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Ballena de sal
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Una ballena de sal
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apareció muerta
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en la Plaza Central de Tegucigalpa.
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Nadie sabe nada,
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la expectativa a puerta cerrada
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y el miedo, como una piedra torcida en la mano,
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se abalanza sobre el crepitar de los pasos.
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Rifles despuntando esperanzas,
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palabras cuánticas midiendo injusticias.
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Se ha levantado un triángulo de humo
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sobre la plaza
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y perfora a cuadros
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el grito glacial de la multitud.
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Una sustancia violenta ronda las esquinas,
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hombres verduscos con bombas tragapalabras
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llenan alforjas de desesperación,
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cuento común
para empezar el día.
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Sólo seis heridos pronosticó el diario.
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Nadie vio nada, nadie sabe nada,
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y la ballena de sal
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vuelta piedra,
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por la impotencia de rostros
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que siempre serán ajenos.
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Escribiéndole una casa al barco
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Esta casa vuela,
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su altura conjura un papalote
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que se distorsiona a la distancia.
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Esta casa es un mar
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y un barco también,
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donde crispados, salimos
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a contemplar
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los delfines más blancos de la locura.
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Esta casa tiene un color, un nombre,
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su capitán Morgan lanza de sus anzuelos
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aurelianos peces,
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espectros que devoramos
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en lo profundo de los desvelos.
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Esta casa barco se desliza
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por las olas de una Tegucigalpa oscura
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mientras humanos veleros,
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navegan lento
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dentro de botellas.
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Tragame luna
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o aterrizá en este océano que soy.
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Mirá que tengo la piel fosilizada de lenguas
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y un abanico azul que golpea
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desde mis trompas de falopio.
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He acampado en la sangre del abismo,
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he provocado la suntuosa apatía por los ocasos.
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Mirá que busco los ojos del sur
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y llevo en las manos
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el paracaídas de la locura.
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Escuchame luna,
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la serpiente de la soledad
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moldeó mi estatura rompiendo mis olas,
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inyectando la dosis precisa de la seducción.
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Mirá que me ha mordido desde adentro,
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profundo,
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vaciando los restos de la nostalgia,
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esa que se reproduce
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en el inventario de las sorpresas,
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me ha dejado intacta la incertidumbre
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y esta reseña de manipular los géneros
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a mi conveniencia.
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He volado profundo tus cielos, luna,
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mientras un hombre
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ha deletreado mi arena más húmeda.
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He comido de la catarsis de la investidura.
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Trágame luna
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o volvete caracol, velero, arrecife,
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lo que querrás
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pero volvé, acampá,
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quedate
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Orillas
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- Era el pasado un tren sin rumbo,
- llevaba por embestida
- la pólvora que en los ojos de mi
padre
- apuntaba a su propia soledad.
- "El
hombre nace para contemplar:
- la tierra,
la cosecha, los hijos
- y todas las
mujeres iniciadas en ese arte llamado amor".
- Quizás, mi padre en su propio
afán
- rasgó la tierra, mordió la
cosecha,
- creyó que sus hijos eran un sueño
- y amó a todas y cuantas carabelas
- lo hicieron llegar a sus orillas.
- Mi padre de manos resueltas como
arena,
- se dejo trepar por unas caderas
imprevistas
- que lo preservaron en sal,
- pero la penumbra es blanca y
negra
- y se amarillenta con la soledad.
- Mi madre guarda a escondidas de
él una foto
- donde aún emerge lo clandestino
de su propia ética,
- ambos, ausentes ya de
efervescencia
- andan los pasos tersos por tanto
roce con las despedidas;
- se ven,
- a tientas parpadean un morse de
amor náufrago,
- pero hoy ya es martes y hace
cuarenta años
- que mi padre no ve el mar.
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- Prohibido olvidar
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- Después de cruzar ciertos
agujeros
- atravesé la nostalgia
- como se atraviesa un suspiro
- en medio de cualquier
semáforo.
- Mis zapatos tienen
clavículas,
- bocas que se atragantan de
pasos.
- Primigenia me apresuro,
- por primera vez en los labios
- del hombre que jamás besé.
- La nostalgia está cocida a
mano
- como ese delantal que guarda
en su ropero mi madre.
- En silencio comienzo una
oración
- con la frase "prohibido
olvidar",
- la noche es un telón que
humedece
- un abrazo más por ofrecer,
- uno persuasivo de adioses que
no son definitivos.
- Concluyo:
- que los besos son para los
que aman
- sin promesas ni esperanzas.
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- Pequeña
historia de amor
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- Regreso a los días de
calendario,
- tránsito casi espiritual.
- Me remueve ese ángel que
lleva en sus angustias
- cualquier mujer,
- ando el vestido salpicado de
impavidez.
- El amor fue como una bisagra
lista a abrirse
- como mis ojos, como latidos.
- Ya asaltada en esta razón
- una mano invisible
- se sumerge bajo mi pecho.
- Sacudo el resto de espesor
que dejó en mis labios
- los besos de un pasado
mordaz.
- La amnistía no es para los
pobres y mucho menos
- para los que no han aprendido
a olvidar.
- Comienza abril y no pierdo mi
tiempo en recordar,
- el manto de capricornio
embistió mis rotulas,
- la historia quedó arrodillada
- a la mitad de la puerta.
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- Residuosueño y viceversa
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- Me dejo caer
- como pedazo de agua en el
recipiente de la nostalgia,
- sin que esto signifique
acabar de morir
- desciendo.
- El recuerdo es el estigma de
un puñal
- que atraviesa mi puerta todas
las noches,
- cuando el blanquecino de los
sueños
- abre veredas en mí
- y la magia de la tarde cae,
como luz perpendicular,
- en un almendro, sonrojándolo,
- y entonces llueve sin que lo
pueda evitar
- sobre la niña del letrero
publicitario de mis recuerdos
- y en el blanco de las manos
de mi madre.
- Pero la tarde también trae
consigo
- residuos de ceniza
- dejando mis labios con sabor
a tumba,
- y yo empaco los vestidos que
jamás estrenaré
- me desnudo al paisaje,
- en un vuelo origami
desciendo,
- me dejo caer,
- como pedazo de agua
- recuerdo,
- sin que esto signifique
acabar de morir.
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