Francisco Azuela

 

Antología poética

 
 

 

 
Del libro
LA PALABRA ARDIENTE
 
 
 
Aztecal VIII
 
En este poema de muertos
se te murió tu padre,
se murieron tu abuelo y tu siembra
y se acabó la tarde en una mirada.
 
En este poema de muertos
se murió el amor de tus antiguos,
se murieron tus pájaros
y se calló la estrella de tu frente
como un puñado de rosas enfermas.
 
En este poema de muertos
se te murió la vida,
y por segunda vez se te murió la patria
cuando tú te quedaste mirando
como un arco iris sin color.
 
En este poema de muertos
se te partió la sangre en dos ríos azules,
y un esqueleto de sombras
en tus ojos de nieve
busca la libertad de tu pueblo.
©Francisco Azuela
Del libro inédito




CORDILLERA REAL DE LOS ANDES

 
 
DE MONTE ALBÁN A TIWANAKU
 Inédito
 
 
Al poeta Humberto Garza,
Amigo de la honda y profunda claridad.
 
 
 
La historia antigua es como un hilo,
se rompe, se quiebra y se consume.
 
¿En dónde están los rostros, las voces,
los mascarones de estuco ?
 
En estos siglos de silencio
se ha perdido el canto del colibrí.
 
Los mascarones están en Kalasasaya
y en el Palacio de Monte Albán,
los portones megalíticos,
gemelos,
los códices insepultos,
el recuerdo, los sueños,
los rumores, la luz,
la otra luz.
 
No se ha perdido la estrella que ilumina el alba,
ni el corazón del hombre
dibujado en la cordillera
con sus nieves en flor.
 
La tierra guarda sus secretos
y el humo de las palabras hace círculos en el horizonte.
 
Un cóndor,
una águila azteca,
el fuego consume la oscuridad.
 
Hablar a la sangre,
al pueblo indoamericano,
latinoamericano,
hispanoamericano,
al mundo prehispánico.
Hablarle a la otra sombra,
hoy es agosto para siempre,
para toda la vida,
los augurios,
ayer fue el eco,
el sonido se repite,
otra vez aparece el viento de la tarde,
esa delgada sombra con sus manos abiertas.
 
Otra vez el reflejo y el llanto,
una lágrima cae en el filo de la espada
como un remordimiento.
 
Pesa el pasado
y pesa la hora como un siglo de desdichas.
 
Vuelve a amanecer,
el tiempo trae nuevas auroras,
el canto del colibrí renace
y la estrella se oculta tras la colina.
 
Se oye de nuevo la voz antigua sin reclamos,
la alegría y la tristeza se armonizan,
el agua envenenada desaparece,
la tierra ha florecido de una manera diferente,
el águila azteca-zapoteca de Monte Albán y Teotihuacan
rompe los aires del espacio y del tiempo
y se encuentra con el cóndor en Tiwanaku
en un vuelo de luces sobre el arcoiris.
©Francisco Azuela
La Paz, Bolivia, 12 de julio de 2004.
 
 

 
Quetzalcoatl
Serpiente emplumada
Inédito.
 
Está cerca la última aurora,
en el vuelo del colibrí veo a Ceteotl,
diosa madre.
 
Viejo Tlaloc,
dios de la lluvia,
repartidor de enfermedades en el frío húmedo,
¿dónde está la muerte del retorno?
 
Tezcatlipoca,
dios justiciero
¿cómo regresar al abrigo de mi padre Quetzalcoatl?
 
Huitzilopochtli,
dios de la guerra,
exorcizador de los demonios del tiempo,
espíritus maléficos.
 
Chalchiútlicue,
diosa del agua,
consultar a los astrólogos
sobre el horóscopo de mis últimos días.
 
Ometecutli,
dios sol,
Omeciuatl,
diosa luna
responsables de este mundo de desgracias,
¿cómo vivificarme para el viaje?
 
Yacutecutli,
dios de la cuna,
 ¿cómo sentir nuevamente el olor del nacimiento?
 
Yocoltecutli,
dios del sueño,
¿cómo tener un nombre diferente al de la tierra en presencia del fuego,
de leve paso a través de la llama para no quemarme?,
la hoguera es cruel y perversa.
 
Venir del solsticio de invierno,
del raymi,
desde Tunupa y otros aymaras en Tiwanaku,
encontrar un horizonte de estrellas apagadas,
ésta no es aún la última aurora.
©Francisco Azuela
La Paz, 2 de noviembre de 2005.
 
 
 
 
 
LA MUERTE DE UN CIPRES
Inédito

 

para: Alberto Peyrano,
ser incansable de la belleza poética
 
 
I
 
Ciprés de California
cancrosis y muerte progresiva
cajas de madera llenas de municiones,
armas de la segunda guerra,
ejércitos del norte
ataúd de la patria,
cadáveres
jóvenes sin retorno,
 ascosporas,
esporas asexuadas
salpicaduras de lluvia ácida.
 
 
II
Ciprés ornamental de los cementerios de Arizona
formas extravagantes
acción del viento
cipreses falsos de jardinería.
 
 
III
Cedro de Oregón
ciprés calvo de pantanos
Estados Unidos.
 
 
IV
Ciprés del Himalaya
Nepal y la India
carga de aceites esenciales,
 
 
V
Ciprés de la Cordillera,
Aconcagua y los Andes,
costa y zonas áridas,
suelos pobres y erosionados,
origen volcánico,
ovillo, quillay, lun, peumo
cepas virulentas en su aridez
carpintería de muebles,
postes,
rodrigones de viñas y pilares de muelles,
humedad,
coirón entre flores silvestres.
 
 
VI
Ciprés antiguo de las coníferas
moribundo de ramas enfermas,
sin color de esmeralda
amarillo de tristeza y de lágrimas
secándose,
agoniza en sus raíces
acechado por la muerte
 
 
VII
Longevidad
hongo de la rama de olivo
ciprés de cortinas rompevientos
entre las casuarinas,
pinos, araucarias, cedros,
alerces,
falsos abetos,
tuyas,
libocedros,
calocedros y enebros,
hojas pequeñas,
escamas de pescado sobre su ramas
orientales y anglosajones,
Africa y cercano Oriente
donde los vientos marinos depositan sal sobre sus ramas
frenando la cancrosis.
 
 
VIII
Hojarasca,
magnesio
manchones de follaje
mutilando raíces de cloro,
colapso súbito,
corteza arrugada
capa freática asfixia sus raíces
 
 
IX
Ciprés simétrico
cuenca del Mar Mediterráneo
cuerpo piramidal como los álamos,
hoja perenne
madera amarilla y rojiza,
vena apretada.
 
 
X
Cedro de Portugal de ramas abiertas
griegos y romanos
Plutón,
tez negra,
dios de los muertos,
álamo blanco del amor
que florece en el infierno.
 
 
XI
Ciprés de madera blanco-amarillenta,
liviana y aromática
aura espiritual y violeta
representando a la Diosa Nut
toca las almas de los difuntos con licor de inmortalidad.
 
 
XII
Ciprés
compañero del hombre en el tiempo
donde el ave de los vientos
hace suya la eternidad.
La Paz, Bolivia, 9 de febrero de 2006.
 
 
 

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