Edel Morales

 

 

 
 

 

 
 
Los pos(tres)
Una mano en el traspié
Vitalidades carentes de provecho
Variaciones en los pos(tres) para El Poeta de Cernuda
 
 
 
 
Los pos(tres)
 
 
 
¿Cuál fue la causa de tan grandes penas?
José María Heredia
 
  
 
Una mano en el traspié
 
He pensado en la muerte;
de un modo más preciso, en
morir un verbo minucioso,
apegado siempre
a lo real de la experiencia.
 
Cuando regresaba tarde a casa,
por las calles vacías,
he pensado mi muerte.
Fue ayer, digamos
ya casi un hoy sin sombras;
pero aún ahora
estrujo contra el rostro una mano crispada.
 
De nada valen los actos
durante tanto tiempo más o menos dedicados a servir.
De nada valió amar con toda el alma.
 
Sin una mano en el traspié, sin una mirada
o una sencilla palabra de ánimo:
destruido estoy y solo,
con mi verdad a cuestas.
Y nada pueden hacer las multitudes
a las que tantas veces puse en marcha.
Y nada puede la mujer que quise entera.
 
Vacía está la vida en la pobre ciudad vacía.
 
Con la mano crispada en el rostro he pensado en morir,
apenas ayer, hace un rato simplemente, digamos
ahora.
©Edel Morales
 
 
 
Vitalidades carentes de provecho
 
Para qué te sostiene.
Para qué se desgasta inútilmente
mi psiquis
que alguien menos triste llamaría sin eufemismos
mi alma
en vitalidades carentes de provecho.
Para qué me infarto.
Para qué retorno en paz a ese futuro
anulado antes de ser
los libros, los nietos, los caminos
con giros y palabras
que igual pronunciaría en el más árido desierto.
 
Por más estoicas que sean sus previsiones
nada significan en tu argot
los amables gestos incomprendidos siempre
que mi ánimo intenta proponer.
Carente de emoción está tu vida, seca.
Desolada y fría está tu especie, recelosa del bien.
Como el arroz marchito antes del sol de su cosecha.
Como los capiteles muertos tras el paso de los siglos.
Así es mi miedo a perder por inacción
o por ausencia elemental de forma y de sentido
lo que siempre supe definir: lo más amado.
Así es el nervio de mi entrega.
 
Pero pasan los días y las noches
y otra vez los días marcados de la fiesta
sin que mi voz te encuentre preparada.
 
Para qué te sostiene, me pregunto, para qué.
Si la ciudad se expande y me seduce y canta.
Para qué se desgasta inútilmente
mi alma lamentable.
©Edel Morales
 
 
 
Variaciones en los pos(tres) para El Poeta de Cernuda
 
La edad tendrás entonces que él ahora
cuando en el tiempo de la siega y del reposo,
honores de un sosiego eterno que apacigua
tu memoria, tu certeza, tu silencio
algunos versos lleves a otras manos
para mostrar y hallar signo de vida.
 
Algo nos dirán, en el futuro, voces
ignoradas, descendientes de la palabra nuestra,
y las de extravagantes lenguas, cuyo acento
tentativas distantes nos revelan. Pues las cosas,
la tierra, el mar, los árboles, la estrella
eternas siempre permanecen.
 
Eternas y cambiantes, hasta que un día se omiten
de un plumazo en la expresión de estos poetas
hijos o no de nuestra lengua, los más contemporáneos
que infundan con nosotros,
por su obra, la sed, la incertidumbre
plena en todo el mundo visible e invisible.
 
Con dolor e irreverencia así aprendiste
que en torno el ser humano abjura de la imagen
misteriosa y divina de las cosas,
y de ellos a mirar inquieto, como
espejo múltiple, sin el cual la creación sería
vana hasta estallar su anhelo en los poetas.
 
Aquel tiempo vendrá, o tú vendrás,
mostrando una fiereza intemporal y antigua:
adonde estarán ellos cuando tengas
la misma edad que hoy el Poeta tiene
lo que tu sed recuerda y la suya busca,
habrás perdido entonces.
 
Escúchalo pues, que una palabra
amiga vale mucho
en esta soledad, en este breve espacio
de estar vivos, y nadie sino tú puede decirle:
a aquel que te pregunta adónde y cómo vaga
venga a estar en el origen de un mundo.
 
Para el poeta estar es lo bastante
e indiferente el crédito o aplauso hacia su entrega,
pues en él a cada instante se recrean,
como uno son la tribu, el mito y la palabra
las tres alegorías en tanto otro lugar dispersas:
la idea, el origen, y la voz.
©Edel Morales
 
 
 

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