|
|
-
-
-
Uno de la
ciudad
-
Lejos, en la
baja gravedad
-
El frío de los años
-
Fin de siglo
- Niebla de la
crisis. Pequeño relato
-
Noches de 1995, 1996 y 1997
-
Imitación de
Kavafis
-
Habitaciones
interiores
-
Amargo
palimpsesto de la muerte
-
Única
premonición
-
Semana
-
La apariencia
gris de la ceniza
-
En la puerta del
teatro
-
En el borde
del proscenio
-
Una pregunta es una pregunta
es una pregunta
-
es una ventana que se abre
-
La luna eclipsa
-
El tiempo blanco
-
Corte de luz
-
Nosotros mismos
-
Antes del Big Crunch
-
El doble dolor
-
Ayer, mientras leía a Borges
-
-
-
-
-
-
-
Habitaciones interiores
-
-
-
- Qué importa entrar o salir o desnacer
- Fayad Jamis
-
- Hombre de mi tiempo, eres aún aquel
- de la piedra y la honda
- Salvatore Quasimodo
-
-
-
-
Uno
de la ciudad
-
-
Ve por el bulevar de Obispo.
-
Olvidado de todo y de todos,
-
con un libro de René Char en la mano,
-
cumple el rito de la ceniza:
-
incluye tu incertidumbre
-
en
el relato de las proezas de los otros.
-
-
Una tarde cualquiera, en la Plaza de Armas,
-
empuja una puerta:
-
el origen dudoso de los mitos, el espacio de fábula
-
que agradecen la caballería y la flota,
-
esperan de ti una pregunta,
-
un signo de ironía o plenitud.
-
Considera cuán legítimo es ese sentimiento,
-
ese vivo deseo
-
de escapar a la nulidad de los días habituales.
-
Contempla este lugar: un siglo cubano
-
mostrado al capricho de los restauradores.
-
Entra a los barrios de La Habana, antigua y marinera:
-
junto a los puntos de leche
-
las mulatas anuncian su cuerpo
-
con la estética voceadora del pregón.
-
-
Haz que dure ese instante hallado entre el sueño y la vigilia.
-
-
No te obligues en demasía.
-
Descansa una tarde
-
y
ve hasta la sombra acogedora de los nuevos toldos.
-
-
Si ya estás listo.
-
Si todavía eres uno
de la ciudad.
-
©Edel Morales
-
-
Lejos, en la baja gravedad
-
-
Lejos, en la baja gravedad, dejé flotar las cosas una noche.
-
Estábamos muy juntos, creo, porque el aire era frío.
-
Mirábamos el resplandor rojizo de un astro en el cielo
-
y, a veces,
-
un poco de la aridez o la estulticia que corroen esta tierra.
-
El humo en los fragmentos de luz también flotaba.
-
En el canal de la bahía pitó dos veces un barco holandés.
-
Mi lengua repitió esta palabra:
Litiusg, litiusg.
-
Todo lo imposible tuvimos esa noche desde una ventana
-
abierta.
-
Estábamos muy juntos, lo recuerdo siempre.
-
Lejos, en la baja gravedad, las sirenas de tu pie danzaban.
-
©Edel Morales
-
-
-
- El frío
de los años
-
-
Dibujaba
-
un rostro de
gato
-
en la pared
-
—vacía, nueva,
recién pintada.
-
El rostro de
un gato
-
sin enigmas
-
y luego su
piel
-
—sin manchas.
-
-
Dibujaba
-
la copia
virtual
-
de una copia
-
anterior
-
del rostro
posible
-
de un gato
-
ya extinguido
-
—sin vida.
-
El rostro seco
-
de un gato
cualquiera
-
—sin esfuerzo,
-
sin ninguna
tajadura.
-
-
Igual
-
escribo en la
pantalla vacía
-
las palabras
-
gato / rostro
/ pared
-
sin que pase
nada
-
—ninguna
revelación,
-
ninguna
pregunta.
-
-
La vida y el
arte
-
son fríos.
-
-
Y nada
significan
-
lo nuevo / el
sueño / una piel
-
o la expresión
-
en los ojos de
un gato
-
—no vivo,
escrito, no vivo,
-
dibujado al
azar,
-
entre el humo
y la niebla,
-
por el
inconsciente.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
Fin de siglo
-
-
N
-
i
-
n
-
g
-
u
-
n
-
a
-
lógica
-
-
Ahora
-
que todo
-
ha terminado
-
-
ninguna
-
lógica
-
-
explicaría
-
el vacío.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
Niebla de la crisis. Pequeño relato
-
-
En los años de la crisis
-
iniciamos largas conversaciones por teléfono.
-
Cada noche discaba un número de otro municipio
-
—que
para nosotros era oscuramente
-
otra distante ciudad, otra aduana infranqueable,
-
el otro extremo del mundo.
-
Discaba a medianoche la señal esperada:
-
dos veces el timbre, y luego volvía a discar.
-
En el otro extremo del mundo ella permanecía desnuda.
-
Nada fue comparable entonces
—tampoco
después—
-
a
la plenitud que su voz trasmitía
-
al decir: Hola.
-
Escribo sin pretender novedad
-
—como
se escribe al regreso del límite—
-
las palabras de un contexto que asumí fielmente.
-
Ella dictó estos diálogos, estas voces habituales:
-
El cubrecamas de raso está sobre el piso, por la frialdad,
-
y
yo estoy de espaldas sobre el cubrecamas.
-
Tu voz está sobre mi cuerpo
—le
hace bien a mi cuerpo
-
la claridad de tu voz
-
en la penumbra de estos años.
-
Muchas veces disqué ese número capturado al azar.
-
Una noche
-
el timbre en la casa distante la trajo hasta mi puerta.
-
En el otro extremo del mundo ella escuchaba
-
una canción:
-
sentí el arpegio de la cuerda en la boca del teléfono
-
y
entramos juntos a la sala de conciertos.
-
Puntualmente a las doce vivimos esos años
-
las vidas posibles de La Habana:
-
ahora un cine, después un café, más tarde
-
un paseo junto al mar.
-
Era nuestra ficción de La Habana
-
una ciudad más palpable que la ciudad apagada, física,
-
real.
-
Nunca la vi fuera de aquellos diálogos, nunca lo intentamos.
-
Cortada la ciudad en pedazos distantes,
-
sorprendidos también nosotros por la niebla de la crisis,
-
quisimos salvar el sentido de esas vidas:
-
la intensidad o el relato o la imagen o el deseo de una voz
-
capturada por azar en las líneas telefónicas
-
de una ciudad
fantasma.
-
©Edel Morales
-
-
-
- Noches
de 1995, 1996 y 1997
-
-
-
-
Imitación de
Kavafis
-
-
-
-
Era hija de un eminente y honorable
-
cirujano de una isla del Caribe.
-
Trabajaba en un gran hospital. Llevaba ropas sencillas.
-
Los zapatos blancos, humildes y muy limpios.
-
Las manos finas, habituadas al bisturí.
-
-
Por las noches, ya lejos del salón de operaciones,
-
cuando sentía un enorme deseo
-
por una joya más o menos fina,
-
una joya para lucir en las pocas noches de fiesta,
-
o
si detrás de una vidriera había visto y codiciado
-
un hermoso vestido azul,
-
su sonrisa por treinta míseros dólares prostituía.
-
-
Me pregunto si, en sus años de bonanza,
-
tuvo la fidelísima Habana una joya de mayor belleza,
-
una muchacha más adorable que ella
—que
terminó tan mal:
-
desde luego nadie hizo ni su estatua ni su retrato;
-
confinada en la frialdad de un gran hospital
-
muy pronto las duras jornadas
-
y
esa vil crápula nocturna la llevaron a la destrucción.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
Habitaciones interiores
-
-
En el lado oscuro de la claridad
-
doce girasoles germinan y se agotan
-
—mana
la sangre.
-
Los jarrones descansan sobre telas
-
y
las telas se agotan
-
—mana
la sangre.
-
-
El artista
-
(ya inmóvil, todavía adolescente)
-
fragmenta su miedo
-
y
lo esparce en las flores
-
—mana
la sangre.
-
-
Desde la carne cortada a la altura de la oreja
-
A
través de los pisos hacia el mármol blanco
-
En las habitaciones interiores
-
Repetida, sin prisa
-
—mana
la sangre.
-
©Edel Morales
-
-
-
Amargo palimpsesto de la muerte
-
-
Cuántas veces ofreciste tu cabeza al vacío.
-
-
El mar violeta sobrescribía tus preguntas
-
en un cielo estático:
-
amargo palimpsesto de la muerte.
-
-
Tu cabeza impulsada en el vacío trasmutaba la carne
-
—jugosa
o macilenta de los transeúntes—
-
en el alma de un pájaro que picotea
-
la superficie dura de los arrecifes.
-
-
En la terraza inclinada, solo,
-
tu cabeza imaginaba el alma de un pájaro,
-
una franja de aire entre el silencio y la rutina
-
—la
ventanilla del auto al oscurecer,
-
el borde negro de los arrecifes,
-
unas aguas que se agotan.
-
-
Amargo palimpsesto de la muerte.
-
Cuántas veces ofreciste tu cabeza al vacío.
-
Cuántas veces.
-
Y
nunca encontraste una premonición.
-
Nunca una franja de aire o un alma de pájaro trasmutada
-
en el mar violeta que sobrescribía tus preguntas.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Única premonición
-
-
Sin
-
que
-
supiese
-
por qué
-
-
me
-
perseguían.
-
©Edel Morales
-
-
-
- Semana
-
-
El martes, en un paso de montaña, murió un amigo.
-
Otros dos murieron el jueves, en calles distintas
-
de la misma ciudad
-
donde enmudezco y me oculto y escribo.
-
En el agua salada del mar vi morir el viernes
-
a
un cuarto amigo,
-
y
antes de llegar a él murió también el quinto:
-
quemado como un paria en la ácida envoltura de salitre.
-
El lunes, todavía el lunes, tiraban fichas a la mesa
-
y
burlábamos
-
la muerte
—de
otros, dijimos, será de otros.
-
Y
como un relato trucado, una más de sus muchas ficciones,
-
escuché la noticia imposible en un largo reportaje el miércoles:
-
la muerte brutal y simple del primero.
-
Ayer sábado, sin que los médicos sepan todavía por qué,
-
murió mi sexto amigo, el más sabio y dispuesto, el más joven.
-
No necesito ninguna señal cuando el domingo termina
-
para entender quién está muriendo
-
—protegido
impunemente en esta casa de todos los peligros.
-
Y describo el
vacío en las formas de esta muerte:
-
el día que se
va me lleva hacia la Nada.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
La apariencia gris de la ceniza
-
-
su azogue
-
mortal en la superficie del espejo
-
—que
Baudelaire y Block
-
describen como la fatuidad de un lenguaje vacío.
-
-
su discurso
-
carcomido en las fábulas de la mécanica y la ciencia
-
—que
César Vallejo y Allen Gimsberg
-
explican como la sustancia de un mundo sin voz.
-
-
su disolución
-
de una lealtad y una infancia erosionadas
-
—que
José Martí y Rainer María Rilke
-
definen como la traición moderna del sentido.
-
-
su estatus
-
de materia y tiempo y espacios muertos
-
—que
no es posible mostrar,
-
Edel Morales, sino en los textos
-
donde el amanuense escribe su experiencia
-
vivida más allá del límite,
-
en otras realidades perdurables.
-
-
su miedo
-
—hecho
de infinitas miserias, larga ingratitud y olvido.
-
-
Esperan que agotes tu exceso de bondad,
-
tu demasiada sabiduría.
-
-
Esperan tu predecible destrucción.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
En la puerta del teatro
-
-
En la puerta del teatro,
-
cuando ya ha comenzado la función:
-
¿qué acontecimientos espera?
-
-
Más de una hora estuvo así:
-
la mano abierta,
-
registrando rasgos aislados
-
—ese
modo de ser, el ambiente extraviado y fácil
-
de la gente que llega al concierto.
-
El pequeño libro azul
—forrado
en tela,
-
ilustrado con viñetas de un conocido pintor—
-
permanece abierto, como la mano que escribía,
-
a
la espera de algún acontecimiento
-
que confirme qué.
-
-
(...en una ocasión igual, diez años atrás,
-
habrías luchado
-
un buen sitio en la platea, cerca del escenario,
-
habrías gritado, soñado, vivido, pagado cinco veces
-
el valor de la entrada. más de una noche
-
la mano mostró hábilmente el reverso del billete,
-
los verbos rayados sin estudios ni meditación
-
pero admirables, vivos, libres,
-
admitidos como parte de un ambiente y un modo de ser
-
naturales en la fiebre del concierto.
-
escritas al vuelo, dictadas con velocidad, tus preguntas
-
iban del acontecimiento a la impresión a la idea,
-
sin ocultar o pretender o fingir nada:
-
como
va en los solos de guitarra
-
el arpegio libre de la primera cuerda
-
hacia la plenitud en una sala abarrotada...)
-
-
los
signos dibujados,
-
grabados,
-
marcados en la piel desnuda
-
—esos
raros tatuajes que apenas reconoce—
-
eran diez años atrás su vida.
-
El libro
—azul,
forrado en tela—
-
permanece abierto,
-
pero la mano ya no escribe:
-
estruja el cromo, los hilos de oro,
-
la tarjeta de invitado
—ni
siquiera oculta,
-
ni siquiera finge
-
un poco de extravío y hermosura.
-
-
En la puerta del teatro.
-
Solo.
-
Cuando ya ha terminado la función:
-
¿Qué acontecimientos espera,
-
qué impresión, qué pregunta, qué idea?
-
©Edel Morales
-
-
-
-
El borde
del proscenio
-
-
En mi antigua
fiereza
-
y en mi larga
humildad,
-
el otro fue
siempre.
-
-
Y caminar
sobre la hierba, llegar al borde rugoso
-
de la acera,
mirar a la plaza
-
—como un actor
que ensaya su representación
-
ante el
lunetario vacío:
-
Yo soy otro, y
gesticula sus miedos,
-
era un modo de
hacer mi propia vida.
-
-
El otro fue
siempre, otro.
-
Y yo mi
aspiración, en ocasiones incierta,
-
de caminar
sobre la hierba
-
hasta el borde
rugoso con que una acera se abre al vacío.
-
-
Maneras de
vivir
-
contemplando
el mundo
-
enrarecido por
la libertad.
-
Manías que el
tiempo
-
vuelve a
mostrar
-
en una
dimensión distinta.
-
-
El otro está
sentado en el lunetario rojo
-
—tercera fila,
tercera butaca, sección izquierda—
-
y contempla mi
representación
-
con una
sonrisa de ángel triste en sus ojos miopes.
-
-
El otro era,
fue siempre, quien soñó mis días.
-
Y espera que
yo diga lo que quisimos ser, que recuerde
-
con un gesto
que mi vida es otra, la suya.
-
Vivida con la
aspiración y el miedo de un actor
-
que camina
hasta el borde del proscenio
-
y escucha en
el vacío las más fieras preguntas.
-
©Edel Morales
-
-
-
- Una
pregunta es una pregunta es una pregunta
-
es una ventana
que se abre
-
-
Una ventana
-
iguala otras
ventanas anteriores.
-
Iguala su
intensidad
-
y ciertos días
la imagen
-
—en verdad
intraducible—
-
conque la
antigua ventana se mostraba.
-
-
Una ventana
-
es una
pregunta es una pregunta
-
es siempre una
pregunta
-
—el deseo de
ser
-
un espacio que
se abre
-
en el placer
de las preguntas.
-
-
Una ventana
-
—abierta de
par en par al mediodía—
-
iguala el
antiguo deseo
-
y muestra otra
vez las dudas de antaño,
-
las firmes
preguntas de antaño
-
—la belleza
conque antaño
-
el mito se
mostraba.
-
-
Una ventana
-
es siempre una
pregunta,
-
tu pregunta
-
—abierta hacia
la luz sin sombras
-
que engendra
el mediodía.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
La luna eclipsa
-
-
I
-
-
Y
mientras la luna eclipsa:
-
¿quién escucha mi canción?
-
¿alguien
oye mi canción
-
mientras ya la luna eclipsa?
-
Bien, escritura, elipsa
-
la doble sombra y conjuga
-
la bruma: cansa, arruga
-
sueños el gran mago de Oz.
-
Escribe un texto sin voz
-
y
escribe: la luz se
fuga.
-
-
-
II
-
Dicta, silencio dador,
-
de la luz la doble fuga.
-
Dicta, silencio, la oruga
-
lame todo el esplendor.
-
El Verbo del Hacedor
-
pone su límite oscuro:
-
no estarás nunca seguro
-
de que vives lo que vives.
-
Sólo si un día lo escribes:
-
la
luz en que yo perduro.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
El tiempo blanco
-
-
Efímera
-
fue
-
la
-
alegría.
-
-
Ahora
-
sólo
-
está
-
el
-
silencio.
-
©Edel Morales
-
-
-
- Corte
de luz
-
-
Toda la noche
la casa ha estado vacía.
-
Viajaba en esa
oscuridad:
-
Babilonia,
Atenas, el Cuzco
-
—ciudades que
invitan a vivir otra vida
-
en calles
trazadas para el ejercicio y el goce del amor.
-
-
Echado en la
cama durante toda la noche
-
mira al techo
vacío de la casa:
-
es blanco y
está totalmente limpio de significados.
-
Pero hay tanta
promesa de vida en la contemplación,
-
tanta
posibilidad en las preguntas
-
que la
incertidumbre y la blancura de un techo aceptan.
-
-
Barcelona,
Buenos Aires, La Habana
-
—ciudades que
ha visto pasar desde siempre
-
en el tiempo
de la meditación que impone una casa apagada
-
(ni demasiado
suyas, ni demasiado ajenas,
-
ni demasiado
iguales)
-
invitándolo a
vivir una vida distinta
-
en calles
trazadas para el ejercicio y el goce de la libertad.
-
-
Las mira
desvanecerse mutuamente
-
después de
habitar en ellas durante muchas horas.
-
Sabe que
volverán en el próximo corte de luz.
-
Como vuelve en
el techo iluminado de la casa
-
el tiempo de
la realidad y de la poca acción.
-
©Edel Morales
-
-
-
- Nosotros mismos
-
-
Íbamos a ser
-
el hombre nuevo.
-
-
Minuto a minuto
-
—horas
de la niñez,
-
días de la adolescencia,
-
años de la juventud—
-
hicimos
-
lo que se esperaba
-
de nosotros.
-
-
Edades
-
para alcanzar al fin
-
la gran inocencia
-
—en
la vida y en la muerte
-
hicimos
-
lo que se esperaba
-
de nosotros.
-
-
Ibamos a ser
-
el hombre nuevo.
-
-
Y
sin embargo.
-
©Edel Morales
-
-
-
- Antes
del Big Crunch
-
-
El
universo expande la
finitud de sus cuerdas.
-
No hay bordes.
Es de noche alrededor.
-
Y de estos
versos —escritos para precisar un instante—
-
nada quedará,
finalmente. Lo sé, intentan
-
una imagen
imposible del suceso.
-
Perdura en
ellos la magia antigua del cazador,
-
su fiebre por
encontrar la huella en la espesura,
-
su destino
entre el bien y el mal.
-
Los
acontecimientos se revelan demasiado visibles,
-
demasiado
vergonzantes para una escritura
-
sumergida en
el smog y en la frialdad
-
de la época
contemporánea.
-
Lo sé, conozco
las escuelas y sus dogmas.
-
Nada quedará
de su impulso cegador. Nada
-
de la
intensidad y la fiebre de esa singularidad desnuda.
-
Es de noche.
El universo se
expande. No hay bordes.
-
Pero sí
finitud en las cuerdas
-
y en la
antigua magia del cazador para cumplir un sueño.
-
En esa fría
indeterminación hago lecturas.
-
En ese caos
preciso un instante —La Habana, año noventa
-
y sucesivos—y
traduzco para un amigo estos versos:
-
hechos con una
rara claridad que los condena
-
y los aleja de
cualquier estética al uso.
-
Serán barridos
hacia otro horizonte, lejos de la corriente.
-
-
Lo sé. Como sé
que ninguna sustancia
-
escapa a la
intensa gravedad de los agujeros negros.
-
Ni siquiera la
luz.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
El doble dolor
-
-
O poeta é um
fingidor,
-
leí una tarde
en Pessoa,
-
finge que es
loa su loa,
-
dolor su mismo
dolor.
-
Escribe
siempre el clamor
-
intenso de lo
vivido:
-
lo que quiso,
lo perdido,
-
el doble dolor
que siente
-
-
cuando finge
un aparente
-
dolor que
tanto ha sufrido.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Ayer, mientras
leía a Borges
-
-
- Para Aymara Aymerich
-
Ayer cuando leía a Borges
-
-
-
-
Ayer, mientras
leía a Borges,
-
pensé de un
modo diferente la tristeza.
-
-
El polvo al
pie de las murallas
-
era el polvo
apagado en una tarde de verano,
-
pero en la
página viva
-
fue el pulso
intemporal de una escritura
-
—suspendida
desde antaño
-
entre el musgo
y las losas de mármol—
-
y fue también
la huella manifiesta de un origen
-
—perdida bajo
el agua
-
en la memoria
de cien generaciones.
-
-
Nada de lo que
llamamos real
-
hizo que
pensara la tristeza de un modo diferente
-
—la vida es
ahora virtual y distante
-
y débil es el
pensamiento de la época, you know.
-
-
Al pie de las
murallas
-
gocé tu
desoladora belleza y la belleza del mar
-
recomenzando,
-
pero no
deseaba en verdad un modo diferente
-
—la vida es
ahora una copia
-
y tu cuerpo
repetición de otros cuerpos
-
pasados y por
venir.
-
-
Los magníficos
dramas
-
hicieron a los
griegos eternos
-
y a
Shakespeare un hombre obligado y libre
-
—descansan,
sin embargo, muy lejos de lo real:
-
en la tensa
plenitud de su tiempo,
-
o en los
espacios congelados de las videocintas,
-
el mito
digital y la imagen.
-
-
Nada en el
mundo físico
-
anunció el
sentido de aquella revelación;
-
pero ayer,
mientras leía a Borges
-
—lejos del mar
y las murallas y tu rostro y el polvo—
-
pensé de un
modo diferente esa humana tristeza
-
y la serenidad
y el oro de una página.
-
©Edel
Morales
-
-
|
|