|
|
-
- Hacia El Poema
-
- Las manos desatadas
por un soplo inhumano
- regresan en las
noches, las auroras, los días,
- ánforas que
trasnochan sobre láminas frías
- y fiebre que congela
sabores del verano.
-
- Las sílabas secretas
todavía se esconden
- para encontrar
senderos de antiguas lejanías,
- amarillas
distancias, viajantes melodías
- que en el papel
preguntan y en el papel responden...
-
- Continúa el
silencio, los ritmos y las pausas
- y los vientos de
otoño son vientos y son causas
- a través de las
noches, las auroras, los días...
-
- Y siguen las
palabras muriendo y renaciendo,
- los pensamientos
rotos que el viento va tejiendo
- entre estas
estaciones que no vienen vacías...
-
-
-
- Memoria
-
- Todo es presente
ahora: mis ojos desatados
- pueden ver la
penumbra del cielo en este instante,
- y en ese cielo
inmenso, frío, extraño, distante,
- vuelan aves de
siempre sobre sueños pasados.
- Otras calles
retornan y es presente en mis labios
- que besan las
siluetas de los que ya han partido:
- los niños de otras
tardes y el viento conmovido
- que trae de la
iglesia su aroma de incensarios,
- y las beatas señoras
musitando oraciones
- y el abuelo en el
patio cantándonos canciones
- y las lentas
campanas de las cinco doblando.
- Las calles
imprecisas retornan al silencio
- y ese cielo de ahora
que sufro y que presencio
- comprendo que es de un día que
existió no sé cuándo.
-
-
-
- Memoria y Distancia
-
- La casa de los abuelos
- tiene las paredes blancas,
- altas paredes antiguas,
- antiguas paredes altas.
- En los árboles del patio
- se da el mango y la campana,
- abajo, una fuente llora,
- viejas canciones de agua...
-
- Vuelvo al ayer y respiro
- calor de tejas soleadas
- y escucho el mar en la calle
- y las gaviotas del alba...
- Vuelvo al ayer y me encuentro
- besando sombras sagradas...
-
- La
casa es casi la misma,
- su olor, sus
puertas, su patio,
- su luna al anochecer
- y al amanecer sus
pájaros.
- Pero es distinto el
silencio
- porque no es
silencio humano,
- es la callada
noticia
- de la soledad de un
ámbito...
-
- Ya los seres han
partido:
- de ayer solo queda
el viento
- y en el viento algún
latido
- y en el latido un
recuerdo
- y en el recuerdo mi
infancia,
- la vida con los
abuelos,
- su risa, su voces
blancas,
- sus corazones
inmensos,
- y sus cabellos
hermosos
- blancos de harinas y
sueños,
- y sus manos en mis
manos
- y sus besos en mis
besos
- y mi hermana en la
ventana
- o correteando o
durmiendo,
- y mi madre cocinando
- el pan en el horno
viejo.
- Y el bullicio de la
gente
- y las campanas del
pueblo,
- y todo aquello que
fue
- que hoy solo existe
en mis sueños.
-
- ¡Qué inmensa la
soledad
- y más inmenso el
silencio!
-
- Cuánto soy en este
instante,
- cuánta memoria y
distancia...
- Una sombría dulzura
- ha envuelto toda la
casa...
-
- De pronto, cae la
lluvia,
- y se humedece mi
alma...
-
-
- ***
- Puntos de luz recorren la
grama,
- el viejo sillón verde
- que da hacia la ventana
- está mullido y suave
- y el viento levanta
- las ligeras cortinas hasta el
cielo.
-
- La puerta de la habitación
- trae sonidos del pasado
- y casi puedo escuchar
- el frío de los árboles
- que chocan entre ellos.
-
- Ayer las tinieblas lo invadían
todo,
- pero este día es diáfano
- como el ala luminiscente
- de un insecto de otoño.
-
- ***
-
- Hay una escena frente a mí:
- pájaros de la noche
- se posan en el marco oscuro
- de una ventana roída,
- dan un espectáculo frío,
- se comen las entrañas
- con sus picos de hierro
- que ellos mismos forjaron.
-
- Sus voces se caen
- como gotas muertas
- sobre dos cauces negros.
- Olvidan su forma,
- su antiguo color
- y su antigua música;
- exhalan un vaho terrible
- y desaparecen.
***
- Un día desperté
-
había
- sobre la tierra enmohecida
- una serpiente larga
- del color de las ciénagas,
- la tomé por la cola:
- estaba muerta.
-
- Esa noche soñé
- con un campo de trigo
- que mecía el invierno,
- con una casa blanca de madera
- y dos siluetas entre la
neblina.
-
- Una de ellas se fue,
- pero la otra,
- al cruzar el umbral
- se perdió con las sombras
- del invierno.
-
-
-
- Crece Mi
Corazón
-
- Me encuentro
algunas veces con la vida:
- me mira hasta
tocarme con sus voces.
- Voces de sombra
y sol, voces perdidas
- que emergen de
la noche.
-
- Tocan mi corazón
desde su lumbre
- con un fuego que
quiere ser caricia.
- Llenan mi
corazón hasta tornarlo
- un himno de
ceniza...
-
- Me encuentro
algunas veces con el sueño
- y me inunda de
rosas el pasado.
- Ahí mi corazón
es un destello
- sin nombres ni
legados.
-
- Me encuentro
algunas veces con la muerte
- y es un triste
silbido en el silencio.
- Un íntimo sonido
donde vuelve
- la realidad al
sueño.
-
-
- Me encuentro
algunas veces con la muerte...
- Me encuentro
algunas veces con la vida...
- Todo es igual y
todo es para siempre
- en esta circular
polifonía.
-
-
Realidad
-
- Cuando nos vemos
solos y el cuarto donde estamos
- nos parece tan
frío, tan lleno de humedad,
- siempre nos
enternece soñar con lo pasado
- y buscar la
celeste flor de la inmensidad...
- Y nos vemos los
ojos, infantiles y puros,
- y nos vemos las
manos cargadas de caricias,
- y el jardín del
hogar es grande como el mundo
- y es hermosa la
noche y es extensa la vida...
-
- Que tristes son
las horas de esta tarde en mi alma:
- se caen las
palomas de su rumbo en el cielo,
- no hay astros
suspendidos en la profunda nada,
- mi voz es lluvia
lenta que humedece mi anhelo...
- Cuánta mar que
se aleja perdido en mi nostalgia
- y cuánta playa
oscura, monótona y desierta...
- Qué tristes son
las horas de esta tarde en mi alma...
- Cuánta voz en la
sombra... y cuántas aves ciegas...
- Estos días no
dicen de mi eterno cansancio,
- no dicen del
silencio donde mi voz se esconde,
- solo hablan del
olvido con sus lentos letargos
- y del rostro al
que le hablo por siempre y no responde...
-
- Hablan de
invierno oscuro, de vientos que marean,
- hablan de luz
herida por puñales de hombre...
- Nada dicen del
canto donde mi voz es bella
- y del sol que,
aún niño, vuelve a decir mi nombre...
- Cuando nos vemos
solos que triste es descubrirse
- con los ojos
ausentes mirando el horizonte..
-
-
-
-
El Último
-
-
I
-
-
Una figura errante
camina en la incerteza
-
nadie lo reconoce,
es un eco maldito.
-
El pasado se torna
parte de su belleza
-
y se esconde en la
grieta que dejaron los siglos.
-
-
Camina sin ser visto
por los ojos que observan
-
un horizonte gris
que se repite siempre.
-
Fantasmales siluetas
dominan las aceras
-
y él las llama a
todas y nadie se detiene.
-
-
El camina desnudo
por un sendero hermoso
-
lleno de
transparentes y lúgubres espectros.
-
Tiene una
indescifrable expresión en el rostro.
-
-
Se descubre de
pronto parte de su silencio
-
y vuelve su mirada a
su fatal destino.
-
La canción del
olvido late en su pensamiento.
-
-
-
II
-
-
Imposible se vuelve
la canción del olvido
-
junto a la niebla
fría que se forma en su calma.
-
Imposible la gota de
rocío que cae
-
sobre el gélido
invierno que se interna en el alma.
-
-
No se escucha el
gemido de su lucha inminente,
-
tampoco el de la
sangre que se ahoga en el agua
-
el color del abismo
que se pierde al poniente
-
ni el inmenso y
severo clamor de mil campanas.
-
-
Solamente la verde
oscuridad del bosque
-
bajo algunos
gorriones que suspiran al alba
-
se queda junto al
viento presintiendo presencias
-
de seres que se
posan en las frondas más altas.
-
-
Imposible se vuelve
la canción del olvido
-
cuando la marcha
fúnebre de la aurora no pasa.
-
Imposibles las hojas
del otoño ya ido.
-
Imposible el
silencio que llena la mirada.
|
|