|
Susana Reyes
|
||
| Antología poética | ||
|
Cuenta regresiva
The
advantage of a bad memory is that one enjoyes several
times
the same good things for the first time.Friedrich
Nietzche
Chartres
El camino es el
mismo
Una y otra vez
Voy, regreso, voy,
regreso
Entro y salgo por
las mismas paredes
mi
pie es el sabio
mi
espíritu retorna al singular origen
y
trato de leer la historia
en
la infinita biblioteca de sangre
donde
voy, regreso, voy, regreso.
Ariadna de pie e
impaciente
sigue
mi viaje
el
Minotauro ahora es sólo un sueño.
Por más que lo
intente
mi
búsqueda es arado inútil en el fango
donde
voy, regreso, voy, regreso
la
tregua es un animal desconocido
que
hace sombra en mi cuerpo
El camino es
ancho,
la
lectura del pasado es garra hincándose
en
las entrañas
en
vano exprimo las hojas palpitantes
el
pasado es cicatriz, apenas sombra de la vida,
legiones
silenciosas marchándose
mientras
voy, regreso, voy, regreso
como
la criatura inquieta
como
la sabia, la curandera
la
pitonisa eterna.
Camino de Santiago
Quizá volví tantas
veces a tus fuertes
y
lloré el desencanto de los pasos
que
dibujé descalza
Quizá hoy mis
venas no comprenden
la
razón de desangrarse
la
muralla, la calzada, el alcázar
el
perfil de tantas vidas marchando dentro.
Tal vez no deba
cruzarte de nuevo
o
llevarme esta vez la historia a medias
o
dejar esta piedra en su origen
y
no buscar la cruz que me avasalla o avasallo.
Olvidé quién soy
en esta tierra
y
mis pies son cómplices de la búsqueda.
Antes de llegar
hube perdido
la
paciencia, la humildad, la sencillez.
Aquí aprendí que
los caminos
retroceden,
que
para saber andarlos
hay
que desprender la memoria y las cicatrices del cuerpo
dejar
libre el alma
ella
sabrá ordenar y recordar.
Recuento de daños
III
Me duele tu nombre
y
los pájaros de la tarde
lo
recuerdan como al mejor de los lamentos
No sé cuando
aprendieron a cantarlo
si
son los mismos que cada tarde
quiebran
la mudez de los parques.
Camino y las
calles saben a tus ojos
a
esa ausencia interminable
que
he inventado.
no
tengo excusa para llorar,
ni
siquiera una razón pactada
para
exigir tu regreso.
Marcharse es
borrar la historia
que
la piel ha grabado
sin
permiso y sin miseria
sin
motivo aparente
como
llamas de hielo
perforando la risa o la
mueca
que
mi boca remeda.
El día es la
dimensión interminable
el
encuentro, la comunión y la soledad
al
mismo tiempo.
Cada amanecer
hiere más que el sol
que
se marcha por las noches
porque
me ofende
con
la esperanza
y
yo sólo sé mojar estas hojas
que
el día seca así por así
como
retándome a olvidarte.
VI
Podés
dejar todo
pero
llevate la memoria
para
que el escándalo de sol
me
encuentre en total transparencia
y
no deba contar a nadie del pasado,
así
me evito la tentación
de
recordarte y llorar
porque
no cabrás en mi transparencia
y
no sabré más
de
cataplasmas para el dolor de alma
La memoria es la
única
maleta
frágil
que
no puede sufrir registros
en
los aeropuertos o estaciones.
Quizá valga la
pena que la lleves
tal
cual
ingrávida en las bolsas,
lo
demás puede quedarse
pues
sin vos perderá la trascendencia
serán
objetos
objetos
sin nombre, sin pasado, sin olor
que
me obligue a sentir, guardar
o
alterar lo que quede de tu ausencia.
XIV
La calle roba las
heridas
las
contamina de gente,
de
otras heridas.
Allá, debajo de
las barandas,
la
primera, nunca mortal,
se
lleva lo que fui desde entonces,
me
lo devuelve en otra piel,
y
ante este espejo la dimensión se inflama
duele,
se retuerce y me apretuja
La otra herida,
certera,
infinita
se
extiende por la calle
se
pega a mis zapatos
me
persigue con las sombras
y
me susurra, me canta melancólica
de
esta piel ya libre de su filo.
De las otras supe
que venían detrás,
desprovistas de olores,
supe
que con el peso de los años
tenían
color de ruidos viejos
y
aprendieron a esconderse en mis ojos.
Estas me guiaron
al camino
me
devolvieron a este callejón
donde
me devoran felices
y
me cuentan de otras,
de
las que ciertamente nunca supe.
Historia de los
espejos
Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada ahí es tu destino
mas
no apresures nunca el viaje
Constantin
Cavafys
Historia de los
espejos
I
Para doña Martha
Sutter de Selva
Esperé a Ulises
cada tarde
alerta,
fiel, con mis aves resueltas.
Me senté en el
viejo umbral
a
deshojar el horizonte.
Los tejidos
ablandados por las lágrimas
se
desanudaban solos
en
una rutina feliz e incierta
No sé si él supo
de abismos,
de
oscuridades o silencios,
pero
el corazón me guió
cada
noche hasta sus pasos.
Me ahogué con él
y
mil veces me arrastró el viento
en
los desiertos.
Gané el hambre y
las fiebres
el
nudo en la garganta
al
que se ató cada noche
para
no saltar al vacío.
Y caminé con él
mas
nunca supe que sus pasos
huían
de mi Itaca,
que
quemó sus naves
en
el primer puerto,
que
se escondió en los espejos…
Pero él no sabrá
de las dimensiones,
que
camino con él
que
lo veo irse y volver cada noche
en
este espejo
que
sigo tejiendo.
II
Cayó despacio el tejido
y
sus hilos mudos y húmedos
se
quebraron.
Hubo dolor
inexplicable
Un perdón simple
insuficiente
un
espejo retratando al sol que era mi cara
y
la cara de todas aquellas
que
en balde amamantaron los días.
III
El pie certero
o
la ficha marcada,
la
salida del dédalo
hecho
de noche y llanto.
La llave sin el
listón cambiado,
el
ladrillo falso, la máscara
la
alfombra, el sortilegio,
el
pasadizo de hueso y polvo
el
acertijo, el espejo…
la
sangre fría o las venas de piedra
Dámelos
porque
duele el alma y
muere
un poco en cada intento.
Ulises
Nadie te enseña a
volver
te
quedas ahí
esperando una corriente
que te lleve
sin
saber a qué playa
y
regresas a otra orilla
que
te cobija y alimenta
y
olvidas el camino
en
el sueño que no vuelve
eco
impreciso en tu latido
eco
triste
ajeno ya
imposible
sin
nombre
No se sabe volver
a
donde nunca se ha ido
Ítaca Detrás de su huella se borró el camino. Lejos de sus ojos, la Ítaca olvidada floreció de una eternidad transparente su dimensión ahora es otra quizá la mentira crea la felicidad. Ulises sigue vagando triste No saben nada los caminos de aquel que borró su huella. Ítaca no lo recuerda ya no tiene su aroma en las laderas ya no florece de amor para sus ojos. Dicen que después de sus batallas lloraba por aquella casa hoy escondida en sus pupilas El camino incierto y pobre frente a su grandeza le hizo olvidarla. En otras aldeas de espejo dejó su estirpe. Los pasos rotos no sangran lejos de los espinos ni añoran ya los otros pasos.
|
||
|
||