|
Aniquirona mujer y mito
|
||
![]() T. Van Doesburg: Árbol |
||
|
|
A Luz
Necesito poesía para vivir
Y quiero tenerla
a mi alrededor.
Antonin Artaud
Creo que el hombre puede ser
Feliz en este
mundo, y sé que
Este mundo es un
mundo de
Imaginación y
visión.
William Blake
Creo en la vida
eterna en este mundo.
Hay momentos en
que el tiempo se
Detiene de
repente para dar lugar a la
Eternidad.
Dostoivski
I
Y estoy buscando
las voces del camino
Para traducirlas
Seguro llevarán
tu nombre
He aprendido a
interpretar la voz del viento
Esa misma que
arrulla las hojas entreabiertas
De tu árbol.
¡Aniquirona,
Aniquirona!
Te llama el río
Y en las gotas
frenéticas del aire
Va tu aliento
prendido a las veletas.
Al cuenco de mis
manos
Llega impetuoso
el sol
Con el oro y el
trigo de tu cima
¿Debo ascender
al principio del lenguaje?
Allí narran las
gaviotas
Los días
difíciles del cielo
El trasbordo
misterioso de las nubes
¿Debo traducir
el idioma musical de sinsontes y de mirlos
para conocerte?
He de
cuestionarme
Mujer de largos
sueños
E inexplicables
trances
Cuál es el país
al que me invitas?
Apenas sé cómo
te llamas
Me lo ha contado
el río
Y sé que
Aniquirona
Es el umbral de
otros caminos.
II
Toda vez que me
aproximo a Schuaima
La muerte posee
la voz
De múltiples
aves
El aire azul
revolotea de fibra en fibra
Mientras las
piedras
Juegan a
pronunciar sus palabras menos comunes
Y las hojas
saben de antemano
Que soy nuevo en
este sitio.
Aniquirona
Hay un yo que me
detiene
Que se esmera en
el regreso.
A veces pienso
Que ese
habitante
Joven entre los
viejos
Ama las mismas
cosas
La obscura
puerta de las posibilidades
La famosa
casualidad de las instancias
¿A dónde van
todas esas voces
que me conducen
a tu reino?
Sigo las hojas
que corretean presurosas
Sigo la lluvia y
su música húmeda
Sigo los pájaros
y sus ondas
Hay una
aproximación entre el lenguaje de los árboles
Y el mío.
Sólo así puedo
acercarme
Sólo así sé que
existo
Y que el camino
no es camino
Sino va cargado
de palabras y de voces.
Estoy en
Schuaima
He llegado con
la brisa
Sólo su silencio
musical me satisface
Aniquirona:
¡Hablemos de
poesía!
III
Aniquirona
Cuando bajo las
escaleras de la casa
Pienso que esta
es otra forma de llegar a Schuaima
-el reino del
gran más allá-
puede que
descender
sea otra forma
de ascenso.
Allí,
Al otro lado de
este día,
Está el tren que
debe transportarnos.
Llueve,
Llueve
Minutos
La carretera
adversa,
Va el camino
Contragolpeando
este chasquido de paisajes.
Por la ventana
El puente de los
árboles
Una puerta
Un árbol de
pájaros azules
El río de los
caracoles
Todo se aglutina
en torno nuestro
Sólo el tren va
por el camino
Y con él
El canto
distante de los rieles
La música de la
calle
La voz continua
de la lluvia
Una luz lejana
que me llama.
¡Silencio,
silencio!
Voy prendido al
viento
Floto
Y me doy cuenta
Que la muerte es
música
Y a la muerte
hay que escucharla
Con los oídos
despiertos.
IV
Hechicera hecha
de luz
De conchas y
corales submarinos
¿Debo hacerme
agua
para sustraer
cualquier substancia delatora?
Penduleo
Entre los golfos
de tus manos
Y la sombra
imprecisa de tu árbol
Muero
Y me hago un
ente tridimensional
Para tus ojos
Tú sabes que
allí
En la ingravidez
sonora de tu río
Mis pálpitos
Se hacen notas
musicales
Que convergen
con la corriente sudorosa de
Tu bosque.
V
¿Qué hacía yo
en medio de esa
gente?
De ese pueblo a
obscuras?
¿Por qué me
llamaban al oído esas palabras?
Deja la luz a
medias
No hay necesidad
que te desvistas.
Amarnos así
Sin tocarnos
Sin miramientos
Amarnos sin ni
siquiera vernos
Con la luz baja
Sin mirar culpas
ni querellas.
Allí te amo
Como tú lo
propusiste
Sin ni siquiera
desnudarnos
Sin escuchar tu
respiración
Sin escuchar la
mía.
¿Por qué al
salir del cuarto obscuro
corría esa brisa
redentora?
Las ágoras
estaban pobladas de caras sonrientes
No reconocí a
nadie
Pero la brisa
seguía llegando
Y la luz de un
sol lejano
No encandilaba
aquel camino.
VI
La vaciedad del
infante tiempo
Antes de tu luz
Chocaba con la
casa
Golpeaba las
paredes
Las lejanas
puertas.
El camino
Apenas cerca
Extendía sus
aleros a mi playa.
¿Cómo coordinar
los movimientos
para alcanzar la
distante orilla?
Era yo un
diminuto pájaro de piedra
Silente y ciego
a otras latitudes
Un crustáceo
hecho de cemento
Perdido en el
silencio del mar y de la roca.
¡Sálvame,
pálpame!
Allí te he
avizorado
En la nada
En el monólogo
del viento
En la ingravidez
del día
En la raíz del
todo originario
En el principio
del lenguaje
Y en la voz del
río
De la noche
De la luna
Y de los campos
Que se izaron en
mi oído.
Aniquirona
La plenitud
ligera de mis alas
Luego de tu luz
Voló madura
hacia tu bosque.
VII
Extranjera
Danza de fuego
Sé que la muerte
es escuchar otras voces
Y por eso
Poso mi oído
En la cascada de
tu río.
Busco la muerte
Y camino desnudo
entre las piedras
Busco esa voz
¿Acaso distante?
¿Acaso cercana?
Tal vez en mí
Disfrazada en
mí.
Sé que allí
En el silencio
obscuro del espejo
Está el sonido
orquestal de otra mañana,
Mi cabeza se
agita con el viento
Y llueve
Llueve y he
sabido con la lluvia
El diccionario
abierto del camino.
VIII
Aniquirona
No te temo
Antes te amo.
El camino como
un espejo
Me muestra uno a
uno tus atajos, el principio.
¡Escucha la voz
de los sinsontes!
Descalzo,
Desnudo,
loco
Sin la vaciedad
del infante tiempo
Debo fundirme en
la respiración del aire
Volverme
partícula de tu cosmos.
Para llegar a ti
No sirve
cuestionarme en el arreglo de la casa
Ni siquiera
mover los muebles de lugar
Para que el
ambiente parezca distinto
No sirve tomar
cada mañana una ruta diferente
Para creer que
se llega a otro país
No vale
adelantar el reloj
Para sentir que
el tiempo pasa rápido
Tampoco vale
atrasarlo
Para creer que
se vive eternamente
No sirve callar
para que las palabras no se gasten.
Basta con meter
la cabeza en el río de la nada
-ojalá hasta la
nuca-
y sentir como la
luz del agua
inunda los
pulmones,
Cómo su risa
redentora
nos moja de
equilibrio
y de la libertad
serena
de pisar otros
caminos.
IX
La realidad no
es inamovible
Y por eso
Puedo percibir
mi yo
Bajo otras
circunstancias
Puedo volar y
reír
Puedo nadar,
saltar, hacer cabriola
Festejarme en el
prado
Respirar las
piedras
Con la misma
intensidad
Con que se
respira el azahar y las guirnaldas.
Yo no pienso
Y me festejo de
ello
Me alegra ser
loco
Por loco libre
Por libre feliz
Por feliz
Intensamente
Irremediablemente eterno.
Extranjera
Amo la vida
Amo la muerte
En realidad no
sé distinguir una de la otra.
He perdido
además la noción del tiempo,
Me ocupan en la
vida o en la muerte
Hechos más
interesantes:
La puesta de los
astros
El trote
irremediable de los trenes
El bullicio de
los niños
Las mariposas
alocadas
El croar
monorrítmico de las ranas.
Forastera
Soy hijo de
Urano, de Marte, de Schuaima
Soy hermano de
la tierra, de los árboles,
De los pájaros
de aceite
Y así
A través de la
interminable,
De la
imperecedera
De la futurista
naturaleza
Te veo tal como
eres.
X
Me sobra coraje
para amar la muerte
He viajado a mi
niñez en sus espaldas
he visto los
helechos colgantes en el patio
el árbol de la
vida
el claro de luna
llegándome,
apaciguándome.
Gracias a la
muerte
Estoy en
Schuaima
Otro modo de
existencia
Otra forma de
quedarse
Y acostumbrarse
a los recuerdos
A uno mismo,
A ese otro
conocido.
La roldana y el
cubo
Cantaron la
caída de mi cuerpo
A través del
túnel de las sombras
Su música
blanca;
-Cántico dormido
al final del pozo-
formó una
gigantesca onda
que cubrió de
canciones y músicas eternas
mi espíritu de
pájaro
mi alma de
águila nocturna.
Forastera
He abierto los
ojos a la vida
Luego de ese
viaje inexorable
Después del paso
transitorio por el sueño.
La música de la
roldana llegó como el sonido de las aguas.
Antes de que
cayeran las hojas de los árboles
Antes de que el
viento dibujara otro reloj
Con las
estrellas
Estaba en
Schuaima
Desprovisto de
mi antigua ropa,
Desnudo,
Con los ojos
abiertos
Entregado a la
pasividad,
Al permanente
transcurrir
Por el valle de
las tristezas.
XI
Aniquirona
Morir no implica
ningún riesgo
la muerte es una
puerta
y el tiempo una
ventana
por donde mis
pasos presurosos
perciben otras
cosas, otros mundos.
La inspiración
de la locura
¡Oh amada
locura!
Se manifiesta en
mi suavísima forma
De mirar y
asimilar el cosmos
En mi manera de
hacerle el amor a la naturaleza.
La tiranía de la
normalidad no me socorre
He decidido que
mi realidad sea variable,
Indescifrable,
Impredecible.
Así como mis
ojos
Perciben a
través de las paredes
Y mis manos a
través de las quimeras
Mis ideas
asimilan con exactitud
Los espacios
ingrávidos
Los sueños
etéreos de épocas pasadas
En donde me
sujeto a la felicidad de la sorpresa.
¿Cómo seguirme?
¿Cómo
perseguirme?
Schuaima nos
junta a ambos en el universo
En las estrellas
En este infinito
sueño que nos llama
En este esperar
Nacer
Abordar el tren
Barajar los días
En este regresar
a la vida
A la muerte
Y viceversa.
XII
Mujer en el
espejo
Toma de mí
Las cosas que ya
fueron tuyas
El sonido de las
hojas
El silbar quedo
de mis ramas
Haz de este
escueto tronco
Un asentamiento
para tu estadía,
¡Ven, forastera!
Sólo ofrezco
para tus manos
Un ramillete de
fragantes piedras
Bajo la pequeña
-casi mi
diminuta sombra-
puedes quedarte
no importa el
tiempo
al fin y al cabo
el tiempo para
los dos no existe.
Soy un hombre
viejo
Un árbol moreno
y oxidado
Pero te juro
Que aún puedes
hacer de mí
Una canción para
la muerte
Para la vida
O quizás para
otra cosa más hermosa.
Forastera
Aún anidan en mi
tallo
Escarabajos
transparentes
observa mujer de
ojos luminosos;
mi coraza de
colibrí y de mariposa
resiste millones
de guerras, de guitarras
y otro caminar
para la suerte de tus días.
Quédate
extranjera
Mañana ya seré
otra cosa
Y tú estarás
demasiado joven
Para comenzar de
nuevo.
XIII
Aniquirona
Muchachita hecha
de luz
De ojos
luminosos que me miran desde lejos
Quizás desde el
otro lado de la noche
Del sol
Luniluz de manto
azul
De pájaros que
vuelan por las nubes
Disfrazados de
árboles y ríos.
El no-eco de las
piedras llega a mí
Soy la voz de tu
río
Mi piel de roca
el camino
La angosta
carretera
Por donde
transitas a diario.
Aniluz
Voy adherido a
tu agua
A tu nada
A tu silencio
sonoro que me espera
Soy la voz de tu
bosque
Lejano bosque
que me llama
Mi piel es el
camino
Piedra y música
marina
Por donde van
tus huellas ( y muchas veces vienen)
Huye el aire
Huye la lluvia
Los pájaros y
grillos
Las mariposas
La caída de las
hojas
El murmullo de
los techos
Mi oído que
rueda con la brisa
Mis manos
veletas luminosas
Tras de ti
Tras de ti
Persiguiéndote.
XIV
Extranjera
He de
cuestionarme
Hasta qué punto
la soledad y el olvido son benditos
Hasta qué punto
Ensimismarse en
el naufragio
Sea un acto de
navegación hacia tu cosmos.
El aquietamiento
Es preciso
Para dar con el
fantasma de la otra orilla
Y el silencio
Es la enramada
Que puebla de
juncos y de ecos
Este espejo del
que pende
La imagen de los
hombres.
¿Cuál de los
cuartos del olvido
habito en este
instante?
¿Estoy contigo
forastera?
¿O acaso
persiste mi ceguera
en las largas
caminatas
por las alcobas
donde reposa la bellísima muerte?
XV
Aniquirona
Tejedora
Bordadora de
sueños
De poemas que
aún no germinan,
El emperador te
espera
Sobre su trono
de hojas secas,
Ansía tus dedos
-hilanderos de
flores-
tu aguja que
todo lo redime.
Teje mujer de
santuarios oníricos
Otra mañana de
lluvia
Para sus manos
recolectoras de naranjas
Para sus labios
de uvas frescas
Que deletrean tu
nombre santo.
Aniquirona
Entrelazaste tu
tiempo con su tiempo
Tu espacio con
su espacio
Este tiempo de
la transmutación y el sueño
Del caminar por
cúspides y escalinatas
Hacia el
destello azul
Que mana de tus
hilos
El equilibrio
del que pende
Esta vida y esta
muerte.
Tejedora
La telaraña
santifica
Cualquier
intento de locura,
Al otro lado de
las cosas
En donde reposan
los viejísimos castaños
Está el otro
emperador
El que ya te
conocía
El que recoge el
hilo de las horas
El cáñamo de la
palabra
Para festejarla
en un minuto de agua
De lluvia
De brisa
redentora
Cuando la
inspiración
Toma de la
conciencia
El vivir
despacio.
XVI
En las mañanas
Cuando llueven
estrellas
Y hojas
balsámicas de los árboles
Pienso en los
millones de años
Que van con mis
raíces
Con mi andar
deliberado por el cosmos.
Justo en este
espacio
He vuelto a dar
contigo,
La brisa y la
lluvia de los tallos
Te han traído
hasta mis días
El miedo al
miedo ya no existe
Como tampoco
existe
El miedo a
Schuaima.
A ti
Mujer de reinos
luminosos
Te debo el
conocer
La infinidad de
orillas que posee la muerte
La orilla
amarilla de la muerte
Esa muerte que
me seduce y apasiona.
Pero no amo el
suicidio
Pienso que es un
pretexto de la vida
Para buscarte
demasiado pronto
Yo no te busco
forastera
Llevo en mis
bolsillos
El mapa
transparente de tu tierra
Y puedo cruzar
cuando me parezca.
Por ahora
La tierra de los
sueños y las luces
De los ecos y
las voces
La tierra que es
tuya y de nadie
Que es tuya y de
todos
No me pertenece.
Yo no pierdo la
razón entre los muertos
Los espíritus de
luz me crucifican
Pero he muerto
tantas veces
Que ahora es más
usual la crucifixión en vida.
Déjame partir
amada forastera
El tren de
Schuaima sale a las nueve
Y yo aún
conservo tres tiquetes de regreso.
XVII
Extranjera
Hemos llegado a
este ritual
Esta es la
ceremonia de las flores
El ritual de la
palabra;
Palabra olorosa
que se expande
Como enredadera
de músicas balsámicas
Y que trepa
suavemente
Por la savia de
los árboles.
Esta es la
ceremonia de las flores
Entra y gózate
la fiesta
Entra y gózate
la vida
Ven a festejarme
Todavía hay vida
en estas manos
Tómalas
Estas manos que
aún escriben
Poemas de amor
para mujer solitarias.
He venido a esto
festejo
Llorando ante la
belleza de la noche.
Aniquirona
Diana de los
bosques
¿Dime hasta que
lugar se extienden tus visiones?
¿Dónde el cáñamo
de la música?
¿Dónde las
hogueras de los besos?
¿El suave
murmullo de las hojas?
¿Qué de
venturoso tiene
ser laureado por
la muerte?
En algún punto
Entre la vida y
la muerte
He venido a este
reencuentro,
Todavía hay vida
en estas manos
Míralas
Ellas
escribieron con anterioridad
Sobre estas
cosas
Ellas
pronosticaron
Esta
magnificencia
Este acto de
laurear a los hombres soñadores
Este acto de
celebrarse mutuamente
Cuando silencio,
poesía y muerte
Suelen
restituirnos.
XVIII
Mujer en el
espejo
Dime, ¿en dónde
empieza el tiempo?
Yo soy el polvo
que no vuelve al polvo
Soy la lámpara
que busca el combustible
O acaso la luz
precisa
De llama
candorosa.
Es preciso
reconstruir el tiempo
El inexistente
tiempo
El de tez
arrugada y pálida
El inventado por
los jóvenes
Y maldecido por
los viejos.
Yo soy el polvo
que no vuelve al polvo
Soy el barro
sagrado que quedó en las manos
De un hombre
viejísimo,
Soy la luz, la
crisálida,
La frágil
mariposa que se endurece con los días.
Es preciso
reconstruir el tiempo
Dibujarlo con
otros rostros, con otra cera
Hacerlo liviano
Desnudarlo y
vertirlo como un niño
Hacia otra
orilla
Decirle en la
cara que no existe.
Dime en dónde
empieza el tiempo
¿Dónde la música
del olvido?
¿Dónde la
resurrección de la palabra?
¿Dónde sin la
vaciedad de ese infante tiempo
que persiste en
agobiar a los espíritus felices
y a los hombres
laureados por el sueño?
XIX
¿Sabes lo que
está escrito en el olvido?
O en la memoria
divina del túnel?
¿Sabes dónde
remontan las cometas del sueño
después del aire
cetrino?
¿Dónde andará
aquel aire?
¿Dónde el viento
que mece el ciprés y la encina sagrada?
Aniquirona que
danza entre árboles viejos
¿Qué es lo que
canta el pájaro de la noche
en este camino a
Schuaima
en este recoveco
azul
cuya música
llamea como una espiga
y funde en la
espirálica noche
esta liquida
sombra
que diluyen mis
miembros
hasta volverse
un cordón amarillo?
Forastera
Para la luz
basta cualquier sueño
El principio:
Mariposa, cometa alada
Viene después de
la noche
Cuando alas
despliegan al borde de la bujía
En donde la
oscuridad es suave
Y pasa como un
río
Encandilando de
hermosas tinieblas mis ojos,
Blancas y
crespas tinieblas
Donde el canto y
el grito
Son música
lumínica
Donde el salmo y
las voces
Apenas un himno
Que resplandece
a oscuras.
|
|