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Santiago Azar
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| Primera parte | ||
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Del libro: EL PEZ INQUIETO EL PEZ INQUIETO Me han llamado el mal nacido de todas las madres, el ateo que corre por fuera de las iglesias, uno de los más canallas en el corazón limpio y claro de mis damas, el estiércol vivo que danza por las calles, la melodía salvaje de las flores, el patrón de la soledad y la amargura, el patán perezoso de nuestra querida sociedad, aquél que ni siquiera un capital puede producir. De tantas formas me han llamado que casi termina en mi olvido. Yo sólo reconozco mi irreverencia ante el ruido feroz de la modernidad, mi aliento de huracán enfurecido, la capa fresca de mi corazón, mis ojos como dos fogatas ardiendo, mi cuerpo que no tiene dueña. Soy un irrespetuoso de las campanas del Domingo, indiferente a las reuniones de los señores, militante del viento y la marea, soñador de la mesa para todos. Qué nuevo puedo anunciarles! ustedes me llaman de tantas formas, el mal nacido de todas las madres! Yo sólo digo que soy Santiago Azar, el pez inquieto que está haciendo temblar la inmensidad del océano con todos sus marineros y habitantes. PROMESAS DE UN DESORIENTADO POETA Prometo ir a misa todos los Domingos, no lanzar eructos cuando almorcemos, no reírme de mamá ni de papá, usar la corbata hasta el tope, peinarme cada diez minutos buscando el orden. Prometo ser un abogado, honesto y eficaz, no orinar en la calle, pues es bestial. Ahora creeré en todos los santos de mi patria! Educaré a mis hijos en las monjas, me acostaré a medianoche, ya que es buena hora, le haré reverencias a los policías, me encantará hacer las filas de los bancos, hablar de moda en las reuniones, no diré garabatos a los mayores, tomaré a la poesía como pasatiempo, no como digno oficio; leeré menos pues enturbia la mente. Seré sincero en mis confesiones con el cura, usaré los zapatos lustrados y brillosos. Adiós a escupir en la calle! ( es ordinario ). Tampoco me dejaré barba, dijeron que parecía torpe. Dejaré la bebida como un vicio terminal. No miraré las puestas de sol, ya que es sentimental. Iré a las fiestas de campo, casamientos, bautizos, velorios. Desde ahora y hasta siempre mis promesas: Seré un chico bueno si es que me lo piden. El santo poeta ahora aparece. SOY POETA Soy poeta, ave de rapiña de todos los sentimientos, fruta fresca de los árboles nuevos corazón enterrado en la tierra, el escolar preferido de la vida, el golpe a la puerta cerrada con el pan y cena de todos los años. Soy una noche tan larga como la muerte, una guitarra sonora y sencilla, la herradura y el rastro de toda una historia. Soy parte hombre, parte universo; ojos con fuego de estrella y boca viajera como perfecto cometa. Desde aquí me presentaré a ustedes; soy poeta, discípulo de cada mano abierta, sueño despertando con el bostezo de la madrugada y un alimento recién cocido que destapa la mesa pobre de los hambrientos. HE AQUÍ TODO LO QUE SOY Y SERÉ POR SIEMPRE He aquí todo lo que soy y seré por siempre: No me creerás si te digo que soy un ladrón; amigo, tengo tanto regalos como una ronda de niños, un trozo de levadura para envolver el alimento. Sucede que mi nombre ha sido escrito para tomar por asalto todos los lugares donde crece la flor. En mi mano están las líneas de la suerte de los otoños y las primaveras de cada continente. Mi boca es la verdadera llama furiosa que termina con las ropas sucias de la hipocresía. El cielo tiene en mí la cura para sus tormentas; la tierra ha encontrado a su hijo y lo levanta como a una preciosa bandera. Si te digo que el amor está en la gota de un río, tendrás que creerme, pues es allí donde las arenas terminarán besándose como dos jóvenes amantes. En estas palabras, señores, que hoy les digo, deposito las monedas de la riqueza del alma, rosas finas y descanso para cada madre; señores, pido dignidad y decencia para la prostituta, oído y paciencia para los borrachos de los bares nocturnos; porque si te digo que desde ahora cruje la ceniza y vuelve a calentar la brasa del amor, tendrás que creerme y estirar tus manos para tocar el sueño del que te he hablado. CON CIEN PESOS EN LAS MANOS Otra vez la lágrima, de pie a cabeza me recorre la nostalgia, de las rosas doradas de nuestros ojos. Mis queridos compañeros, les pido que junten cien pesos en cada mano y levantemos dos cervezas, así un brindis de espuma y calor, desfilará como primavera entre los sueños. Volverán nuestras risas de tarde en tarde, los juegos y el caballo de bronce en el polvo; las historias jamás terminadas. Yo me traje de todos un poco, el tren desde Santiago venía despacio y no alcanzó a devorarse los recuerdos. Me traje tus camisas, Edgardo, tus botas que gritaban, Diego, tus páginas y revistas, Oscar; me traje toda una vida revuelta, porque éramos tantos y sólo uno. Fueron muchas las noches de sueños con versos perfectos, muertos que volvían de sus tumbas a saludarnos, porque la poesía nos conocía y nos besaba. Nosotros éramos un poema que quedó inconcluso. Volverán las cosas, las risas, los llantos, tras los años en una lejana puerta, ese dichoso abrazo de fuego; un amigo en la distancia: un lucero. Tras los años, en alguna puerta lejana, la propia juventud tras nuestras canas; tras los años en alguna casa lejana, con cien pesos en la mano y el eterno brindis de seis muchachos entre espuma, calor y sueños. OTRO Otro, otro cigarrillo para esta cruda noche de tumbas; otro cigarrillo, para subir por el humo tembloroso. La vida no tiene vuelta, entre estas paredes que dijeron, entre estos muebles que hablaron, como tantos platos y su silencio. La guitarra se me cae y cae, y el mundial infierno reside en mi oscuridad. El reloj me dice que no va el invierno y que el olor a lágrima seca está conmigo. Venga otro cigarrillo, otra copa, pues quiero ir al río del olvido, al caballo sudoroso de la derrota: Ya me canso, ya me voy, ya me muero. DE ROKHA AL ABORDAJE Desde la mutilada memoria del verso, desde un mal gesto o un alarido, la ira canta, canta y canta. Sabes, Pablo, yo milito en ti, por que desde tanta tumba donde no tienes flores, desde tanta ceniza de la propia vida, desde esa celda que te dio el aplauso te haces grande, gigante, monumento: El Pablo, terremoto de las luces, el Pablo, incendio de los cuerpos, el poeta, asesino de las comidas, el hombre, hombre de las mujeres, el amigo, primero de botella y abrazo. Aquí en el Maule, aquí en el Sur entre el caldo espeso de las longanizas, en la disparada subida caliente de las cazuelas, puerta por puerta, libro por libro, puerta por puerta, vacaciones en el pueblo en el pueblo! tu nombre ; aquí De Rokha, aquí en la víspera de la muerte. Me llamas noche a noche, disparo a disparo, Ay! la bala, Ay ! el gatillo sonó como campana y partió un poeta a discutir con Dios si el cielo es cielo o si el demonio tiene por apellido De Rokha. Ay! la bala, la pólvora; no se muere sólo de intentos, la muerte abraza sólo al imbécil, la muerte sólo anima a los tontos, quien vive, vive en el ladrido de los perros, vive en las alas de los murciélagos, en los senos de las prostitutas. Vives entero en la memoria. Yo no olvido, yo no sepulto. A bailar otra vez, Pablito ! La mesa está servida y sólo falta la boca hambrienta del padre, del poeta y del hombre de Chile. LOS CINCO NIÑOS DEL MAR Las encías de cinco niños están sonando en el mar, los castillos de arena en la orilla y las camisitas blancas que flamean cantando. Pequeños dientes sonríen con la espuma y la gaviota, corren sobre las olas como un barquito de papel que navega en el viento y en la boca del pan. Cinco niños tomados de la mano me hacen girar, cabellos rubios, morenos y corazones de manjar rodean a la vida con un canto de infancia azul. Allá viene la marea y su orquesta fatal, el pez ardiendo, la caracola desnuda, el rugido de cien ballenas cogiendo la ola. Allá viene la marea y una gota de sangre, el fondo oscuro, el llanto de la arena, la saliva de la luna que quedó dormida. Cinco niños corrieron hacia el mar, las camisitas blancas han muerto y han de esperar el ladrido de la noche para volver a tierra. CUANDO LLAMA LA POESÍA Cuando llama la poesía, cuando el grito desesperado del verso clama por mi sangre, sólo los muertos resucitan y me esperan pues de ellos es parte mi alma, es parte del soldado que aquí todos los días trabaja. Cuando llama la poesía, los muertos reciben mis besos porque también a ellos pertenezco. SILENCIO XIV ( La Náufraga ) Vas a ser mi náufraga porque destrozaré tu barca, te destrozaré chocando contra las rocas, te ahogaré por debajo de la luna. No dejaré siquiera una balsa para que respires un segundo. Respiro, y yo soy el mar que ahora te invade. Vas a morir despacio en esta noche de torbellinos, vas a desaparecer despacio cuando aparezca la tormenta, y mis relámpagos cristalinos, y mi boca como trueno, y mis manos como ventisca por tus rocas. Vas a ser sólo una mujer flotando en la inmensidad del océano, y el amanecer no aparecerá sin que nuestro fuego se apague: se apague con la sal de tus senos, las lágrimas de tus pezones, el llanterío de tu vientre y de tu piel. Vas a ser tragada por este pez inquieto, vas a convertirte en pez y esta vez yo seré el pelícano, no quedará nada de ti cuando resucites, difícilmente resucites. Vas a ser mi náufraga porque destrozaré tu barca, no existirán islas ni maderas; amor, sólo marea. Vas a ser mi náufraga y yo seré la barca hundida en tu cuerpo. MUJER DE FUEGO Les contaré que existe una mujer que me persigue en cientos de llamas. Me busca segundo por segundo debajo de su cama, en el jabón que corre por su cuerpo, detrás de cada puerta o encima de la luna. Morena, yo soy libre como una ola, tengo un corazón repartido entre muchas, mi lengua envuelta en quizás qué ropas, mi sangre en tantos cabellos ondulados o verás mis huesos derretidos en esas sábanas ardiendo. Mujer de fuego, no me persigas con tu amor de miel, no me sigas, muchacha, un beso no significa la eternidad del cuerpo entero junto a tu boca; un beso es un niño rebelde que arde en el musical latido de mis labios. No puedo negar que tu pecho atrae a los planetas; querida, me deslumbran tus ojos de niña y tu rostro como un espejo lleno de pecado. El amor corre de boca en boca y de mano en mano sobre el hombre y la mujer. Qué vale tanto acoso a las venas de mi corazón! Ha llegado el momento de desearte buen viaje y dejarte tan simple como una gota de lágrima, Adiós amor, no me sigas pues ya ha desaparecido el poeta en las rojas cenizas de la mujer de fuego. CANTO DE DOLOR Y MUERTE A LAS VIUDAS DE LOTA Llora chileno, llora de suelo a los ríos, porque nuevamente han vuelto los gritos a las calles. Hay sangre negra que se comió el mar, hay picotas que se quedaron liquidadas en la batalla, a las palas les cayó una guillotina de oscuridad y espanto. Fueron veinte, veinte soldados de la jornada, cuarenta brazos que levantaban el sol y lo escondían como tesoro en la minas. Fueron veinte las sonrisas que se acabaron, y son millones los ojos que se derrumban. Otra vez, otra vez, la muerte te alcanza en la victoria, en la victoria del sudor y a las manos desnudando la roca. Otra vez, otra vez, la lágrima se levanta como bandera. No llores mujer, porque el minero ya vuelve, no llores madre, pues tu hijo bajará a la mina a buscar los huesos de su padre con una risa y silencio. No llores Lota, porque piedra a piedra, carbón a carbón, hoy quiero subirte a los caballos del aplauso. De pie, viuda! Aún no acaba la miseria, aún te queda ese trozo de tierra que arrancaste al Sur de Chile. Canto de dolor y muerte, de pupilas disparando terror es lo que hoy se me viene a la mente, pues se me cayó un territorio de corazón que tenía en ese peón del castillo de uvas de piedra. Ay! viuda, promete que dejarás que bese, promete que me traerás a tus niños, para recitarles mis versos más tristes. Me ha recibido una bala de carbón tras la cabeza. Sabes chileno, sabes sureño, fueron veinte y cien los que regresaron de sus tumbas de años; fueron veinte los que aquella tarde jamás regresaron con el pan a su mesa. Fueron ellos los que dieron el beso en la mañana a las hermosas mujeres de sus sueños, para dar el último regalo de sus vidas. CUANDO EL MAR TE REGRESE A Cecilia Cuando el océano respire hondo sobre tu alma, y la luna recoja el tesoro que dejaron tus ojos sobre la tierra, Ay! subirás las escaleras con tus libros bajo el brazo y entrarás a una biblioteca a conversar con la sabiduría, volverás a ser tú la misma muchacha del cabello caído, la que partió al fondo del mar a encontrar una caracola, la que obsequió la vida repleta de luces en kilómetros de arena, y en tu casa la madre se pregunta a veces por qué, por qué la niña liberó su dulce corazón en la sal del mar. Ay! yo no sé, sólo desde mi mundo te ofrezco flores, ofrezco mirarte aparecer en las noches como una sirena, prometo sentarme en la arena, amiga, y cantarte fuerte, para que reconozcas esos días reunidos bajo la tarde danzando en la espuma furiosa de un licor. Prometo sacar la sal del océano para verte entre las olas y que tus cabellos sean cada alga que las aguas nos regalen. Amiga, envíanos besos y abrazos a través de la espuma, envíanos tus manos en las plumas de una gaviota, tráenos tu aliento fresco debajo de alguna roca, porque aquí te estaremos esperando, yo a lo lejos, tu madre con una mesa repleta y recién servida, aquellos compañeros con un almuerzo en el casino. Amiga, todos te regalamos un suspiro que te trae nuevamente: tu bolso sobre el hombro, tu mirada de primavera, tus pasos que quedaron marcados para llegar a la vida. Amiga, aquí te esperamos, todos los vivos y los muertos, cuando el mar te regrese y diga tu nombre muchas veces, cuando el mar te regrese y hagas flores con tus sueños. SELECCIÓN DEL LIBRO: CANTO A LA COLORINA Y OTROS POEMAS RECADOS PARA LA MUJER DE LOS INVIERNOS Aquí, hoy, en la desesperación de los inviernos, me recuesto a tu lado, mi mujer de secretos y llamas. Quiero sembrar en tu pecho los besos del tiempo y en los veranos venideros recoger el trigo en este lecho. Ya sé que deseas que tu nombre lo pronuncien las gentes, que cuente del inagotable camino que cruzamos, mas yo te pido silencio y que sólo cante el susurro en la oscuridad, sólo quiero tu voz de campanas para mis rudos oídos, sólo quiero tus piernas como árboles fijos en mis manos, porque me ha despertado toda la lluvia que traes a cuestas, ese aguacero que revienta por la lengua, ese trueno que destapas en un grito a las estrellas. Pero te pido silencio, para que cerquemos nuestro pequeño país, para que cerremos las puertas al extranjero y vivamos las multitudes de este universo en el barco veloz y rotundo de tus labios. ROJOS TUS CABELLOS Bajo tus cabellos rojos como sangre de dioses quiero ahogar este último aliento para que seas océano y tragedia y mis dedos se pierdan como un niño muerto en la soledad nocturna de las arenas. Bajo tus cabellos rojos como sangre de dioses el paladar de la hermosura saborea mi cuerpo, lo revive centímetro a centímetro, lo conquista como a un río virgen. Porque si tuvieses más largos esos relámpagos rojos que nacen y mueren en tu cabeza, los dioses bajarían a recuperar su cabellera o tal vez sólo tus ojos porque las estrellas ya han reclamado su brillo. Por ahora me conformo con estas llamas que desatas en la punta de los soles, me conformo con este nido donde pierdo mis dedos inocentes, pero donde gano la entrada al paraíso. TU VESTIDO VERDE De tu vestido verde sacaría todos eso botones y te sostendría el cuerpo a cambio sólo de besos. Porque nadie sabe de tus dientes que son pétalos escogidos ni que por las calles vienes dando orgullo a cada avenida. Para mí nada más que mirarte siempre a lo lejos, pero pensando en bailar contigo sobre las estrellas. Recordarás las pasajeras cosas, amiga, recordarás el dominio pequeño sobre tu pecho, que fui yo quien derramó los labios en tu carne y quizás cuando esté sentado en la noche de las canciones, me refresques este dolor sólo con la sinfonía de tu aroma. Yo no te pido nada más, mirarte siempre de lejos, como el pájaro enfermo mira el vuelo de sus compañeros, como un caracol que entra en la oscuridad de su propia suerte, como si fueran los años tantos, pero no conocemos los siglos. Yo no te pido nada más, los deseos se me fueron muriendo en una carta muda, los alientos y besos se me cayeron en la ceniza de las cenizas, sólo te pido que alguna vez, en tu camino de reina y mujer, vuelvas conmigo en la hora de los labios, mostrando a los ojos del viento, la hoguera de tu cabellera y la delicada caída perfecta de tu vestido verde. NOS AMAMOS EN UNA BICICLETA Ayer tú y yo, en un solo beso para la vida, en el amor que nos conoció a los quince años y yo pedaleando para un nunca llegar tarde a tu corazón. Fuimos nosotros los que inventamos el beso en una bicicleta, la edad de las miradas con un cuaderno en la mano. Fuimos nosotros, los que sin respirar, nos cansamos de viajar; y ayer, sólo ayer, las calles dicen: Allí van, son ellos!, pero fue tan rápido que pedazo a pedazo nos despedimos. Tú y yo, querida, ahora quizás dónde, dónde volveríamos a rodar, dónde volveríamos a comandar dos ruedas como a un barco, dónde volveríamos a conquistar los mundos con un sueño. Eso no m importa, porque en mi memoria tengo un niño despierto, llevo a ese revoltoso quinceañero en los dedos del alma, tengo aún, esos años diminutos como zapatos de liceano. Entonces, será a las siete, te pasaré a buscar como cochero, subirás en mi caballo veloz con rayos de aluminio, dispuesta a saltar a la gloria al besar cada calle, recostándote en cada parada para retomar las fuerzas. Entonces, será a las siete, cuando llegue a tu casa, salgas a recibirme como ansiosa de la nueva carrera. Entonces, son las siete y recuerdo tu mano en la mía, riendo del pedaleo en mañana y tarde, cuando nos amamos en una bicicleta sobre la vida, cuando se me vienen los quince felices años, ahora que son más, sin bicicletas ni sueños. LA PANTERA DE BARRO Eres una pantera de barro fresco, ansiosa de carnes rojas, hambrienta de vapores. Morena mía, me has rasguñado tantas veces los deseos que contigo la noche se prolonga como un verano, una estación de sudores que se hacen ríos, y allí nadamos y te tomo de las piernas, y la acrobacia del amor aparece como si fuéramos trapecistas, donde el vacío sería no responder al llamado de tu pecho. Eres una pantera, mujer, en esta selva que no conocemos, sólo sabemos que todo debe valer un instante, pero insistimos en hacer eternos los dedos que se detienen en estos caminos. Ven, amiga, así como un animal desatado, ven furiosa como si hubiese herido tus crías, ven a esta noche donde las estrellas son de fuego, ven, amiga, con la pantera de ojos negros que eres, porque hoy seré tu cazador, con mis disparos de manos, hoy te domesticaré justo cuando claves una de tus uñas, para que luego quedes ronroneando el cansancio en los océanos que derramaron estos besos.
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