Lilian Serpas

 

Fotografía tomada de: 100 escritores Salvadoreños de Roxana Beatriz López

 

 
Esbozo biográfico

Nació en San Salvador en 1905. Hija del distinguido pensador Carlos Serpas. Vivió muchos años en Estados Unidos y en México. Es la primera mujer que cultiva una poesía de clara intención conceptual, dentro de los límites formales del post-modernismo. Extraordinaria cultura del soneto.

Entre su obra editada se cuenta: Urna de ensueños (prólogo de Juan Ramón Uriarte, San Salvador, 1927; Nácar, 1929; Huésped de la eternidad, México, 1947; La Flauta de los pétalos, México, 1951; Girofonía de las estrellas, méxico, 1970; Isla de trinos, El Salvador, 1980; Meridiano de orquídea y niebla, San Salvador.

Al respecto del libro: La Flauta de los pétalos, David Escobar Galindo dice: “Desde la adolescencia, siguiendo el ejemplo de su padre, el pensador salvadoreño don Carlos Serpas, prematuramente desaparecido, se inició Lilian en el ejercicio de una poesía reflexiva y profunda, que ponía en evidencia sus lecturas y sus indagaciones vitales (…) Posteriormente, la poesía de Lilian Serpas se impregna de gravedad filosófica, enriquecida por sus propias experiencias humanas. (Escobar Galindo, David. Índice antológico de la poesía salvadoreña. 1ª. Edición, UCA-EDITORES, San Salvador, 1982. 767p)

 

Selección Poética
 
Del libro: Girofonía de las estrellas.
 
 
La noche
 
Criatura entre otros “egos” desligada,
La noche, en concreción de lo inconcreto
―al no ser la materia resignada―,
cuelga de un mundo en su dolor concreto…
 
desnace tras la luz, finge el secreto
de verse en el vacío, cuando nada
―si no la levedad del esqueleto ―,
la equilibra, dejándola creada…
 
Lo infinitesimal que la descrifra,
Centra ―con faz armónica la Cifra,
Que a su esférica forma la resuelve…
Y en lo posible, o imposible vaga
―con sus ojos sin luz―  yendo a la zaga
de la inviolable lumbre que: ¡la envuelve…!
México, 1965
 
 
 
Vivo en lo abierto
 
Si el amor terrenal es desconcierto;
Si en un perenne afán nunca colmado,
Viviera el corazón deshabitado:
Mi voluntad renuncia a su desierto…;
 
Diré que duerme en el arrullo cierto,
Donde el pensar más frío, es alumbrado;
Libre en esencia, al mundo contemplado,
Ciego de luz en el espacio abierto…
 
Y en soledad ardiente que fulgura
―ese Alguien que a mi ser cautiva,
deslíe con sus ojos la hermosura,
 
de cuanto amó de amor su llama viva…
¡Y en supresión, al fin, de la criatura,
de lo total, es flor definitiva!
 
 
 
Oculta clave
 
Pájaro azul del vuelo delirante,
Medir puede la exacta geometría
―que sólo Dios creara―, y fuera el guía
del árbol en el salto equidistante:
 
Seguro del secreto se confía,
Tras el aéreo impulso trepidante,
Si de sus alas, en un solo instante
Arriésgase en sus trinos de alegría:
 
Y hacia el nido, al flotar sobre la rama
―el pájaro, en la clave de su trama―
sin caer en la trampa a donde vibra:
 
pulsa la levedad, aspira el aire
volátil del aroma, y en un donaire,
por el trino que exhala, ¡se equilibra!
 
 
 
…Si crear es
 
En átomos de angustia se introvierte
―el tiempo, que al pensar siento evadido…
En vida y polvo aré lo que se vierte,
Y en el dolor, mi fruto conmovido…
 
Y un gozo de crear lo bien vivido,
En lo que en Arte y Vida se convierte;
Porque al soñar se está como en olvido,
Y al umbral de ese sueño, está la muerte…
 
Hoy, en suspenso estoy; porque mi mente
Tras la creada imagen, vive ausente,
Y en comunión al tiempo, de tal modo,
 
Que en equilibrio de mi propio drama,
El corazón agónico es la llama,
Que en sí al crear, va resumiendo: ¡el Todo!
 
 
 
Lo intemporal
 
I
Próxima al vértigo, sin pausa, alerta,
Al rumbo huracanado en la espesura
―de un muro de olas―, en fatal reyerta:
mi ser, igual a barco en la aventura:
 
por náufrago pavor, donde apresura:
zozobra, tiembla, y el corazón despierta;
pulsa el timón intemporal, y acierta
―sostén a su caída―, a la más pura
excelsitud de un sueño, en inminente
forma ―la que fenece―, y de un arcano,
la fuga del dolor, suave nepente…;
 
si lleva ella, la imagen exhaustiva
de Dios en si, o de Él, lo tan lejano;
¡mas siendo eternidad, que sobreviva!
 
 
 
II
Proa al vaivén de un mundo ingobernable,
―en el ocaso unánime de mi vida―,
forma es de un tiempo, abierto a inefable
gozo, el más breve: Idea definida,
 
naciendo a ras de un diáfano y palpable
cielo ahí en un Todo…Y esclarecida
mi mente en un tanteo de insondable
noche, tras debates arrecida
 
―en pugna del ludibrio… ― Y el pensamiento
para ser, o no ser la amortajada
de mi crear punzante, al solo intento
 
de ver el infinito, al que posterno…
y en mi sentir, su esencia es a la Nada
―en lo de Dios―, ¡mi rostro en puro eterno…!
 
 
 
III
…Sin rostro ya y sin pies en mi jornada,
la conmoción que alúmbrame es Poesía,
siguiendo el ritmo en la girosofonía
de un ala al vuelo a la luz desintegrada…
 
Mi término es inicio de la Nada;
Y en mí no vivo si de la agonía
El Fin no llega, para un nuevo día,
Y si ―muero sin  morir―, voy desterrada:
 
Para un futuro limpio de mi mente
―en la Totalidad viviendo ausente ―,
y en gloria de un minuto, que, si existe,
 
es la imagen tan solo de un presagio
si no siendo al estar en un naufragio,
¡mi muerte al trascender vivirá triste…!
México, 1960
 
 
 
 
Cosmonauta
 
Por una azul centella en mi retina,
Trazo rumbo de viajes en este Enero;
Y en nubes y estrellas peregrina,
Siéntome la aeronauta de un lucero.
 
Un aletear sonoro me encamina,
Y un pájaro saltando del alero,
Con ansias de volar, su guzla afina
De lo celeste mínimo viajero…
 
Hoy por playas de espuma de la aurora
―que entre airones de garzas se avozora―
y a mis redes lucientes compromete:
 
¡por este ir ―que sin ir ― pulsa la pauta
sideral soy poeta y cosmonauta,
con las alas lunares de un cohete!
México, 1965
 
 
 
 
El hombre y la luna
 
Eje del tiempo, fiel arquitectura
―para el hombre en la angustia― de arrecidas
manos, en la circunferencia allí extendidas
y en el puño, el laurel que configura:
 
¡al semidiós, que al átomo inaugura…!
Collins, Aldrin, Armstrong, en enlucidas
Noches, como al rescate de otras vidas,
Y en vórtice de estrellas de pavura:
 
Hoy dícense jugar, si como sea
Giratorio equilibrio es su presea
De amor al infinito… Así el presente,
 
Cardinal en las rosas de un horario
―lunar y equidistante itinerario―:
¡álzame, a torbellinos de mi mente!
México, 1969
 
 
 
 
Aluzinaje
 
Lúcido en la tiniebla de un momento
De ser ―ya sido― en inicial viraje,
Arranca de raíz mi pensamiento
―tan joven como antiguo en su linaje―.
 
Ráfaga a grupas de un saber, aliento
―del polvo hostil en rescatado viaje ―,
emite luz, muy cerca de lo que siento
del más nocturno azul de alucinaje.
 
Ritmos de meteoros miden tensa
Noche, sólo soporte a mi defensa,
Igual a rostro en Cero circunscrito.
 
Yo heroica y huyendo en un desvelo
―libre y sin nada ―, como en un deshielo,
alcanzo en pie de amor, el infinito.
México, 1969.
 
 
 
Átomo al viento
 
Ángel, vórtice en llamas, habitante
Último del átomo y giratoria
Forma, que estalla o muere vibratoria,
O seca el verde césped, un instante,
 
Y para siempre la expresión andante
Del corazón, que muere en trayectoria
Al ocre funeral de transitoria
Luz, al reflejo y sombra del cuadrante:
 
Fúgame el ser a intemporal presencia
―de noche a día― en circular cadencia,
por el solo equilibrio en el espanto,
 
vibrátil de mi pulso, cuando vierte
―como sucinta imagen de la muerte ―,
Mas ―como sea ― ¡al Universo Canto!
 
 
 
Beethoven
 
Vertical en la rosa del sonido
Oyes vibrar el cosmos, que en sí rota
―desde inaudible clave― y de tu oído
―vórtice de una clave― libre flota,
 
al acorde cifrado, y sola nota
conjuga en unidad de tu sentido,
un Universo abierto en la remota
bóveda, pentagrama en tu latido;
 
y tu mano estelar en contrapunto
―beethoveniano de alta sinfonía―
pulsa del tiempo universal conjunto:
 
marea cuando estalla ¡oh Dios, que mueve,
el perenne fluir de la armonía,
y amenaza lo eterno con lo breve!
 
 
 
Ocaso
 
La luna en pie de Ocaso compagina
Al del Orto sangrante de la rosa;
Y suma cardinal y milagrosa
Al viraje del sol en la colina.
 
La fuga de las cosas se adivina:
Diríase una escala luminosa,
Por donde asciende el aria jubilosa,
Que al corazón de la floresta afina…
 
Mas la tregua de un día pajarero
―en nidales de celo y de alborozo―,
elige permanencia en el alero…
 
Y un éxtasis de dicha se presiente
―al expirar un ágave gozoso―,
¡tal un místico albor, en el poniente!
 
 
 
Lección de muerte
 
…Por un ayer extático y remoto
muero viviendo a pausas con la vida;
mas exhumo en mi piel igual al loto,
que del cieno en la flor, busca salida…
 
Si en flagelos de agobio consumida,
Como una aspiración busco lo ignoto;
Y porque en muerte vivo dividida,
Mi tiempo, en lo fugaz es mundo: roto…
 
De la vida en un breve itinerario
―con mi lección de muerte abriendo puertas―
al átomo de Dios; mas sin horario
 
―como trampa dantesca de un infierno―
de este mundo de trágicas reyertas,
sólo afirma mi espíritu, ¡lo eterno…!
 
 
 
El espejo
 
Ámbito intemporal y luna helada
Trae el amor cifrado en mi sigilo;
Sé de la luz de Dios ― por Él creada―
Y el dulce honor que me depara asilo…
 
Porque en convexa margen ato el hilo
De mi imposible afán, en la estrellada
Noche, su rostro busco y lo perfilo,
Definiendo en un cielo, su mirada…
 
Y de alto girasol soñado para
Convertirme en espejo, la tragedia
Huidle cópiase en mi propia cara…
 
¡Igual a río en mi vigilia vierte,
vago temor que a mi pensar asedia,
como espectral imagen de la muerte!
México, 1965
 
 
 
La agonía de vivir
 
Soy el desasimiento…Soy la oscura
Fugacidad de forma negativa;
Si por vivir muriendo en mí cautiva
―aunque humana y frágil envoltura―:
 es triste, que al no ser si no criatura,
viviendo estoy a opuesta disyuntiva;
mas tomo de mi ser la luz más viva
y de total imagen, su hermosura.
 
¡Si vivo ―sin vivir―tras el intendo
de dar a luz, tan sólo un pensamiento
―cómo sobrevivir a la agonía,
 
de un corazón, que, en flor álgida y mustia,
dará en cenizas del dolor la angustia
de lo que fuera lumbre en mi alegría…!
 
 
 
 
 
Del libro: Isla de Trinos
 
Microgramos de niebla
 
1
La tarde es una monja
Que en torre de silencio
Rezando se demora.
 
 
2
Lluvia: leve rosario
En los dedos traslúcidos
Del Ángel olvidado.
 
 
3
El avión que te lleva
Es pájaro goloso
Que pica las estrellas.
 
 
 
4
Es un cóndor azul
El avión que te lleva
Hasta la Cruz del Sur.
 
 
5
Me envías un mensaje
Con esa golondrina
Que equivocó la tarde.
 
 
6
Amor: Alma a lo lejos
Persiguiendo la ruta
Que ha rubricado el cielo.
 
 
7
Melancólico llora
El Otoño que un lecho
Se prepara con hojas.
 
 
8
Ausencia en un suspiro
Es la pena que lanzo
Como flecha al abismo…
 
 
Lulled,
 
Into the peral-shell
Of my soul;
Lighted with silvery
Moon beams;
Droped there and  fed
                   With tears of dew
―like in a shore of dreams,―
my love sleep,
                   with shadowy leds,
till God beds me
to love again,
                         to love to thee.
 
 
 
Adoration
Charles Serpas
 
Oh! Mistic lily, let my eyes behold
The placid beauty which I’ d fain adore:
Thy face, surrounded by its crown of gold,
Would tantalized Praxites of yore.
 
I love the luster of thy limpid eyes!
I love the lace that kisses thy warm breast,
Each time sweetle tremblingly those rise
Symbol of life in the divine unrest!
 
I love the music of thy gentle voice
Eolian harp touched by an Angel’ wing
Whose echoes my living heart ―enjoise.
 
Oh! Mistic lily eucaristic flower
Let me place those within the tabernacle
Where thy universal power,
May shine aloft upon the world’s debacle.
Universidad de Stanford

 

 
 

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