Rodolfo Häsler

 

Antología poética
 
 

 

 

 

ORFISMO

De las tinieblas de la casa inferior,
una figura llena de majestad ascenderá por un momento,
en cuerpo de diosa, acaso una heroína.
No es seguro cuál sea su destino,
presa de amor, bajo el peso de sus faltas,
en el fuego de la lira, Eurídice,
la amada de Orfeo que vive en el infierno.

Descansa la doncella elegida con los pies descalzos
y el vestido holgado cae en numerosos pliegues.
El movimiento apresurado de la cabeza
puede quizás indicar que acaba de llegarle la noticia,
en la oscuridad más completa,
de mi requerimiento.

(Del libro Elleife, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993)

 

Como una actinia oscura, rojo púrpura,
ni hablo mi lengua ni habito en mi país,
soy, eso sí, el heredero de una inteligente familia fenicia.
Heme aquí el fenicio del célebre poema de Eliot
para seguir siendo el ahogado para siempre.
Como se sabe, los poetas no tienen vida propia,
mueren lacerados por el agua, ciervos sin dominio,
oteando los retirados predios que les sirven de morada,
esquivos como piezas de un viejo juego de ajedrez,
sin sangre para manchar el suelo de la alcoba.
El invierno es la estación idónea
para que las mujeres me cierren definitivamente los párpados,
y la intensidad con que un día descifré largos poemas griegos
convertida ya en nieve prodigiosa,
pierde, entre tanto, todo su calor.

(del libro Elleife, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993)


 

 

EVOCACIÓN

Coloco en la estancia un ramo de anémonas
y observo con detenimiento su lenta evolución,
uno tras otro hasta fumar mi cajetilla de cigarrillos Abdula,
hierático en la pureza de los ojos.
No sé cuánto va a durar el proceso,
dependerá del clima, del grado de humedad, prefiero creer.
El discurrir de los días como recuerdo de las anémonas
en espera de eclosión, seguidas de muerte,
atento entre sus pétalos rojos, azules y violados
mientras insisto, por delicadeza, en perder la vida,
como quería Rimbaud,
pendiente de la metamorfosis,
impasible ante el inminente cambio
no puedo imaginar otra situación en estos momentos,
si el negro espacio me sostiene
como parte del reflejo de un diamante, de la luna,
y me devuelve a mi raro receptáculo vegetal,
transitorio exilio
entre hojas verdes y ramas en flor.

(del libro Elleife, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993)



 

OLOKUN

Anterior a la felicidad, antes incluso de la creación,
luchaban una contra otra el agua y la tierra
por la posesión de la ira de tu cabeza.
Cuando la blanca paz interviene para salvarte,
una cuerda de dieciséis cauris te detiene
para que no me desbordes, para que no me asaltes.
Amarrado has de vivir, dominado por tu cólera,
en el fondo del mar la luna nueva te alimenta,
de no ser así pobre de mí, pobre si de ti me olvido.
Las conchas y las piedras guardo en la húmeda oscuridad
para salvar tu condición de sirena, mitad hombre mitad pez,
para acercarte a mis ojos, para afirmar, con toda certeza,
que el peso de tus sentimientos te abruma, no te deja hablar.
Tu color es el azul ultramar, lapislázuli, el misterio,
y para poder continuar beso los dedos que te han tocado,
tres veces me inclino, y pido la bendición, para encontrarte.

(del libro De la belleza del puro pensamiento, Editorial El Bardo, Barcelona, 1997)


 

(Ciclo del agua y del fuego)

El infinito contiene todas las posibilidades,
todas las promesas,
y si en el agua te sumerges no saldrás sin disolverte en parte
en una muerte simbólica.
El movimiento nunca se detiene y cada ola te colma
de energía,
incansablemente, en su eterno fallecer. Ese es mi bautismo.
El espíritu del génesis se eleva a partir de lo tangible
y no concibes la vida sin alabanza ni regeneración.

El fuego se justifica en el ardor y en la entrega
más altruista,
lengua que me agota y en su arrogancia me vuelve a mentar.
Disuelve la envoltura para unir el alma con el cuerpo
que es salamandra incombustible en su trance espiritual.
El fuego se asienta en el lugar de la definición,
el estado más sutil. Su origen es terrestre y su destino
es celestial,
y en la cúspide te nutre de sorprendente naturaleza.

(del libro Poemas de la rue de Zurich, Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2000).

 

  

"Café arábiga"

 

Pido al sol que en tu cuerpo se ufana y destaca
henchido de vigor rojo en las nalgas, mil lados
de la gema más buscada, repentina, ya incendiada.
Tu desvelo me llena y el deseo, tan denostado y
del que tanto dependo, corona mi cabeza y entra
en ti como negro impulso o negro brebaje amargo.
Me detengo ante un paisaje oriental de nubes y
humedad tallado en una piedra, me detengo ante
los pétalos pequeños de la violeta que amo. Te
comerás las diez celebraciones, su contenido, la
virginidad del falo y la traza que deja el
escritor sobre tu cama. Sé que algo vive en ti
cuando me llamas, aliado a mi intención, tan
cerca de mi esfuerzo.

 

 

 

"Lunaria. Barcelona"

 

Un hombre pasa y come manzanas, hojas de laurel,
pasteles de almendras verde que son un modo
de estar, un índice de premoniciones donde la
verdad tiene siempre lirismo agudo, dulce ebriedad.
Llegaste a conocer la soledad siendo todavía un
muchacho. Perseguida por ella no eres hijo del
tiempo ni del reloj. Por comodidad rechazas la
agresión, la hostilidad, por eso, al morir la
tarde que arrastra en ella la mitología del
espejo, el viaje escandaloso a la casa del planeta
de luz, todos los reflejos de la ciudad coinciden
en tu vaso de té. Tienes el atrevimiento de vivir
en la hoja del puñal. ¿Qué puedo hacer yo ya, un
pobre santiaguero?

 

 

EL EMBARCO A LA ISLA DE CITEREA

EL RAPTO
Devoraba la carne del imponente toro, que impetuoso,
coronándola de rosas y colmándola de bienes
convirtiola en una ínsula que en todo asemejaba
al más hermoso reino de este mundo.



LA PARTIDA
El dos es una casa donde las estrellas titilan encima
de todas las cabezas, el aire blanco, refractario, perfora
los convenidos puntos cardinales. Dices siete palabras
mágicas y un incendio podría despojarlo todo de sentido.



NAVEGACIÓN
El tres conoce la amargura de morir en el fuego
cárdeno de cada atardecer.



ANTE EL ESPEJO
Cuatro escalones o cuatro veces el número cuatro
para atravesar nada más que una puerta,
y del otro lado tomar los atributos de la fuerza.



PRIMAVERA
El cuerpo y el espíritu, ambos juntos, suman cinco,
la llave, la cifra clave para empezar la vida,
los cinco elementos bajo apariencia sagrada de libélula.



OFRENDA A VENUS
Todo cuando florece, todo lo que germina
es un reflejo del oscuro mirto que nace entre las olas.



LAS MUSAS
Las langostas y las hormigas destrozan un poema
catalán que terminé para mi cumpleaños, y sueltas
sobre el papel quedan vocales y consonantes
en el mayor desorden.

 

 

SIETE POEMAS DE TRATADO DE LICANTROPÍA

1

No pruebo antídoto posible o transfusión
de cómoda muerte a la espera del vino
irreversible, del asesinato a sueldo
de los dientes, del remedio de las garras
como azores, y um sudor amargo me marca
y en la iniciación.


2

Es el ansia un Lykabethos cegado por las
sienes feroces, una seducción suave de
ojos pequeños,
es la temperatura que aumenta endemoniada
en el pelo y en la espalda,
es el fresco clima de la noche y la luna
aúlla mientras fluye el monte de los
lobos y el sudor se hinca en la recuperación
de los sentidos.


3

Ensalza, corazón, la ruta de Macao, porque
allí soñaste, allí te esperan puertos y
otro puerto, las figuras de piedra en el
parque entre estrellas, porque allí viviste
con la naturaleza en ese río que guardas
en tu cajita de té.


4

China apareció entre nosotros como un
enorme jade que duele en sus aristas,
como un lejano río de aguas fangosas
que enloda todo tu cuerpo, tu cuerpo
jade, mi cuerpo amarillo como madera.
China apareció como sábana de arroz
entre tu pelo, el agua, el barro, el soplo.


5

Son mías todas las ciudades y sus teatros
de sombras, y son míos también los gestos,
los ropajes, los mercados, las múltiples
sonrisas y las ofrendas, los ánades y las
flores de los sauces.
Todo asemeja a los niños que se anhelan
para sí, al entorno que eclipsa la luz
de las gargantas, de todas las gargantas
infantiles, oscilantes como la tarde detrás
de las fronteras.


 6

El momento de la feroz metamorfosis se
aproxima a mis días evasivos, a los juegos
prolongados en fauna y ramas submarinas,
a la espalda ennegrecida como huso
de carbón frutal. La fiebre se acerca
rítmica como las páginas de mis lecturas
de pasión, Shangai-Lily o el fin
de mi requerimiento, lleno de mutantes
desvelos, perenne el recorrido por las
estaciones chinas, por la lluvia china
en mi nuevo estado de aventura.


7

Las bicicletas silenciosas atravesaban las
calles como alambres, las piernas subían y
bajaban como alambres en aquellos días
serenos en que el horizonte era sólo agua.
 
 
 

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