Ricardo E. Molinari

Antología poética

 
 
El ansioso
(Fragmento)
 
III
Tristes memorias
bajan los ríos.
Dejadme a mí
con mi destino;
la flor del aire,
de aire cautivo.
 
Adónde irá
por el vacío,
su cara sola,
—siempre perdido.
Adónde irás,
ay, tiempo mío.
 
La voz crecida
en los pesares
buscará el amparo
en salitrales.
 
Tristes memorias
los ríos llamen.
 
Dónde andará
todo el olvido,
la flor que sufre
lejos de amigo.
Viejas memorias,
busquen los ríos.
De: Antología de poesía moderna en lengua española, Editorial Trillas, México, 1986.
 
 
 
Panegírico
 
Cantar. Cante al dichoso día el viento
y a la mañana, el sol llene de luces;
la pintada ala cante acompañando.
La flor repose sobre la hoja. Atento
quedará el jardín. Solo. —Tú conduces,
hermoso viento, un crespo mar, cantando.—
A la luz clara empiece el hilo sordo
a tejer su ordenado mundo. Agua
ausente. —El laurel a su favor
vuelva. Si olvidos tuvo, hoy el tordo
sobre sus ramos canta. Volador
obscuro. Manso pico. (En la fragua
del día luce alegre. La callada
infancia del clavel lo mira.) Nada
lo distrae. Cantar, dichoso día.
 
Espacio. Cielo nuevo. El derramado
río a la onda encuentre, solo. Huerto
fresco. (Pimpollo dulce. Tú gobiernas
una provincia de agua y un poblado
país. ¡Qué feliz eres! El desierto
duerme en tus ojos. Hojas tiernas.)
Al jubiloso día cante el viento;
la desatada trompa en esperanzas
sueñe: batalla hermosa. Soberano
cielo. De amores siempre esté contento
el pecho; el libre corazón en danzas
goce, inconstante. Soledad. En vano
ya no se muere, en la tierra dura.
Laurel, callado vínculo, cintura
de hojas; riberas. Encendido canto.
De: Antología de poesía moderna en lengua española, Editorial Trillas, México, 1986.
 
 

 

5
 
Ocioso canto. Cantar
al día, que tiene nubes
y soles y el ulular
del aire entero. —Hoy subes
a mí, canto, y soy dichoso
porque me alejas de la muerte
íntima. Sí. Silencioso
y puro. Alegre suerte.
El navío brazo busque
un golfo claro. Ofrecido
sueño, siempre. —No lo ofusque
lo ausente, espere herido.
El mar, el soñado mar
entre ondas, fértil. Esperar
¡Espérame golfo frío!...
 
Sosegada luz. Ocioso
canto. La hoja sobre la hoja
qué feliz, y el victorioso
clavel, tierno. —El día moja
su sombra en el mar. El mar
que entre ondas y peces nace.
Eterno prado. Mirar
una flor, qué hermoso. Trace
mi soledad una bella
sombra. Sola. Transparente.
Qué importa el día. La estrella
ve el mundo, río luciente,
sin apetecerlo. —Al mío
vuelva yo siempre. Navío
entre piedras. Soledad...
De: Antología de poesía moderna en lengua española, Editorial Trillas, México, 1986.
 
 
 
Hostería de la rosa y el clavel
(Fragmento)
 
II
Déjame esta tarde solo para mí, que tengo la voluntad
perdida en el frío. En olvido inmenso
crecen y mueren los pájaros. Hace un siglo
que no duermo y tengo las uñas quebradas
de peinarme.
En el mes de marzo empieza el Otoño en mi  tierra;
yo nací en el Otoño. De noche, cuando el alma
se queda sola con su cuerpo. Alguna vez...
Y el viento herido se queja como un ramo de flores
en un vaso de vino.
 
Si cada alma
tiene su cuerpo, sus amistades y negocios;
si hasta la de los hombres sucios
tiene su lugar en este mundo y una sonrisa
parecida a sus pensamientos, un cuerpo idéntico
y compañías que viven sin ruborizarse: igual
a los ojos de ellos, a los pies, a las manos,
a la boca y dientes de ellos, tú, entonces,
tienes un deseo
semejante al mío. Yo quiero mezclar un día entre otros,
huir de la tierra muerta,
hacer un día espléndido sin separación, donde tu perfil
me esté mirando, mientras guardo amores perfectos
dentro de un sombrero.
De: Antología de poesía moderna en lengua española, Editorial Trillas, México, 1986.
 
 
 
Poema como el desierto
 
El aire desdeñoso.
Ay el aire desnudo —distraído,
abierto, amoroso
desvelado, crecido—,
en su desierto transparente.
 
Amor de luna sola
perdida. Amor, amor; ya todo el mundo,
la llama, el viento, la ola,
el tránsito profundo;
la soledad del aire vagabundo.
 
Hoja, espina, amaranto,
mar sin partida. ¡Espacio! El mar, el mar
con su cuerpo de llanto
inmóvil, de otro mar
sin vida, ya encerrado en mí. El mar.
 
Sí, jazmín retraído,
mano triste, caballos, todo el viento.
Ay mi viento perdido;
en su flor de lamento,
oprimido; en su gozo, desaliento.
 
(Mi cuerpo derramado
junto a otros días, solitario; muro
de piel, de aire tornado.
Sueño de río puro
asomado a su centro, siempre oscuro)
 
Eternidad de sombra,
rosa de luz desierta, alta en su día
negro. Quien te nombra,
quién buscará un día
entre flores, el viento de otro día.
De: Antología de poesía moderna en lengua española, Editorial Trillas, México, 1986.
 
 
 
Una rosa para Stefan George
Il va parmi ses fleurs;
et les souffles de l’air
Hölderlin
(Similis factus sum pellicano solitudinis)
 
 
No es la paciencia de la sangre la que llega a morir,
ni el sueño ni el mármol de Delfos, sino el polvo
que se calienta entre las uñas.
Qué importa morir, que se borren las paredes como un río seco;
que no quede una flor en la calle con su borde de luto en la frente,
ni el viento sobre las piedras podridas.
 
Qué haces allí, tronchado sin humedad,
con tu dicha sin aliento, con tu muerte tendida a los pies.
Con tu espuma llena de ceniza. Desdeñoso.
 
Ya vendrán los hombres con el ruido, con los gestos;
pero el odio seguirá intacto.
 
Todos te habrán estrechado la mano alguna vez,
y tú habrás bebido la cicuta en la soledad,
como un vaso de leche.
 
Adiós, país de nieve, de ventisca agria, sin gentes que digan mal
de ti. Eterno. Desnudo.
La sangre metida en su canal de hielo
—fuego sin aire— Jordán perdido. Si el tiempo
tuviera sentido
como el Sol y la Luna presos;
si fuera útil vivir,
si fuera necesario,
qué hermoso espanto: tengo la voluntad avergonzada.
 
Yo soy menos feliz que tú. Me quedo combatiendo
sin honor,
con un haz de ramas en las manos.
Duerme. Dormir para siempre es bueno, junto al mar;
los ríos secos debajo de la tierra con su rosa de sangre muerta.
 
Duerme, lujo triste, en tu desierto solo.
 
¡Esta palabra inútil!
De: Antología de poesía moderna en lengua española, Editorial Trillas, México, 1986.
 
 
 

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