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- Mi
padre bailó con Pola Negri en Puerto Varas
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- Con un
tigre la polaca se metió en el corazón del chilote
- como
si mi padre fuera un Gran Hotel
- y no
un gato marino maullando en la Fiesta de la Primavera.
- En el
pecho la gringa le talló con pestañas un recuerdo:
- su
guiño,
- nada
más que un abrir y cerrar de ojos en el sur de Chile.
- Mi
padre no era Rodolfo Valentino
- pero
bailó con Pola Negri en Puerto Varas.
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Repetida esta herencia, la historia podría ser mejor.
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©Jorge Montealegre
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Espectador
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- Entro
por la puerta de escape
- a un
cine olvidado
- para
ver un viejo filme en el dorso de la pantalla
- donde
los subtítulos
- se
deben leer con un espejo
- El
telón es un bolsillo virado, una gabardina
-
volcando migas duras en blanco y negro
- Una
red
- que
atrapa la memoria y la divide
- en
ilusión y desencanto
- Los
héroes de la añoranza rompen selvas
- matan
indios a sangre fría, piden un deseo
-
cuando cae una estrella
- en
una matinée infantil irrepetible
- Al
reverso
- el
jovencito de la película es un viejo corrupto
- La
inocencia, una muerta de mentira
- que
me deja su aliento en el espejo y las palabras
- en
una nebulosa.
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©Jorge Montealegre
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- En
la plaza todos los días son Jueves Santo
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Partió y repartió el pan entre las palomas
- luego
- miró
a los doce jubilados que esperaban
- se
hincó
- tomó
un pie inclinando la cabeza
- y
empezó a lustrar
- como
todos los jueves por los siglos de los siglos.
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©Jorge Montealegre
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Niños de fin de siglo
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- En el
famoso año dos mil después de Cristo
-
seremos niños y viejos del siglo pasado
- Salvo
los niños de Somalia
- que
no están en los planes del milenio que viene
-
porque los niños de Somalia no conocerán la próxima semana
- Los
niños de Somalia son menos que huérfanos en el desierto
- Son
hijos del hambre que los acuna y nadie adoptará un cachorro de hombre
- que
juega con su propio cadáver
- Los
niños de Somalia son los niños de Ruanda, de Biafra, de Etiopía
-
mirándose en el espejismo de una ronda africana
- Los
niños de Somalia no pueden escapar como los niños de Sarajevo
- y los
niños son niños así en el hambre como en la guerra
- Los
niños de Somalia son esqueletos caminando hacia ninguna parte
-
recién paridos a la muerte
- Ya
nada tienen que pedir
-
Nacieron sólo para enviarnos su mirada
- vía
satélite
- Un
silencio que dura un close-up eterno
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ojitos que sostienen los párpados en una proeza irrepetible
- a la
hora de comida
-
cuando cambiamos de canal y de milenio moviendo las pestañas
- a
control remoto
- La
hora de vendarnos la mirada
- con
el último pecado
- que
divide a la familia principal del Reino Unido
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-
Bienaventurados los niños de Somalia
-
porque nunca serán
- los
viejos de mierda del siglo venidero.
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©Jorge Montealegre
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- MADONNA
- Con ese micrófono inalámbrico
podría ser una telefonista escuchando al presidente
o una hechicera
lanzando al mar una burbuja negra: el eco de una pompa antigua
- Teje en la gruta su propio
corpiño, cortando la oscuridad
con los hombros desnudos de una llama blanca
que se apaga y arde como La Madonna de Munch
- Negra la ceja es un paréntesis
abierto en un recodo marino
El pestañeo, la mano de un náufrago enterrándose en su piel
de pincoya latina
- En remolino los hombres entran y
salen volando de sus ojos Navegantes
con una caracola en cada oreja para escuchar el canto
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- *
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- El único que la vio fue Homero
cuando el video-clip era una cinta con olor de algas en sus manos
(¡sedúceme, Circe, susurrando!)
Con boca de lamento y de lamido nos convoca lomo al aire
sabiendo que no repta la mujer que se arrastra como una pantera
- Vía satélite la diva canta y
encanta con su escote brillante
- Nos castiga: de un varillazo
mágico nos vuelve puercos
una galería en celo
un aullido que viola su corset de abuela renacida
- Somos el coro edípico de la
madrona que nos canta, la madrastra
que siempre quisimos revolcar en el chiquero
- En el embrujo del show su brasier
es un brasero, una tenaza
al rojo
para castrar a los chanchos
- Circe nos humilla desde el fondo
del tiempo y de los sueños
Nos tiene a gatas en una porqueriza
transformados en criaturas de pecho abriendo los ojos, lechones
mirando un video-clip
- El único que la vio fue Homero,
recorriéndola como a un sargazo.
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- *
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- Con botas go-go, tacos de aguja o
descalza como una Isadora
podría ser una telefonista de Michigan
bailando a medianoche con Ulises
- Hila su memoria con ruecas del
Mediterráneo. Sus deseos los teje
con lana de oveja descarriada
- Madonna Ciccone se masturba con la
bandera del sueño americano
Explora su pálida playa quemándose en su hoguera
- mientras le apunta un voyerista
con el control remoto
- Se vuela con los ojos cerrados y
vuelve a las grutas de Circe
como una bruja teñida en Nueva York
- Platinada, espera el retorno de su
canto y la respuesta
de la rubia que mira en el espejo
- Tiene fax en su limusina
y bajo las sienes los fonos de una línea libre
para cuando la llame
Marilyn Monroe.
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©Jorge Montealegre
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- Requerimientos
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- A ti
que no te escribo casi
porque estás cerca
porque nos tocamos
porque vivimos juntos
quería escribirte justamente eso
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- No soy tu tipo, es verdad: yo soy
mío.
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El desamado vaga por la playa en el invierno.
La envidia me recorre.
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Recibí un telegrama.
Te quiero, dice.
¿Y para qué será?
me digo, tiritando.
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Está mirándome, la muy paloma.
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La pasión va por dentro, cubrecama.
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Húmedo recorro el camino
caracol
de tu oreja: un secreto
perdido
entre las mil y una noches.
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Te pienso abriendo una avellana con los dientes.
Me duelo mordido.
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Araña por la espalda. Viuda negra, mañosa.
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Despacio
me gusta decírtelo
al oído: que me gustas
así,
des pa rra ma da.
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No entiendo tu celo: nada tienes que perder.
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Besos a lo humano, halo divino.
- ©Jorge
Montealegre
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