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En mi soledad
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TIEMPO SIN RETORNO
Estamos separados por un vacío agudo y triste...
En un tiempo sin retorno que es cárcel de este anhelo perenne y breve...
Cada cual en su vida; mientras te empeñas en llenarme de tí, como un
fantasma.
Me queman tus palabras, la nostalgia, los recuerdos, la mudez tensa del
silencio...
Este camino que nos pierde , tu vuelo azul de golondrinas...
Tú: todo y nada, rumor que se resbala por mis sienes, impulso que me
atrapa, luz que brota en mi frío y me abraza tibiamente...
Vuelves sin quererlo, en la sed que nos separa, siendo temblor y fiebre
extraña...
Tú y yo, tan lejos como doloridas sombras ahogándose por dentro con este
aire triste, donde se rompe el cristal de nuestro sueño.
Sólo nos queda: una sonrisa fría, el vacío ante los ojos, y el miedo de
perdernos...
Tu soledad y la mía, queriendo rescatar aquellas tardes de abril, hechas
ya pliegues del viento; las horas idas, los paisajes borrados...
Porque permanezco en tí, con infatible cercanía, donde me persigues y me
huyes, tendiéndome tu mano impalpable en la distancia...
A ESE HOMBRE
Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a desbordarse, que
siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de la espiga, que dibuja mi
soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas de seda al tacto y una
verdad sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros desafíos.
Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento. En su cabello
de trigo que me inunda en un pleamar de pétalos y trinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el aroma,
claveles recién abiertos y flores níveas en mis sueños.
SEMILLAS INMORTALES
LLORA MI ALMA
Esta noche, envidio a la apartada gruta en su mundo perdido del camino,
al mar que a la ribera sujeta con amarras, a la lumbre, a la huida del
celaje...
Cómo callar mi corazón, si todo es inquietud, ansia y cansancio. Se
apagó tu voz y no acepto tu muerte, aunque permanezcan en silencio tus
óleos, acuarelas y pinceles.
Mi voz no logra tocarte en la distancia, llora mi alma, otra vez sus
alas grises...
Retornan los recuerdos y tu figura es un signo leve dibujado en el aire.
Vaga mi mirada, me pesan los párpados en este torbellino que rueda en mi
memoria.
¿Sabes?, hoy cuando los capullos se abrieron, sentí que en ellos tu alma
suspiraba.
Si tan sólo pudiera encontrar tu paso y dejarme llevar.
Que cerrada es la noche en el insomnio, qué hondo es el dolor y qué
ansia por rescatarte de los ocultos jardines donde empiezas a vivir.
Si hubiera podido sujetar el tiempo, decirte cuánto te amo; pero tú al
morir fuiste oscureciendo de melancolía.
Dejaste mi alma sola, fluyendo en emociones de ayer, volviendo los ojos
a un camino largo, interminable, cercado por dolor y lejanías.
Estarás en mí, aunque hoy tiemble la luna con mi llanto, y tus labios
pálidos no se abran más para llamarme, estarás en mí con el amor de
siempre, rodeando mi corazón en todas sus auroras.
Te hablo desde el fondo de mi sangre, a gritos, perdiéndome en el
vértigo del límite. Te marchaste como pasajero liberado del tiempo. No
pude detener tu muerte, con este lazo de lágrimas...
Padre, recógete en la sombra, sé trino y alabanza. Tu cuerpo en la
tierra y el alma en el cielo, consuelen mi pena y bendito seas...
TU RECUERDO
El viento es monótono y seco. Pasan los días como los sueños y las
voces, el ayer lánguido y triste.
¿Cómo escuchar tu voz en los labios del silencio?
Mírame - en la inmóvil yedra- imaginándote en la calma del ocaso, bajo
la luz de un cielo estrellado.
Calla mi boca tu ausencia, en cada instante que pasa.
Soy la linfa del caudal disperso que se oculta, en esta noche íntima,
donde esquivo la orfandad del pensamiento.
Dame una soledad intacta y pura, que pueda sentir la exceltitud del
alma, oír tu risa en un niño jubiloso, escuchar la lluvia entre los
recodos dormidos del jardín.
Así en el azul de tu distancia, a solas lloro tu abandono.
Si pudiera sentirme leve como el viento, llegar a ti humildemente sin
sueños ni ataduras. Así, en el hondo anhelo de mi alma, sigo sin
encontrarte.
Pinceladas violetas abren mi ventana, la brisa huele a rosas...tu voz
inefable me grita en la senda estremecida.
La muerte oculta matices de belleza que aún no has penetrado.
Vibra tu alma cuando la sombra llega con sus tenues misterios.
¿Qué hacer sin tí? Me pregunto tantas veces, mientras la vida sigue su
curso.
Tu espacio está lleno de rosas marchitas. Tú no puedes morir porque vas
en nosotros y más allá de nosotros...
Este dolor nuevo, dolor llevado en las entrañas hace brotar acongojadas
voces.
Hoy he comprendido la distancia y llegó hasta mi la honda tristeza.
Me invade la ternura, me quedo a dos pasos del llanto...
Padre:¡Que las enredaderas del olvido no cubran tu figura!
“En nuestro país existimos cantidad de personas que escribimos poesía.
Muchos somos encasillados como naturalistas pues nuestra obra se
enraíza a lo espiritual, como una consecuencia de un realismo no
satisfecho. Es decir, vivimos el misterio y la impresión interna y
externa de nuestro ser. Otros en cambio, prefieren el realismo en
cuanto estiman todo aquello que alcanzan con los sentidos. Pero en
realidad, pienso que debido a nuestra naturaleza, somos seres hechos de
–espíritu y materia-, por lo que tarde o temprano cabalgamos con una u
otra corriente.”
[1][1]
Las Colinas era una colonia que fue soterrada por un laúd de tierra
en la Cordillera del Bálsamo, en la Ciudad de Santa Tecla, en el
terremoto ocurrido en El Salvador el 13 de enero del año 2001. Se
han relatado muchas leyendas desde entonces: una de ellas habla del
pacto con Satanás de una familia propietaria de una mansión que no
fue tocada por el laúd de tierra a pesar de estar justo en el lugar
del desastre, la otra nos dice que una serpiente gigante atravesó
toda la Cordillera del Bálsamo por debajo de la tierra, desde el
lago de Coatepeque hasta el lago de Ilopango y que justamente hoy
reposa bajo el Cerro de San Jacinto. Ambos relatos sólo representan
la imaginación
[2][2]
El fango bajó a las fincas “El Jardín” y “Los Naranjos” y corrió
como un demonio por toda la carretera después del temblor. Bajo el
laud murieron decenas de personas soterradas.
En la comunidad “El Jabalinillo”, Sitio “El
Niño” , situadada en Colón, Departamento de La Libertad, quedaron
cuarenta viviendas bajo tierra.
El 19 de enero del año 2001 el Gobierno del
Reino de España donó dos millones de dólares para reconstruir
viviendas definitivas en Tepecoyo, Departamento de La Libertad según
fuente de El Diario de Hoy, 3 de marzo del año 2001.
[3][3]
Las vías de acceso de San Salvador al bosque de Cinquera son dos:
una por Suchitoto y otra por Ilobasco.
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