William Alfaro

Antología poética

 
 
Ojo desde aquí los poemas

 

Reseña

 

Yo nací en una ciudad llena de sombras, cadáveres y gente alegre, eternamente alegre.
Apenas abrí los ojos, me sorprendió una guerra.
Observé a mis hermanos devorando los huesos de mis hermanos. A los hijos atacando a su padre y su madre, a la tierra tragando polvo y lodo.
Adelante me atraparon tres terremotos, los que los especialistas reportaron como tales, un huracán, enormes tormentas que vomitaron de sus entrañas a mis hermanos asesinados.
Entonces miré armas, osamentas. Sentí cómo mi pellejo despertó, asustado, aterrado, conmovido.
Luego, un hombre me llamó con un libro, un libro abierto con las páginas corroídas que escapaban como murciélagos, buscaban la clandestinidad y el olvido, pero nadie las olvidó, nadie.
Ahora, un volcán despierta sobre mi estómago, somos sombra nuevamente, tímida y callada sombra que espera una luz que iluminé nuestra tiniebla.
Yo vivo en la ciudad que nací, cuento los sismos y la lluvia con los cabellos de mis hijos. Ellos nacieron en una ciudad llena de sombras, cadáveres y gente alegre, eternamente alegre.
 
 

 

Bajo mundo
Al nocturno silencioso de Juan Durán
               
Un hombre tiene noticias de Dios entre la basura y el estiércol, ahí, juntó a él las sombras resucitan.
Dos mariposas revolotean entre los faroles de neón.
El hombre sigue hablando de Dios y de la resurrección, pero ningún ciudadano de Sodoma lo escucha.
Algunas sombras femeninas se acercan y se hunden en la profundidad de la mirada.
Juan, sostiene una copa y aferra los labios al vino que pronto se terminará.
Aquí, a pesar de mi asombro los sapos son sinceros amigos de las moscas.
Quiero quedarme más tiempo, pero la ciudad despierta y nos golpea con tanta honestidad.
 
 
 
Retrato en blanco y negro
 
Nosotros. Los insumergibles, los que decidimos colgarnos de un enorme trapecio suspendido en el espacio, hemos vuelto para despedirnos, no queda más de nosotros.
Nosotros: tú y yo, este camino, el agua y la música de todas las mañanas se han roto en los retratos. No hay huellas ni salmos que los salven.
Tú y yo, fuimos dos lágrimas rodando en rostros opuestos. Éramos silencio en los cuartos, ecos en los pechos repitiendo lengua y saliva, lengua y saliva.
Tú y tus labios, yo y mi sombra, la música alta, muy alta rompiendo el tejado.
Ahora nada existe, y el ritmo, esos violines inmensos apenas se escuchan a lo lejos, allá, detrás de la lentitud.
Todo quedó atrás, en las hojas blancas y en las cortinas abrazadas por el polvo, en los libros penetrados por las termitas y las colillas apagadas.
Sé que quieres razones, almohadones, respuestas, sábanas cubiertas de fluidos, una vuelta atrás, y un beso desbordando una catarata.
Pero no queda nada floreciendo en el jardín, no hay estrellas en la noche, y tú y yo comenzamos a desvanecernos.
Nosotros, los recuerdos; esa tarde, los gemidos; esa noche, los ojos; esa mañana, las manos; ese día, el cabello y el sol siguiéndonos, apagándose.
Tú y yo, somos, lo que apenas fuimos.
 
 
 
 
Ella llegó
 
"No te guardo rencor
sería demasiado"
Juan Antonio Massone
 
Ella llegó junto a un cuaderno
rojo y desecho por años
nos encontramos en la página precisa
demasiado tarde para mi gusto
Al vernos reconocimos dos ciegos frente al espejo.
Estoy seguro que nunca había visto sus ojos en la ciudad
y menos en los arrabales.
 
Hablamos poco
el silencio fue por mucho tiempo
la palabra que se ajustó a los labios.
Le dije lo que los enamorados le dicen a las muchachas
y entonces cayó sobre nosotros el insomnio y las mariposas
 
Corríamos de madrugada
a cumplir nuestras penas y obligaciones.
 
una noche de febrero   
habló demasiado del futuro
nos embriagamos
las manos condenaron los cuerpos.
 
con los días llegaron las promesas
y dolieron a caer una a una
como alargados pétalos de diente de león.
 
una noche revivió el amor destrozado por la ausencia
las paredes eran de un color anaranjado
con telas de araña en las esquinas
yo tenía un retrato de mi infancia que nunca vio
era demasiado tarde.
 
se fue una noche de agosto
cuando sobre San Salvador
llovía como en las películas.
 
es verdad, era demasiado tarde.
 
 
 
Mane
 
regresa en las mañanas, en las tardes, en las noches,
acude al silencio, desprecia los pájaros sin destino,
suspira, calla, amárgate en la garganta como los ríos,
escóndete, sumérgete en las entrañas.
 
otra vez este silencio,
estas manos y estas grietas,
los crucifijos, el ruido de las campanas,
los peces y los panes,
la mano escondida bajo la braga,
los meses de invierno
el catarro y el jarabe para la tos.
 
las chuletas friéndose a las tres de la mañana
mi ebriedad buscado buscando alivio en el retrete
"¿cómo está?", pregunta.
una pregunta sin respuesta,
un niño llora entre las miradas.
 
dice que en ocasiones miento
-dice la verdad-
lo que no sabe es que ayer me afeité,
me peiné y fui a trabajar,
pensando en ella,
como solía hacerlo cuando tenía dieciséis.
tiene las manos cálidas como lo labios
y cientos de corazones en todas las esquinas de la casa
 
 
 
El elegido
 
II
 
Ya vez, nos vencieron
ahora baja de esa cruz
y sígueme
 
El poema más triste del mundo
Joaquín quiso escribir la canción más triste del mundo, y acá entre en las paredes amarillas intento deshacer las historia que hilvane todos estos años.
Aquí no hay personajes, todas las mujeres me abandonaron, y los rostros son máscaras, figuras difusas.
Hace unos días regresé de unos de esos sueños en los que alma se estanca, creo firmemente en la ausencia, la palpé cada segundo, y a veces hasta llegué a abrazarla como la única compañera que con seguridad volverá cada cierto tiempo.
Acá, donde golpeo con la mano derecha me dijeron que estaba el corazón, lo busqué y apenas encontré una pelota envuelta en una cinta roja.
No sé, si lo que dicen los poemas son tatuajes grises sobre la memoria, enemiga acérrima de cosas.
Este cuerpo tuvo tiempos mejores. Fue un niño elevando una cometa, pateando una pelota y persiguió al polvo por muchos años.
Ahora es mapa de un tiempo que no existe, que dejó de ser y que no volverá jamás.
 
 
 
El fuego de los días
 
Los días son como pequeños fósforos entre los dedos.
Se van consumiendo con sus rápidas llamas.
Cuando la cajita de la vida esta por quemar el último fósforo.
La intensidad de éste, es como un pequeño infierno,
tratando de iluminar todo lo que este a su alcance.
 
Así son los días, pequeños fósforos entre los dedos,
pequeñas llamitas que se extinguen apasionadamente
entre las cuatro y cinco de la mañana en estas latitudes.
A veces, sólo a veces y por las noches
con ayuda de una pálida vela iluminan todo un cuarto o una casa.
Y crean sombras que se contorsionan sobre las paredes.
 
 
 
 
 
 
“Cuando la vejez consuma a esta generación,
Tú permanecerás en medio de la aflicción”.
Jhon Kyats
 
 
Serenata al amor ausente
 
Hace frío sin ti pero se vive”
Roque Dalton
Ahora que el invierno                 
es una ola imposible en nuestros labios,
tiritamos como recién nacidos
en esta cajita de fósforos.
Supongo que la ausencia es como el niño
olvidado en el parque
                        -desprotegido-
                        -vulnerable-
 
No puedo decir que te ame,
y pregunto, ¿por qué los lirios aún no crecen?
 
Anhelaba tu cuerpo
en los senderos de mis manos,
y pregunto, ¿por qué hace tanto frío?,
y ¿por qué se vive?
 
Aún no entiendo que ocurre en esta ausencia
si los continentes serán silencios en tu mirada,
si la gravedad de tu cuerpo, pregunta por la mía,
si la bruma despeja mi recuerdo de tu presente.
 
Hace mucho no caminaba en la antigua calle,
donde mi padre conoció a mi vieja.
Allí, la enamoró por primera vez,
años después nací,
Yesenia, mi hermana,
había muerto un año antes,
desde entonces fui el primogénito,
-así me llamaron-
una mezcla de Caín con ángel.
Después nació Neftalí,
y también murió…
Nací entre hermanos muertos,
mamá dice que es un milagro que este vivo,
-un milagro, y una pena-
 
¿Sabes por qué ocurre esto?...
Tampoco lo sé,
ni lo preguntes,
no sé si un día fingirás no reconocerme.
 
Esta canción ladra como un  perro furioso,
ya va a terminar….
 
-¿Algo más?,
-Sí, algo más,
te quería y te quiero…
y aún espero.
 
 
 
 
Máscara
 
“La poesía no es un oficio. Es una desgracia.
Más bien una deformación del pensamiento
Luis Cháves
 
La máscara me mira a los ojos
pregunta por islas atrapadas en una botella
tirada a la carretera.
 
Tiene ojos verdes
habla incansable por teléfono,
asegura que casi soy un poeta,
como los que a ella le gustan.
 
A veces pregunta por mi vida,
a veces le respondo poco,
mis hijos están bien,
mi mujer también,
yo a veces estoy mejor,
cuando hablo menos y bebo más cerveza,
cuando todos los miércoles fumo,
y me desvelo.
 
A veces le llamo,
pregunto por su vida,
dice que ahora ama menos,
que no cree en los hombres,
que ya no es una estúpida,
que ya no es una niña.
 
Hace años le dije que la amaba
ella lo recuerda
como quien toma una instantánea,
la guarda en un cajón y le prende fuego,
atrás está la catedral,
y un cementerio con las cruces
de los hijos que no tuvimos.
 
Ya no la llamo por su nombre
ni ella tampoco,
a veces cuando estamos solos
solemos pensar en islas atrapadas en una botella de tinto,
y hamburguesas rápidas y papas a la francesa,
y microbuses con música estruendosa.
 
Solíamos escribir poemas
sobre alas de mariposas,
y asistir cada martes a parques clandestinos
beber litros de coca cola,
e inventar parejas felices he hipócritas.
 
A ella le gustan los delfines,
a mí no mucho,
prefiero seres menos inteligentes
como los que viven en mi espejo,
dice que ya no es virgen, que nunca lo fue,
y que va menos a la iglesia.
Yo por mi parte, escribo poemas en las noches
cuando las niñas corren
en los pasillos interminables
y gritan y trato de callarlas
y vuelven a correr y a gritar
y trato nuevamente,
mientras ella en la soledad repite
“me gustaba cómo me leías poemas”,
y cada vez se pierde más entre mis párpados.
 
 
 
 
Valentina
 
Un saxo irrumpe en la soledad,
la lámpara es una víbora
en la cama de Valentina.
El veneno es la luz
que golpea su rostro.
 
Valentina piensa que el amor
es siempre una broma pesada,
un soborno,
una lágrima, 
un chantaje.
Cree que la vida es un disparo en la frente.
Sabe que todo inicia en un punto,
y termina en el vacío.

 
Valentina siente un olor a sexo en los cristales,
Un olor a cristales en su sexo,
se metamorfosea como la luz,
se detiene en el perfil del espejo.
 
Cree que es la sombra muerta de su madre,
y susurra mi nombre como un grito impronunciable.
Yo soy el rostro de cientos de mujeres
mordiéndome los labios,
Valentina esta ahí, desgarrándome la lengua,
lame mi sangre,
asegura que me ama.
 
Tengo tatuado su nombre en los ojos.
 
Valentina y yo somos la historia
de un hombre y una mujer
que hicieron del polvo la imagen de Dios.
 
 
 
Demasiado tarde
 
“No te guardo rencor
sería demasiado”
Juan Antonio Massone
 
Ella llegó junto a un cuaderno
rojo y desecho por los años
nos encontramos en la página precisa,
demasiado tarde para mi gusto.
 
Al vernos
reconocimos dos ciegos frente al espejo.
Estoy seguro que nunca
había visto sus ojos en la ciudad,
y menos en los arrabales.
 
Hablamos poco,
el silencio fue por mucho tiempo
la palabra que se ajustó a los labios.
 
Le dije lo que los enamorados
le dicen a las muchachas,
entonces,
cayó sobre nosotros el insomnio,
y la mariposas.
 
Una noche de febrero
habló demasiado del futuro,
nos embriagamos,
y nuestras manos condenaron los cuerpos.
 
Con los días llagaron las promesas,
y dolieron al caer una a una,
como alargados dientes de león.
 
Una noche revivió el amor destrozado
por la ausencia,
las paredes eran de un color anaranjado,
con telas de araña es las esquinas.
Yo tenía un retrato de mi infancia
que nunca vio,
era demasiado tarde.
 
Se fue una noche de agosto,
cuando sobre San Salvador
llovía como en las películas.
 
Es verdad, era demasiado tarde.
 
 
 
 
 
 
“Dios me perdonará: es su oficio”.
Heinrich Heine
 
 
 
El elegido
I
 
Hace falta vino
y sobran Magdalenas,
pide un milagro
o trae cuarenta monedas de plata
 
II
 
Ya ves
nos vencieron.
Ahora baja de esa cruz,
y sígueme.
 
III
 
Ve a casa del tuerto,
él te mostrará
Su reino.
 
 
 
El incapturable
 
No importa
 
clava las uñas
ahí, donde las cicatrices
dejaron surcos pálidos

donde la memoria
fue un pájaro de alas rotas.

Ahí, donde la saliva
golpea el polvo

incansablemente.
 
 

 

Nómbrame
 
Nómbrame a medianoche

di abecedario,
trompa de Falopio,

di aguacero,
rama seca,

y miente cuando pregunte
por la ausencia de los verbos.
 
 
 
Arte poética sobre un viejo panfleto
Hasta la poesía siempre.

 

 
 

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