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- Sonséense
Para un instante,
cruel y torpe,
vivimos;
parados en la sed
y en el castigo.
Vivimos hermanados
al último sonido,
a la pena singular
del
más cercano.
Buscando un corazón
Con sangre de otro
cuerpo,
gastamos nuestras armas
sueño a sueño hasta
llegar.
Y una noche de campanas
y cerzas perdidas,
el lodo nos sonríe
y...
terminó el andar.
Para un instante vivimos
(uno sin par)
y, a veces lo perdemos.
- ©Luis
Suardíaz
- (13 de
junio de 1955)
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Compilador: poeta Jorge Bousoño, Cuba.
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- EN LUGAR DE LA
TRISTEZA
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- Los clásicos laureles y los
almácigos de la ciudad
- caminan hacia los
transeúntes. La noche reciente es
- de un extraño violeta y será
de un azul relampagueante,
- cuando resuene el golpetazo
de las nueve. El invierno trajina
- en las cúpulas predominantes
y en los sótanos.
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- Está más alto que nunca el
cielo.
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- Acaso es el momento de
atosigar los pájaros dormidos,
- bajo las ramas colmadas por
la lluvia. Las ramas metálicas,
- resonantes, de árboles cuyo
nombre un día aprenderemos.
- Aunque no habrá otros pájaros
que tus manos, ni otro color
- sino el tuyo entre las hojas.
Una hoja cálida y fría
- anda dentro de mí, temblando,
y es tu ausencia.
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- Mejor será adentrarse en la
sombra propicia
- de las cafeterías.
- ©Luis
Suardíaz
-
Compilador: poeta Jorge Bousoño, Cuba.
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- EL DORADO FUEGO Y LA
LLUVIA (*)
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- El fuego de la tarde
- una y otra vez
- ha sido hostigado por la
lluvia.
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- El tronco quebrado de un
flamboyán
- cae sobre las buganvilias
- y los pétalos rojo naranja
- derraman su delicada sangre
- sobre las aceras.
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- La humedad deshace los
montículos
- donde viven las hormigas
locas,
- la casa en el filo del aire
- de las mariposas
- y los nidos.
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- Pasa el viento en sus
violentos
- caballos ciegos.
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- Y el fuego de la tarde
- crepita y canta en agonía
- hostigando por los puñales de
la lluvia.
- ©Luis
Suardíaz
-
Compilador: poeta Jorge Bousoño, Cuba.
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- LEYENDA ÁRABE
(*)
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- Cruzado de brazos
- sintió llegar
- madurar y apagarse
- una tras otras
- las estaciones.
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- Y una tarde sin sol
- vio pasar el carro fúnebre
- de su último enemigo.
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- Cuando intentó
- alzar la copa del brindis
triunfal
- su mano se volvió una flor
rota
- y su babeza llena de odio
- se inclinó por última vez.
- ©Luis
Suardíaz
-
Compilador: poeta Jorge Bousoño, Cuba.
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PONTE EL ALMA
(*)
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"ya
va a venir el día..."
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[Vallejo]
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- Otra vez amanece
- en mi fardo de deberes
pendientes.
- Porque hago cosas que no
tengo
- por qué hacer,
- pero que debo.
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- La historia, que es el ayer,
- y que también es la vida,
- me conduce y me asedia.
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- Y si pospongo
- la trama del poema,
- en beneficio de otras
honrosas demandas,
- puede ser para siempre.
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- Así lo denuncian
- las flores secas
- que un día
- se dejaron tentar
- por requiebros del viento.
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- Más vale el canto
- muerto de amor
- que la prosa viva de los
deberes,
- los pulcros informes
- y las cortesías.
- ©Luis
Suardíaz
-
Compilador: poeta Jorge Bousoño, Cuba.
- (*)
Del Libro: "Voy a hablar de la
Esperanza"
- Premio de poesía 26 de Julio de
las FAR, 1993.
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- El venado
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- Es como la tristeza.
- Mira como los hombres en
invierno.
- Y, como el huérfano, apenas
pone
- Sus huellas en la yerba.
- Es como la tarde.
- Crece su piel hacia la soledad
oliendo el monte.
- (Por su perfil transcurren el
disparo y la noche,
- La memoria imprecisa del
acoso.)
- Pero bajo su angustioso ramo
de cuernos
- No cabe el pensamiento y
muere, como de un salto,
- Con los ojos abiertos.
- ©Luis
Suardíaz
- De: Con
un mismo fuego, Antología de Poesía Cubana.
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- Los héroes
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- Unos están por arriba de los
hechos
- E instrumentan la historia.
Otros
- Acometen acompasadamente los
múltiples
- Oficios y hacen la humanidad,
la masa
- Que nunca irá delante de lo ya
expresado
- Y sin la cual nada sería
posible.
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- Ante las disyuntivas
memorables,
- El héroe desabotona su camisa
en público
- Y toma, directamente, el toro
por los cuernos.
- Como la esposa que distribuye
el orden doméstico,
- Él suma los engranajes de una
época y bebe su agua
- O duerme (únicamente lo
necesario) o se pone a pensar
- En los amigos de mucho antes,
por ahora
- Fatigados entre la
muchedumbre.
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- Con cuántos de nosotros están
hechos
- Estos desapacibles, estos
desemejantes.
- Creo que fueron siempre
inmortales;
- Pero no como los dioses de la
mitología,
- Sino porque no se anticiparon
a sí propios,
- Sino porque anduvieron al
ritmo de sus vidas,
- Hasta moldear todo ese mundo
- Que les cupo en las manos.
- ©Luis
Suardíaz
- De: Con
un mismo fuego, Antología de Poesía Cubana.
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