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- HOY QUE MUERE EN SU DOLOR
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- Unas décimas demanda
- Miguel desde su emoción.
- No le importa la canción
- que desde el corazón manda
- él pide la perla que anda
- de la ostra en su interior
- quiere la mano de Dios
- apoyada en la baranda
- donde ahoga su dolor
- l’avecilla picaflor.
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- Yo en ignorancia pregunto
- al buen maestro Miguel
- me diga si este “espinel”
- está parado en su punto
- o si le falta algún unto
- que se encuentre aprisionado
- entre cadena y candado
- eso es lo que yo barrunto
- porque naufraga en dolor
- l’avecilla picaflor.
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- Quiero aquí dejar en claro
- que sólo por complacer
- al maestro Don Miguel
- me subo en barco tan raro
- sobre cubierta me paro,
- miro el litoral lejano
- donde no alcanza mi mano
- y al corazón cuesta caro
- hoy que muere en su dolor
- l’a avecilla picaflor.
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- Nacerás sin haber muerto
-
- maldito de los dioses.
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- De qué te servirán las
fragancias,
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- de qué el diamante o el rocío,
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- de nada te servirá mi llanto
-
- rodado sobre tu hombro.
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- Casas de
Alegría
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- I
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- Es preciso
promover a toda costa
- el exterminio
- del régimen
carcelario,
- esa
aberración.
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- En casas de
cultura
- sean esos
muros convertidos,
- en escuelas,
hospitales, casas de alegría,
- lugares
deleitosos
- donde se
juegue ajedrez,
- se alcen
esculturas,
- se paseen los
violines y las violas
- y los pintores
levanten sus atriles.
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- Hay que contar
los barrotes
- las puertas
- los candados
- los grillos
- hay que contar
el aire irrespirable
- los dolores
- y por cada uno
de ellos
- es preciso
- plantar un
árbol que dé fruto
- que dé sombra
- un árbol que
nos incorpore
- y el cual
incorporemos a nosotros.
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-
- II
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- Comienzo por
abrir las jaulas
- de mis pájaros
más raros
- despliego sus
alas, les reenseño
- el arte de
volar, tan olvidado.
- Abro la cárcel
de todos mis talentos,
- la cárcel de
mi amor, esa ave rara.
- Abro los
cofres de mis alegrías,
- vuelvo
expertos mis dedos en cerrojos
- picaportes,
aldabas,
- en cadenas,
grilletes, en esposas
- alzo trampas,
demuelo rejas,
- corto amarras,
libero
- prisioneros de
miembros entumidos.
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- Mi corazón
transfigurado tañe
- sus campanas
profundas.
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- Certificado de nacimiento
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- En este pueblo delgado y azul
- nació una niña
- junto con la primera luz del
día.
- “Se llamará Rubí - dijo su
madre entre sudor y cansancio -
- porque se ve que es poderosa
- como los rubíes nacidos de la
roca
- y bella como los fulgores con
que los rubíes responden a la luz.
- De segundo nombre se llamará
Teresita del Niño Jesús,
- como la santa francesa
pequeña y quitada de bulla,
- para que al mismo tiempo que
poderosa
- sea recogida y silenciosa.
- Teresa de Jesús no le pongo
- para que no sea luchadora
como la santa española.”
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- Es hija de Florentina,
- joven mujer de greda y de sol
- que lleva hecha carne la
sabiduría de la tierra.
- Nieta de Eusebio,
- hermoso dios de terracota,
- ángel de luz,
- albañil,
- levantador de casas de
barro,
- poemas de la tierra
trabajada
- en cuatro paredes como
cuatro manos unidas en alabanza.
- Ante mí,
- autoridad civil representante
de la República de Chile,
- queda inscrita esta niña
nacida sin marcas, señales ni defectos,
- como ciudadana del mundo,
abogada de las causas perdidas,
- en este día 20 de enero de
1930.
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- Presencia de la Rosa
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- Las rosas de tus manos
- abiertas en mis pechos
- la rosa de mi sexo
- las rosas de la cara
- las rosas en tu boca
- las rosas del ocaso.
- Tu sonrisa de rosa
- la rosa de los vientos
- los vientos en la rosa
- las rosas de tu herida
- tu herida abierta en rosa
- la rosa desgajada
- en la rosada seda
- de un cielo en madrugada
- la deshojada rosa
- las rosas ¡oh! las rosas
- que hay en todas las cosas!
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- Dolor
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- Cuando leí que
antaño
- la gente
apedreaba a los míseros
- y volvía
contenta a sus casas,
- sentí dolor
por los míseros
- y por los
lapidadores.
- Luego me
alegré
- porque ya no
se apedrea
- y los míseros
tienen el derecho
- a derrumbarse
tranquilos.
- “Día llegará
en que reparemos
- que están allí
y les demos una mano”
- pensaba yo,
- montada en la
esperanza.
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- En mi calle se
sienta
- una mendiga
loca.
- Los niños se
detienen
- y la observan.
- Después cogen
piedras.
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- Sobre el
cemento,
- estallan en
cien luces mis lágrimas.
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- Madre
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- Tan ajena
estoy de tus secretos
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- yo que te
habité.
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- Tan lejana de
tus venas
-
- yo que te
bebí.
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- Tan plena
discurro por mi vida
-
- sin sospechar
que en el fondo de mí
-
- tú me habitas
y me bebes.
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- Cabellera
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- Mi cabellera
- es una
estación astral,
- ella conoce
todas las ecuaciones.
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- Cuando nace un
sol
- mi cabellera
responde al parto:
- sufre, goza y
se ilumina de rojos azores.
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- Mi cabellera
recibe
- los mensajes
más sutiles y oscuros
- y si sueña,
sus sueños robustecen
- los tulipanes
de algún planeta perdido.
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- Mi cabellera
tiene información prohibida.
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- Conoce el
lenguaje perfecto
- y los números
polidimensionales.
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- Ha visto los
colores proscritos
- y registró los
aromas que enloquecen.
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- Mi cabellera
es el libro de Dios:
- nadie lo lea.
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- Ojos del
Agua
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- Yo soy los
ojos del agua.
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- Los dulces
ojos del agua en el vaso.
- Los ojos
malignos del agua de piedra.
- Los ojos
perversos que arrastran,
- que angustian,
- que matan.
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- Los ojos que
meten la calma en la piel
- que dan
transparencia a los huesos
- que cantan
- que sanan.
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- Yo soy los
ojos del agua olorosa
- que atrae
- que tienta
- que invita a
quedarse.
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- Los ojos
malditos
- que paran la
vida,
- que aterran.
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-
Yo soy los ojos del agua.
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