Rodolfo Naró

 

Antología poética
 
 
 
 
Declaración de fe
 
Sufro, con ese dolor tan grande,
Como si lo causara la muerte de mi madre.
Hace cuántas flores que no te veo,
Te espero, todo el día, desde ayer en la noche,
Desde antes de que ayer oscureciera.
Yo quiero la libertad del que vive atado,
Caminar cogido a tu falda como niño de tres años,
Decirte frases ricas, jugosas para alimentarnos,
Calientes para cuidarte de tu noche y su espanto.
Las palabras que no te diga hoy
Mañana te las iré silbando,
Guárdamelas en tu oído, recuérdame repetir:
Te amo tanto.
Arrúllame como huérfano de pecho
Que mama anda buscando.
Mi casa aún es la tuya y tu cuerpo es mi palacio.
Quiero vivir contigo, ensartado, como la aguja en el ovillo
Entre tus hilos, ser guía que amarre el botón de tus sentidos.
Que vuelvas conmigo, que seas mi vientre y yo tu hijo,
Llevarte a donde no conozco, a donde nunca fuimos,
Y ahí decirte todo lo que ya te he dicho,
Otra vez, los versos que aún no escribo.
©Rodolfo Naró
De: Amor convenido
 
 
 
 
Me duele el silencio
 
Me duele el silencio que me rodea,
La noche fría que me espera,
La luna llena que me espía
Y el latir de mi corazón
Que me recuerda que estoy con vida.
 
Me duele la piel, las manos,
El vacío de mis brazos;
Esta oreja melancolía,
Quererte con las ganas
Y perderte con el alba.
 
Me duele tu risa y mis recuerdos.
El aire que respiro,
La amargura que transpiro;
La noche, el día, el sol y la lluvia.
La música cuánto me lastima.
 
Me duele cerrar la puerta,
La costumbre de tus caricias.
Este amor
No correspondido,
Ya imposible,
Ya olvido.
©Rodolfo Naró
De: Amor convenido
 
 
 
 
Mi casa
 
Si las camas se miden por almohadas,
Necesito entonces un par, para abrazarte en la madrugada.
Necesito un refrigerador más grande,
Con nevera sin escarcha, para congelar tu recuerdo
Y poco a poco alimentar mi esperanza.
Necesito un baño con tinta para ahogar mis lágrimas;
Y una alfombra grande, para revolcarme de lado a lado,
No sentir el frío del piso, de tu retrato y su mirada.
Voy a comprar cortinas grandes, ahiladas,
Para estar en penumbra, aun para la mañana.
¡Qué descaro del sol! Nadie lo invita pero se adueña de la casa,
Todos los días llega sigiloso de madrugada.
Necesito pintar paredes, cambiar cuadros, redecorar la sala,
Que dejen de platicar el viento y la ventana,
De hacer el amor llaves y chapa.
Necesito calefacción para este frío de matemáticas,
Para suplir el calor de tu entrepierna, viva como brasa.
Necesito empezar por cambiar la cama, la cabecera de cristal
Que aún tu imagen refleja y mi lucidez engaña.
Necesito también cambiar las sábanas.
©Rodolfo Naró
De: Amor convenido
 
 

 

Lecciones de agua
 
Busco la orilla de tu pecho
A nado sostenerme en el estanque de tu pecho.
A veces te confundo con el agua de los vientos
Rápida como la luz también viajas del cielo
Y estoy esperándote como el niño al tiempo,
Cuentas los segundos gota a gota,
Lagrimal gotero de tus ojos desvelo.
La brazada no me alcanza para llegar a tu cuello.
Es un mar de olas quietas tu vientre de espejo
Donde me miro y me desconozco,
Es mi otro yo que te está queriendo.
A nado me acerco,
Emerjo de entre tus piernas para sobrevivir,
Necesito el aire de tus cabellos,
La sal de tus labios para flotar al primer intento.
Me busco en tus ojos, me sostengo de tu nariz,
Pero cierras tu doble universo
Y otra vez quedo náufrago, sin puerto.
©Rodolfo Naró
De: Árbol de la vida
 
 
 
 
Árbol de la vida
(Fragmento)
 
Descubriendo los inicios de mi espíritu
Brotas. En ti, comienzo.
J. Pablo Vasconcelos
 
I
 
Quiero morir con una muerte ajena
La tuya, la que tienes que vivir,
Se esconde tras de tus ojos
Y a diario ve desde tu mirada.
Abre tus manos, mírate en mí,
Como yo te estoy viendo.
Somos mitades
Que se funden avanzada la noche
Cuerpos encontradizos
Que tiemblan con el soplo del aliento.
Tierra fértil donde nace la vida
Cada noche que muero dentro.
©Rodolfo Naró
De: Árbol de la vida
 
 
 
 
II
 
Eres habitación vacía con puertas paralelas,
Espacio que respira el aire de la luna,
Sin gravedad, a donde llego cada noche
Y muero con la muerte que quieres darme,
Dentro de ti, de tu espacio;
Cierras las puertas con dos filos enrojecidos,
Quitas más de lo que has dado, me cortas en pedazos,
Me arrancas el oxígeno en breves espasmos.
Soy tuyo, tu cansancio, tu vientre de piedra,
Cimiento de los años, raíz de mis pensamientos,
Te sé como a mis manos,
Te subo como a un árbol.
©Rodolfo Naró
De: Árbol de la vida
 
 
 
 
Todos tenemos un sueño.
 
El de la lágrima es llorar,
El del árbol es crecer, donar sombra.
El viento delira por alas
Y a la humedad le encanta mojar a las muchachas.
La música respira con la pausa,
Mientras el tiempo sin pasado
Sueña cuando el niño rueda una canica
Y el niño siempre que cae se levanta.
No dejamos de soñar,
Aunque a veces el sueño nos gana.
©Rodolfo Naró
De: El antiguo olvido
 
 
 
 
 
Muerto no sólo es quien no respira
 
O alguien que sepultan bajo tierra
A quien olvidan.
Morir es más que un último deseo
No esa luz al final que apenas vemos
Ni el corazón inmóvil
Ni es la herida la que mata,
Es el silencio.
Criminal no sólo es quien asesina
Culpable también el que abandona.
Muere la palabra en los labios,
Matamos a quien queremos
Y hasta nosotros
Somor muertos que sin saber vivimos.
©Rodolfo Naró
De: Árbol de la vida
 
 
 
 
Hay palabras que no se pueden escribir
 
Se dicen en el momento justo, al oído,
Húmeda voz que se confunde con el vaho
Que eriza el cuello.
En silencio delgado, tan hondo
Que ni el abismo de la entrepierna
Es igual de infinito.
Busco la frase que diga lo que por ti siento
El verbo que describa el amor.
Pero son tan gastadas las que tengo.
Cómo decir que eres
Mi justo equilibrio.
Hay murmullos que mueren
En los labios si otros apenas los rozan
Y muerden y succionan y los llevan tan adentro
Que las palabras buscan otros caminos para llegar.
©Rodolfo Naró
De: Árbol de la vida
 
 
 
 
Acostada eres un cielo en reposo,
 
Tu sonido es de cuerdas,
En tus párpados hay notas,
Risas de pianos se asoman por tus ojos.
Sonata de pájaros en fuga.
No necesitas decirlo
Pulsas músicas al moverte.
Si te distraes el mundo se silencia todo,
Vuelve a afinarse. Lo sabes,
Pero sigues en tu andar
Como si nada.
©Rodolfo Naró
De: Árbol de la vida
 
 
 

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