Ricardo Castrorrivas

 

Antología poética

 
 
 

 

 
La flor de izote
 
El izote, a que llaman bayoneta,
¿Qué anuncia o qué defiende
Con su explosión de espada?
Francisco Gaviria
 
Catedral de marfil petalecido,
Campanularia emerges entre espadas…
Triunfo de la blancura, tus nevadas
Corolas que el rocío ha bendecido…
 
Territorio de albura protegido
Por verdes bayonetas sublevadas,
Que con fiel vocación de ser espadas,
¡Defienden tu vocación a blanco nido!
 
Consagración de un blanco en alto grado
De limpidez… ¡racimo casi alado!
¡O caso un aletear de albas palomas!
 
Y como creces libre, ―entre las lomas—
Cuando desapareces del cercado…
¡Con tus hostias el pueblo ha comulgado!
©Ricardo Castrorrivas
De: La Cebolla púrpura, Página Literaria de Diario El Mundo, 31081974, San Salvador, El Salvador.
 
 
 

 

Hora del poeta
 
A Mario Castro,
Siemprermano…
 
Con la cara al viento que desnuda, los huesos
Y nos lleva a dormir cerca del fuego,
                    Es la hora de caer,
                    De quedar solo.
 
Es el tiempo de quitarse las ganas de dormir
Para mirar adentro de la piel de las flores
                    Y encontrar a los ángeles dormidos.
 
Tiempo de la flor desnuda,
                     Casi metal aéreo.
Silencioso girar de amantes peces
                      Que hacen revoloteos
                      Como látigos de agua.
 
Nada queda después del asalto del hierro.
Ni el castillo de humo,
                      Ni la torre del aire
                      Que orgullosa sostiene
                      La casa de la lluvia.
 
Será hecho de tierra, mar o niebla.
                      Mas tendrá que caer
Con hondura de bruma o sencillez de estrella.
Se dormirá en la niebla
                      O nacerá campana.
 
Mas tendrá que caer
                      En la garra del puma
                      O el ojo de la luna.
Atento a las raíces de la sombra.
 
Pero estás solo y quedás solo en la caída.
                       Ángel que ha perdido sus alas
                       Y cae humana lágrima
                       En el polvo…
 
Tiempo cuando los dioses quedan en silencio.
Tiempo de proclamar que hemos hecho la luz… 
©Ricardo Castrorrivas
De: La Cebolla púrpura, Página Literaria de Diario El Mundo, 231119744, San Salvador, El Salvador.
 
 

 

 
 
Maga del Caribe
 
Tú que conociste los tambores rituales
                 Desde muy niña
Tú que contra todas las prohibiciones
                 Descifraste los Grandes Secretos
Tú que empuñaste la blanca espada de Changó
                  En suprema guerra contra Ochún
Y los Sagrados Alfileres
                  En la aureola de San Lázaro
                  Para robar amor
 
Tú que has mudado la piel
                  Por la música sonora sólo en manos eléctricas
Tú que dices las Grandes Revelaciones
                  De los Babalaos del misterio
Tú muchacha de hoy
                  Con secretos hondos del ayer
                  Y dulces poderes en tus ojos:
 
¿Por qué no descifras el secreto
Que guarda para ti mi corazón?
©Ricardo Castrorrivas
De: Ciudades del amor, San Salvador, El Salvador, 1977
      
 
 
 
Instante culmine
 
Hay momentos en la vida que uno no tiene ni la sombra
De un árbol…
En ese instante los más débiles sucumben al suicidio.
Los mediocres van al bar a llorar su desesperación…
Es el minuto inmenso cuando un cuerpo de muchacha
Nos dice adiós y se nos pierde aquella desnudez
Largamente esperada.
También nos falta el pan y nos queda solamente un cigarrillo
Con el que construimos castillos
Y rostros familiares…
Pese a todo
Reímos con harta suficiencia
Y levantamos el orgullo para seguir de pie…
Salimos a la calle…
Llueve…
¡Pero llevamos de la mano a la poesía!
©Ricardo Castrorrivas
De: Poesía salvadoreña 1963-1973, México, 1974.
 
 
 
 
 
¡Cuidado con las consignas!
 
Sos tan hermosa, pero tan
Hermosa,
Que las metáforas
Te quedan cortas…
No sos como la leche,
De tan blanca:
Sos la albura misma y su dulzor…
No parecés niño dormido,
De tan tierna:
Sos el sueño mismo y su niñez…
Y en el amor sos tan, pero
Tan subversiva,
Que un día de éstos
Acabaré gritando
¡Viva la revolución!
©Ricardo Castrorrivas
De: Poesía salvadoreña 1963-1973, México, 1974.
 
 
 

 

Cuestión de principio
 
Caen las dinastías y el sol se levanta.
Ríe a carcajadas: divida alumbrar el camino
A los camaleones y cerrar las orejas a la lechuza.
Erguidos plumeros
Las palmeras sacuden las nubes repletas de moscas
De hierro oxidado.
Agua oscura brota del ojo de un ciego
Y hay un zigzag trágico en la hamaca sonámbula.
Llega la invasión de la niebla
Con profundos fantasmas en carrera de obstáculos.
Quien llegue primero viajará al mítico planeta
Y hará el amor con un cisne de vidrio
Bajo la mirada perdida de Marilyn Monroe
Y el fuego fatuo de la marihuana
Mientras el sol se pone serio
Y enreda sus cálidos petos para calentar el lecho
Donde engendraron los duendes
Y el ombligo de Darwin quedó enterrado entre cenizas
Y la semilla del poema fue sembrada
Y crecida ahora rasa los ojos de los otros
Que medran nebúlicamente entre mingitorios
Donde corre el ámbar derretido y humeante.
Temeroso incubase en los sexos de las putas
Que maldicen el día que amaron con los ojos cerrados
Y quedaron sexo al garete entre vahos de alcohol
Y trasnochadas guitarras
En espera del levante del sol
Y la caída de esta dinastía…
©Ricardo Castrorrivas
De: Suplemento Cultural Tres mil, Diario Colatino, #729, San Salvador, El Salvador, 22112003.
 
 

 

Crónica sobre héroes y tumbas
 
(Carta para Alejandra Olmos)
¿Sabéis que cuando pienso en el anillo de hierro escondido
Bajo la piedra, por la mano de un demente, me recorre el
Pelo un estremecimiento?
Conde de Lautreamont
 
Mentira. No todo está permitido.
Bien sabes que Iván Karamazov
Estaba equivocado. Existe.
Como tú… Como yo. Mientras existamos.
Por eso duele tu vivir, Alejandra.
La vida ciega de tu padre.
La vida errante por Europa y Asia,
Buscando su propia búsqueda
Entre laberintos y desiertos,
Los subterráneos y cavernas
Hasta llegar donde el Gran Viejo del Cielo
Y perder los ojos en el pico de los buitres.
Mentira. No está permitido. Es prohibido.
En la lucha, Malderor pagará por su crimen.
Pagarán todos los que ansían la meta.
Siempre estarán Ellos vigilantes
De nuestros pasos cautelosos y nuestros ojos
Siempre estará allí Wanda
Robándose sin querer tu amor incomprensible
Y Molinari como un dios dirá
Que es imposible amarte. Sin comprender.
También Bordenave actuará en la sombra.
Sin comprender.
Como no comprendió Marcos Molina
Aquella vez que te desnudaste en la playa
Frente a la tormenta y las olas.
Gritará como siempre su miedo cerval al sexo
Y a Dios.
Correrá desamparado por la arena y las pampas.
Entonces (no en sueños sino vívidamente)
Te internarás en el bosque
Y caminando desnuda bajo la lluvia
Desafiarás los relámpagos y gritarás que Dios no existe.
Y se apartarán los rayos de ti.
Inmune. Victoriosa. Vendrás  a mí como la seda.
Con misterio. Dejándote escudriñar en el lecho
Sin que pueda hallar tu secreto ni tú lo repeles.
En la oscuridad (estoy seguro)
El clarinete y los ojos húmedos del tío Bebe
Estarán espiándonos el amor desnudo.
Gozándose en su locura de notas monocordes.
Será entonces cuando la voz de Gardel
Llegue como desde el fondo de un poso de llanto
Y tus huidas al mundo que no conozco.
Y tus silencios.
Y tus revelaciones brumosas
Mientras gustamos el vodka del loco ruso,
El Iván Petrovich de las drogas malignas
Y los conciertos de brahms.
Y de nuevo tus huidas
Y mi desesperación.
La angustia, la obsesión.
Mi amor atormentado y atónito.
Mientras Bruno lame mis heridas
Y habla de Georgina. Y comprende
Y yo sueno (o pienso) cuando dijiste
Te necesito porque somos iguales.
Y tras desaparecer entre la indecisión y las calles,
Me dejaré llevar por mis pasos
A través de Avenida de Mayo o La Plata con mi desempleo
A mi hambre.
Hasta que Tito D’Arcángelo me invite a beber
Y el fuego caiga en mi estómago
Mientras  pienso dolorosamente en tus cosas.
Sí, Alejandra es como si nada.
Como encontrar a Borges sin conocerlo
Y tras charlar con él
Quedar con la impresión de no haberlo conocido.
Así eres tú. Incomprensible. Desconocida siempre.
Dime quien eres.
No tu linaje de sombra. No.
Sino tú misma. Alejandra Olmos.
Sé tú misma. Déjalos.
Olvida ya la tragedia de Quebrado Herrado.
Al fin tío Pancho y Patricio
Están muertos. Murieron fieles.
Creían en la Patria.
Tú no. Cree en ti y en mí. No me dejes,
Alejandra. Olvida para siempre a la tía Escolástica.
Olvidemos la actitud de eternidad
Que asumió desde el día que tiraron la cabeza
Del coronel Acevedo por la ventana de su casa.
Él también creía en la patria
Y lo decapitaron.
Tú no eres eso. Vámonos. Desafiémoslos.
Está mi amor. Que eso te baste.
No debemos correr sesenta leguas hasta Bolivia.
Qué nos importan los huesos del general Lavalle.
Tenemos a Chichín, a D’Arcángelo, a Bucich
Y a su camión que rompe el aire.
Deja a tu padre entre laberintos!
Déjalo que se pierda entre las alcantarillas
Y los sótanos negros de Buenos Aires.
Ellos son poderosos. Ya está todo hecho.
Iván Karamazov murió equivocado.
Y Maldoror hurga su crimen.
Norma Pugliese está ahora magdalena,
Arrepentida de las orgías sádicas con Fernando.
Tu padre ha perdido los ojos
Para pagar el pecado de haber cegado los pájaros.
Los anarquistas están liquidados.
Todo está terminado Hasta la ciega aquella de París
Que se acostaba con otros delante
De su marido paralítico.
Todo está finalizando. Todo. Sólo quedas tú.
Ven. Nadie nos verá. Ni ellos.
Quiero salvarte.
Quiero salvarte.
Hoy parto hacia la Patagonia
En el camión que rompe el aire austral.
Sólo tengo mi amor y creo más que nunca en la vida.
Debo apartarte de tu destino.
Porque esta noche llegarás a la Plaza de Concepción,
Entrarás por la puerta maldita
Y sin poder evitarlo te acostarás con él
En una unión espantosa. No debes hacerlo.
El es tu padre, Fernando Olmos. Y tampoco lo evitará.
Es su castigo por haber violado la región de tinieblas.
Después
Te espera la muerte. Morirás con tu padre, incendiados.
Quemados por vuestro mismo fuego.
Y yo quiero evitarlo.
Y yo quiero evitarlo.
Aquí está el camión con su ruta austral.
Partiremos con la Cruz del Sur en los ojos.
Debes venir, Alejandra. Burlemos el destino.
Mi amor atónito Mi vida alucinada.
Mi obsesión. Mi angustia está esperando…
©Ricardo Castrorrivas
De: Suplemento Cultural Tres mil, Diario Colatino, #729, San Salvador, El Salvador, 22112003.
 

 

PIEDRA Y SIGLO

No escuché los aplausos… No los oigo
desde hace mucho tiempo… Sin embargo,
¡cómo miro miradas!… No desoigo
su mirar, su mensaje… Ni descargo

en ninguno la culpa si reoigo,
cuando miro mirar, mirar tan largo,
¡conciencias que sí miran!… Y así oigo
en colectivos ojos el encargo

de seguir siendo espejo de mi mundo.
Siempre fiel a mi Piedra y a mi Siglo.
Sabedor de que aun Katia se persigna

al escuchar mi verso más profundo.
Vale aquí doble rima: ¡En mi siglo,
sólo un poetastro se resigna!
©Ricardo Castrorrivas
Diario Colatino, 06.01.2007
 
 
 
 
 
ALBAÑILES

Para Antonio Morán Pérez.
Y Fernando. Y Marcos.

Con hierro y alambre y tenazas y sangre.
Arena y cemento, sudores y agua.
Con clavos, martillos y dedos morados.
Ladrillos, andamios, mochetas y puertas.

Al sol, bajo lluvia y hasta los domingos,
la casa, (ajena), levanta fachada
por gracia y esfuerzo de los albañiles
que ganan tan poco haciendo palacios.

¿Y cuándo lo mío, mi propio ranchito?
Haciendo paredes no he hecho las mías,
ya sea por bolo, por mala cabeza

o por la injusticia en contra del pobre.
Mas no me han vencido y por eso prometo:
¡Con estas dos manos haré mi casita!
Ricardo Castrorrivas
Diario Colatino, 06.01.2007
 
 
 
 
 
TRECE SÍLABAS

“Estos versos son poco usados,
por ser de escasa armonía.”
(Un académico de la Real Academia).

Depende de quien cante y de sus instrumentos.
De los cascabeles de su verso y su danza.
Trece a trece sílabas de sonoro acento
serán cosecha armónica para el gorjeo.

No saben los pájaros de malos agüeros,
ni conocen del trece al silbar inocentes.
Tampoco el poeta cuando canta sonetos
con campanitas chinas y pájaros vivos.

Aquí caben todos los sonidos habidos
y por sonar para que la música suene
y borre el maleficio del número trece

y la escasa armonía que dicen que tienen
los acentos libres de las trece sílabas…
¡He cantado con ellas y esta es mi canción!
©
Ricardo Castrorrivas
Diario Colatino, 06.01.2007
 
 


 
 
 
GENTE QUE PASA…

Recién nacidos pasan en la cuna de brazos
de sus madres que pasan, sencillas, primerizas,
con sus maridos… Pasan, a sus haceres, todos.
Así miro pasar niños, jóvenes y ancianos.

Aquí pasan quimeras, asombros, esperanzas.
Las gentes que comercian pedazos de algún cielo.
Acá pasan el pan, la tristeza, los tamales.
Amores vistos o clandestinos. El chilate,

elotes locos o cuerdos. Cosas por abonos.
Atol shuco, de piña, maíz o tierno elote.
Niñez, escuela, trompos, canicas y piscuchas.

A toda hora pasan… Ya van, ya vienen, todos.
Y yo con ellos, vamos de paso, paso a paso…
¡Y todos vamos, desde la cuna, al cementerio!
©
Ricardo Castrorrivas
Diario Colatino, 06.01.2007

 

 
 

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