Sergio Pravaz

 

Antología poética
 
 

 

 
saltar a ninguna parte
 
el poema no tiene cielo
como no tiene fondo ni altura para
saltar a ninguna parte
 
apenas si soporta el peso del mundo
vaya uno a saber cómo
 
está al corriente
de todas las novedades
pero los que valen
parecen puños
en la galaxia equivocada
 
dice firme en un tráfico de palabras
que no serán absueltas
 
es capaz de hurgar
en el orificio de la
cabeza de trotsky
hasta hallar esa flor de tamarisco
que aún respira
 
suele despreciar la rapidez
y sólo apuesta fuerte
cuando el viento se agota
y se retira
 
el poema no tiene cielo
pero sus mandíbulas
agitan la morosidad en esta comarca
 
acaricia la muerte y la vida
con la misma mano
 
duerme en ese umbral con los ojos abiertos
 
 
 
en el sur
 
¿pero si me abren el corazón padre?
seguro que sólo encontrarán palabras
 
las que callan para obtener
el favor de ese otro
que soy todo el tiempo
 
rara alternativa de meter manos
como quién hurga
             en un desierto y
ubica un oído una madera un viaje
o tal vez esa ventana
            para mirar el mar en cangrejales
y regresar encendido
 
¿pero dónde habita ese vértigo?
 
ese precario sitio de la victoria
más prodigioso
                 que la mirada de rimbaud
 
¿donde el desatino
cuya carpa es invulnerable?
 
más allá de la piedad y
los peces atrapados
 
de la emoción que promueve
al corazón para que aprenda
 
¿donde hay un puñado de ese hechizo?
 
en el sur padre...
                                   en el sur
 
 
que más
 
soy muchos y no soy ninguno
 
aún así mis sueños son
largos y no carecen de vigor
 
pienso que no me sienta mal
andar desprovisto de certezas
 
oler toda la bruma junta
soltar las almas que brillan
para que busquen
el sombrero de vallejo
 
o tal vez besarle el rostro a la tristeza
y que intente de una buena vez una sonrisa
 
¿disponer de un sitio
donde no quepan los panes
mal repartidos?
 
¿morir cada día
para alumbrar tus ojos
en la mañana?
 
pretender ser tantos
y al final encontrarme
con este que me habita
 
insisto
no me sienta mal
andar desprovisto de certezas
 
uno escribe que sueña
y apura unos pocos
poemas para mirar firme
 
que más...
 
 
 
paco urondo
 
él tomó una palabra
la acarició como a mujer
 
con un paño le sacó brillo
 
la miró como se
mira el sueño más querido
y supo que los sueños
jamás se equivocan
 
le avisaron de la herejía del olvido
le miró la cara
como quien mira
una soledad en la memoria
una ausencia de fe
 
descubrió que las lecciones aprendidas
no valen sin las tareas completadas
 
imaginó entonces un filo de toledo
sobre la garganta del torpe
 
y el torpe siguió su camino
 
no importa se dijo:
 
la belleza de la palabra
alumbra más
 
trae un mundo entre los ojos
y dice futuro en los lugares
donde nadie llega
 
dice para saber que
jamás nacemos
que la muerte no es real
 
que siempre estamos regresando
 
la palabra como la belleza
es un objeto sin dueño
 
tal vez acune todo aquello que no
somos capaces de nombrar
 
 
 
el gallo rojo
 
ey país...
 
¿es cierto que has
degollado al gallo 
en la mañana?
 
todavía tenés
la fiebre en la memoria
y la palabra ya no
quiere responderte
 
tu pobre esqueleto
parece un niño triste
al costado del camino
 
con tierra en las encías
y los ojos secos
de tanto lamer las costras
del destino
 
el tiempo ya no es
ese puñado de arcilla
en la mano diestra que soñaste...
 
bolsa de huesos que tirita
sin abrir la maravilla
ni el canto de un gallo rojo
que hinche el sol para que alumbre
 
ey país...
 
estás borracho
como el pájaro aquel de los
libros antiguos que siempre se duerme
sin alcanzar el hilo de la niña
 
¿cual será el surco
donde el colibrí chupará
nuevamente aquella fresca
para que el gallo abra los ojos?
 
 
 
perras las palabras
 
perras las palabras
muerden donde ellas quieren
 
a caballo de nadie
         queman el sol en sus lenguas
y dibujan
casas redondas y murmullos
 
apenas si sonríen
cuando intentamos embestir
 
 
 
cuando rueda
 
el poema pasa
 
acelera como las venas
de ese que lamió
la llave de sus secretos
 
habitado por chacales que cuando huelen
se ponen a bailar sumergidos
y con los ojos para atrás
 
el poema pasa igual
 
lleva en su mochila
el vértigo que agita el mundo
cuando rueda
 
 
 
trapo santo
 
-a las madres de plaza de mayo-
 
ella duerme con un pañuelo en la cabeza
 
¿un pañuelo?
 
corazón que ha mutado
del rojo al blanco
 
y la calle dijo  pañuelo
cuando era pañal
 
a veces pienso que el amor
sólo muerde sus deseos
en los tonos que apunta
el trapo santo de la memoria
 
duro como fusil
cuando arremeten
 
y tiernito como piel joven
a la hora en que uno sueña
que nada es como ahora
 
¡firmes y dignas!
como decía el general máximus
y embestía
 
 
 
salvador allende        
 
tenía un pañuelo
que le cubría la sombra
y unos lentes/
que carey
vamos a llegar como para
que después digan...
 
vio el salitre como
sonido de guitarra
en manos dueñas
         
los llanos enfilados
                        como un arcillero
que ametralla la catedral de los misterios/
la memoria adversa/el vértigo/el rescate
 
arañó la fisura
para colar el instinto y el cortejo
todos los sermones
de esa otredad
que no quita
y da/
siempre
 
fue un sortilegio
que no se encogió de hombros       
       
un curanto
masticado en los mismos anillos
de su honra
 
puro de un linaje que aún
muerden los tesoros
de las piedras calientes
 
cuando le robaron el sol
las palabras
se negaron a las cosechas
       
él rodó por un
penacho de golondrinas
para beber con los ciegos
tras la máscara
 
 
 
whitman
 
ahí está
 
corta madera
y el sol
se inclina a sus labios
 
le habla
 
pone la oreja en el tronco
y escucha mil caballo resacados
 
la maravilla se pasea
es un animal que no se arrodilla
 
atiza sobre la ignorancia
para que despierten los deseos
 
cubre con ramas las lágrimas
y encara el papel
 
el viejo whitman
aún no escribe nada
 
desnudo espera la lluvia
 
 
 
 

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