Teresa de Jesús

Antología poética

 
 
HOY QUE MUERE EN SU DOLOR
 
 
Unas décimas demanda
Miguel desde su emoción.
No le importa la canción
que desde el corazón manda
él pide la perla que anda
de la ostra en su interior
quiere la mano de Dios
apoyada en la baranda
donde ahoga su dolor
l’avecilla picaflor.
 
Yo en ignorancia pregunto
al buen maestro Miguel
me diga si este “espinel”
está parado en su punto
o si le falta algún unto
que se encuentre aprisionado
entre cadena y candado
eso es lo que yo barrunto
porque naufraga en dolor
l’avecilla picaflor.
 
Quiero aquí dejar en claro
que sólo por complacer
al maestro Don Miguel
me subo en barco tan raro
sobre cubierta me paro,
miro el litoral lejano
donde no alcanza mi mano
y al corazón cuesta caro
hoy que muere en su dolor
l’a avecilla picaflor.
 
 
 
 
Nacerás sin haber muerto
 
maldito de los dioses.
 
De qué te servirán las fragancias,
 
de qué el diamante o el rocío,
 
de nada te servirá mi llanto
 
rodado sobre tu hombro.
 

 

 
Casas de Alegría
 
I
 
Es preciso promover a toda costa
el exterminio
del régimen carcelario,
esa aberración.
 
En casas de cultura
sean esos muros convertidos,
en escuelas, hospitales, casas de alegría,
lugares deleitosos
donde se juegue ajedrez,
se alcen esculturas,
se paseen los violines y las violas
y los pintores levanten sus atriles.
 
Hay que contar los barrotes
las puertas
los candados
los grillos
hay que contar el aire irrespirable
los dolores
y por cada uno de ellos
es preciso
plantar un árbol que dé fruto
que dé sombra
un árbol que nos incorpore
y el cual incorporemos a nosotros.
 
 
II
 
Comienzo por abrir las jaulas
de mis pájaros más raros
despliego sus alas, les reenseño
el arte de volar, tan olvidado.
Abro la cárcel de todos mis talentos,
la cárcel de mi amor, esa ave rara.
Abro los cofres de mis alegrías,
vuelvo expertos mis dedos en cerrojos
 picaportes, aldabas,
en cadenas, grilletes, en esposas
alzo trampas, demuelo rejas,
corto amarras, libero
prisioneros de miembros entumidos.
 
 
Mi corazón transfigurado tañe
sus campanas profundas.
 
 
 
 
 
 
Certificado de nacimiento
 
 
En este pueblo delgado y azul
 nació una niña
junto con la primera luz del día.
 “Se llamará Rubí - dijo su madre entre sudor y cansancio -
 porque se ve que es poderosa
como los rubíes nacidos de la roca
y bella como los fulgores con que los rubíes responden a la luz.
De segundo nombre se llamará Teresita del Niño Jesús,
 como la santa francesa pequeña y quitada de bulla,
para que al mismo tiempo que poderosa
sea recogida y silenciosa. 
Teresa de Jesús no le pongo
para que no sea luchadora como la santa española.”
 
 Es hija de Florentina,
joven mujer de greda y de sol
que lleva hecha carne la sabiduría de la tierra.
Nieta de Eusebio,
hermoso dios de terracota,
 ángel de luz,
albañil,
 levantador de casas de barro,
 poemas de la tierra trabajada
 en cuatro paredes como cuatro manos unidas en alabanza.
 Ante mí,
autoridad civil representante de la República de Chile,
 queda inscrita esta niña nacida sin marcas, señales ni defectos,
como ciudadana del mundo, abogada de las causas perdidas,
en este día 20 de enero de 1930.
 
 
 
Presencia de la Rosa
 
Las rosas de tus manos
abiertas en mis pechos
la rosa de mi sexo
las rosas de la cara
las rosas en tu boca
las rosas del ocaso.
Tu sonrisa de rosa
la rosa de los vientos
los vientos en la rosa
las rosas de tu herida
tu herida abierta en rosa
la rosa desgajada
en la rosada seda
de un cielo en madrugada
la deshojada rosa
las rosas ¡oh! las rosas
que hay en todas las cosas!
 
 
 
Dolor
 
Cuando leí que antaño
la gente apedreaba a los míseros
y volvía contenta a sus casas,
sentí dolor por los míseros
y por los lapidadores.
Luego me alegré
porque ya no se apedrea
y los míseros tienen el derecho
a derrumbarse tranquilos.
“Día llegará en que reparemos
que están allí y les demos una mano”
pensaba yo,
montada en la esperanza.
 
 
En mi calle se sienta
una mendiga loca.
Los niños se detienen
y la observan.
Después cogen piedras.
 
 
Sobre el cemento,
estallan en cien luces mis lágrimas.
 
 
 
Madre
 
Tan ajena estoy de tus secretos
 
yo que te habité.
 
Tan lejana de tus venas
 
yo que te bebí.
 
Tan plena discurro por mi vida
 
sin sospechar que en el fondo de mí
 
tú me habitas y me bebes.
 
 
 
 
Cabellera
 
Mi cabellera
es una estación astral,
ella conoce todas las ecuaciones.
 
 
Cuando nace un sol
mi cabellera responde al parto:
sufre, goza y se ilumina de rojos azores.
 
 
Mi cabellera recibe
los mensajes más sutiles y oscuros
y si sueña, sus sueños robustecen
los tulipanes de algún planeta perdido.
 
 
Mi cabellera tiene información prohibida.
 
 
Conoce el lenguaje perfecto
y los números polidimensionales.
 
 
Ha visto los colores proscritos
y registró los aromas que enloquecen.
 
 
Mi cabellera es el libro de Dios:
nadie lo lea.
 

 

Ojos del Agua                   
 
Yo soy los ojos del agua.
 
Los dulces ojos del agua en el vaso.
Los ojos malignos del agua de piedra.
Los ojos perversos que arrastran,
que angustian,
que matan.
 
Los ojos que meten la calma en la piel
que dan transparencia a los huesos
que cantan
que sanan.
 
Yo soy los ojos del agua olorosa
que atrae
que tienta
que invita a quedarse.
 
Los ojos malditos
que paran la vida,
que aterran.
 
Yo soy los ojos del agua.

 

 
 

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