Jorge Nunes

 

Antología poética

 
 
De “Oscilaciones”
 
III
 
La palabra es una proyección de lo imposible y el silencio su reflejo.
Estoy en un punto donde el delirio del pensamiento me aplasta.
Pese a todo, mi sombra me devuelve la plenitud de mi integridad.
Las manos comprimen los puñales y me asedian con constancia.
Mis ojos han perdido el brillo característico de su juventud.
Estoy en medio de una guerra que no comparto convertido en soldado infeliz de uno de los bandos.
El caos asiste a mi ruina y comprendo la inutilidad de toda actitud antagónica.
Mis músculos se aflojan en la medida en que comprendo que todavía me quedan posibilidades de vivir.
Tras sus huellas, en esta batalla increíble, asciendo hacia las vertientes del castillo opulento.
La cumbre me asfixia pero persiste la conciencia de la redención.
Pienso que al llegar a la torre podré, finalmente, atraparlos y concluir así mi explicación.
Las escaleras se multiplican mientras subo cada vez mas a prisa.
Contemplo la estancia vacía y los muebles en desorden.
Los enemigos han huido después de haber sido humillados por los vencedores.
A pesar de haber desertado, me siento satisfecho de esta victoria absurda.
Después supe que me habían fusilado.
 
 
 
X
5
 
Ahora, creo fenecer sin destruirme.
Soy, mientras imagino que las cosas existen.
Luego dejo de ser esa región y mi realidad se diluye.
La dimensión espacio-temporal ha dejado de ser una pesadilla.
Me esfuerzo por crear mientras destruyo y, en tanto, la realidad adquiere características reversibles que le permiten disolverse y constituirse.
Mi travesía se realiza en etapas.
Estoy en la oscuridad.
Ahora me acerco, ligero de vestiduras, a la pendiente.
Las cosas desaparecen y yo desaparezco con ellas.

 
 
De “Imágenes y reflejos”
 
VI
 
Te sobrepones.
El espejo te ha vencido antes de iniciarse la batalla.
Revisas la utilidad de tus armas de combate.
Compruebas que tu ataque ha sido abatido con la utilización de una estúpida defensa.
Planificas de nuevo la estrategia.
Te colocas entre dos sillas en posición horizontal, tocas el suelo con el dedo índice y te absorbes en el sueño.
...«Te sientes proyectado hacia el vacío. Contemplas el espejo girando alrededor de tu nariz... Extiendes la mano tratando de atraparlo»...
Te levantas del suelo, dolorido. El espejo, inmóvil, te observa con tus innumerables ojos.
Tratas de descubrirte en cada uno de ellos y compruebas que se multiplican mientras los desechas.
El espejo te aventaja porque tiene solo dos ojos que mirar. Tu reflejo ha comenzado a desplazarte.
 

 

 
XXV
 
Colgado en la pared  testimonias la derrota.
Estático, dispuesto a obedecer el llamado del asombro.
Desconcertante e inverosímil como al principio de cualquier historia.
El espejo, testigo que el tiempo aun no ha podido sobornar. Allí, silencioso...
Si usted se acerca y mimetiza su oído a la tenue superficie, podrá descubrir la confusión de la catástrofe; son gritos que intentan escaparse, como llamaradas del infierno que nos seducen e invitan a traspasar sus puertas.
Silencioso...
Desde adentro  usted lo oirá a él, todos los días, a cada instante.
Desesperado, le dará vueltas. Desgarrará la cara opaca.
Procederá a la resurrección de los escombros.
Constatará que le ha perdido el rastro a su existencia.
Entonces, también usted se verificara colgado en la pared, siempre deslumbrante, en un inagotable estallido de reflejos.

 
 
De “Fuego Sucesivo”
 
Mi padre quiso repetir en mí
todas sus historias.
puso sobre mis ojos una venda
que con el tiempo habría de caer.
 
Sobre tu cuerpo o bajo tu cuerpo
pasa el amor
como un amigo de siempre.
En tus ojos
o fuera de ellos
los ruidos se suceden como estertores de invierno.
 
 
******
 
 
Cada tiempo posee su símbolo
y cada habitante su tristeza.
La vida es para ser gastada antes que la muerte llegue.
 
Mi madre pequeña
grande en cada gesto o palabra regalada.
mi madre en la casona de amplios cuartos
preparando girasoles
para un porvenir
que nunca habría de llegar
deshojando cada día los mismos hábitos
haciéndose de horas y minutos
como un reloj.
 
 
****
 
Hay días en que uno se siente
desterrado de su propio corazón.
La ciudad permanece inalterable
Con sus calles, sus automóviles
sus parques sin amantes,
la ciudad de ruidos y cornetas
de humo y de voces extranjeras.
Es un exilio lento, triste e inesperado.
Como si de pronto las cosas
hubieran roto las unas con las otras,
como si los lazos y las posibles relaciones
se hubieran desvanecido.
Es la ciudad reptando pálida
delirando en gritos de protesta
víctima de una fiebre que nadie puede combatir.
 
 
Y aquí estamos. El uno con el otro
y sin embargo tan solos.
Como si la otra existencia
nada nos dijera de la propia
como si la ora voz
fuera apenas un ruido extraño en el espacio,
como si los otros brazos
nos prodigaran caricias
que en realidad no nos pertenecieran.
 
 
***
 
 
 
Mis amantes,
cada una que llega
trae el recuerdo de la que ya no está;
mis amantes,
ellas han sido cada una y todas
las vidas que me amaron,
ellas, como tú ahora,
también fueron las otras
y habrán de ser las de mañana.
 
****

 
 
De “Oculto en su Memoria”
 
 
Nada nos regresa
 
A Sael Ibáñez
 
 
Si no fuese posible
Hacer de la vida un barco
e irse por el mar
como si nada
como si por la vida.
 
Estamos aquí
                                   todavía pensando
en si la orilla es nuestra
y ya remontando el mar
todavía pensando en si esta playa es la playa
 y ya navegando
ebrios
ebrios
y la vida sobria
¡Cuántos fetiches y locuras
                                   y sueños!
Es inútil
nada nos regresa.
 
 
 
 
El viento tiende designios y otras profecías
 
A Eleazar León
 
Queda tan poco tiempo
Las cosas no estarán delante del ojo que las ve
Sólo conocemos rostros
que ahora huyen
silenciosos y sombríos
Viajan estériles y convulsos
a tientas
circundan las horas
a lo largo de orillas
cuya arena ya no acaricia nuestros pies
cuya arena ya no refleja nuestra
                                                           sombra.
 
¡Tan poco el tiempo que nos queda!
Solamente lo que ha sido conocido
podría después de todo descifrarse
y aún así sería nada.
Sólo la ilusión de la piel
                                                   justifica nuestro tránsito
Yo no soy de lo que habré todavía de
                                                                       Vivir
Incierto y presuroso
                                   navego
                                               en mi memoria        
Los relámpagos yacen donde la tormenta
                                                                       Diseña rostros diferentes
Junto a los antiguos malecones
                                                           el viento tiende designios
                                                                                  y otras profecías.

 
 
De “Aproximaciones al roce”
 
5
 
“Desde el fondo con la sed de ser”
 
Palabra y silencio. Certeza y duda. Bruma contenida entre los bordes de la elipse. Posible, engañosa bifurcación: lo cotidiano y lo infinito. La luz congrega sus propios resplandores: lo visto es el espacio que separa el acto de ver de la visión. El tiempo arde en lenguas de oro sobre las cenizas de los frutos. La imagen es el reflejo de la imagen como el círculo es el punto donde confluyen (desaparece) los ejes.
 
 
8
 
“Mientras las manos trazan un nuevo pensamiento del roce”
 
Todo intento de alcance concluye en aproximación. Desde adentro el espacio se comprime desterrando la imagen iniciada. Desecha y múltiple, socavando el infinito, la otra imagen desde afuera.
 
 
 
 
 
De “Retratos de arena”
 
 
9
 
Emily Dickinson
 
 
la nieve
desafío de sal
vedando el color
la calle
ramillete de lunares
la muchacha camina con la cesta de mimbre
regala huellas mínimas
el rostro convoca complicidad
capucha capa roja pasos blancos
emily dickinson danza en su bosque de abedules
música desde otra orilla
observo un sueño inconcluso
la miro repleta de invierno
como si contemplara sus propios pensamientos
el tránsito de sus pasos es la pérdida
la capa roja iluminando las señales
congeladas.
 
 
 
20
 
Picadilly
 
 
intacto
sombra custodiada por la noche
el invierno
racimo de picos embriagados de rocío
las palomas rasgan el aire
dulcemente contaminado por reciente primavera
medio día de abril
los pasos parecen fracturarse
el corazón anda a tientas por la calzada desierta
el abrigo de la muchacha es una interminable cobija negra
forra su cuerpo y sus sueños
los labios se comprimen las manos se enguantan
las bufandas ocultan rostros
la ciudad como de tránsito se apea
y persigue el curso de los dardos
cupido dispara sobre un blanco móvil
sólo el amor permanece desnudo
atrapado en las caricias de esta estación sin prisa.
 
 
 
30

Duendes
 
me visitan
susurran sortilegios
el crepúsculo
habla del encanto de los bosques
arcoiris
fuego siempre ceniza
astros goteando sombra
luz y proximidad
trapecio
el salto
vacío
la forma.
 
 
 
39
 
Secreto
 
amo el rastro
el aroma
lo de ti ausente
días cómplices, efluvios
esta lluvia diseñando paisajes rasgados
de esa muerta nadie habla
¿la infancia?
¿el secreto deseo?
oculto en la humedad del sótano
el baúl te espera todavía.

 
Géminis (Poema independiente incluido en la Antología Poética de Monte Ávila Editores, 1997)
 
Géminis
de tu infancia nada queda
Apenas uno que otro rasguño en las rodillas
y quizá la falda demasiado corta
sobre los muslos.
 
Géminis atrevidamente diseñada
sobre inmensos ojos verdes
extendida como hilo de seda
sobre un nombre que sabe a vodka
y transpira el olor de las estepas. 
 
Géminis
de casaca roja
empuñando los senos como armas
mientras el sable
traza caminos rotos en el aire.
 
Géminis
de junios incestuosos
descubierta en la garganta del invierno
violada sin promesas
sacrificada a todos los tormentos
por ahí andan los negros sombreros de las brujas
cabalgando tu ternura en sus escobas.
 
Géminis
adivinada
intuida
Géminis
vikinga y sarracena
despedazada y destronada.
 
Géminis
afrodisíaca y tumultuosa
hiriente y sacrosanta
Géminis
ruidosamente silenciosa
acorralada siempre en tu sonrisa
como en una media luna adolescente.
 
Géminis
profana y profanada
escondida a gritos
detrás de unos caballos casi rubios
mordiendo las palabras lentamente
diluyendo los días por venir
sobre el reflejo de los días recordados.
 
Géminis
de tu adolescencia nada queda
Apenas uno que otro libro de lectura
unas medias cortamente tobilleras
y algunas risas de cinco de la tarde a la salida del liceo.
 
Géminis absolutamente renunciada
¿Dónde comenzó este desastre?
¿En qué guerra extraviaste tu inocencia?
¿En qué combaste perdiste para siempre tu ternura?
 
Géminis
piccola bambina
cuerpo de gacela blanca haciendo nubes
el pubis más oscuro
y el sexo ajeno a las más cotidianas alegrías.
 
Géminis
marmalade baby
¿Dónde están las mandarinas del verano
 y las muñecas de aserrín
que decían mamá y hasta lloraban?
 
Géminis
Alicia miúda do país das insignificancias
¿Dónde para nunca los castillos de chocolate derrumbados?
¿En qué muelle para siempre las barcas de caramelo derretidas?
 
Géminis
cuento tus dedos de las manos y los pies
 y me sobran números aún
para contar todas tus historias.
Cuento las lunas y los soles
los días de semana y los feriados
cuento tus lunares y cuento tus estrellas
y los números me sobran todavía
para contar todas tus tristezas.
 
Géminis de otoño
árboles grises y hojas secas.
Géminis de primavera
violetas y rosas extrañamente muertas.
Géminis de verano
nostalgia y girasoles
gaitas escocesas
y cisnes en los lagos.
Géminis de invierno
calles desiertas y lluvia en los cristales.
Géminis de nieve
Géminis erótica
Géminis de sombras inflexibles
Géminis desnuda en las postrimerías del orgasmo
Géminis de lenguas terminantes
poderosa
intermitente
y deleznable.
 
Géminis
de ríos caudalosos
montañas cálidas
y volcanes explosivos.
Géminis
huyendo hacia la casa del misterio
rescatando en Venus las promesas no cumplidas.
 
Géminis
diluida en finas transparencias
ciega sola
sobre arcoiris y relámpagos
Géminis
apetecida y apetecible
de ojos públicos
y vertientes inauditas.
 
Géminis
ofrecida
prestada
o tomada por asalto.
 
Géminis
creciendo desde otra edad
que no fue la infancia.
Géminis menuda
rostro lánguido
sobre el relieve de los senos púberes.
 
Géminis
huyendo por la noche
alcanzada
penetrada
oscurecida.
 
Géminis
de flores no regadas
de horas sumergidas
de hímenes desechos.
 
Géminis
desafiada
combatida y derrotada.
Géminis
aferrada a los presagios
inundada de horas y silencios
de falos no deseados
y húmedos paisajes escolares.
 
Géminis diminuta
creciendo siempre desde otra edad
que no la infancia
abordando naves lejanas a tu vida
Géminis terrena
vencida
vikinga y sarracena.
 
Géminis
nada queda
Apenas uno que otro rasguño
en las rodillas
quizá la falda demasiado corta sobre los muslos.
Géminis
nada queda
apenas uno que otro libro de lectura
unas medias cortamente tobilleras
y algunas risas de cinco de la tarde a la salida del liceo.
 
Géminis
de tu adolescencia y de tu infancia
nada queda.
 
Géminis
si no la niña
si no la joven
¿Quién eres entonces?
¿De qué oscuro maleficio
proviene tu locura?
¿En qué inextricable laberinto
te condenas?
 
Géminis
si no en tus quince transparencias
si no en tus quince dudosas estaciones
si no en tus quince desvanecidos cumpleaños
¿En qué mármol frío se anuncia tu esqueleto?
¿En qué tumba milenaria
vigilas tu aún no decretado nacimiento?
 
Géminis
invento mío
dulce pesadilla
de los años por venir
estate ahí
callada y circunspecta
sonríe desde mi memoria sin tormento
hoy es junio
y tu eres virgen todavía.

 

 
 

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