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NOTA:La presente compilación y selección ha sido realizada por la
escritora María Cristina Orantes.
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- PAISAJE
EN “LA PUERTA DEL DIABLO”
- AL DR.
PEDRO A. THOMPSON
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- Anverso
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- Diafanidad de
rústico escenario
- Que en el
cristal del aire se ilumina
- Y en
mutabilidades de vitrina
- Tiende del
Paraíso su muestrario.
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- El panorama es
sueño milenario,
- Cambiante
miniatura que se afina
- Desde el mar
al volcán y a la colina
- Como
alucinación de visionario.
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- Allá abajo se
asoma Panchimalco,
- Ramo de cal en
la llanada abierta,
- Donde ha
dejado el campesino el caldo
-
- De sembradíos
de sudor...El diablo
- Para ver el
prodigio abrió esta puerta
- Y, así, el
paisaje se volvió retablo.
- ©Alfonso
Orantes
- S.S.
diciembre 1954.
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-
- Presencia
de la ausencia
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- “Somos de la misma
substancia que nuestros sueños”
- Shakespeare
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- I
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No estás ausente.
Desde la distancia
-
modelada en el
aire vas surgiendo
-
como brote de luz
que floreciendo
-
se hace nácar,
espíritu y fragancia.
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Siéntome como
náufrago del ansia
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de tenerte conmigo
y te estoy viendo
-
la misma y
diferente, renaciendo
-
del tierno germen
que te dio substancia.
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Y es que en una
pasión tan desmedida
-
como esta en que
por ti gozo y me abismo,
-
me revelas la
clave de la vida,
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-
la identidad del
cielo y del infierno,
-
lo material y lo
incorpóreo mismo
-
porque al amarte
así, ya soy eterno.
-
©Alfonso Orantes
-
Septiembre de 1953.
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-
-
- II
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-
Amor
-
Se eternizó el
instante, porque al verte
- sobre ti se
volcó toda mi vida.
- El amor es el
bálsamo y la herida.
- Fuerza del
movimiento y de lo inerte.
-
- Ya que tan
débil fui, renazco fuerte
- de la triste
ambición desvanecida
- porque ya mi
insipiencia adormecida
- ha entendido
el problema de la muerte.
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- Si esto es ser
inmortal, hallé el nirvana
- de verdad y
mentira condensada
- en resumen de
ayer, hoy y mañana
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-
del
que los hombres se hacen así dueños
-
porque el amor es gracia humanizada
-
y
es tan irreal como los mismos sueños.
-
©Alfonso Orantes
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Septiembre de 1953.
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-
-
- III
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- Tus ojos
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-
Irreales ojos cuya transparencia
-
habla con los
lenguajes siderales;
-
cuyas pupilas son
los manantiales
-
del propio origen
que les dio existencia.
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-
Sometidos los
seres a su influencia
-
se explican cosas
sobrenaturales;
-
se comprende a los
puros minerales
-
y no es misterio
la supervivencia.
-
-
Mirándolos tan
bellos se presiente
-
todo el poder
inmenso del hechizo
-
y uno se encuentra
triste de algo ausente.
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-
Es que hay en tu
mirada contenida
-
toda la gracia y
luz del paraíso
-
asomando en tus
ojos a la vida.
-
©Alfonso Orantes
-
Septiembre de 1953
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-
-
- IV
-
- Tu boca
-
- Tan perfecta
tu boca en su dibujo
- que habla como
el silencio es elocuente
- y en ese rojo
edén está la fuente
- de la misma
armonía y de su embrujo.
-
- La gracia, por
su gracia, muestra el lujo
- de sus mejores
frutos e insistente
- la eternidad
revela omnipotente
- que la vida de
un beso se produjo.
-
- Si se
entreabren tus labios, vuelan finos
- pájaros de
sonrisas que embeleso
- provocan al
hablar, tornados trinos.
-
- Por eso al
contemplarla, he comprendido
- que tu boca es
cadencia, risa, beso
- y por que el
Paraíso se ha perdido.
- ©Alfonso
Orantes
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-
-
-
Ángela
-
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Para Angelita Pereira
-
-
Si
el solo ser mujer es ya divina
-
gracia con que el creador al ser ungiera
-
y
en ella concretara la primera
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floración de la Vida, peregrina
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-
tiene que ser la forma femenina
-
donde se hace expresión la primavera
-
y
la existencia, dulce mensajera
-
de
una anticipación celeste y fina.
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-
Por
eso es que, al estar en tu presencia,
-
como mujer evocas vida arcana
-
en
tu humana y celeste transparencia
-
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y
dudo haya mortal que no se asombre
-
al
hallar dualidad tan sobrehumana
-
pues de Ángel y Mujer habla tu nombre.
-
©Alfonso Orantes
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San
Salvador, 1942.
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-
LUZ
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Para Luz Castañeda
de Archila
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Y dijo Dios: sea
hecha la luz. Y fue hecha la luz. Y vio Dios la luz que era buena; y
separó a la luz de las tinieblas. Y llamó a la luz Día, y a las
tinieblas Noche.
-
El Génesis.
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Desde el instante mismo en que Dios quiso
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mostrar al mundo su inmortal esencia,
-
con
la luz concibió ya la existencia
-
del
Amor que es la flor del Paraíso.
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Luz
es revelación de cuanto El hizo
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palpable: la dicha, la creencia,
-
la
bondad, la belleza, la inocencia
-
y
el saber, para todo lo impreciso.
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-
Por
eso contemplándose tus ojos
-
en
su esplendor el alma se extasía
-
y
que los vean otros causa enojos,
-
-
porque es posible que ninguno entienda
-
como siendo tu misma luz del día,
-
tu
solo nombre luz de amor encienda.
-
©Alfonso Orantes
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23
de mayo de 1954
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-
Gema astral
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Mujer y ángel que en
lo femenino
-
de
lo corpóreo que hay en tu existencia,
-
anticipa a mi opaca
inteligencia
-
cómo está conformado un ser divino.
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Fruto de la poesía, flor y trino,
-
pureza niña, de lo niño esencia,
-
que
mostrando celeste consistencia
-
designio astral oculta en su destino.
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Como revelación de ignoto arcano,
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hecha del germen mismo de lo tierno,
-
eres misterio que al misterio humano
-
-
aclara en ti su gema donde quiso
-
mostrar la vida su prodigio eterno
-
para que en ti yo viera el paraíso.
-
©Alfonso Orantes
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Marzo de 1953.
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Año nuevo en paz
- (Respuesta al
soneto NOCHE BUENA EN PAZ de su amigo el escritor RIGOBERTO BRAN AZMITIA
).
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Respondo entusiasmado a tu tarjeta
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que
me trajo el pregón de tu amistad,
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estrechándola en dulce Navidad
-
tu
mano amiga y tu estro de poeta.
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Aunque en la vida el porvenir inquieta
-
porque el presente ofrece oscuridad
-
y
ya el Hombre de Buena Voluntad
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parece que voló de este planeta,
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-
al
invitarme así con tu canción
-
a
compartir en esta Nochebuena
-
un
minuto infinito de oración
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-
que
recorrió en mi ser toda su escala
-
y
tornó mi existencia más serena,
-
sólo pude exclamar
!PAZ, GUATEMALA!
-
©Alfonso Orantes
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Dic. de 1983.
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- Barrunto
de mi muerte
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-
A Paco Figueroa
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Errante, sin moverme, en mi desierto
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le
hallé sin encontrarle. Su presencia
-
es
el propio trasunto de la ausencia
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envuelta en las verdades de lo incierto.
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Pasa quedando. Cierra y deja abierto.
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Es
el solo poder de la impotencia
-
y
su existir, la pura inexistencia
-
en
la perpetuidad de lo ya muerto.
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-
Vino en mi sin buscarme, y sin tenerle,
-
la
llevo en mí visible y escondida
-
y
estoy viéndole siempre aunque sin verle
-
-
que
en este mi infortunio está mi suerte:
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pues llevando mi muerte entre mi vida,
-
es
inmortal la vida de mi muerte.
-
©Alfonso Orantes
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San
Salvador, 1942
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R E
V E R S I Ó N
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Integrar cuanto hayamos destrozado;
-
hallarnos entre todo lo perdido.
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Volver a ser el niño que hemos sido
-
y
recordar cuanto hemos ya olvidado.
-
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Devolver lo que habiendo atesorado
-
hemos arrebatado o adquirido;
-
tornar certeza aquello fementido
-
y
afirmarnos en todo lo negado.
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Hacer la pura integración del hombre
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sacando su verdad del mismo arcano
-
en
que su propio yo solo es un nombre
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-
y,
al hacerle su cielo de su infierno,
-
poder volverle a su designio humano
-
porque el hombre es el fruto de lo eterno.
-
©Alfonso Orantes
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San
Salvador. Diciembre de 1942
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- Enigma
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Con mensaje de flor,
desde el interno
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retoñar de la luz, brota la vida
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y
en su inefable voz lleva escondida
-
la
inagotable fuente de lo eterno;
-
-
lo
que es mutable y permanente infierno
-
de
verdad y mentira, hasta la herida
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que
la carne, en su nácar, encendida
-
lleva para mostrar desde lo tierno
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-
de
las cosas, la incógnita estructura
-
que
en apariencias de ser real persiste.
-
Aquí está la razón de la locura
-
-
de
no saber jamás lo que se quiere:
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porque el hombre es mortal desde que existe
-
y
es inmortal el hombre porque muere.
-
©Alfonso
Orantes
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S.S. 1955
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- Ruth
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Tu
breve nombre aroma la leyenda.
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Es
conjuro y es clave. Se hace fina
-
encarnación de ensueño y se adivina
-
que
en ti lo eterno se te vuelva ofrenda.
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-
Para amarte cabal, no hay quién no encienda
-
su
corazón y, por tu diamantina
-
pureza, mire como se origina
-
la
flor, la estrella, el alma, y así entienda.
-
-
Su
eclosión en tu cuerpo condensada,
-
donde la gracia se quedó dormida,
-
soñándose a si misma ensimismada
-
-
que
tal prodigio del humano hechizo,
-
fuese como el resumen de la vida
-
y
tu, por ser mujer, su paraíso.
-
©Alfonso Orantes
-
- Revelación
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Yo
no sabía porqué estaba triste,
-
No
me explicaba mi desesperanza,
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La
inquietud angustiosa, la añoranza
-
De
algo que se mostraba en lo que existe.
-
-
Pero llegaste tú. Te vi, te fuiste
-
Y
cuando ya balbuceaba mi alabanza,
-
Como a una exhalación que no se alcanza,
-
En
pura ausencia te me convertiste.
-
-
Al
preguntarme cómo fue que al verte,
-
La
eternidad avisoré en la vida
-
Y
entendí la falacia de la muerte,
-
-
Supe que, ignaro, de no haberte visto
-
En
tristeza estaría convertido
-
Y
no habría sabido porqué existo.
-
©Alfonso Orantes
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S.S.
XII/1954
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-
Dos sonetos sin sombras
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A CECILIA MORA
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I
-
Como
eres ágil, dulce,
transparente
-
Y
en ti se hace carne la neblina,
-
De
tu ser singular brota más fina
-
La
escultural imagen de la fuente.
-
-
En
tu diafanidad se hace evidente
-
La
vida que en lo eterno se origina
-
Y
se revela en ti la peregrina
-
Encarnación ideal de lo viviente.
-
-
Alígera y fugaz como gacela,
-
Elástica y felina como diana,
-
Tu
suave gracia el numen nos revela
-
-
De
inteligencia y corazón enteros,
-
Que
eres de Amor la síntesis humana
-
Aunque en tus ojos nazcan los luceros.
-
©Alfonso Orantes
-
-
II
-
-
Mas
si viendo tus ojos, ya se evoca
-
Del
mismo paraíso el otro cielo,
-
Hay
un mundo, como isla de consuelo
-
Y
desesperación que en sed disloca.
-
-
Es
esa golosina de tu boca
-
Donde la seducción, hecha señuelo,
-
En
tus dientes teclea y alza el vuelo
-
Pájaro-arpegio de cristal de roca.
-
-
Allí la luz palpita y se madura
-
En
lo fresco y jugoso. Traza rura
-
En
breve incendio, el rojo y nos conjura
-
-
Al
deleite que en flor revienta en grito,
-
Viendo al milagro concretarse en fruta
-
Que
el beso guarda en brasas de infinito.
-
©Alfonso Orantes
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S.S.
9 de julio de 1955
-
-
-
Del mundo soy siendo yo mundo
-
(La
tierra soy siendo de tierra)
-
Tiempo y espacio
-
Espacio en tiempo y tiempo en el espacio
-
Hijo y Padre a la vez. Fruto y semilla
-
El
principio y el fin hallo en mi mismo
-
Soy
y no soy en mi y en mi no existo
-
Solo tengo seguro lo inseguro
-
Soy
realidad pero tampoco existo
-
Existo y no soy real
-
Vive en mi ser la muerte y en la muerte vivo
-
(Va
en mi vida la muerte y en mi muerte vida)
-
Verdad de la mentira y del mentir lo cierto.
-
Junto a mi ser lo vivo y lo difunto.
-
Soy
ayer, hoy y mañana.
-
©Alfonso Orantes
-
-
Salvador Cuscatlán, te halle anoche dormido...
-
A SALARRUE
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Hermano mío, riñón de Centroamérica,
-
en
este Istmo que de Tehuantepec a Panamá tiene figura
-
de
hombre sentado que por su geografía medita su destino,
-
puestos los pies descalzos –por el Canal del dólar ya amputados-
-
en
el colgante, inmenso fruto que es Sudamérica
-
y
que apoya la espalda
- contra el
enorme cuerno de la abundancia que siempre ha sido México,
-
Salvador Cuscatlán a quién he visto
-
en
el paisaje, estampa; en el volcán cintura;
-
en
la colina, pecho; en la arboleda, hirsuto;
-
en
el café- que es el color de tu piel-estimulante;
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en
tu nombre, varón; en el Izalco, ardiente;
-
fresco en las fuentes y en el aire claro.
-
A
quién rebautizaran con un nombre de augurio: El Salvador
-
y
en su consagración santificaron urbes.
-
Salvador Cuscatlán, te había visto así
-
y
en los mil modos y no acaban de verse
-
sin
extrañar, los ojos... Empero anoche oh amargura,
-
cerca de un edificio de seis pisos
-
-reto a tu cielo, garra en tu suelo- un rascacielos más,
-
puyazuelos, puyacielos, de una compañía nacional de café
-
te
halé en el suelo durmiendo como Mesías, sobre su corazón,
-
en
el umbral de un almacén, en un portal,
-
encogido, y sin duda soñando con un pan
- que no
probaste en todo el día;
- soñando el
rasgacielo de un anhelo: glorias;
-
soñando el rasgasuelo que abre surcos: fosas;
-
roñando con un ras, a ras del suelo,
-
libre de andrajos, niguas, piojos, que todavía así,
-
sin
tener sangre –casi eres mineral de tanta lava-
-
por
esos edificios de seis pisos, tu sangre chupan.
-
Esas moles que ahora elevan con el propio apellido que da miedo
-
quienes te tienen miedo y cuyo nombre –en él todos los nombres-
-
Desola y agosta la tierra que holla o planta
-
por
ser nombre con “de” de doblez doble, con corona ducal,
-
de
papa o arzobispo, con birrete, kepi, trianch cap o sombrero tejano.
-
Hermano Salvador, te vi descalzo, harapiento,
-
y
tú tan claro en las mañanas cuando luces al sol,
-
cuando en tus niños a pesar de sus voces
-
quebradas todavía por el hambre,
-
gritas los diarios húmedos de escándalos y crímenes
-
y
en las mujeres con sus vientres grávidos
-
llevas canastos pletóricos de frutas,
-
de
carnes y hortalizas que no podrán comer por estar caras
-
y
sudorosos hombres de moldeados músculos de barro,
-
que
con andrajos cubren sus genitales
-
y
aceleran el paso, resortes deambulando
-
bajo el peso de cargas, convertidos en mulas, siendo humanos;
-
de
noche se ven negros a pesar de que vibran las estrellas
-
e
iluminan la altura los blancos pechos de las golondrinas
-
que
en la pauta de alambres de las calles
-
puntean cada día partituras que todavía no descifran tus guitarras...
-
Salvador Cuscatlán, varón hermano mío, santo andrajoso
-
ofrecido al Salvador del Mundo,
-
negro por dentro y fuera, porque no tiene luz, vida ni ensueño
-
sino el horror de las bombas atómicas y de hidrógeno.
-
Salvador Cuscatlán, hoy, ya de noche, te encontré en el suelo,
-
ya
que suelo mirar hacia lo alto y lo bajo,
-
y
que te he visto en medio en tu fuerza telúrica,
-
en
tu cielo con bólidos verdosos
-
como cortos circuitos de esperanza,
-
en
lo simple y vulgar de la corriente alterna de cada día
-
y
en la corriente de más alta tensión que hay en tu cuerpo
-
y
que ahora cuentan que tienen apresada reteniendo al Lempa;
- en ti puro
volcán Izalco,
- vulcanizando
por unir las hilachas, los andrajos, las lacras,
- la miseria
que
hacen de ti, mentira de leproso, pura llaga, carne viva, tierna,
-
como esta noche te encontré, echado sobre el suelo,
-
sobre tu corazón, cerca de un edificio de seis pisos,
-
te
he encontrado en un niño, quizá hambriento,
-
soñando en su grandeza, y su esperanza, durmiendo en el umbral
-
de
una puerta de almacén, en un portal,
-
hecho por tal, cualquiera, te he hallado en un niño,
-
en
un Mesías, hay tantos en el mundo que nadie sabe distinguirlo, nadie,
- mira que
ambulan por las calles, que duermen como tú, niño harapiento, Salvador
Cuscatlán al que encontré dormido
-
quizás soñando en algo que no sea eterno...
-
©Alfonso Orantes
-
Noviembre 24 de 1954
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