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- CUENTO DE UNA SIRENA
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- Hace muchos, muchos años
- me hice amigo de una sirena.
- tenía el pelo de coral y sólo
conocía
- la lengua de las algas.
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- Ella me invitó a su casa.
- Compré un traje de buzo
- y descendimos las corrientes del
mar.
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- Su casa era una cueva entre
acantilados.
- Tenía una cama de piedra,
- una estufa de aguas turbulentas
- y la campana de un naufragio.
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- Hice amistad con pulpos y medusas
- y conversaba con los peces
- mientras ella regresaba
- después de cantarle a los marinos
- y de la mano recorríamos
- los jardines del mar.
- Pero un día se me acabó el aire.
- -¡Me ahogo!- le dije.
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- Salí a la superficie.
- Nos abrazamos con tristeza.
- No podía vivir más en su cueva.
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- Ahora, cuando escucho el canto de
sirenas
- en medio de la noche,
- saco un remo y navego hasta su
isla.
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©
Rodolfo Dada (La
Voz del Caracol, 1989)
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- EN EL FONDO DEL MAR HAY UN
POTRERO.
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- En el fondo del mar hay un
portero.
- La corriente, como el viento en
los pastizales,
- mueve las verdes algas.
- Ahí pastan, diminutos y briosos,
- mil caballitos de mar.
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- - Un día quise tener uno - dice
Juan.
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- Oculto tras una piedra, esperé el
paso de la manada.
- Al oír el trote de sus patas en la
corriente
- lancé mis redes.
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- Atrapé al más pequeño. Daba
tirones en las cuerdas,
- pero no pudo escapar.
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- Le acariciaba el lomo amarillo
- en su pecera de vidrio.
- El me cerraba un ojo
- y llenaba de burbujas la
superficie.
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- Nos hicimos muy amigos mi
caballito y yo.
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- Los turistas venían a verlo,
- -te ofrezco un dólar por él.
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- Pero nada valía tanto como su
cola,
- sus ojos con la dulzura de la
amistad,
- su trompa de flautista.
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- Tiempo después lo devolví a sus
pastizales.
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- Ahora tiene la crin plateada
- Y relincha entre las algas.
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©
Rodolfo Dada (La
Voz del Caracol, 1989)
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- *
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- Busco trabajo, señor.
- Apenas se nadar un poco
- y me aprieta la muerte las axilas.
- Tengo miedo,
- la sangre me hierve en el camino.
- Busco, sabe usted,
- profundo en las raíces,
- y tengo flujo de mar entre las
venas.
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- He buscado el agua, solamente
- para limpiar mis dedos.
- Tengo amigos también que se han
marchado.
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- Si usted quiere
- yo nado,
- pienso,
- a veces también lloro,
- puedo sumergir entre las piedras
- y ser buen compañero.
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©
Rodolfo Dada (Cuajiniquil, 1975)
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- 9
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- Mi infancia,
- costa poblada de pájaros y peces,
- pequeños ermitaños caminando en
las bolsas,
- paso tras un cardumen,
- mariposas azules,
- medusas encalladas en la playa
como barcos en ruina
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- Mi infancia,
- un mar vaciado con un vaso,
- tronco amarrado a voces de un
naufragio.
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- 3
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- El mar no puede ser nostalgia para
nadie.
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- Ningún pez tiene alas, agallas,
ojos todavía.
- Apenas se dibujan las aletas
- en una costa más allá del hoy
- en la que habita esta ventana.
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- Árbol es una palabra encendida
entre volcanes,
- hoja, rama, nido, ciervo
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- La palabra nostalgia no existe,
- no hay boca para ella.
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- 28
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- Una taza de café delata mi antigua
condición de pez.
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- Doy de comer maíz a los percebes
- desde un quiosco repleto de algas.
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- Una muchacha lee inscripciones en
el monumento
- y tira piedras a un estanque.
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- Es la última estación, yo plagio a
tus amantes.
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- 10
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- El mar se traga la noche,
- Sólo la espuma lo separa del cielo
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- 21
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- La medusa es una bailarina de otro
siglo,
- Ten cuidado con ella.
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- 25
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- La imagen de un bote azul
- en la vastedad de un mar azul,
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- como un meteorito en una
constelación,
- como una playa de mi infancia.
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©
Rodolfo Dada (Cardumen, 2003)
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