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- AGUA sólo es el mar; agua es el
río,
- Agua el torrente, y agua el
arroyuelo.
- Pero la voz que en ellos habla y
canta
- No es del agua, es del viento.
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- Agua es la blanda nieve silenciosa
- Y el mundo bloque de cristal de
hielo.
- Pero no es agua, es luz la voz que
calla
- Maravillosamente en su silencio.
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- Agua es la nube oscura y
silenciosa,
- Errante prisionera de los cielos.
- Pero su sombra, andando por la
tierra
- Y el mar; no es agua, es sueño.
- ©José
Bergamín
- De: Rimas y
sonetos rezagados.
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- Otros sonetos
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- A Rafael
Alberti.
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- EUROPA no habla griego, que habla
gringo
- Creyendo que está hablando el
europeo:
- Babélico balido y balbuceo
- Que se americaniza de vikingo.
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- Nunca soñó un imperio Carolingo
- Tan incontinental cocacoleo.
- Ni encontró un Bonaparte a su
deseo
- Tal respuesta, responso, ni
respiro.
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- Respuesta que es apuesta y
desatina.
- Responso a la difunta Gran
Bretaña.
- Respingo que lo da quien más se
empina.
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- Y mientras se la ignora o se la
extraña
- A una Europa, que, al serlo, fue
latina,
- Ya no se habla en cristiano ni en
España.
- ©José
Bergamín
- De: Rimas y
sonetos rezagados.
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- “Ombre de mon amour”
- Apollinaire
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- SOY una sombra que no siembra
huida,
- Porque engendrada de una llama
incierta
- Deja en el surco la semilla muerta
- Para que vuelva a renacer la vida.
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- Por la tierra y el agua convertida
- En limo, en barro humano, me
despierta
- La luz del sol de par en par
abierta
- Como se abren los labios de una
herida.
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- Para poder seguirte pareciendo,
- Si quieres escaparme, te persigo,
- Si me persigues, te acompaño
huyendo.
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- Como amigo fugaz soy tu enemigo
- Que no parece ser que lo está
siendo.
- No estoy nunca sin ti, ni estoy
contigo.
- ©José
Bergamín
- De: Rimas y
sonetos rezagados.
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- LA vida es nuestra pasión.
- La verdad, nuestra razón.
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- (Cuando de verdad queremos ―lo que
de vida soñamos—
- La verdad, la padecemos, ―la vida,
la razonamos.)
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- La vida es nuestra razón.
- La verdad, nuestra pasión.
- ©José
Bergamín
- De:
Duendecitos y coplas.
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- LA vejez es una máscara:
- Si te la quitas, descubres
- El rostro infantil del alma.
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- La niñez te va siguiendo
- Durante toda la vida.
- Pero ella va más despacio
- Y tú andas siempre de prisa.
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- Cuando la vejez te llega,
- No es que vuelves a la infancia,
- Es que moderas el paso
- Y al fin la niñez te alcanza.
- ©José
Bergamín
- De: Rimas y
sonetos rezagados.
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- SUENA tu voz lo mismo que un
lamento
- O que un grito perdido en lejanía;
- Como una luz que hiere el
horizonte
- Y lo abre a soledades infinitas.
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- Es penumbrosa claridad el sosiego
- De la tarde. La lumbre mortecina
- De tu alma, pelea con las sombras
- Del tiempo, que la cubren de
ceniza.
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- Los ecos del silencio hasta tu
oído
- Unos pasos lejanos aproximan.
- Y es otra muda voz la de la sangre
- Que en tu cansado corazón palpita.
- ©José
Bergamín
- De: Del
Otoño y los Mirlos.
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- Epílogo de doble estío
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- (Madrid. El
Retiro. Verano, 1963.)
- (Montevideo.
Carrasco. Verano, 1963.)
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- I
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- Este callado arder de oculto fuego
- En que, soñando, el alma se
ensimisma,
- Es cenicienta, remansada lumbre,
- O llama que me punza y me lastima.
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- Siento que se separan mis
recuerdos
- De un solo recordar que los
olvida:
- Que una sola esperanza me separa
- De tantas esperanzas ya perdidas.
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- Y el punzante dolor me va
clavando,
- Como un latido, su aguzada espina,
- Que, al encontrar mi llaga más
secreta,
- Por el herido corazón respira.
- ©José
Bergamín
- De: Rimas y
sonetos rezagados.
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- PÓNME tus manos en los ojos
- Para guiarme como a un ciego
- Por el fantasmal laberinto
- De mi oscuridad y mi silencio.
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- Igual que cuando éramos niños
- Y jugábamos a perdernos
- Por largos pasillos y alcobas
- De un enorme caserón viejo.
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- Tú apoyabas contra mi espalda
- El blando empuje de tu cuerpo
- Mientras me cegaban los ojos
- La suave prisión de tus dedos.
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- Me guiabas para perderme
- En el tenebroso misterio,
- Sintiendo nuestros corazones
- Que latían al mismo tiempo.
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- Por los ilusorios caminos
- Que inventabas, me ibas perdiendo,
- Paso a paso, gozosamente,
- En la noche de nuestro juego.
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- Desde entonces viví soñando
- Con aquel infantil infierno
- Por el que tus manos de niña
- Me guiaban para perdernos.
- ©José
Bergamín
- De: La
Claridad Desierta.
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- TÚ que sabes tantas cosas,
- Dime por qué vuela el pájaro;
- Por qué crecen las espigas;
- Por qué reverdece el árbol.
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- Por qué se alumbran de flores
- En primavera los prados.
- Por qué no se calla el mar.
- Por qué se apagan los astros.
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- Por qué es sonoro el silencio
- En la soledad del campo:
- Y el agua corre a esconderse
- Entre su risa y su llanto.
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- Por qué el viento aviva el fuego
- Cuando no puede apagarlo.
- Por qué el corazón se duerme
- Si el alma sigue soñando.
- ©José
Bergamín
- De: La
Claridad Desierta.
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- COMO quien oye llover
- Te pido que oigas mis versos:
- Con atención tan profunda
- Como se escucha el silencio.
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- Como se escucha a los árboles
- Cuando los menea el viento,
- Y caer, como hojas secas,
- Las horas muertas del tiempo.
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- Como el crepitar sonoro
- De las llamas en el fuego,
- Y en los cielos el callado
- Arder de los astros muertos.
- ©José
Bergamín
- De: Apartada
Orilla.
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- OTRA vez esta noche,
- Cuando estaba esperándote,
- Me dormí, y en mi sueño
- Oí una voz llamándome.
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- Una voz larga y triste,
- Apenas susurrante,
- Como un sollozo roto
- En los dedos del aire.
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- Una voz melodiosa
- Que no oyó nunca nadie;
- Que cuando más se acerca,
- Más parece alejarse.
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- Una voz melodiosa
- Que no oyó nunca nadie;
- Que cuando más se acerca,
- Más parece alejarse.
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- La voz de un viento oscuro
- Que se esconde en los árboles
- Y hace temblar sus copas
- En la luz de la tarde.
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- Una voz que me llama
- Y no quiere llamarme.
- Una voz que parece
- Que se apaga al callarse.
- ©José
Bergamín
- De: La
Claridad Desierta.
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