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- Acción de Gracias
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No, no sé bien si me veré en los
altos
de una farmacia frente al Mar del Sur,
en una noche de Setiembre tibio;
en cambio amanecido a las orillas
de una laguna en medio del desierto,
exactamente nueve meses antes
(que Huacachina así se llama el punto);
no se cual sera la visión postrera,
pero si estoy seguro que me iré
dandote, madre mía, eternas gracias
por haberme alumbrado en este mundo,
que aunque no hubiera sido un ser humano,
Si no piedra, o pescado, o vegetal,
ser tu vástago me bastara a mí.
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©Carlos
Germán Belli
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EL FIN ES GEMELO DEL COMIENZO
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Hoy echado del mundo de improviso y
otra vez como ayer estimado de uno y otro elemento natural, nada menos
que casi en los finales cuando según parece que de fijo el curso de la
vida es incambiable.
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En verdad por su mente no pasó ni
como conjetura ayer ni hoy, que el remoto comienzo del vivir y estas
postrimerías palpitantes repartidos hubieran sido aquí en porciones de
penas por igual. Irremediablemente arrinconado sin compañía alguna
deliciosa, y tal un hongo en tan desierta isla mañana, tarde, noche
fijamente, en donde todo el aire, fuego y agua cómo le van volviendo las
espaldas.
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©Carlos
Germán Belli
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LAS COSAS DE LA CASA
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He aquí la casa bien oculta
tras las nubes de la celeste bóveda,
preservándola de los fieros cacos
terrenales que alrededor acechan;
y así poder vivir metido en ella
en medio de una tibia paz siquiera,
aferrándose a las calladas cosas
que no dejan de estar a cada rato
acompañando como dulces seres;
porque al paso del día y de la noche
todo aquello que inerte y fiel yace
en las proximidades de uno siempre,
en el templado seno de la casa,
resulta parte de la invisible alma,
ya una sola naturaleza exacta.
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©Carlos
Germán Belli
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EN ALABANZA DE LASTRA Y LIHN
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Aquí la concisión de Pedro Lastra,
aquí de Enrique Lihn la gran facundia,
en uno y otro punto del espacio
de la página blanca ambos presentes
como señal de su naturaleza
tan distinta en el uso de la pluma,
aunque igual los dos van mostrando
todo lo mejor de sus respectivas almas,
en palabras sonoras castellanas
y a lo largo de nuestro siglo XX.
Porque ellos saben cómo al fin
vencer el olvido que por delante asedia:
que vuestra concisión, querido Pedro,
resulta cosa refinada y sabia,
en tanto que es el propio hervor
vital esa facundia vuestra, Enrique,
amigo recordado por siempre entre nosotros.
Y elocuente y lacónico uno y otro,
aquí en letras de molde quedarán
ambos grandes de acuerdo a su manera.
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©Carlos
Germán Belli
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Si de tantos...
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Si de tantos yo sólo hubiera
angustia,
yo sólo frente a casas clausuradas,
sufrir por todos, flébil en los campos,
a la zaga del río, entre los tuertos.
Si de mí sólo muerte se evadiera,
sólo yo me quedara insatisfecho,
en medio de los parques cabizbajos,
sólo yo, Adán postrero agonizando.
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©Carlos
Germán Belli
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De
Poemas (1958)
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Oh Hada Cibernética...
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Oh Hada Cibernética
Cuándo harás que los huesos de mis manos
se muevan alegremente
para escribir al fin lo que yo desee
a la hora que me venga en gana
y los encajes de mis órganos secretos
tengan facciones sosegadas
en las últimas horas del día
mientras la sangre circule como un bálsamo a lo largo de mi cuerpo.
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©Carlos
Germán Belli
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De
Dentro & Fuera
(1960)
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LA TORTILLA
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Si luego de
tanto escoger un huevo,
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y con él
freír la rica tortilla
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sazonada bien
con sal y pimienta,
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y del alma y
cuerpo los profundos óleos,
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para que por
fin el garguero cruce
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y sea ya el
sumo bolo alimenticio
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albergado
nunca en humano vientre;
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¡qué jeringa!
si aquella tortilla
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segundos no
más de ser comida antes,
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repentinamente
una vuelta sufra
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en la gran
sartén del azar del día,
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cual si un
invisible tenedor filoso
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le pinche y le
coja su faz recién frita,
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el envés
poniendo así boca arriba,
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no de blancas
claras ni de yemas áureas,
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mas un
emplasto sí de mortal cicuta.
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©Carlos
Germán Belli
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(De Por
el monte abajo)
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SEXTINA DE
LOS DESIGUALES
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Un asno soy
ahora, y miro a yegua
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bocado del
caballo y no del asno,
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y después rozo
un pétalo de rosa,
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con estas
ramas cuando mudo en olmo,
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en tanto que
mi lumbre de gran día
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el pubis
ilumina de la noche.
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Desde siempre
amé a la secreta noche,
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exactamente
igual como a la yegua,
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una esquiva
por ser yo siempre día,
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y la otra por
mirarme no más asno,
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que ni cuando
me cambio en ufano olmo,
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conquistar
puedo a la exquisita rosa.
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Cuánto he
soñado por ceñir a rosa,
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o adentrarme
en el alma de la noche,
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mas solitario
como día u olmo
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he quedado y
aun ante rauda yegua,
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inalcanzable
en mis momentos de asno,
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tan desvalido
como el propio día.
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Si noche huye
mi ardiente luz de día,
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y por pobre
olmo olvídame la rosa,
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¿cómo me las
veré luciendo en asno?
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Que sea como
fuere, ajena noche,
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no huyáis del
día; ni del asno, ¡oh yegua!;
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ni vos, flor,
del eterno inmóvil olmo.
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Mas sé bien
que la rosa nunca a olmo
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pertenecerá ni
la noche al día,
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ni un híbrido
de mí querrá la yegua;
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y sólo alcanzo
espinas de la rosa,
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en tanto que
la impenetrable noche
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me esquiva por
ser día y olmo y asno.
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Aunque mil
atributos tengo de asno,
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en mi destino
pienso siendo olmo,
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ante la orilla
misma de la noche;
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pues si fugaz
mi paso cuando día,
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o inmóvil
punto al lado de la rosa,
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que vivo y
muero por la fina yegua.
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¡Ay! ni olmo a
la medida de la rosa,
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y aun menos
asno de la esquiva yegua,
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mas yo día
ando siempre tras la noche.
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©Carlos
Germán Belli
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(De
Sextinas y otros poemas)
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LA CARA DE
MIS HIJAS
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Este cielo del
mundo siempre alto,
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antes jamás
mirado tan de cerca,
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que de repente
veo en el redor,
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en una y otra
de mis ambas hijas,
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cuando
perdidas ya las esperanzas
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que alguna vez
al fin brillara acá
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una mínima
luz del firmamento,
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lo oscuro en
mil centellas desatando;
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que en cambio
veo ahora por doquier,
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a diario a
tutiplén encegueciéndome
-
todo aquello
que ajeno yo creía,
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y en paz quedo
conmigo y con el mundo
-
por mirar esa
luz inalcanzable,
-
aunque sea en
la cara de mis hijas.
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©Carlos
Germán Belli
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(De En
alabanza del bolo alimenticio)
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-
VILLANELA
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Llevarte
quiero dentro de mi piel,
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si bien en
lontananza aún te acecho,
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para rescatar
la perdida miel.
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Contemplándote
como un perro fiel,
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en el día te
sigo trecho a trecho,
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que haberte
quiero dentro de mi piel.
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No más el
sabor de la cruda hiel,
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y en paz
quedar conmigo y ya rehecho,
-
rescatando así
la perdida miel.
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Ni viva
aurora, ni oro, ni clavel,
-
y en cambio
por primera vez el hecho
-
de llevarte yo
dentro de mi piel.
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-
Verte de lejos
no es asunto cruel,
-
sino el raro
camino que me he hecho,
-
para rescatar
la perdida miel.
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El ojo mío
nunca te es infiel,
-
aun estando
distante de tu pecho,
-
que haberte
quiero dentro de mi piel,
-
y así rescatar
la perdida miel.
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©Carlos
Germán Belli
- (De
Canciones y otros poemas)
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