca Popular en las que publicaste obras definitivamente selladas por la critica y por el gusto del pueblo. Tu viaje a Quito y La Santa de la Guitarra, Teatro en tres países Colombia, Panamá y Costa Rica y tus colaboraciones con el seudónimo de Juan Carlos Serpas, sus estampas caseras y las memorias de un desmemoriado.
Como puedo pensar que estas muerto?
Basta que busque tu voz y encuentro el viento en mis oídos .
Dices que la gente camina sin tiempo para disfrutar la soledad, para saborear lentamente el vino de la meditación, que “las cosas caminan de prisa y las gentes nos confundimos en ese abigarrado desfile, sin pensar a dónde vamos , como en un eterno carnaval. Máscaras..máscaras y sonrisas en todas partes y el tiempo cayendo lento, persistente, cubriéndonos con su delgado polvo y acercándonos a la muerte”
Yo no creo en tu muerte..
 
 
Porque fluyes en mi   cual río reposado en el silencio. Porque puedo ver a través de tus ojos,   los colores que das a tus imágenes,  tu fuerza de transformar una nube en gaviota y el  canto de la costa, en esas arenas múltiples donde no puede contenerse el ritmo de la carne.
Es un privilegio tener tu sangre. Sentirte con todas tus formas;  echar raíces en tu tierra y donde tú como el loto simbólico, ascendiste perenne hasta reventar en blancura sobre las aguas”.
 
 

[1][1] Las Colinas era una  colonia que fue soterrada por un laúd de tierra en la Cordillera del Bálsamo, en la Ciudad de Santa Tecla,  en el terremoto ocurrido en El Salvador el 13 de enero del año 2001. Se han relatado muchas leyendas desde entonces: una de ellas habla del pacto con Satanás de una familia propietaria de una mansión que no fue tocada por el laúd de tierra a pesar de estar justo en el lugar del desastre, la otra nos dice que una serpiente gigante atravesó toda la Cordillera del Bálsamo por debajo de la tierra, desde el lago de Coatepeque hasta el lago de Ilopango y que justamente hoy reposa bajo el Cerro de San Jacinto. Ambos relatos sólo representan la imaginación  
[2][2] El fango bajó a las fincas “El Jardín” y “Los Naranjos” y corrió como un demonio por toda la carretera después del temblor. Bajo el laud murieron decenas de personas soterradas.
En la comunidad “El Jabalinillo”, Sitio “El Niño” , situadada en Colón, Departamento de La Libertad, quedaron cuarenta viviendas bajo tierra.
El 19 de enero del año 2001 el Gobierno del Reino de España donó dos millones de dólares para reconstruir viviendas definitivas en Tepecoyo, Departamento de La Libertad según fuente de El Diario de Hoy, 3 de marzo del año 2001.
[3][3] Las vías de acceso de San Salvador al bosque de Cinquera son dos: una por Suchitoto y otra por Ilobasco.

 

 

 


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