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Pedro Geoffroy Rivas
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Parte Primera |
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(La compilación y selección de la presente muestra poética de Pedro Geoffroy Rivas, ha sido realizada por André Cruchaga) De: Canciones en el viento La búsqueda Yo no encuentro la letra deseada Para mi canción, Ni encuentro los ojos que llevo En el corazón. Cuando escucho un canto me digo: Esa es mi canción. Cuando veo unos ojos exclamo: Los del corazón. Pero pasa el canto y se van los ojos Y aún siento en el alma vibrar la canción Y siento como arden dos negras estrellas En el corazón. Un poquito de muerte Has llegado a mi vida Con un siglo de retraso. Precisamente cuando nadie podía ya salvarme. (La última nave la quemé una noche, hace ya mucho tiempo, junto al puerto de una mujer dormida). Sin embargo mujer, Faro y abismo, Gracias te doy por la bondad obrada, Por la hora de luz y el minuto de vórtice. Toma un pedazo de alma De estos que voy dejando como quien da retratos. Cuando me vaya Con el triste bagaje de pupilas Que me miraron silenciosamente, Tú también sentirás, Como las otras, Un poquito de muerte en el recuerdo. Canción del payaso sin fortuna Sólo mi corazón en medio de la noche. Sólo mi corazón y dos estrellas. Las puntadas de luz de dos estrellas Que mantienen cosida al infinito La carpa desteñida de los cielos. Sólo mi corazón, payaso sin fortuna, Cantando con la orquesta de los grillos Una canción monótona que ya pasó de moda. Sólo mi corazón bailando en el alambre, A la luz ahumada de la luna, Una danza grotesca que nadie ha de aplaudir. Sólo mi corazón Sacudiendo sus viejos cascabeles En el circo vacío de la noche. Sólo mi corazón bajo la vieja lona. Sólo mi corazón y dos estrellas. Miedo Tengo miedo de decir tu nombre Porque puede romperse —es tan frágil— al caer desde mis labios sobre la dura piedra del silencio. ¿Qué harías tú sin nombre? ¿Qué harías, si al ir a pronunciarlo se me hiciera pedazos en la boca? ¿Qué harías tú sin nombre y cómo haría mi dolor para llamarte? Andaría tu nombre hecho pedazos Rodando sobre los labios de los hombres Sin que nadie llegara a reconstruirlo. Y andaría mi amor Por todos los rincones de la soledad Buscando en vano el trozo que jamás encontramos De las cosas queridas que se rompen. Y andarías tú a través de todas las palabras, Saltando sobre todos los abecedarios del mundo, Sin encontrar el nombre que se rompió en mis labios. ¿Qué harías, si al beberme tu último recuerdo, dejara caer, como dejan caer al suelo los suicidas la copa en que apuraron el veneno, tu nombre —cristal frágil— sobre la dura piedra del silencio? De: Cuadernos del exilio I Para cantar mañana 1 No teníamos nada y ahora tenemos mucho. Tenemos diez mil muertos. Tenemos el recuerdo de diez mil hermanos Que ofrendaron sus vidas por enseñarnos a vivir. Tenemos un dolor mucho más grande Que aquel dolor de antes. No teníamos nada y ahora tenemos mucho. Tenemos diez mil tumbas que gritan. Veinte mil ojos sin vida que nos ven fijamente. Tenemos un anhelo sin límites Y una bandera roja en cada rancho. No teníamos nada y ahora tenemos mucho. Hoy tenemos el grito ronco y áspero Y la angustia que late Como otro corazón dentro del pecho. No teníamos nada y ahora tenemos mucho. Tenemos a Martí y al indio Ama. Tenemos un 23 de enero Y tenemos Izalco y tenemos Juayúa Y tenemos también a quien amar y a quien odiar Y para qué vivir y un tremendo por qué para morir. No teníamos nada y ahora tenemos mucho. 2 Por el hermano que cayó aquel día Hoy me corono de palabras crueles, De palabras punzantes como espinas. Una mañanita, Clara Como él soñó los ojos del hijo que aún no le nacía, Lo llevaron al muro del viejo cementerio. Él levantó la frente Y los maussers rezaron su oración tremenda. Hoy duerme bajo la dulce tierra Junto a sus dos amigos. Una mujer preñada nos dejó en herencia. III Trenos del exilio 1 Patria sin superficie, Hondura sólo, Apretada raíz inacabable. Patria sin voz, Mirada únicamente, Eterna claridad, Sonrisa pura. Patria sin realidad, Apenas sueño, Dulce visión de vegetal violento. Patria sin alegría. Dolor Y otro dolor Y más dolor Y lágrimas de piedra. Patria con esperanza, Firme, Pura, Desolada, Limpia. Te me has vuelto volcán dentro del pecho. 2 En la noche que envuelve su negrura Alrededor del sueño a que me ciño, Mientras mi corazón grita su duda Mi patria peregrina va conmigo. Alejándome voy de dura tierra Y hacia otra dura tierra me encamino, Mas latiendo en el fondo de la entraña Mi patria peregrina va conmigo. Recio hijo que afila sus raíces Y me succiona el sueño, decidido. Pugnando por nacer en mis canciones Mi patria peregrina va conmigo. Y de volver con ella en el instante Del milagroso parto acontecido Que me la entrega plena. Mientras tanto Mi patria peregrina va conmigo. Mañana cantaremos una nueva canción. Irá tu nombre en ella, Niña patria del júbilo y la estrella. Diremos con el alma enardecida La canción de tu vida y nuestra vida. Repetiré, ya limpias de amargura, Estas cosas que hoy digo con áspera ternura. En tus pintadas alas de chiltota Levantaré hasta el cielo nuestra esperanza rota. Mañana cantaremos una nueva canción. Irá tu nombre en ella, Niña patria del júbilo y la estrella. Mañana cantaremos una nueva canción 4 Después de tanta sombra, después de tanto llanto, Después del amarguísimo quebranto Que multiplica el sueño y el afán, Después de tanta sangre derramada, Por el dolor humilde y la pasión callada Florecerán tus cardos Cuscatlán. Por la dura semilla que sus manos sembraron, Por el altivo sueño que soñaron, Por los muertos que en tu cintura van, Ya cumplido el anhelo, sosegado ya el grito, Sobre tu ardiente suelo de granito Florecerán tus cardos Cuscatlán. Levantado el recuerdo del Negro Farabundo, Sostenidos por su fuego fecundo, Sobre las altas llamas del volcán, Junto a la sed de tu arenal sin nombre, Por mi canción de niño, por mi llanto de hombre, Florecerán tus cardos Cuscatlán. IV Esperanzada geografía del dolor Tutecotzimit Bronce para campanas, tu nombre caudaloso Me llega desde el fondo de los siglos, tu fuerte Mano franca y abierta, tu mirar luminoso Aclarando los duros caminos de la muerte. Bajando de quien sabe altísmos rosales, Tu recuerdo perfuma mi esperanzado asombro. Tu voz, llena del fresco rumor de los maizales, Le prestará su acento al canto en que te nombro. Padre de la amistad, viejo oscuro y hermoso, Que un día derribaste de su trono al odioso Cuauhmíchin, el tirano que traicionó la fe, Es preciso que vuelvas: en cruentas bacanales, Modernos Cuauhmíchines ofrendan macehuales En el ara sangrienta del gran dios del café. Anastasio Aquino Todavía es ajena la tierra en que reposas Viejo abuelo de piedra. Tu raza indestructible Todavía se afana bajo el yugo. Imposible Es el grito que duras gargantas presurosas, Bajo el amargo signo del trópico impasible, Aprientan como gajo lacerante de rosas. Se curvan las espaldas, sangrantes, dolorosas, Surcadas por las huellas del látigo terrible. Ya no duermas abuelo. Vencedor de la muerte, Alza tu voz antigua, consoladora y fuerte, Y que otra vez se escuche tu gran grito de guerra. Erguida para siempre, alta en el sol la frente, Repetirá tu raza de levante a poniente El eco milenario de “Tierra, Tierra, Tierra”. Feliciano Ama Del árbol del que cuelgas, tu fruto permanente Día a día fecunda la tierra que tu mano Cultivó sin descanso, porque el maíz, hermano De tu sueño, multiplicó en el sueño la simiente. Del ancho litoral hasta el volcán hermano, Como un cristo de piedra que esparce la simiente, En batalla sin tregua, en lucha permanente, Fue derramado sueños y esperanzas tu mano. Hoy vives en el sueño, antiguo fruto oscuro, Y en la plaza de Izalco, indestructible, puro, Te hace flamear el viento como bandera en alto. Tu inefable presencia habita nuestra casa, Familiar y cercana, porque tu vieja raza Al esculpir tu nombre humanizó el basalto. De: Yulcuicat Una canción de amor Perfúmate con agua de nocturnas campánulas, ¡Oh Corazón del cielo! Con greda nueva adórnate, Con semillas de achiote. Cíñete la cintura con el refajo verde. Ponte el huipil bordado de ardientes girasoles. Que te alumbre los ojos la flor del jiquilite. Baja a la playa entonces, Búscame en el estero Cuando la luna prenda su lámpara en los cocos Y el mar esté sonando todos sus caracoles. Un lecho de algas húmedas olorosas a yodo Ha tejido mi amor para tu cuerpo De venada inocente. Quiero estrecharte el torso Con guirnaldas de súchiles morados, Ungirte el pecho con sagrado bálsamo, Mirar en tus pupilas las estrellas más grandes. Quiero besar tus muslos de amorosa serpiente. Soltarte el nudo de la trenza Y enredarte luciérnagas En el manglar oscuro del cabello. Quiero envolver tu cuerpo con la espuma más blanca. Que mis manos despierten tus desnudos sensontles. Quiero elevar tu sueño hasta el delirio Y dejar en tu vientre la semilla de un dios. Breve lamento ¿He de marcharme entonces? ¿Sólo un instante viviré sobre el mundo? ¡Como la flor del tiempo, iré perdiendo pétalo tras pétalo! ¿Nada quedará entre nosotros? Hasta las piedras finas se rompen. El oro se destruye. Se rasgan las plumas preciosas. ¿Qué ha de hacer mi corazón entonces? ¿Nada será mi nombre alguna vez? ¿En vano he venido a la tierra? ¡Oh amigos! No dejéis que perezca del todo. ¡Conservad este canto! Solo amor Tres tiempos de una misma voz El eco solo de tu voz, el puro Simple eco. El singular reflejo De tu voz, como si un mágico espejo Devolviese el metal grave y oscuro De tu voz de campana, en la que un dejo Audaz, imperceptiblemente duro, Subraya lo perfecto, lo maduro, Lo suave, lo insondable y lo complejo. Es así como el puro y simple eco Penetrando mi ser en mí provoca Una ansiedad tantálica que insiste En que tu voz refresque el labio seco Y pueda descansar junto a tu boca Mi viejo desamparo de hombre triste. Y me hundo en tu voz y en ella anego La dura soledad que me acompaña Y en el efluvio musical que baña El delirio fugaz a que me entrego, Siento la eternidad como una hazaña Inútil cuando fáltame el apego De tu voz, maravillosa como un ruego, Que me señala el ritmo de la entraña. Y surjo así, como un recién nacido, Limpio de mal y claro de pecado, Y al dulce arrullo en que tu voz me nombra, Tranquilo el corazón… que andaba herido, Me reclino a soñar, abandonado, De tu palabra en flor bajo la sombra. Y húmedo de tu voz, ebrio de un llanto En que mi osado corazón advierte, En ala y luz y soledad y canto, La presencia inefable de la muerte, Cierro el ojo dolido para verte Ajena en el dolor y el desencanto, Como un vino dorado que se vierte En la copa sensual de mi quebranto. Y de doy lo que tengo. Del olvido Se levanta tu amor, viejo y sabido, Y el humo luminoso del recuerdo Traza una senda que hacia ti conduce Y que a tu boca mínima reduce El vasto laberinto en que me pierdo. Cerrada flor Cuando canto lanzo gritos atroces. Quiero besarte y me vuelvo espina. Se caminan hormigas por las voces Y yo siento que un pájaro me trina. Surcado por relámpagos veloces De inesperada lumbre repentina, Un cielo de pasión que no conoces Sueña con tu presencia matutina. Rosa de amor, inútilmente roja, Mi corazón sus diástoles deshoja Esperando tu tacto que no llega. Y las ciegas alondras que me habitan Vanamente sus pólenes le gritan A tu cerrada flor que no se entrega. Locuramor Locumaror gritando su batalla Desde un cielo sin luz, inexpresado. Me creciste de pronto en el costado Como una inmensa flor que me avalla. Una roja tormenta me restalla Dentro de cada poro enamorado, Me recorre un incendio desatado Y un trueno en cada glóbulo me estalla. Voy a decirte amor hasta los huesos, Voy a gritarte amor hasta el olvido. Se me quiebra la voz cuando te nombro. Me alimento soñando con tus besos. Y si sólo fue un sueño lo vivido Quiero vivir del sueño de tu asombro. De: Los nietos del jaguar Soledad Frecuentemente el viento sopla fuerte En el minúsculo jardín junto al que duermo Y su largo aullido me mantiene entre sueño y vigilia Entonces pienso grito o recuerdo es lo mismo O proyecto futuros que nunca llegaré a vivir O hago recuento de cuanto pudo ser Paso las noches asediado por muertes que todavía no se atreven Golpeado por poemas que todavía no me decido a escribir Asaltado por imaginaciones que me caminan Como extraños insectos desde los pies hasta el alma O me navega la sangre buscando un olvido Que jamás ha logrado detener mis diástoles Queriendo recuperar vasijas que alguna vez rompí Sin encontrar el prometido tesoro que debieron contener Recogiendo las hojas del árbol que siempre quise sembrar O acariciando al pequeño animal que humildemente espera En cualquier rincón de los epitelios en que habito Su aleatoria oportunidad de ser el iniciador de una nueva estirpe De un alfabeto de fábula con el que sea posible Nombrar poéticamente las cosas más repulsivas Declinar adjetivos apropiados para cada uno de los colores Que matizan el terrible submundo en que me muevo Cuando cierro los ojos O celebrar holocaustos definitivos Sobre la antigua piedra en que se inscriben todos los Sacrificios Permanezco anegado de preguntas que nadie sabría Contestarme Exhausto por el interminable forcejeo Entre mis debilidades y mi fuerza Paralizado por el irrefrenable impulso De realizarme en pájaros o rosas Desesperadamente urgido de invisibles presencias Anhelante de un pensamiento que me permita sobrevivir En la espantosa realidad que me rodea Atado por una absurda confabulación de negaciones Que me impide soltar mi bandada de instintos O me reduce a la desesperante pequeñez del poema Todo se diluye en una densa oscuridad Donde el silencio es el único sonido Y una lluvia de pálidos pétalos Va levantando muros alrededor de mi dolorosa respiración Construyendo la tumba en que no quiero descansar Condenándome a una eternidad que definidamente Rechazo O abandonándome en medio de un encrespado mar de piedra En el que todo naufragio es imposible Despierto hundido en mi propia materia Horriblemente oliendo a carne moribunda Me levanto Me visto mi raído traje de soledad Y salgo a caminar entre fantasmas |
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