María Eugenia Lizeaga

 

Antología quinta
 

 
 
 
EXTRACTO DEL LIBRO “POESIA VITAL”
Ediciones: beta
ISBN: 84-96009-58-0
 
 
Espíritu desangrado,
seco de esperar,
vacío de ilusionar.
Falsos reflejos,
que el cuarzo hace brillar.
Chispas de verdad,
que esconde en su soledad.
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
 
Lágrimas de amatista.
 
Flotando en violáceo mar,
que un segundo basta
Para difuminar.
Amatistas
 Que al  espíritu elevar,
suspendido deja al cuerpo,
sosegado en su mar.
Separando el combinar,
de espíritu y su cuerpo terrenal.
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
Lágrimas de amatista,

cayendo en tierra banal
Privada de  alas
para poder volar.
Sometidas, a su pesar.
Abandonadas en una realidad,
que al alma le cuesta aceptar...
porque sabe de  otra realidad...
 
Muriendo cada vez
que una lágrima de amatista
perdió su espiritualidad.
 
 
 
 
Caricias a la vida.
 
Acaricio con mis ojos tus penas,
cautivo planeta herido,
aunque hoy sólo sea con la mirada,
respetando  tus llagas en carne viva.
Entre  el aún caliente hedor
de miedo, dolor y muerte
Clamor que al cielo alcanza,
en la cobertura de las nubes,
implorando clemente justicia,
A los hombres o a Dios...
Dios  a los hombres.
 
Rozo liviana tu envoltura,
con los pétalos de la  amapola
robándole al futuro,
caricias que hoy necesitas.
 
Pienso en todos tus habitantes,
tras las máscaras que los escudan,
 y acaricio sus necesidades.
La vergüenza del verdugo, florece
la desesperación de la víctima,
es eco que atraviesa  las paredes.
 
En la pantalla del cielo, escribo
con letras de noche y amaneceres,
para que el  fuego, lluvia y viento
bendigan con justicia,
las auténticas verdades.
 
Para un futuro cercano  o  lejano,
en el que cada  cual asuma
sus  humanas  responsabilidades,
sin dejarse  llevar por los ladrones
de criterios, conciencias,
ideas  y libertades.
 
Caricias de ternura y fuerza,
que potencien ánimos y voluntades,
caricias que despierten,
lo mejor de mentes y  corazones.
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
Agua de vida
agua protectora
agua que revitaliza
agua derramando vida.
agua empujando a la vida
agua del primer llanto de vida.
 
Del agua    nace la vida
  en agua   se acomodan  especies.
El agua    es madre y es padre,
matriz y crisálida del planeta.
Entre aguas se aloja la tierra.
De agua
son las pétreas columnas
de sus cavernas,
colgando del techo las estalactitas,
arraigadas en el suelo las estalagmitas,
unidas  al capricho de sus formas.
 
P a c i e n c i a de a g u a,
horadando fabulosas rocas.
Sólida fuerza,
inflamada de dilatada
y fría dureza.
Agua, que  resbala   flota
da calor    hiela
lava      aferra
cálida   secreta   eterna
Agua
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
S e r
Mujer
Una vida
en  tres  edades
de onomásticas
celebradas con sangre.
Amanece
con el día,
en la coralina frontera
donde la luna se retira
y el sol se activa,
inocente  chiquilla
que el cenit del mediodía
riega de sangre,
su esencia
de hembra,
cuando el Sol
prudente se engalana
y ya no abrasa,
llega...
la discreta Luna
blanca y serena
que retirando la pleamar
de la sangrante marea
regala a sus hijas
de nuevo...  la vida.
 
Nace  Hembra   MUJER      Niña
Sangre                       Alumna
Luna                           RE-nace   MUJER
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
Almas de Fuego
 
Cuando gaviotas y palomas
se hacen amigas,
tiemblan las hienas y huyen los buitres.
Cuando el zorro y la gallina
el  gorrino y la serpiente,
unan sus intereses.
¡No hay traidor que los atrape!
 
Cuando arrecia lluvia,
sobre las llamas del incendio
y las nubes,
vuelan impulsadas por el viento
allá,
donde  sedienta vive la tierra.
 
Cuando los ángeles son mestizos
y el alma se hace perceptible.
Cuando el Espíritu diáfano, se presenta...
Comienza la nueva  aventura.
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
Llámame utópica

con utopías se construyó la historia
Ingenua
de ella nació la confianza
Idealista
tras haber bebido del cáliz amargo.
Ilusa
Por jugar y reír, a pesar de no ser niña.
 
Llámame utópica
pero cada día recreo mi vida.
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
¿Cómo era aquel poema?
 
¿Hablaba del viento sur, con luna llena?
¿Era otoño o primavera?
¿Vi en su cara redonda, una plácida sonrisa?
¿Fueron verdes o cobres, las hojas
que aterrizaron en el zaguán de casa?
 
Aquellas,
con las que de noche,
alumbrada por la luna,
enmarqué las paredes de mi alcoba.
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 
 
 
¿cómo era aquel poema?
 
Pregúntale
a las olas
          que viene
entre espumas
a besar
las blancas conchas
rodando,
sobre  la arena de la playa.
La dulce Y e m a y á  llega,
empapando con respuestas,
y blanquiazules  abrazos,
a los que entre las olas
o en la orilla de la playa,
la amaron... La invocaron.
©María Eugenia Lizeaga,
De: Poesía vital
 

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