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Vilma Vargas Robles
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| Antología primera | ||
| El fuego y la siesta. "Aledaños de la casa, del centro, del barrio que he visto siempre y por donde, años y años, me paseo". (C.P.Cavafis: POESÍA, II, 1919-1933) Jornada Aquí quedó oscilando mi última furia. Engullo cada mancha de la pared, cada clavo. Y me siento dueña de mi voz descolgándose, palpo sus aristas y me quedo quieta, absorbo su semilla y ya no se esparce. Me tiendo sin una piedra o talismán. Recorro el cuarto con los ojos abiertos: no hay visiones, sólo la noche que cae después del trabajo. Paseante Abres tu casa. Las calles y las ramas son la agitación de la tierra pujante y ruidosa. Das vueltas y no vuelves. La soledad te escarba los hombros en este sitio donde el polvo cierra la boca a las palabras. Atrás alguien se duerme en el sopor. A uno le duele algo y si esto fue antes tierra firme no importa. Timbre Al anochecer oculta su pan que está duro. No oye. Pero tampoco llaman. ?Por qué lado llegó? ?De dónde vino esta verguenza? Separado entre los otros, apenas advierte que hay algo por hacer. Luz en las casas. ?Serán amigos esos rostros en las ventanas? Vuélvese el infeliz y siente su cabeza como un trozo de tiza rechinante. Tegucigalpa Me dueles como si el aire entumecido de tus tejados fuera conmigo y me dieras la fuerza en un jadeo. Dejas piedritas en los ojos -visibles en las noches- Temo caer. Balbuceo frente a un mapa. Pienso huir y sigo buscándote, tierra hendida donde me ahogo y broto ásperamente. Vagabundo Y yo me había ido. Las voces del mundo tenían el sonido de un muro. Como una boca seca una campana chasquea. No hay puertas. Miro el cielo con impaciencia. En el borde de un bosque el viento se oye, toca la memoria como un violín. Las hojas caen. Se tienden contra el cielo. El verano no es una consagración El verano no es una consagración compo cuando la infancia nos audaba todavía. Y creo que la misma naturaleza era menos cruel; nos protegía un dios alimentado con la sangre de quien era capaz de morir por uno sólo de sus cabellos. Nuestras armas reposan en el suelo y la risa, porosa, es de piedra y olvido. ?Dónde el verso que nos enseñe a hablar? El paisaje se quema y deliramos. Ah, corazón, pidamos resistencia. Cerro de plata No fuimos la fruta que abierta de golpe en el suelo parece reposar. Habrá que caminar con las manos y dejar la tristeza como un agujero por donde volveremos a pasar. Los pájaros caen de pereza sobre las casas. Rastros de oleaje seco. Perdidos en los cerros dormitamos con la llaga del sol en la frente. Mirada agria del humo. Tiestos empobrecidos en las ventanas. ?Quién imaginó este vaivén sobre el borde negro de los peñascos, este barco a pique en el desierto? Ciertamente, abril es el mes más cruel, que la poesía nos salve, amor mío. Conjuro Mejor sonrían ojos que no ven. Esta ciudad hecha a perder los sueños, su hervor malogra las apariciones. Quizás debí pagar antes el verso: se ha vuelto una espiral este humo de muerto que el techo me devuelve. Se me tiene por una extranjera, aún así no dejo de tender mi trampa a los demonios. Arderá cada rincón donde estuve, pero de mí no esperen más que este odio imantado. Techo bajo El cuerpo quiere rendirse y no sé cómo aguardas todavía en vez de maldecir. Nada pasa. Se mueven algunos tallos; un silbido entra por la ventana. Tienes que aprender a alejarte y no digas después dónde estuviste. Cómo podrían entender los que no han aruñado las paredes. Su carta al mundo (homenaje a Emily Dickinson) El canto pasa: hay ecos. La lluvia se desgrana como una mujer y le cuenta cosas a Emilia. Emilia hace sus frascos de conserva, evoca las hormigas como una larga ausencia, las plumas del mar saludable como un viloncello: vuelven los poemas, abriendo sus reflejos, punzando, hasta olvidar la culpa de vivir (para mantenerte, Belleza). Los días La vida es música que se aleja. Contemplas desde una ventana el mundo con la pasión de quién lo ha tenido. El río salta como una sorpresa. Una piedra que no es suya lo ve correr. ?Oyes? Hasta el aire parece alejarse. Ya no se ven los rostros. Eres una más, ausente, jugando en tu casa a morir. Inscripción El amor me ha oscurecido los ojos. Quedó como un astro la herida y este mundo, que es triste, lo ha olvidado. Oculto permanece el muro en que pinté los nombres de tu boca. Cantó desde un sesgo de tierra: el cielo lo han quemado. Mediodía Duele el poema. Hay una paloma abriéndo el pecho. El sol salta como una llama hasta quedar en el pavimento. No hay regreso. Prisa es la mañana. El perro siguió la cadena de su amo. Hecho polvo un hueso. Se fue la paloma desnuda sin ser mirada. El calor se deshace en un charco de imágenes. El papel va sudando. Las palabras Las palabras no son de este mundo sino cuando caen a tierra semejantes a frutos o demonios. Vivir ha sido convocarlas. Tengo una sola almohada, un sólo respaldar, pero cuido mi vaso, mi risa; en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza. Y también he llorado, pequeña, mal agarrada a la vida. Mirad: la belleza de un oficio me ha encorvado. La raíz y su árbol Toqué las puertas con un grito en la mano. Tu te has quedado allá. Cómo entonces me alimento de tí? El viento, el viento: será el único sitio? Y tú? Sólo la piedra? Sólo el piso poroso donde descansa tu mejillla? Yo también te he dejado. Quizás un astro perciba por fin tu desnudez. Sombra hacia mí Ojo de niño oscuro, estabas triste, buscabas el regazo materno, el ruido que el bosque entero recibe, un llamado que se oyera fuerte: paraíso desenterrándose que nos fue ajeno. Estamos solos. Te vuelves hacia las paredes de cal, mientras alguien se ríe de nosotros. Las muchachas a Sor Anita Bajo el amparo del jardín cuidado con esmero se sentaban a nombrar los tallos recién aparecidos. Amaneció y se abrieron las puertas mientras les ayudábamos a partir. Creía conocer la vida y pensé: volverán (cachorros que cavarían hasta sacar sus ojos y dejar al aire las chispas de sus cuellos). Ditirambo Cuando la vida bulle todavía en el pecho, la vida es invencible. idéntica a sí misma. Pero al fin lima el miembro, se adelgaza y cae como vidrio. Sólo el pasado vive y el deseo del hombre de volver donde estuvo y recoger sus ojos, su boca, su cabello y vivir para siempre con su cuerpo. Alero Papá y mamá, no se duerman, no cierren la puerta. Los niños juegan, están mirando. Les he dicho que ustedes me recuerdan. Ellos esperan que desobedezca para reírse de mis fotografías. Papá y mamá no limpien el polvo: ya no hay niños, dejen ahí mi cama. En este lugar estrecho me pueden dejar, no me toquen, voy a inquietar su sueño. Saudade Ofensa ha sido el sol cuando amanece y ya el corazón aprieta. El primer día que miraste tus dedos supiste que sería inútil contarlos. No esperabas noticias: nadie aquí, nada. Un animal herido sube a tus ojos cuando hay muchas estrellas: desterrado no olvida que amó, vivió y pasó, ave en su paraíso. Turrubares Yo quiero descansar, hundirme con los míos allí entre las colinas donde el mismo dolor logra su sueño y el tiempo se consuma sin desbordarse como el pájaro tenso en el cielo; todo siempre más novedoso que yo: la presencia irreal de la infancia, las familias que duermen en el lecho del río. Allí quiero dormir. Vuelva mi mano intacta a su lugar. Casa de invierno Nada me llevaría a donde voy. Aprendería lo que no sirve. El mounstruo que hice ahora me entristece. Una canica azul rueda en el patio; se han ido quedando mis cosas, me buscan de noche, rondándome, substituidas cada una ve la lluvia. El olor que dormida respiro se mezcla a elllas y a la sombra. Bellas cajas que apenas terminé de cerrar como un último sortilegio. Jauría Arrinconada oyes a través de las hendiduras. No recuerdas los árboles, el sitio señalado donde quedan las llaves. Los tarros que retenían el olor de la ruda y la manzanillla, nuestros rostros salpicados de olores dónde están, no estos rostros que escuchan también, adosados a la pared, ávidos, esperando el momento de vivir otra vez adentro de nosotros. Triste Aire tostado por el sol, abejas somnolientas. Y el camino donde oscurecía la infancia. De nuevo el puente estrecho como un pez y las latas donde las viejas cuidan sus flores. Todos hemos enterrado algo allí, en el patio, donde canta mi padre su nostalgía. Si todo estuviera listo volveríamos? José, Camila, Alfonso: no es este un buen lugar para reconocernos? Clamor Era aquí, yo decía mi nombre, quería romper el cuello que me ceñía. Vivir era un pequeño deseo, un parto confuso entre garras. Qué se hicieron los ojos, el temblor tímido que me arropaba? Crecí con un beso andrajoso, crecí dormida en las llamas, no sé de dónde llego el dolor, está aquí, después de todo, recoje su furia y vuelve; dónde dijeron los padres que podía dejarlo, dónde están mis hermanos, les pido que sonrían cuando puedan. Libra tu hechizo Libra tu hechizo, canta tu propio obstáculo, canta, viento, tus remolinos, da la cara a tu rostro, no calles las grandes cosas, grita hasta abrir las puertas: has de derribar lo que está adentro, quedar de pie, atrapado en la belleza. Endecha El cielo es ya un color mezclado. Como único paisaje una niña se aleja. Nos hemos mirado al pasar, (todas las historias están en sus ojos). Reloj de arena Tengo miedo debajo de mi casa. Un paso, sólo un paso doy, el día empieza, el deseo siempre, el día oscila, intento detenerlo, el deseo está aun cuando duermo, va sin detenerse, en el vértigo de mis brazos. Foco suspenso Por primera vez un poco de calma. No importa que esté aquí el insomnio perseverando como un asunto de señoras o como el sol que jamás se impacienta. Oscuro es el ámbito del que creyó: vuelve con sus seres crepitando. Por primera vez un poco de calma. Descubre esos rostros, explora esos brazos, un círculo estrecho entre luna y tierra que la mañana apaga. Vuelve el insomnio: voz que lee la noche. Sombra del agua Atrás han quedado algunas calles. Son pocos los rostros que en ellas reconocí, pero sé cómo se insinuaban. La visión de los ángeles que llevan lágrimas como velas encendidas entre sus dedos indiferentes la aparición de una niña en el borde de una ventana, la noche que llora en el mar, el hombre que aun sin saberlo persiste y mira el mar -frutos en llamas frutos desnudos hurgando mi carne- se separan de mí, como una astilla, se queman como un monte, sin sudor. Instrumento El tiempo detrás de cada árbol nos despoja. Vamos de un sitio a otro como si nada existiera, como el viento que huye. Las campanadas no se detienen: racimos negros que el oído recibe. Fui el huésped que en la maleza grabó el brío como una estrella. Pero vienen los de mi casa y me rodean llenos de compasión. Yo pienso en la tierra y sus terrones violentos. Se apaga el golpe de los trenes. Queda sólo la mandolina que abrió la sangre y aguzó la voz. Treno Mañana nadie te borrará las lágrimas. Corre en mis venas, crece en mí antes de que me oculte. "Qué es lo que fue? Lo mismo que será". La tierra como un vaso, vacía, como una rosa sin destello. Ven. Mañana no podrás seguir mis pasos. Algo ocurre al callar Algo ocurre al callar. Mi espalda pesa como un enemigo, no vacila con sus armas. El dolor tiene su propio ruido. Crujen las ramas en la claridad del viento. Ví que no veían (un muchacho no puede ocultarse, estabas ahí, eras un ciprés). Dime: Qué vas a darme? Transparencia Dónde estás? Trás los árboles un cielo parecido al del comienzo. Oculta lloro pero el viento aúlla. Dónde estás? Arribar es difícil y tengo que contarte la última noticia: duermes, ahora duermes y me veo partir. Fuego mío Fuego mío, color de tierra, no vienes?, no vienes tú pequeño puño duro, bosque que se abre con la mano? Qué lejos hoy. El camino áspero, qué desnudos los pies. Cómo asomarnos desde el otro lado, entre los cerros, cómo gritarías para que yo te oíga? Porque me inclino Porque espero porque parece que nadie viene por el silencio y las cosas que son ajenas por lo repentino y los pájaros por las puertas que únicamente al mediodía en el calor cuando parecen abrirse crujen y atrapan algunos ruidos por el fuego que sombrea su cola pido perdón pido perdón porque me inclino porque espero casi soplo casi vida casi mi cuerpo abriendo tu cuerpo. Jardín antiguo En tardes calurosas oigo nuestras voces: rondas inquieto como yo, sin encontrar el agua acampada en las rocas. Pero hay algo más, un viejo sol, ojos límpidos en la noche. Aquí debió empezar la vida. El fuego aclara y permanecen las cosas que fueron el mundo. Nunca me he ido ni me iré. Soy el guardián y la puerta. Cántico Las palmeras erguidas en el día sombreen nuestros muros: la casa es saludable, el agua abunda y hay fuego incesante en las paredes. Quédeme aquí, ceñida a tu vigor, oyéndote soplar el cuerno de colores de los jardines bajos. Que la fuerza del aire cuide tu arco bello e hiriente y proteja mi juventud. La guerra florida Junto a la ventana está tu rostro, la tierra firme de tus ojos. Me acercó y toco tu mano, tus rodillas, paso mi mano por tu pelo. Yo te conozco. Me pasaré la vida tentando el fondo hasta que suba una imágen que se te parezca. No duermo: acecho. Cerco con flores y con dientes a un hombre. De dónde me llegó esta enorme sed? El Rayo El estruendoso vino | ||