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- Desde el año de la
noria
- Noches de 1980
- Tercera mirada a la
sicología del poema
- Desplazamientos
- Partir
- Los pies desnudos
- La libertad es
infinita. Sic
- Toda una noche con la
mano en el agua
- ¿Quién ordena en este
mundo el lamento de mi madre?
- Estación de invierno
- Toda la cabeza
- De la ausencia y la
noche
- Calle G. 1982
- Mujer gozando su
desnudez
- Sólo ardiendo
- Un poco de amor en la
mano izquierda
- 1983 no era un año
triste
- Mar Atlántico
- Con el muro a la
espalda
- Fábula del hombre y la
ciudad
- Noches de 1985
- Historia tan contada
- Mientras arda el fuego
- Yo también tuve un
silencio
- Cuando seas alguien
- Vivo
- El hombre prevalecerá
sobre todas las angustias, dice William Faulkner
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-
Los pies desnudos
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-
-
No intentes posar
tus manos en su inocente cuello
- Luis Rogelio
Nogueras
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-
- la belleza no
es nada
- sino el
principio de lo terrible
- Rainer María
Rilke
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Desde el año de la
noria
-
- Contaba una vez un rey
- que ganó su trono en la
sangre.
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-
Yo, y el que
ustedes imaginan fiero,
-
nos hemos visto
antes.
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-
Alguna luz murió
sin ser por el cansancio.
-
Algún ciruelo
perdió raíces desde entonces.
-
Pero no hay día
más terco que los años
-
de la adolescencia
firme.
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-
Yo, y el que
ustedes imaginan,
-
preguntamos
juntos.
-
Era el año de la
noria con barcos en la costa.
-
Todos gritando
abajo.
-
Todos gritando
arriba.
-
Todos listos a
caer y hacernos piedra,
-
mientras eso fuese
una manera de elevar la confianza.
-
-
¡Qué terrible el
tiempo para trastocarnos tanto!
-
¡Qué fulgor de
espejos para confundirse uno!
-
-
Porque ocurre como
en las viejas historias.
-
-
Yo, y el que
ustedes imaginan,
-
estamos mirando
hacia un cielo distinto.
-
Y así jamás la
estrella brillará para los dos.
-
Así jamás el grito
será igual en los parques públicos.
-
-
Somos únicamente
peces regados por la crecida.
-
-
El otro, y este
que ustedes imaginan fiero,
-
al acecho del
momento de saltar.
-
-
¡Oh, voz, no
calles,
-
antes de cruzar
los miedos!
-
©Edel Morales
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Noches de 1980
-
-
He visto caer el
sol detrás de las colinas.
-
-
Como esos viejos
que se detienen
-
y pasan las calles
aferrados a mi mano.
-
He visto caer el
sol detrás de las colinas.
-
-
Y siento caer las
noches de la isla
-
encima de mi
cuerpo.
-
©Edel Morales
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Tercera mirada a
la sicología del poema
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-
Escojo palabras en
la claridad del día.
-
Sé que es inútil
—el resplandor, los claroscuros,
-
la más profunda
sombra.
-
-
Quise un cuerpo
limpio y fuerte.
-
Quise caminar por
el país.
-
Quise decir lo que
sabía y lo que soñaba.
-
-
Escojo pedazos de
agua en la claridad del día
-
Sé que es inútil
—mi inocencia, mi rabia,
-
mi tristeza de
niño frente al acero de las armas.
-
Ustedes no
conocerán la historia.
-
-
Yo quisiera estar
sentado en el suelo de una casa,
-
con varias
maravillas al alcance de la mano:
-
una bebida fresca
y excitante, una música que ayude
-
a caminar por el
país, el brazo izquierdo y suave
-
de una muchacha
largamente conocida,
-
y las voces de mis
nueve amigos más queridos y leales.
-
Yo quisiera que
algún narrador contara por mí
-
las dos historias.
-
-
Salí a la calle,
tuve un sitio, elegí mi voz.
-
Sé que es inútil
—la rabia, la tristeza,
-
la inocencia de un
niño frente al peso de la historia.
-
-
Pero estoy sentado
en el suelo mientras el tiempo transcurre.
-
Miro pasar el
resplandor, los claroscuros,
-
la más profunda
sombra.
-
escojo
palabras, pedazos de agua en la claridad del día.
-
Y escribo mi
esperanza de que algún narrador
-
pueda contar la
historia.
-
-
Y gozo decir:
buenas noches. Y no olviden.
-
©Edel Morales
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-
Desplazamientos
-
- Antes
- la
- luz
- brillaba
- en
- los
- altos
- edificios.
-
- Antes
- no
- era
- hoy
- que
- me
- hago
- estas
- preguntas.
-
©Edel Morales
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-
-
Partir
-
-
- Ya para entonces me había
dado cuenta
- de que buscar era mi
signo.
- J. CORTÁZAR.
-
-
-
-
Fiel a su manía de
partir,
-
el niño que fui me
azota el costado.
-
-
Estoy ante el
espejo
-
y nadie entiende
mi ahogo:
-
por qué recorro la
casa, abro las ventanas,
-
y el aire sigue
detenido.
-
-
Duele mucho este
silencio:
-
la leyenda de
puertas tapiadas
-
que no dice nada
de mí,
-
y el tiempo
paciente moviendo su garrote.
-
-
No puedo cortar el
corazón y ponerlo en la sala
-
a que incite el
hambre de los visitadores:
-
siempre el sol,
-
con sus figuras
veloces sobre las lajas del patio,
-
trae a mis tardes
de abril la inquietante belleza
-
y la cruda
eternidad del cambio.
-
-
Quiero arder en un
final que parezca aventura
-
y despierte
aquella voz de antaño,
-
cuando burlaba las
vigilancias mejor establecidas.
-
-
Quemante, bueno y
fiel a su manía de partir,
-
el niño que fui
sonríe, dice adiós, azota gustoso mi costado.
-
-
Y las lajas del
patio comienzan su largo incendio:
-
una curación más
palpable que cualquier cicatriz.
-
©Edel Morales
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-
Los pies desnudos
-
-
No tengo nada.
-
-
Sólo el amor
-
de una muchacha
-
y mis párpados
abiertos.
-
-
Así puedo
-
correr sobre la
hierba
-
húmeda y punzante.
-
-
Sabiendo
-
que a esa certeza
-
llamarán locura.
-
©Edel Morales
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-
-
La libertad es
infinita. Sic
-
-
Bajo el duro
afiche que da sentido a esta hora,
-
contemplo el
rostro de los bailadores.
-
-
Manos distintas se
mueven en el aire.
-
Se mueve una voz,
muchachas pegadas al sudor
-
y las guitarras
que una estrella acerca por su luz.
-
Fascinados en esa
alucinación giramos libremente,
-
sin miedo y sin
otra voluntad que estar vivos,
-
así giramos, todos
bellos en el crepúsculo de la ciudad.
-
-
Pasa Laura
llevando el ritmo en los labios.
-
Pasa Fernan con un
toque de rock sobre botellas.
-
Pasa el mar, azul
y gris clarísimo.
-
-
Blancas monedas
que la libertad desnuda.
-
Contemplo el
rostro de los bailadores
-
y el efímero
resplandor de las cosas más puras.
-
-
¡Qué difícil para
mi ojo humano
-
mirar de frente
esa única luz!
-
-
Pero siguen dentro
refulgiendo sus destellos.
-
©Edel Morales
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-
-
Toda una noche con
la mano en el agua
-
-
Bailar de noche
con las manos en la arena.
-
Nadar
pegado a los entrantes.
-
-
Y mis dedos no
tendrán paz hasta encontrar el fondo
-
donde como en un
cielo habitan gaviotas
-
—la iridiscente
luz de los huesos de los ahogados,
-
golpeando en mis
ojos para no caerme.
-
-
Qué marea en las
pupilas, qué cuento de nunca acabar.
-
-
Una braza tiene
longitud, la otra recurva
-
hacia la costa de
piedras para ganar los cocos.
-
Un lugar
definitivo es La Boca,
-
con su tradición
de veleros que bajan al río
-
y una muchacha
pegada al gobernable.
-
-
Qué duras piernas
las mías para no ceder
-
al abrazo de las
algas.
-
-
Si los peces me
llevaran a la próxima frontera
-
y una vez allí
saltase yo —como Armstrong o Colón,
-
pero sin fotos ni
reproducciones.
-
-
Qué marea en las
pupilas, qué cuento de nunca acabar,
-
qué duras piernas
las mías para no ceder
-
al abrazo de las
algas.
-
-
Nadar toda una
noche con la mano pegada a los entrantes.
-
y los
párpados cansados, subiendo
-
la fosforescente
caja de los que quisieron bailar.
-
©Edel Morales
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-
-
¿Quién ordena en
este mundo el lamento de mi madre?
-
-
¿Quién?,
-
cuando mi hermano
termina el lazo en su segunda bota
-
y Addis Abeba se
mece como una flor.
-
-
Otro mes los
camiones bajaban la cordillera en niebla
-
y mamá preguntaba
por las manos de Miguel.
-
Cubavisión,
Correos Air, toda la noche un sólo sueño
-
y titila azul el
satélite a lo lejos.
-
-
¿Quién ordena en
este mundo el lamento de mi madre?
-
¿Quién
-
desde una casa
ingrávida y ajena
-
dicta así mi
insomnio,
-
ordena en este
mundo el lamento de mi madre?
-
-
Viene con dos
lágrimas en cada mano plural
-
y yo Me acuerdo
que jugábamos esta hora,
-
y que mamá
-
nos acariciaba:
“Pero, hijos...”
-
-
Por el jardín y en
cada laja del patio
-
pasa,
irredimible, el tiempo,
-
pasa, irredimible
y fugaz, todo el tiempo;
-
y pasan,
vigilantes, los grillos, la única luciérnaga
-
con luz, con luz,
con luz.
-
-
no
tardarás, Miguel,
susurro, no tardarás.
-
Pero el mundo es
un nicho cerrado, las horas
-
un juego cruel, el
tiempo un lamento humano
-
—redondo y
olvidado y cruel
-
y otra vez
redondo y olvidado y cruel y muchas veces más.
-
-
un simple
nicho olvidado después de la explosión.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Estación de invierno
-
-
Abro completamente desnudo la ventana
-
y miro: arriba las estrellas siguen alumbrando
-
una fiesta de la que sólo escuché el rumor.
-
-
Músicas que no siempre fluyen para el hombre
-
en la noche irónica y danzante.
-
Música sin la fantasía de mis dedos.
-
¡Qué largo es el silencio!
-
-
Contempló el ancho cielo estrellado de mi patria
-
y esas calles que se alejan, se pierden, me dejan solo...
-
-
Músicas que van y vienen y regresan luego,
-
danzando libres y no iguales hacia y desde un mar sombrío.
-
-
La felicidad adormece mi voz y luego se aleja,
-
mientras abro completamente desnudo la ventana
-
y miro.
-
©Edel Morales
-
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-
-
Toda la cabeza
-
-
Un pájaro
-
se mueve
-
en las maderas del techo.
-
-
Está apedreado
-
y no podrá
-
salvar el ruido de sus alas.
-
-
Pero se acerca a las vigas más duras.
-
-
Su traslación
-
es mínima, inapresable,
-
capaz de enloquecernos.
-
Y en la gravedad de sus plumas
-
se nos pierde el fuego
-
del arquero.
-
-
Sufro en agonía
-
este dolor
-
de entonces:
-
el pájaro que cae,
-
se mueve
-
y alcanza las vigas más duras.
-
-
El mínimo,
-
inapresable,
-
infinito dolor
-
de las patas de un pájaro,
-
haciendo caer hacia nosotros
-
el polvo de su eternidad.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
De la ausencia y
la noche
-
-
No queda más que
marcharse.
-
Y buscar
luciérnagas en los patios dormidos.
-
Y conquistar en la
ciudad los puentes.
-
Y habitar en
soledad la casa.
-
Y dibujar tus ojos
en las paredes blancas.
-
Y regresar
despacio hasta la puerta.
-
Y olvidar tus
ojos, y olvidar, y olvidarlos.
-
Sabiendo que
mañana o luego, siempre
-
la noche los
traerá.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Calle G. 1982
-
-
Una noche
partíamos almendras en la calle G.
-
Eran más de las 12
y tú y aquella saya de flores blancas,
-
parecían la
eternidad.
-
Yo me detuve un
momento a contemplar la luz
-
y el paso de los
autos por La Habana de 1982.
-
Todo resultaba tan
sencillo.
-
El viejo mar
bendito frente a la estatua de Calixto García.
-
Tu rostro
avanzando en la semiclaridad de los pinos.
-
El golpe con que
mi mano buscaba
-
en la
roja intimidad de la almendra.
-
Todo resultaba tan
sencillo
-
como la vida del
agua que se escurre entre los dedos.
-
No debía venir
nadie.
-
No esperábamos a
nadie.
-
Yo me detuve un
momento a contemplar la luz
-
y el paso de los
autos por La Habana de 1982.
-
Tú, y aquella saya
de flores blancas,
-
parecían la
eternidad.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
Mujer gozando su
desnudez
-
-
Las piernas
recogidas,
-
el pelo cansado,
-
distinta.
-
Ha dejado su temor
junta al último café,
-
ahora goza mi
presencia.
-
La semipenumbra
-
y los discos
moviéndose en la madrugada,
-
permiten un
espacio para el deslumbramiento.
-
Está sentada sobre
el piso
-
y mira sin
palabras
-
la esperma que
deja en los mosaicos
-
la vela de la
fortuna.
-
Escucha una
canción de ángeles.
-
Goza en su cuerpo
mi presencia.
-
La limpieza de su
cutis y la lentitud de abril
-
me ofrecen en el
espejo manchado
-
la otra cara de la
luna.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Sólo ardiendo
-
-
- Sólo ardiendo
lograrás
-
-
un verso que me
rinda,
-
dice tu voz
perdida en la hojarasca.
-
-
Y nadie sabe si al
fin te alcanzaremos, cegadora.
-
En la densa
claridad de los trópicos
-
lo único cierto es
que te seguimos.
-
Con fiebre.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Un poco de amor en
la mano izquierda
-
-
Estoy sentado en
la misma piedra que mi mano quiso.
-
No pregunto, ni
blasfemo, ni escojo nada.
-
Sonrío como un
héroe de novelas triste y solo.
-
Fumo para quemar
las semillas más terribles del miedo.
-
Y miro en silencio
a través de la ventana.
- En los
círculos que las luces dejan sobre los parques abiertos
-
alcanzo a ver un
rostro que sostiene el fuego.
- Cerca los
perros muerden este diciembre blanco y mudo.
-
Nada recuerda esta
noche el tiempo feliz.
-
Por esa helada
quietud se han marchado los amigos,
- luego también
las escasas muchachas.
-
No pregunto, ni
blasfemo, ni escojo nada.
-
Sonrío con la
bondad y dureza que he visto sonreír a mis héroes
-
y espero en
silencio la próxima lectura.
-
Afuera pasan los
días de Navidad.
-
Entrañablemente azul tras la muda hojarasca de diciembre,
-
el fuego de los
creadores sostiene mi cielo.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
1983 no era un año
triste
-
-
Guarda esas fotos
en el forro de tu abrigo,
-
y guarda esa cara
de circunstancia:
-
1983 no era un año
triste,
-
lo sabes tú y lo
saben las paredes del Club.
-
Deja que el tiempo
arrastre esas nubes.
-
Deja tu rabia
vagar en esta carne blanca y suelta,
-
la carne que el
cielo te dio.
-
No trates de
explicar el color de las luces.
-
Escoge una
pregunta
-
cercana a la
claridad de las voces más jóvenes,
-
y guarda esa cara
de circunstancia.
-
Lo sabes tú y lo
saben las paredes del Club:
-
1983 no era un año
triste.
-
©Edel Morales
-
-
- Mar Atlántico
-
-
Como en las fotos del Mar Atlántico,
-
que Enrique guarda en el forro de su abrigo,
-
ahora todos
-
miramos al cielo fijamente.
-
-
Con su guitarra y su silencio
-
Fran arpegea en las botellas, y quiere llegar,
-
y la vida vale o no, pero aquí estamos.
-
Tere afirma su manía de nubes en la boca
-
y sus príncipes mendigos
-
que nunca quisimos comprender,
-
porque la amábamos tanto;
-
la amaba yo soñando en el muro
-
de espaldas a las preguntas de mi cuerpo;
-
todos, alguna vez, fuimos su insomnio verdadero.
-
Si todavía Mandy fuese el mejor anfitrión,
-
Monsieur Zaping in Zaping's Club,
-
descorcharíamos otra vez la Havana,
-
y el pasitrote de Fernan perdido en las minas
-
sería el más fantástico juego,
-
la mayor felicidad para los golpes de Ale.
-
-
Eran otros años, nosotros demasiado jóvenes
-
para entender esa historia
-
de gente dispersa en el mundo.
-
Nosotros demasiado jóvenes pero muy seguros
-
de que Fillo no mintió,
-
de que a medio paso del dos mil no se regalan islas.
-
-
Como en los rostros del Mar Atlántico,
-
murales del Zaping's Club
-
jamás borrados por el peso de la bruma,
-
cada uno es el genio,
-
todos latiendo en un mismo corazón,
-
vigías de un tiempo
-
que nos costó la infancia.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Con el muro a la
espalda
-
-
Murió el tiempo de
los cómplices.
-
-
Felicidad de las
horas girando hacia el día
-
de llamarnos
cómplices
-
—relámpago,
aproximación, tiempo de los cómplices
-
ya muerto.
-
-
Cómo querría
encontrar ese alguien
-
que confirme la
inasible nostalgia
-
en su retorno y
escape.
-
No he pedido que
aparezcas igual,
-
con el muro a la
espalda
-
y una lealtad más
fiel que los brazos pactados.
-
Pronto es para
engañarse.
-
-
Sólo por hacer
algo fija las estrellas ganadas,
-
los años que
ardieron
-
como el aire
fuerte en la dispersión del fuego.
-
-
No olvides tú ese
rumor que escapa.
-
Murió el tiempo de
los cómplices,
-
ha muerto.
-
Y miro la ciudad
volver de sus mejores días.
-
Y miro la gente
que va y viene despacio junto al mar.
-
Y me pregunto con
el muro a la espalda:
-
-
¿Tan solo será la
vida
-
un tiempo posible?
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
Fábula del hombre y la ciudad
-
-
I
-
-
Sentados junto a una vieja cruz de madera
-
cuatro pescadores miran al mar.
-
Aguas lejanas y muertas, un hombre solo por las calles.
-
Son imágenes que preciso, los últimos lugares
-
que vieron sus miradas de testigos.
-
En sus palabras, y en el relato de otros protagonistas,
-
recuerdan los miedos de aquel año.
-
Escuchan el silencio de treinta mil rostros
-
perdidos en su memoria de niños.
-
Los cayos barridos por las olas, la ciudad apagada.
-
Luego llega la luna y tensa los cordeles
-
sobre el tranquilo mar del sur.
-
Hasta la claridad del día siguiente.
-
-
-
II
-
-
Habrá otro silencio en la poca arena de las costas,
-
han dicho mirándome a la cara.
-
Con el tono de las cosas inevitables.
-
Es la memoria de la sal en el aire de la noche,
-
el color del miedo en sus brazos desnudos.
-
Yo respiro en ese lenguaje de pescadores
-
la temporalidad manifiesta de mis veintiséis años.
-
Yo espero con la mano en la cruz
-
una voz que magie mi nombre y mis ojos de tigre.
-
Por ella atravesé el país y vine a esta playa.
-
Luego regreso por un camino de piedras
-
a mi habitación de hombre de paso en la leyenda.
-
Y veo cómo se apagan sin amor las casas a lo lejos.
-
-
-
III
-
-
Hay un cuerpo en la cruz, unas calles en penumbra,
-
una magia que muere entre las aguas.
-
Una línea de sombras donde se corta el horizonte.
-
Vuelvo a la costa por este silencio antiguo
-
que desde ayer los pescadores me anunciaron.
-
Ciudad anclada en el letargo, y una bella mujer
-
que se pierde entre el fuego y la tristeza.
-
Ciudad de míseros rituales, donde escucho y miro
-
y palpo cada día la simple repetición de estas imágenes.
-
Nadie puede sin cambiar retener de verdad sus mitos.
-
Esas lunas de la memoria de los niños
-
se hunden para siempre bajo este cielo acabado.
-
Desde el mar avanza en ras la marea deslumbrante.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
Noches de 1985
-
-
He visto
encenderse las luces del parque.
-
-
Semejantes a un
ahogado que vuelve
-
abrieron los
ramajes para mí.
-
Y puedo ver el
blanco borde de los cielos.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Historia tan
contada
-
-
Vuelve, soplo
queridísimo, a mi vida.
-
Vuelve, y no
olvides:
-
volaban pájaros en
el cielo, el amanecer llegaba,
-
y nadie dijo:
acabaré rendido.
-
-
Lo recuerdo todo
en este minuto de agosto.
-
Tú y yo y el alto
amanecer.
-
Tú y yo y pájaros
que volaban
-
en el alto
amanecer.
-
Tú y yo sabiendo
que alguna vez el cielo
-
sería algo más y
estaría más cerca.
-
Tú y yo, soplo
queridísimo,
-
mirando por los
mismos ojos.
-
-
¿Acaso olvidaste
el sonido de las aguas?
-
En la herida
burbujea su historia tan contada.
-
-
Hacia la claridad
que asoma en el alto amanecer
-
vuelven los
pájaros a buscar el cielo.
-
-
Mira: cuando
termine el silencio habrá nuevas voces.
-
Mira: cuando demos
la cara los partos serán felices.
-
-
Yo te espero,
soplo queridísimo, no me faltes.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
-
Mientras arda el fuego
-
-
Yo estoy seguro o muy seguro:
-
los espectadores desconocen lo que vale una voz,
-
o el peso de una voz en medio del fuego,
-
lo que cuesta adelantarse sin inmunidad.
-
-
Mientras arda el fuego.
-
Mientras caigan los hombres en mayo.
-
Mientras cada palabra cueste una vida.
-
-
Con los dedos subiendo al despeñadero,
-
hasta desnudar la rojez de la brasa.
-
-
Mientras arda el fuego.
-
Mientras caigan los hombres en mayo.
-
Mientras cada palabra cueste una vida.
-
-
Los espectadores bailan en un pie
-
y nosotros marcamos el ritmo,
-
el sabor eterno de estas otras canciones.
-
-
Mientras arda el fuego.
-
Mientras caigan los hombres en mayo.
-
Mientras cada palabra cueste una vida.
-
-
Con los dedos subiendo al despeñadero,
-
hasta desnudar la rojez de la brasa.
-
-
Espectadores siempre hubo,
-
al margen de la historia,
-
espectadores en su inmunidad.
-
-
Yo estoy tan seguro de esta voz
-
como del tiempo.
-
©Edel Morales
-
-
-
-
Yo también tuve un
silencio
-
-
No estoy
escondiendo nada.
-
sólo dije,
calmado y para todos:
-
No creo en los
murmuradores.
-
-
Van y vuelven por
el largo pasillo.
-
Van y vuelven,
pero no adelantan un paso.
-
-
Yo también tuve un
silencio.
-
Cada amanecer en
el mundo un vacío alimentándose,
-
una puerta pálida
como el frío de los ciegos.
-
Yo también tuve un
silencio:
-
era estrecho y
apretaba
-
como la tos de los
irremediables enfermos.
-
Pero ya rompe el
círculo para hacerse voz.
-
-
Que nadie diga
luego:
-
no lo
imaginaba.
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Cada hombre tiene
su palabra
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Cada palabra tiene
su sentido.
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Que nadie guiñe
luego el ojo en los conciertos.
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sólo creo
en el ronco grito de las marímbulas
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que con la tierra
rugen.
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©Edel Morales
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Cuando seas alguien
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I
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No espero mi nombre en las encuestas,
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camino hacia otro resplandor.
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Escucho voces que murmuran:
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Cuando seas alguien podrás decir,
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ya soy alguien, amarás decir,
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si quieres ser alguien no debes decir.
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Como si esa proposición de barnizado yugo
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pudiera convencernos.
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Modelar,
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y luego pájaros tristes preguntan por nosotros.
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No. Hace ya varias guerras elegimos
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la estrella, el pecho abierto, la mano siempre lista.
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No vamos a ser otros, seguimos siendo fieles,
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al fin y al cabo el tiempo es nuestro
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y nuestra es la tierra.
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Cruzan las piernas y mirando al mar murmuran:
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cuando
todo se confunde
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es fácil ascender barajando bien las cartas,
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basta saber moverse en la marea
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como hace la blandísima arena que jamás traspasa el veril.
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Y con esa letanía trataban de cegarnos.
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II
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Para no caer como una mosca en la tela
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juega tu vida en las corrientes
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y al margen, con rabia y dolor, con toda el alma,
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con hambre y miedo y paz
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siempre puedes gritar, y decir:
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Soy alguien,
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y no espero mi nombre en las encuestas.
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Camino hasta las primeras luces,
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enciendo alguna lámpara porque soy cualquiera
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y a todos nos importa,
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el halo del rocío en las flores abiertas.
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Murmuren y barajen esas cartas marcadas
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los que nunca dieron su mano.
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De tanto no ser nadie y no cambiar un rostro
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que irremediablemente arde,
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tenemos en la mirada el tiempo:
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una estrella que abrasa para siempre
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a los murmuradores.
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©Edel Morales
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Vivo
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Un
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corazón
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no puede terminar
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como una panetela
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almibarado
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desmembrable
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entre los dientes
del mundo.
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©Edel Morales
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El hombre
prevalecerá sobre todas las angustias,
dice William
Faulkner
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Sobre la angustia
de un amanecer
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donde no
estás.
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Sobre el
blanquísimo sol
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y la
dolorosa penumbra cuando llueve.
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Sobre la angustia
de los cómplices
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traidores.
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Sobre el golpe de
las gotas
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en el fondo.
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Sobre la angustia
del lazo
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y las
correas.
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Sobre el más lento
redoblar
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de las
campanas.
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Sobre la angustia
de los cielos
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perdidos.
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Sobre vicios y
bondades y
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desesperanza
y melodías.
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Sobre colmos y
mañanas
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el hombre
será más que silencio.
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Sobre la angustia
de su propio miedo
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prevalecerá.
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©Edel Morales
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