María del Socorro Soto

 

Antología poética

 
 
 

 

 

¿Y quién dijo que amar fuera la dicha?

Amar es llorar a mares sin que te vean
Es sufrir intensamente sin que lo sepan
Pensar en ti, creer en ti, vivir por ti

Amar es querer estar contigo veinticinco horas al día
Es tenerte junto a mí los cuatrocientos días del año
Amarte es la dicha, el placer, la angustia, la osadía

Para amarte quiero amanecer contigo
para amarte quiero atardecer contigo
correr bajo la lluvia
llevarte al verde de mis bosques
tomar contigo un café y disfrutar la sobremesa

Desde que te amo,
no se si vivo en lunes o en abril, no duermo y en la plaza te sueño
Desde que te amo vivo una especie de locura, apenas si respiro
al hacerlo es para que entres en mí, como pequeña partícula de viento

Y deseo mi cuarto lleno de rosas guindas
Y quiero mi estudio impregnado de claveles bugambilia
Y veo mi tiempo inundado de amapolas libres

Te amo hasta el fondo del océano, hasta el último planeta
Te deseo con vehemencia, con locura, con impaciencia, hasta la risa

Te siento en el chorro de la regadera
Te palpo en el agua tibia de mi alberca
Te sufro en las olas de angustia, que arrastran mi cuerpo con su fuerza

Te quise en la rama de ayer, arco y flecha del ahora
Amor, esto es para siempre, por siempre. Amén

©María del Socorro Soto Alanís

 

Guerrero Solitario

Me apuntaste con lo mejor que tienes
Dardo saturno del amor

Y encontraste en mi cueva profunda y submarina
el regazo tibio que buscabas

Llegaste erguido y valiente
Guerrero solitario
hasta el final de la batalla

Tocaste el blanco rosado que anhelabas
Emprendiste de nuevo la conquista de mi valle húmedo
de mi oscura sierra durangueña
de mi llano seco . . .
y lo mojaste
con tu líquido vital
claro de espuma
juego transparente
tierra de sal

Regaste mis campos íntimos de maíz
Perfume de membrillo
Y mis caminos de pino se te abrieron

De mis entrañas brotó un manantial que olía a durazno

Y ahí estamos . . .
Perdidos en el cosmos
Libres
Sobrecogidos e infinitos

Vacíos e irreverentes
Húmedos en la revolución milenaria del amor

Y te amo
Guerrero solitario

©María del Socorro Soto Alanís

 

Piso tu orilla con mis pies descalzos

Piso tu orilla con mis pies descalzos
el comal de tu vientre se asolea
vistes de barro tu espalda
corredores y surcos encendidos
senos de miel y ambrosías
si abres tus piernas el trigo germina
tierra roja
seca
donde la campesina entregó su rebozo
puso su deseo en el membrillo
y la golondrina se tapó los ojos

El crepúsculo sangra por la herida
fuego que reza al amanecer
desiertas las alondras
el llano descalzo se santigua

Yo, silenciosa contemplo tu santuario
¡Buenos siglos!
canta la mañana

Los huesos de la tierra están de fiesta
el vino de Baco las chorrea
hojas de eternidad
granos de ausencia
Eurínome y las frutas del paraíso
bailan con cada árbol que de noche llega
y ahí engendran la sandía,
el durazno

©María del Socorro Soto Alanís

 

El mundo empezó cuando tú lo quisiste

El tiempo es una máquina que guarda los recuerdos
La memoria detiene al tiempo
Todo es un sinsentido, no puedo alcanzarte tiempo
Pedimos tiempo para parar el juego

En el estanque quisiéramos atraparte

El pasado nos dice que vendrás, te has ido
Hoy, eres apenas un vacío

El mundo empezó cuando tu lo quisiste
Desde entonces, todos subimos la escalera

¡Hágase la luz! Dijiste
y el sol encendió los focos del universo

Eres como un inmenso espejo
donde todas las mañanas, busco mi imagen para saber si vivo
o muero

Navegamos mar adentro
hasta que se te ocurra romper el cristal de mi reloj
y llevarme a otro tiempo, donde la risa no exista
ni tengamos prisa

Cuando la hora no importe me quedaré quieta
tu seguirás
ahí estaré . . .
será mi tiempo

©María del Socorro Soto Alanís

 

 

Tejedora de sueños

Verbo:
tu palabra me hace libre
terca
valiente con la ele y la te como escuderos,
sensible
racional
amante
tejedora de sueños
hacedora de interrogantes
con tus signos juego
junto sílabas
conjugo todos los verbos
he cantado desde niña:
“a la víbora víbora de la mar
de la mar
mar mar mar . . . ”
para después con frenesí
buscar lo profundo en tus océanos
descifrar tus designios quiero
y cada madrugada sucumbo ante el intento

El día que se acaben las palabras
Ahí me quedo.

©María del Socorro Soto Alanís

 

La troca de Juana la loca

Hay una herida que sangra cada treinta días
y un volcán de sal explota en el abrazo
Platón tenías razón
Hasta que encuentras a tu OTRO
te completas a ti mismo
¿por qué nos castigaste Zeus?
Cuando el diluvio vuelva
sólo los brazos de mi otro me consolarán
¿cómo recuperar el tiempo perdido?

Siglo vuélveme a parir
déjame juntar la leña en el bosque
en la cabaña queda luz
el fuego paciente espera todavía

No puedo concentrarme
un tic tac rebota en el cerebro
locura ¿estás ahí?
Déjame volar,
arrastrarme en el charco del gusano
que el rumor reviente los oídos
“ . . . Juana la loca tiene una troca . . .”
gritábamos de niñas
y una estrafalaria figura nos escupía

Hoy que todos vamos en la troca
extraño a Juana y su mirada

©María del Socorro Soto Alanís
 
 
 
 

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