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Silabas Celestes
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LA CHILIN Un día azul de palabras mágicas mi padre la trajo a casa. Los árboles se mecían con sus largos vestidos verdes y amarillos y el viento callaba. Ella llegó vestida de abril procedente de un país de música. La llamé "Chilín". Era una ardilla chiquita y nerviosa que tenía la cola flaca y sin pelo. De su carita sobresalían sus ojos redondos y negros, y una trompita con dos enormes dientes de roedor. En ese momento Chilín dormía en una cajita de madera, envuelta toda con trapos, calcetines y hojas, dejando apenas entrever sus ojos como dos fulgores en la oscurida Al poco tiempo de tenerla con nosotros, mi padre le compró una preciosa jaula que abarcaba más de la mitad del jardín de mi casa. La cual adornamos con macetas de plantas. La "Chilin" creció y de pronto comenzó a visitarla una ardilla macho, que le regalaba en ramos pequeños de flores: la fronda olorosa, paisajes y agua fresca. La "Chilin" se emocionaba y gozosa los agarraba por entre las rendijas de la jaula, ella lo había aceptado ya como su novio. Muchas veces quisimos atraparlo, pero fue imposible. Él estaba enamorado de la "Chilin", pero también amaba su libertad, los soplos de azul en el volcán de San Salvador, los vigorosos árboles, el crepúsculo y los caminos de los montes. Cuando la ardilla macho decidía visitarla, pasaban largas horas uno frente al otro, separados por el cautiverio de la "Chilin". Entonces ella tomaba entre sus patitas nerviosas pequeñas gotas de rocío que reflejaban el inmenso campo mojado por la lluvia, hasta que el viento se las arrebataba. Entonces parecía sonreír... Un día la "Chilin" estaba muy triste, tenía los ojitos húmedos de llanto. La ardilla macho, se lastimaba la carita queriendo quitar el alambre de la jaula. Mientras en el exterior se deshojaban las estrellas al golpe de las hojas, atravesándome con una música gris en el corazón... Al verlos, sentí un gran remordimiento, entonces abrí la jaula. Mi sorpresa fue que entró la ardilla macho resignado al encierro. Esperé frente a ellos, silenciosa, sin cerrar la puerta. Salieron poco a poco, la "Chilin" saltó a mi hombro, espléndida , agradecida, bañándome de gracias. Se fue junto a su amado, por floridos cafetales, con una aurora de frescura en la mirada. Afuera les recibieron los árboles, el silencio de las flores, el brillo de los cielos, los campos perfumados con olor a pino y a hoja de naranja Desde ese día puse siempre comida junto a la jaula. Ellos llegaban alegres, con sus cuerpecitos mojados por el rocío y un encanto lleno de misterio, distraídos oliendo los claveles y saltando de rama en rama, hasta llegar a la cálida palmera empapada de cielo que adornaba el patio de la casa. La "Chilín" había dejado de ser gordita, hacía mucho ejercicio saltando de un árbol a otro. Pero luego vino el invierno y no los vi más. Quebró el junco la música y yo quedé como una niña con el corazón solitario... Pasaron no sé cuántas noches de lluvia, hasta que un día los rayos del sol se filtraron por la ventana de mi cuarto. El verano había llegado fresco, nuevo y galopante a las rosas, a las lilas y violetas. Corrí al patio con la esperanza de verlos. Cinco ardillas saltaban entre los árboles de la quebrada, dichosamente juntas a la sombra de las ramas. Llamé a la "Chilín" por su nombre y ella volvió su carita nerviosa para verme, deteniéndose un instante me mostró con orgullo sus crías. Después saltó con ellas a otro árbol y les perdí de vista... Hoy después de tanto tiempo, cuando escucho ruidos de ardillas en la quebrada imagino en cada una de ellas a la "Chilín", balanceándose al ritmo de las ramas de algún árbol frutal en nuestra casa, recordando quizás mis caricias tañidas por los dedos de la lluvia. Vocabulario: Fulgores: Resplandores, brillos Tañidas: El sonido de cualquier instrumento. PRINGA Estoy en este sitio lleno de algas y espumas, donde te bañabas desnuda entre las rocas, y le hablabas a la luna pálida que parecía caer en el pecho azul del mar... Hoy todo me parece nuevo, el trino el perfume, el crepúsculo, la aurora...El arenal, donde corrías desafiando a la marea. Caen cansadas las hojas de nuestro árbol, y los pájaros no cantan más al salir el alba Todo permanece en silencio. Volverá el invierno, y tú no escucharás caer las gotas de agua como si fuesen una música sin tiempo. No verás la calle como un río, iluminado por las luces de los postes, ni tu corazón latirá como una estrella recordada por un niño. Estuviste conmigo en todos los momentos. Al conocer la miel del beso, la lumbre de la luna entre la niebla, el aire que se ausenta del alma, la palabra más honda, los desengaños. Me acompañaste bajo la fina llovizna, a llorar la muerte de mi padre, sentada a la luz, con tu carita apoyada en mis rodillas y los ojitos llenos de lágrimas. Me escuchaste hablar de mis sueños, de los inflexibles pasos que nos cierran el mundo, del agua limpia, de los vastos cielos, del principio y el fondo del silencio. Cuando vino tu ceguera, supiste superar el miedo a la oscuridad, y buscaste como siempre entre las piedras los helechos. Parecías conocer de memoria cada rincón de nuestro hogar. Los soplos en el traspatio alegre, las nubes últimas, el sofá, la alfombra, el corredor, el ruido de la hierba en flor... Me despediste una fría mañana de septiembre cuando me fui de casa. Pensabas en quién te daría el hueso que tanto te gustaba, a quién cuidarías el armario, a quién despertarías con tus ladridos cada mañana. Y tu silencio maduró mi alma con el beso de su onda. De pronto el llanto de una niña penetró tu mundo de nieblas, y tuviste celos, lloviendo, atardeciendo sola. Pero aprendiste a quererla como nadie. Había alegría en los jazmines, en las rosas pensativas, en las cigarras. Yo te hablaba de las islas, del fondo del mar, de la música presa entre los labios. Y tú empezabas a ladrar... Cuando te vi agonizar, supe que por fin beberías la frescura del agua en la mañana, corriendo entre las matitas de flores recién sembradas, acostándote panza arriba en el sofá sin temor a caerte.. Pero sin embargo no pude evitar llorar. De pronto tus ojos se llenaron de la luz que sube a las estrellas, miraste la rosa amarilla abierta al aire tibio, los narcisos con sus ramas encendidas, y aquel caracol de música que te gustaba tanto escuchar...Miraste mi rostro, mojado en lágrimas. Y me dijiste adiós. Hoy estás junto a la cucaracha Cuki y con Bichu ladrándole a todos los niños que entran al cielo, correteando entre campanas, en un jardín de rosas suaves y un sol lleno de espuma. Vocabulario: Algas: Planta que vive en el agua. Narciso: Planta de flores blancas o amarillas. Matitas: plantas perennes de tallos bajos, leñosos y más o menos ramificados. DORA MONA Era una niña de pupilas hondas, un astro nocturno a los fulgores, un corazón rebosante de sueños..."Dora Mona" su sobrenombre, así la bautizó mi hermano, porque según él, aquella niña era tan fea como una mona. Dora Mona partía a los jardines, diciéndome que eran países extraños y corría con sus pies desnudos sobre el suelo mojado después de la lluvia. Las gotas de rocío, nuestras amiguitas llorosas, se vestían de lirios y nos cernían de rosas...La tarde ponía un poco de color en su pincel y una lánguida brisa nos acariciaba las sienes. - Es tan distinta a mi, pensaba al verla jugar con mis muñecas. Mientras yo hablaba al viento que acarreaba translúcidas olas de inmensidad, aprovechando el menor descuido de mamá, para correr al baúl donde me esperaban las cartas, poemas y libros de mi tío Ricardo. Dora Mona que me observaba desde el patio, no dejaba pasar ese momento para apoderarse de mis juguetes. A Dora Mona no le importaban el trino del jilguero, la honda queja del mar, ni el viaje de las nubes, todo eso era parte de un mundo que ella conocía plenamente. A pesar de su edad, ella era viva, ágil y astuta, hablaba de hacer un trueque de muñecas por abrigos de ramas en flor, y yo reía al ver sus intenciones. -Tráeme rosas que derramen su perfume en la luz y un hermoso príncipe que me enseñe que es el amor. Le decía. Y Dora Mona, ponía su carita triste...y contestaba: -Ven y juguemos a las cocineras. Sus grandes pupilas negras miraban el horizonte palpitante, como caracoles nocturnos, mientras su pelo lacio se pegaba a su frente sudorosa. Entonces, mi espíritu de niña atravesaba las estrellas con las alas abiertas... Un domingo de invierno, en que Dora Mona y su madre Lydia, nuestra cocinera, habían salido a su pueblo, decidí entrar a su escondite predilecto, su cuarto, y encontré todos los juguetes que desde mucho tiempo atrás había dado por perdidos. Los dejé en el mismo sitio y esperé a que regresará para reclamarle. Dora Mona al enterarse que ya la había descubierto, rompió en llanto. ¡Nunca antes le vi con el rostro tan feo!... Al verla de ese modo, le dije que se quedará con los juguetes. Pero Dora Mona, con gran indiferencia me los devolvió. Pasaron unas cuantas semanas después de aquel incidente, Dora Mona no me acompañaba más a visitar a las hierbas sin nombre, a las hormigas con sus duras faenas, ni a la Virgen de la Cueva... Me miraba de lejos, mientras cantaba mi corazón en el pulso de los árboles: -Los grillos siempre cantan, con vocecitas viejas... Y Dora Mona corría a las faldas de su madre... Al poco tiempo Lydia nos dijo que se iba de casa para trabajar en un restaurante. Dora Mona empezó a visitar mi reino infantil, yo sabía que se preparaba para su partida y que su idea era llevarse todos los juguetes que pudiera. Cuando se fue con su madre, llevaba escondidos en una caja de cartón los mismos juguetes que yo había descubierto en su escondite, aquel domingo de invierno... Su carita resplandecía de felicidad. -Dora Mona es tan distinta a mí. Pensaba al verla partir con su sonrisa burlona, creyendo que yo no la había descubierto. Vocabulario Cerner: llover suave y menudo. Cernido: acción de cerner. Pupilas: Abertura del iris del ojo por donde entra la luz. Lánguida: flaca, abatida, decaída. Translúcida: dícese del cuerpo que deja pasar la luz, pero que no permite ver lo que está detrás de él. Nota importante: nunca pongas apodos a tus amigos , todos tenemos derecho a tener un nombre. UNA AVENTURA La brisa tersa y desnuda acariciaba nuestras frentes... Gloria y Tomás, dos muchachos con quienes compartíamos nuestros juegos hablaban de emprender una aventura. Para mí, no había elección, era la más pequeña y ellos decidieron llevarme. No podré olvidar aquel silencio en la quebrada, donde al principio todo parecía muy divertido, volaban las palomas sobre los caminitos de arena buscando un poco de agua y la voz de Dios parecía bautizar aquel sitio. Las flores silvestres nos traían su perfume, besando nuestros pies, los pájaros entonaban sus cantos bajo el mágico soplo de la tarde... Era un ambiente fresco, lleno de musgos y helechos. De pronto el agua se tornó oscura y los jardines quedaron sin colores, los pies sin senda, los árboles sin raíces... No había cielo, ni tierra, solo precipicios. -Quiero regresar. Dije con voz entrecortada, pero todo era imposible, estábamos perdidos... Gloria nos ordenaba: -Sigamos que este túnel nos tiene que llevar a algún lado. Pensaba en mis padres, en el rinconcito tibio de mi cuarto, donde solía pasar horas jugando. Lloraba desconcertada... Mis manos temerosas se aferraban al cuello de Gloria y mi hermano, al lado de Tomás, veía el peligro con asombro. No podíamos descansar. Todo se volvía más oscuro, habían lagartijas, sapos, iguanas, tenguereches y muchos insectos. Las aguas estancadas producían mal olor. Los helechos que había cortado para mamá yacían en el fondo de un precipicio... -¿Dónde está el cielo?. Preguntaba. -Cállate, ya es de noche. Me contestaba Tomás. Mis ojos abiertos al silencio y a la sombra miraban con horror aquel camino largo, interminable, donde los pájaros no hacen sus nidos, ni canta el viento su eco, donde la rana se queda muda y el sapo saltarín permanece quieto. Seguimos caminando entre las sombras que crecían aprisa... Por fin, una pequeña luz llegó a nuestros ojos. El aire fresco tocaba nuestros rostros, sonreímos dichosos, habíamos encontrado el camino a nuestro hogar. Salimos de aquellos túneles a una fábrica. Eran como las diez de la noche. Nos esperaba una larga caminata para regresar a casa. Yo pensaba en lo que diría a mis padres, con cuatro años de edad no tenía mayor culpa. Pero ya nada me importaba, al fin estaba a salvo. Llegamos a casa, nos esperaban la madre de Gloria y Tomás con un lazo mojado y mis papás. Corrí a esconderme en la casita de Blacky mientras escuchaba a mis padres reclamar a mis amigos y a mi hermano su conducta. -¿Dónde está Yanira?. Preguntaba mamá. Ninguno contestaba... Yo temblaba como un pájaro asustado, pero la alegría de Blacky al verme, me delató al instante. Mi madre me ordenó que saliera de mi escondite, yo lo hice llorando como si se fuera a acabar el mundo. Nos castigaron a todos, y acabó de este modo, una de las aventuras más emocionantes de mi infancia. Nota importante: Los niños y niñas no deben alejarse de sus padres, ni caminar a solas por sitios peligrosos. Nunca lo hagas pues hay delincuentes que pueden hacerte daño y ser víctima de un accidente. Vocabulario Musgos: Planta formada por varios tallos menudos que crece en lugares sombreados. Helechos: Plantas que crecen en los lugares húmedos. SUS CELOS Esta noche, quiero arropar tu alma, llenarte de una fuerza divina, aumentar tu luz interior con este amor inmenso que se prende de ti como a una estrella. Quiero hablarte del sonido del viento y de los aromados pinares, y enseñarte como canta el ruiseñor en la montaña, el maullido de Toto y el ritmo de mi voz cuando digo que te amo. Esta noche, quiero arropar tu alma, para que el frío no llegue a tu cuerpo, y tu miedo salga volando por la ventana. Quiero que tomes las puntitas de tu falda y toques tu piano, bailando al son de tu música interior, esa música inventada en la eternidad de nuestros sueños, esa música que nace de este amor que es quietud de cielo y tempestad de mar abierto. Mueve tus labios y vuelve a decirme "mamá" con voz delgada. Para que yo pueda contarle a las estrellas de tus versos y de los libros que tanto coloreaste . Esta noche voy a enseñarte a atrapar la sombra de las nubes, para ahuyentar el monstruo de los celos a un bosque lejano y espeso, de donde no regrese nunca más. Quiero que entiendas que te amo, aunque a veces me mires callada y triste. Y sientas que no soy más tu río majestuoso y que se han borrado de mi alma los colores del campo. Quiero que entiendas que te amo, aunque me mires abrazar a tus hermanos y se alboroten de nuevo los celos en tu mente. Estela de sueños, esta noche haremos un manjar de besos y alegrías, y tus hermanos sentirán junto a nosotras la dulzura de este amor que es uno solo, el sol más grande, la nube más blanca, el color más inmenso... Vocabulario: Eternidad: Tiempo que no tiene principio ni tendrá fin. Estela: Rastro o huella de una cosa.
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