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- El despertar de la palabra
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- Necesito volar junto a las aves del
norte
- Hacia los nidos del pensamiento.
- Desatar las cadenas de la ignorancia
- Porque el corazón del viento aún
palpita.
- Pulsan las arterias acuáticas del
bosque
- Y los libros se multiplican
- Despertando a la palabra que aún
duerme.
- © Wilfredo Peña
- De: Tragaluz,
Ediciones Mazatli.
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- Sobre el pan y la poesía
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- En el mundo clandestino donde existo
- Soy pan y soy poesía.
- El manto de plata de la noche
- Oculta mis vestigios
- Y mis ojos fugitivos se deleitan
- Cuando sumergido en la celda
- De tu bosque de eucaliptos
- Contemplo tus semidesnudos muslos
- Que pétreos como el roble
- Me protegen de los pájaros de acero.
- © Wilfredo Peña
- De: Tragaluz,
Ediciones Mazatli
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- Diálogo
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- Hoy he conversado con tus manos
- He dialogado con el fuego de la
hoguera
- Con la palabra abstracta
- Y creo sentir un rumor de plumas en
la piel:
- Es el rocío nocturno que me baña
- Y embriaga de gritos y censuras.
- Escucho voces sibilantes que
susurran entre sí
- Y me acusan
- De empollar espinas en las rosas
- De pronunciar en mi delirio palabras
ignotas
- De ser un dios celeste
- Adorado por mariposas y quetzales
- De amar tus mitológicas caderas de
estatua Renacentista.
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- La hoguera cae.
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- Un trueno quiebra la atmósfera
- Y desata una lluvia de cristales
blancos.
- Las voces sibilantes se ahogan en el
viento
- Se retractan de las acusaciones
- Y en la calle
- La madrugada extiende su traje de
luz
- La hoguera fenece.
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- Yo vuelvo
- A cantarle versos
- A tu misterioso cuerpo de cobre
- A los duendes vendedores de
periódicos
- Y a los hombres
- Que doblegan los metales
- Y destruyen las cadenas.
- © Wilfredo Peña
- De: Tragaluz,
Ediciones Mazatli
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- Huracán
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- Ese día el orbe se vistió de luto
- Y soltó sus huracanas.
- Lágrimas de hielo se esparcieron
- En los techos de las casas.
- Los pinos, más verdes que nunca
- Aullaban con dolor de siglos.
- Los tallos de las zarzas
- Se doblaron en señal de respeto
- Ante el poder del cielo.
- Y tú, mi niño, mi árbol celeste
- Aferraste tus raíces endebles
- A mi barro inmemorial
- En busca de mi corteza añeja
- Y su calor fraterno.
- Presuroso te vertí mi clorofila
- Con bondad de cisne
- Y te di mi savia matutina
- Con pasión de amante clandestino.
- Hoy te digo, mi niño, mi árbol
celeste
- Siempre que necesites la miel de mi
cosecha
- La encontrarás en mi bosque alado.
- Aquí estaré erguido, para ti,
- Con mi voz de amapola
- Mientras el fuego forestal de la
guerra
- No me alcance.
- © Wilfredo Peña
- De: Tragaluz,
Ediciones Mazatli
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- Guazapa
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- Región de acantilados azarosos
- Y tormentas eternas:
- Tierra poblada de huesos.
- Dormís sobre una alfombra de jaraguá
- A la orilla de un cerro de piedra
- Y algunas veces, una mina es tu
almohada.
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- En lo profundo del bosque nace el
viento
- En los arroyos crecen peces
luminosos
- Y macilentas anguilas.
- De el subsuelo brotan hongos
gigantes
- En forma de puños.
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- La noche vigila tu sueño con su ojo
amarillo
- Y despertás a las cinco de la
madrugada
- Rodeado de plenilunios.
- Comés con disciplina tu ración
- De frijoles y arroz,
- Compartís la sal y la ternura,
- El tabaco y el café.
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- A veces, la soledad se posa en tu
hombro
- Y tu única compañera es un arma
- Tantas veces aceitada con delicadeza
de pétalo
- Y la abrazas en la penumbra
- Deslizando tus manos por su piel de
acero.
- Así transcurre el tiempo
- Entre relámpagos fugaces
- Y distancias que duelen
- Y ganás la locura
- Entonces, y sólo entonces
- Podés encaminar tu nube a otro
territorio
- Derramar ahí tus manantiales
- Y hacer germinar otras rocas
- Y hacer florecer otros corazones.
- © Wilfredo Peña
- De: Tragaluz,
Ediciones Mazatli
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- Apología de la guerra
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- En la paz canté a la paz, pero ahora
- El tambor de la guerra es mío…
- Guerra, roja guerra es mi canto…
- Walt Whitman
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- La guerra es un peregrinaje de
angustias
- La solución de la ecuación de la
pobreza,
- Es la renuncia temporal a la
alegría.
- La guerra es la imperfecta
constelación de la locura
- Y la esperanza del descalzo.
- La guerra es un aciago trajinar
- Por un reino de congojas,
- Es caminar sobre rescoldos
insepultos.
- La guerra son setenta mil heridas
envenenadas
- Eternamente abiertas,
- Un testamento injustamente heredado,
- Es la epopeya de una cólera.
- La guerra es necesaria, como el pan;
- Es un temblor de estrella
vespertina,
- La actualidad de una lágrima
- Y el preludio de una sonrisa.
- La guerra es la culminación
de una elegía.
- © Wilfredo Peña
- De: Tragaluz,
Ediciones Mazatli
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