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Alfonso Gumucio
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Es autor de varios estudios sobre comunicación y de varios libros de poesía y narrativa. Sus artículos y ensayos breves han sido publicados por más de un centenar de revistas y periódicos, principalmente en América Latina. Como cineasta ha dirigido documentales sobre temas culturales y sociales, y realizado varias exposiciones fotográficas. Su testimonio La máscara del gorila obtuvo en 1982 el Premio Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes en México. Es autor de la primera Historia del Cine en Bolivia (1983) y de un estudio biográfico: Luis Espinal y el Cine (1986). Varias de sus obras han sido publicadas en francés y en inglés: Bolivie (1981), Les Cinemas d’Amérique Latine (1981) y Popular theatre (1995). Sus cuatro libros de poesía son: Antología del asco (1979), Razones técnicas (1980), Sobras completas (1984) y Sentímetros (1990). Desde 1997 participa en la iniciativa "Comunicación para el Cambio Social" de la Fundación Rockefeller. Es autor del libro Haciendo Olas: Historias de Comunicación Participativa para el Cambio Social, publicado en el 2001 por la Fundación Rockefeller. en el pecho y en el bolsillo más grave, siento mi piel quemada una carta desgarrada, una llave fría una estampilla burbujeante. Recorro un pasillo de hambre una penumbra que inventa con fría lógica siete puertas blancas condenadas. Medianoche en las uñas y en los ojos hollín pelusas de carbón, polvo negro que mi puño apretado advierte que mi cuello áspero, que mi camisa que mi nariz cerrada advierte. Advierte el polvo negro que burla el aire espeso el verano fugitivo en tumbos de campana círculos de relojero espirales de agua pesada desde una torre blanca aún se me cae encima sin remedio el polvo negro que mi pecho advierte. Trizas No queda mucho, apenas romper el último poema, éste cadáver de caimán lleno de humo a las cuatro de la mañana no revive, hay que dejarlo caer en pedacitos en el baño, tirón de cadena y de gatillo que se lo trague el vientre podrido de la tierra que escriban esta vez las cloacas su fétido poema. Pero no es fácil andar trizándose los dedos en púas, relámpagos y versos. Lo sé desde mi asombro infinito desde mi dolor ancestral no se puede rasgar dos veces la misma cuerda al rojo vivo acallar el mismo convulsionado latido seamos sinceros, poetas, es falso que nos rompamos desde adentro que en medio de la noche rasguemos pap[i]eles dolorosos. Test ¿Qué es Bolivia? ¿Un conglomerado de cadáveres? ¿Un colectivo lleno de militares? ¿Una masa enorme de tierra silenciosa? ¿Una planicie de rostros terrosos? (Impasibles miradas cansadas de esperar) ¿Una altitud de cartón-piedra? ¿Una caída vertical de la pobreza a la nada? ¿Un grupo de niños pijes de anchas corbatas? ¿Una cadena de resentimientos y mentiras? ¿Un puñado de crímenes detrás de la basura? ¿Un niño muerto en una caja de zapatos? ¿Un libro de poemas que arde porque sí? (Porque invade la sangre de quien lo lee) ¿Un escritorio, dos escritorios, tres escritorios? ¿Una tienda de campaña? ¿Una lluvia pasajera? ¿Un costal de títeres quemados? ¿Un periodista que siempre cae parado? (Como trípode con un rollo de dólares que le alegra el ano) ¿Una página menos, siempre tan lejos de la historia? ¿Un grupo de universitarios confundidos? ¿Un poema, dos poemas, este poema? Escoja solamente diecinueve respuestas. Ni una menos. Lista de Cosas que No Entiendo Una golondrina rayando el cielo. Tanta música en los bosques. La humedad de un látigo de sauce. Sus lágrimas, su aspecto acongojado. Una hilera de palomas idénticas sosteniendo el alero de un tejado. Una estatua más hermosa mutilada. Un balcón que se descuelga quejumbroso. El rocío, los charcos, las ranas. Las estampillas que van y vuelven cargadas de promesas. Un callejón vacío y en el fondo no tanto, en último plano la primera estrella de la noche. El frío de un limón que me desgarra. La arena que llena tu busto dormido. La imperfecta pieza de cuarzo salvaje en que te miro. Tus sonrisas varias. No entiendo, no entiendo nada. Vamos a ver. ¿Para qué tantas cosas inútiles? ¿Cómo justifican su existencia? No entiendo esta infinita variedad de sutilezas. La piel blanca de la nieve que acabo de herir, la sangre que brota de mi labio partido, partidos tus muslos, tu humedad, partida tu y lejos. Albañil Al que madruga no lo ayuda nadie. Solo, con su pan bajo el brazo con su manzana brillante en el bolsillo con las rodillas que le suenan llena la calle vacía, a las seis de la mañana ladrillo sobre ladrillo asegura con las manos partidas cementosas la manzana madura de mañana. Refrán El que a hierro mata tiene cien años de perdón. Al menos, tiempo de sobra para gozar estafas millonarias, malversar la memoria, limpiar la sangre seca en el libro arrugado de la historia, recibir incluso algún honor, un cóndor desplumado, homenajes póstumos, varios. Máquina de Escupir Voy a echarle leña negra a este papel que tan blanco se cree. Voy a marcarle la cara con fierro y con carbón para que el gesto se imprima rabioso y la palabra no se caiga, exhiba su pose extravagante, atrapada entre resortes vencidos crea que vive todavía cadáver rígido de tinta seca. Horizonte He cambiado de piel tres veces Me ha costado darle la vuelta al mundo Para llegar al punto de partida Mis piernas me sostienen mejor Tengo una cicatriz en el pecho Más bien una costura, un bolsillo roto Acceso directo al corazón Estoy de regreso de mí mismo Noches enteras buscando una estrella fugaz Que me conceda un deseo Nada extravagante Tan sólo la habilidad de reconocer La verdad de la mentira Es otoño aún y los días son largos La luz se recuesta cálida sobre la montaña Quiero decir que el horizonte se distingue ¿El horizonte es una línea firme? ¿Es una pintura mural que cambia cada día Movida por tempestades de color? ¿Hay un atajo para llegar al horizonte? Quizás sirva de algo haber adquirido Una cicatriz en el pecho Una costura de piel y nervio Una entrada directa al corazón
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