|
Alberto Trejo Mendoza
|
||
Antología poética |
||
|
Regreso a la Saudade
Debe ser la ventana abierta,
sonrisa del árbol que se hizo primavera;
o esta sensación de nocturna carne,
o el sabor a distancia de los ojos que recuerdan,
o la lenta agonía de una imagen,
que no termina de morir
lo que viene
todos los días
al café de las mañanas.
Porque tendría que platicar contigo
de una mirada que iba a las ruinas de una ciudad
atravesada por los siglos,
porque nunca volverá a ser diciembre
en esos ojos glaciales,
porque hoy no es un buen mes ni día
para mirar mi foto
o el lugar de la foto
porque esa fotografía
tal vez tampoco exista.
Y hablo de la noche
de mis bromas para tu sonrisa melancólica,
de las historias del Pachán y el vino,
del día donde se descifró
la historia de reyes muertos
tan viejos ya.
Afuera, la selva
sólo era un ruido de grillos
y adentro nosotros guardábamos un rumor oscuro
un olvido para tiempos que vendrían,
otra muerte más;
ahogar tus pequeños senos
en esa selva asquerosamente húmeda
donde la hierba te devoraría toda
para ser una historia vieja
de una ciudad perdida.
Los palacios de Palenque me vieron esa mañana
ningún Dios vivía ya ahí.
Ningún Dios se atreve a vivir entre ruinas
y aún creo que eso, no me importa.
Porque tendría que escribir
de los once siglos de soledad de Palenque,
de estas ruinas llenas de turistas,
de mi vida contigo,
de tu ropa mojada,
del olor a luciérnaga en tu cabello nocturno,
de la soledad de los glifos mayas,
de mis veintidós años de vida,
de mi oscura palabra interior,
de mi sensación de árbol
para tu pequeño cuerpo de niña.
Porque tendría que hablar,
escribirte una carta, hablar.
Porque todo esto es polvo inevitable:
tus oscuros ojos,
tu ropa interior mojada en el baño del hotel,
tus senos en un espejo de diciembre,
tu breve falda,
tus orgasmos en mi boca,
el amor,
el sexo,
tu casa con tu cuarto y tus libros
o tus libros y tu casa y el amor y el sexo y tu cuarto
y otras pequeñas muertes mañana.
En fin, la lista de cadáveres no terminaría.
Y sí, inevitablemente somos
arena de un reloj que se acaba.
Hoy me miró al fondo de la taza de café,
sabiendo
que desde el comienzo supe
que al terminarme el líquido
seguiría estando sólo.
Cuántico homenaje estridentista
Dedicado a
todos y cada uno de los guajolotes que
ofrecieron su
vida en nombre de la causa estridentista
Ya no
aeroplanos,
Boing’s 777
se estrellan en
el cielo
acribillado de ventanas,
sólo para que
en las ruinas de la civilización
el suelo nos
siga sabiendo a viento.
En el mismo
café,
en el mismo tú
que soy yo:
sensación de
luciérnaga muerta
en lo más
profundo de la caverna nocturna.
Inexplicable
explicación
ELLA situada al
fondo de las mesas donde
preguntas teje
entre cada trueno
de la tormenta
que vive fuera.
Lluvia.
No lluvia.
Lluvia:
L
l
u
v
i
a
gatos _____________________________ |
||
|
||