Silvia Ethel Matus

Antología poética

 
 
Éxodo
 
He huido de sus territorios y
rituales circunscitorios,
me indigna su exactitud
al decretar la muerte,
me rio de sus cálculos
bancarios,
de sus miedos a perder
lo siempre mal habido.
De sus máscaras
de papel carcomido por la orina.
Si, ustedes,
banqueros
leguleyos
politiqueros
pastores,
y obispos condenatorios.
El poder me es ajeno…
¡Excepto cuando mi cuerpo estalla en un orgasmo!
© Silvia E. Matus.
 
 
 
 
Que te quedes.
 
                                                A mi amiga inmigrante
                                                                                             
 
Pido un deseo
a la fugaz y rutilante estrella…
¡Que te quedes!
con los peces solares
y las mariposas acuáticas
con los cafetos florecidos
y las lagunas volcánicas.
 
Aquí donde la historia
nos tatuó
muslos y senos
con pólvora y tortura.
En este “asco” de país
donde el milagro es que exista
                           la poesía,
y gente enamorada en los cines
y en los parques
después del cataclismo.
 
No hay raíces
quizás necesidades,
y mujeres fuertes
tejiendo la esperanza juntas,
y prisioneros condenados
a la soledad suicida,
y corruptos al lado del poder
riéndose de todos,
y multitudes con banderas de dignidad
marchando por las calles.
 
Así que pido un deseo
a la fugaz y rutilante estrella
…¡Que te quedes!
© Silvia E. Matus.
 
 

 

 
Tus huellas.
 
Busco tus huellas
en la lluvia florecida
en el bar de tus amigas
en el cerro vigilante
en todos los almendros
que habitan la ciudad.
En un abrazo tímido
y en un beso de prisa
quemándome el deseo.
© Silvia E. Matus.
 
 

 

 
¿Serías?
 
Soy la ostra
a merced de  tormentas marinas
entre sargazos
y amores derrotados.
Animal desorientado
confundiendo
un orgasmo
con el éxtasis místico.
(La divinidad
existe también entre las piernas)
Y vos mujer
¿Serías la luz
en la neblina?
¿y la neblina misma?
¿y la voz que llama a otra voz?
© Silvia E. Matus.
 
 
 
 
Otra vez
 
Otra vez sentir
y otra vez morir
Otra vez decir
y otra vez ser negada
otra vez atreverse 
y dejar la ostra
y otra vez
y otra vez.
© Silvia E. Matus.
 
 
 
 
Naufragio.
 
Flotan en el tiempo
tus sonrisas,
la caricia
en la oscuridad de un cine,
la esperanza
de unas manos
remontando mi cuerpo
en la penumbra de la madrugada.
Una noche en vigilia
abrazos
conjuro de soledades.
Pero no es suficiente…
Testimonio que la perfección
no existe
en mi esencia impura de poeta.
© Silvia E. Matus.
 
 
 
 
El caminante
                                               A mi papá Flaviano Matus
                                                                                 
 
12/03/2006
Un día el caminante detiene
su peregrino ritmo
y se aleja…
de los afanes cotidianos
de los sueños
y empolvadas angustias.
los demás quedamos
con la intensidad de su vacío
de sus palabras resonantes
su figura y su mirada.
 
Padre y madre nuestra…
murmullos
doloridos
contristados.
velas solidarias
pasan entre manos
que se juntan.
Cristos redimiendo
los humanos errores.
Al centro el ausente
su seriedad es de otro reino,
Santa María
ruega por él
virgen bendita
ruega por nosotros…
 
Los olores se prenden de la tarde
panecillos, tamales y sonrisas
y el caminante se aleja
en el rito de el agua y el mirto
y nos mira
desde sus soledad desamparada,
el naranja del ocaso
irrumpe la oscuridad del día
y arropa la silueta del ausente.
© Silvia E. Matus.
 
23 de Marzo 2006
 
 
 
 
Infectos de desamor
 
Infectos de desamor,
dejando rastro
de mutilados cuerpos
papagayos desplumados en las esquinas de la ciudad.
Máquinas tragamonedas
bolsas de supermercado
y el verdor del follaje.
 
¿Qué importa quien era esa mujer que
esperaba el autobús para llegar a casa y no llegó?
¿O el nombre de quien delira
el rostro de su amante ante la daga en la orilla de la noche?
¿O de la suicida adolescente con azucenas en el vientre?
¿O el loco sucio que sonríe con hologramas
y visiones?.
Infectos de desamor estamos
¿Quién podrá salvarnos de nosotros mismos?
© Silvia E. Matus.

 

 
 

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