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Transparencia esperada
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Wassily Kandisky |
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FORMAS DE LA DUDA
A veces todo es noche
Abismo
Oscuros círculos
Relojes desconcertantes
Noches sin más límites
Que las ventanas
Calles donde pasa la brisa
Crujiendo entre los brazos
A veces pasa el silencio
Con su acústica de vidrio
La oscuridad estática
Absoluta
Final
El cuerpo muriendo
Amontonando su cansancio
Abriendo el cuerpo de los grises
Evaporándose la luz
Disecando el sudor
En las alforjas de Dios
Para conquistar mendrugos
De sosiego
O decapitar recuerdos
Que al fin terminan
Siendo piedras
Cuchillos
Lanzas
O simples cerrojos
De semanas procreadas
Por el viento
A veces la vida se hace páramos
Grito descarnado en el azogue
De los astros
Un espacio sin párpados
Donde se cuela
El infinito
A veces la memoria calla
Como los mausoleos
Sin itinerario
Vela orugas y retablos
Abre polvo…
Barataria, 22112003.
HABERES
“Es como si estuviera en medio de una niebla espesa”…
José Saramago: Ensayo sobre la ceguera
Hay historias para no contarse nunca
Hay encuentros al final de un túnel
Miedos
Vacíos
Golpes
Papeles sonrisas obtusas
Hay lenguas reducidas a astillas
Días encapuchados
Hay días que pasan como trenes
Dejando sólo una estela
Humo
Amontonado sobre rieles
Hay tiempos en que el sueño
Sólo tiene lugar en las postales
En las caravanas
En las ofrendas patrióticas
En la bandera nacional
Hay asilos para cementerios
Y fotógrafos para la última hora
Hay ventanas lentas
Como moscas sorbiendo
El aire de los sueños
Hay paciencias con caries en la memoria
Ecos prehistóricos respirando
Silencios fatuos
Insectos de papel reptando en el sol
Hay sábanas como rejas
Vacíos que succionan la sangre
Hay manos en la plaza
Y ojos y sueños y esqueletos
Que el viento dispersa como polvo
Hay puertas sin destino y no llevan a ninguno
Hay vitrinas y vidrios y vidas
Sin idioma
Piedras silenciosas
Hay círculos donde se aprenden
Las partituras de medianoche
Y aguas tornando en ceniza los sueños
Hay noches sucesivas con ventanas ciegas
Flores oscuras
Esperando en el balcón de la Esperanza
Hay pájaros sin alas
Y sin embargo esperan que amanezca
Hay balcones y olvidos
Llaves enterradas
Cunas desvencijadas
Hay sombras en la puerta
Con un alud de mariposas muertas
Y una espesa niebla de espadas…
Barataria, 23112003.
VÉRTIGO
A menudo me toca jugar
Con la soledad o el olvido
Da igual cerrar las puertas
Abrir las ventanas
Hacer puentes donde no hay ríos
Cobrar un sueldo y pagar los impuestos
Ir a misa
O escuchar un discurso presidencial
Salir a la calle
O pegarse un tiro en la cama
A menudo uno se encuentra
Con enjambres
Con ídolos que subastan sus propias cataratas
Y beben en su propia taberna
Arco iris de mostaza
Territorios prometidos sin peones
A menudo quisiera derrocar el alfabeto
Darle golpe de estado a las vocales
Botar las cáscaras de las consonantes
Darle amnistía a los adjetivos
Y beber la clorofila de los verbos
Desnudarlos
Habitarlos de principio a fin
Diseminarlos en felpas de aserrín
Vomitar el destino en el mar
Llevar el silencio a vitrinas póstumas
Deshacer el nudo de las encíclicas
Remover los sepelios y las sombras de las miradas
Habitar la memoria
Despedirse diariamente del mundo
Quemar los anticuarios
Disfrazar el óxido de la melancolía
Ignorar la piedra pómez de las ofertas electorales
Excavar en el agua
Hasta sorber en su totalidad
La ebriedad del planeta…
Barataria,
24112003.
NOCHE DEL DÍA
“Lo real siempre nace con la luz imprevista”
Danza tenebrosa de las sombras
Las hojas dejan de crujir cuando la realidad
Escribe sobre las pupilas de su masa negra
Las sombras cambian los acentos son leves
El hollín de los tabancos se hace patente
La luna crece en las ruinas del subconsciente
Anochece en el día sobre calles intransitables
Aunque los brazos invoquen pájaros
Y se vuele sobre ellos devorando ramas
Cuerpos espiando su propia desnudez maltrecha
Dioses de barro sin palabras audibles
Entrada la noche los cuerpos se horadan
Se refugian se carcomen se arañan
Emergen duelos de ríos y trementina encendida
Un taller de sueños abre el fuego:
Para los amantes la noche es un santuario
Para leer la yedra líquida del agua
Deshilvanar las espaldas quitarle el hipo a la lluvia
Y desarticular con el ápice de la lengua las sienes
Para otros que no enfrentan el sosiego
La noche es una constante para beberla en los costados
Extraña botica de la intemperie
Crema del terror con cutis de hampa
Asfalto del terror donde el olvido es recuerdo
Y la dicha un residuo de la memoria
Para otros quizá sea místico paraguas
Imagen para esquivar las taquicardias del poder
Sacar las manos y hacer gestos felices
Para otros importa muy poco la noche o el día
Pero entrar a ella es sentarse en los armarios del tiempo
Trazar caracolas con tinta china
Abrir las ventanas que nos sostienen
Rasgar la oruga de los fantasmas
Ver los efectos del paisaje a contraluz
Y la geometría de los sueños sobre el granito
La noche es pues ver la luz de otra manera
A menudo tan antigua como la herrumbre
La luz es ver la noche entre matorrales
Recostada sobre las crestas de la espuma
Ambas se resisten al hábito y al instante
Porque encarnan múltiples destinos y congojas
Porque son cuando se apagan o encienden
Un extenso asombro de contrastes
Porque son para perderse como una braza en el agua
O un pájaro en la hojarasca…
Barataria, 21122003.
CALLEJÓN SIN SALIDA
Nunca hasta hoy se había hecho tan persistente
Definitiva precisa encarnada
Se vestía de sueños inefables y bengalas
Se vestía de mar y yo navegaba en sus olas
Se vestía de navidad para avivar mi fantasía
Ahora me hace falta en estos recuerdos oscuros
Que luchan con sombras de espejos
Y con la dureza desnuda con que se embriagan los muertos
“Mi cuerpo en el potro exhibiendo su tortura
Como una vanidad ―ved ahora un potro en medio
Del escenario vacío― o mi yo disponiéndose
A recorrer una vez más los pocos pasos
Que caben en el callejón sin salida al que muestro”
Mi cuerpo y mis pensamientos en despojo
Desvistiéndose en las esquina de las uñas
Pensando en linternas de grandes urbes
Pese a todo te guardo como eras
Yedra de cuatro brazos fecundándome
Las sienes de lechos fluorescentes
Verbo del cuerpo agitando los poros
Ahora el agua estancada entre dos muros
La noche gime en la garganta con sus navajas
La lengua una antorcha gastada en la noche
Aquí golpeo y golpeo con mis puños la asfixia
Que me ahoga con su tizne la mirada
Aquí custodio pequeñas cosas en ruinas
La habitación donde la carne se volvía ciega
La celda del alma magulla
El rostro pleno con una humedad de cántaros
El sueño aún vivo aunque mi mundo se acabe
La llave del paraje donde los ojos guardaban el viento
El tiempo que me muerde con sus ojos desatinados
La porcelana de la emoción lloviendo en la sangre
Vuelvo cada día a la hoja de papel donde te revelas
Y dibujo islas con volcanes
Aguas ciegas que golpean el lecho
Paredes como obstáculos colgando de las autopistas
Que copulan almas inaprehensibles
Me miro luego me veo y no se si me conozco
En realidad no sé si también conoces a este rudimentario soldado
Que sólo sabe tirar flechas a los nidos de los pájaros
Y tirar botellas de esperanza sobre la mar
Me miro y te toco ya no sé qué nombre tienes
Si puerto o espejo aunque te prefiero espejo
Para ver de nuevo la risa cayendo a goterones.
Barataria, 22122003.
ELEGÍA QUINTA
“Un hombre pasa con un pan al hombro.
¿Voy a escribir, después, sobre mi muerte? […]
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre.
¿Cabrá eludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras.
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza.
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
César Vallejo
Tengo la rara sensación
De estar viviendo los sueños
Que otros ya vivieron:
La lámpara encendida tras el miedo,
El camino con viejos cuadros de ocasos,
La monotonía de los barrios,
La polilla de la paciencia entumecida,
Gastada en el madero de los sacrificios:
“señas me da mi ardor de fuego eterno”.
El alma cuelga de las enredaderas:
Sensación deshilvanando hipos,
Manos desarticuladas en el océano de los circos.
Sueños: Pesados sueños en triciclos
Debutando con calambres y rara sed de cansancio,
Cuando los genitales se llenan de tizne,
Y el whisky, sólo sirve para recordar párrafos
De la maltrecha insolencia del tiempo.
Pero los sueños no son alegres ni cuando están en reposo,
Ni cuando la imagen cotidiana los arremolina,
Ni cuando los alfileres del aire apremian,
Ni cuando vemos el amor ansiosamente líquido.
En todo sueño, es evidente un bosque de agujas;
Aunque la necesidad del mismo arrulle analgésicos,
Como pensar la geometría de Helena,
Descolgándose en pañuelos de gaviotas.
También los sueños, en su cavar poseso,
De vida humana y de pálido deseo,
Nos llevan a inviernos de sombra y silencio,
Y a aljabas donde todo se hace hielo.
Alguien, sin embargo, tira flechas desde Cipango,
Para vivir, también, su propio sueño:
Navíos de Venus o de Baco,
Kamasutra de esos vientos donde siempre naufraga,
el éter ávido del horizonte:
Niño sentado agujereando las nubes,
Y el aguacero de los sueños. Sueños nada más
De abandonadas brújulas y ciegos velámenes.
“Ítaca [nos brinda] tan hermoso viaje ―dice Cavafis―.
Sin ella no [habríamos] emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que [darnos].
Aunque la [hallemos] pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así entenderás qué significan las Ítacas”.
Es decir, ese severo horizonte de los sueños,
Cuando el futuro se gasta en la suela de los zapatos,
Y la realidad muerde: ojos, cabellos y rostro.
Barataria, 09 de febrero de 2004.
ELEGÍA SEXTA
“...parece que fue ayer la vida
perplejo y aliviado por el último abismo
esperas otro lago otros rostros otros ojos
asomados al límite entre el agua y la muerte”...
Manuel Vásquez Montalbán: Ciudad.
Entre las ramas de los pensamientos,
Una sed de ceniza esparcen los árboles;
Los perros ladran donde el viento se hace sal,
Y las pupilas se mueven como hojas de otoño.
Han sido años de sacudir brida y montura...
¡Cuánto le ofrendamos a la vida empapados de espuma!
Ahora siento duro el pasar de los años.
Las mañanas con gestos efímeros,
Los abrojos oscuros de las horas:
Vagos pensamientos de las aguas idas y bebidas.
Y vos no estás aquí, tocando el balcón de los poros
En el arroyo liviano que adelgaza la música.
No estás aquí para quitarle noches al alma,
Y apartar las piedras del atajo inminente,
Y el final ensimismado de los recuerdos.
Ahora, toca unir pálidos rompecabezas,
Y agonizar con las manos abiertas frente a los veleros;
Morder la zarza ungida de coraza,
Beber al revés el lenguaje del alma,
Contar historias al borde de la sangre coagulada,
Expulsar los ojos para ver la luz,
Caer en la levedad hueca del espantapájaros,
Ver indiferente las ratas que salen del tabanco,
Suturar las heridas que se abrieron como ráfagas.
Y vos no estás aquí con tu violín de cierzo,
Acompañando mis últimos sueños.
Por el contrario, te aferras a los trenes: Al olvido,
Y a ese afán de quebrar los vidrios del horizonte.
Sin embargo, mientras llega la sombra de la hojarasca,
Y termina esta fugacidad del ojo,
Y la sonrisa caiga sobre cirios,
Es bueno pensar en el secreto cauce del olvido.
A fin de cuentas, la tierra se encarga,
De enfriar los pensamientos y la carne.
Después, no digas nada cuando veas el mar...
Después, no pongas crisantemos ni alelíes sobre gusanos.
Después, no hables de los fríos golpes de la trementina,
Cuando copule en los pinos del eco.
Ya para entonces será inútil:
Estaré en perpetuo cautiverio hacia el cielo.
Un insomnio habrá plantado bosques;
El arpa de los grillos velará criptas,
Y un timbal de huesos colgará de los sueños...
Después, no digas nada: Porque para entonces:
“(habrá) muerto el amor y los días”.
Barataria, 11 de febrero de 2004.
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