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Ricardo Bogrand
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| Antología poética | ||
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(La presente
compilación y selección de la muestra poética de Ricardo Bogrand, ha
sido realizada por André Cruchaga)
María del Carmen
Es que la vida no había traído un dolor tan perennemente extraño. Y como la ceniza que se vierte las manos arden y arde la sonrisa las uñas se rebelan y el corazón se sale de su orbita. Es que el dolor tiene un vestido en todo, y es invierno y es verano, musgosa soledad y piedra en sombra. Hace dos años, María del Carmen, estrella de mi voz y terrenal origen cayó tu rostro de mujer agraria al fondo de la tierra, y tu cabello negro, siempre negro, fue a buscar nueva savia. María del Carmen, resignación de pueblo en tu mirada, lucha la de tus manos por el pan de la aurora y la esperanza. Viajé desde tu barrio-corazón hasta el mundo penetrado en anhelos. Muerte la de tu sangre de voz a voz el aire abría tu partida, y en mi clara tragedia, inconfundible, tu adiós quemaba el surco donde sembró tu mano este recurso mío de no mostrar la lágrima. Hace dos años, María del Carmen, y ahora estoy viviendo de tus constante esfuerzo campesino de morir en sombra mostrando al sol la cara. Porque llevo en las venas este genuino estado de los hombres que no lanzan un grito, no obstante que la sed envenena el cerebro. Recado Esto para un recuerdo que se quedó encendido abriendo el mar, a veces, desde su misma tumba , y en donde el sol caía como un romero líquido la tarde era una sola gaviota suspendida. Esto es para una calle completamente absorta que espera nuevos pasos para nombrar sus huellas, el polvo es una copa de longitud desierta cubriendo más de un árbol estacionado cerca. Hay veces que las manos se me rompen de luces entre un buscar las voces que se ocultaron pronto. Entonces siento el viento estrujarse en mi pecho cuando creo distancias en mi viajar intenso. Esto es para una meta completamente ajena, para ir sin sentido caminando en la ausencia para un buscarse el nombre que se quedó sin letra, extendido a lo largo de la palabra muerta. Esto que en mis ojos son sus ojos unidos como sobre mis labios sus besos acunados. Esto que llevo triste entre mis manos grises es la querida forma de su cintura leve. Amé, crucé incendiado el ancho de mi vida, conquisté nuevos cielos y germiné entero, completamente nuevo ascendí hasta sus labios y hoy desciendo a mi grave soledad sin sonido. Esta es para un recuerdo que se quedó encendido, que no ha muerto ni muere y siempre va conmigo. Es para que yo sepa que aunque camine sólo hay una novia inédita hasta el fin de mi vida. Alianza de mis manos Mío este cuadro, este sueño, esta verdad de polen. Cruzas sobre mi abierta herida en la trunca esperanza en esta tarde de ostracismo. He visto al mundo desde el plano del mundo, desde un peldaño más abajo del mundo, desde ninguna floración de trinos. Le he visto con estos ojos turbios de pobreza, con la raída ropa de mi sueño. ¿Cómo decirte? ¿Cómo absorber tu nombre marinero? Mejor te digo, hermana, camarada. Hoy ya no temo. Hoy destrozo mi lámpara ilusoria y me descubro. Voy a iniciarte en este nuevo encuentro de ver las cosas sin ningún paisaje. A veces pienso que es difícil buscar en esta noche y tropezar con lo que no se ha visto y lo que está por descubrir sin tregua y lo que no te han dicho las mañanas cuando miras el mar de tu ventana. A veces pienso que pocos nos quedamos en la sombra para cantar con nuestros pobres dedos eso que nadie mira y nadie toca. Un día yo te dije: Ámame, marinera; con tu acuática fiesta de celajes. Ámame con tu marca elástica de peces. Ámame con tu puerto y tu escafandra, con tu cuerpo de esponja y con tu golfo, con tu piel de cristal y tu silueta. Ahora yo te digo que me ames como esa pleamar de los que ansiamos bebernos las palabras del que muere imaginando el pan que nunca tuvo. Quiero que me ames, como yo a los pueblos cuando abrazan con los gritos fundidos en su lucha. Ámame, como amo la libertad, la paz y la justicia, la vida digna y el pan de todos. Con ellos El corazón era un pájaro… ¿Recuerdas, tú, Rosario? ¿Recuerdas mis harapos escondiendo mis sueños? ¿Recuerdas mi juguete de niño pobre, mi estómago vacío y mi rostro destruido? ¿Recuerdas aquel carro que me dio un presidiario? ¿Aquellos campesinos que morían sin nombres, sin cosechas y sin lágrimas? Yo estaba con ellos. Salí de ellos Con mis dedos descalzos. ¿Recuerdas cuando el polvo nos cerraba Los ojos Entre los jornaleros Que mordían la tierra Abriéndose camino a los finqueros? Yo estaba con ellos. Salí de ellos Con mi cuerpo menudo Y mis manos antiguas, Traicionadas Y hambrientas. ¿Recuerdas a mi abuelo con su carreta rota Fletando café ajeno de la finca Hasta el puerto? ¿Recuerdas a mi padre, leñador Silencioso, Arrastrado entre bueyes Por un toldo de troncos? Vine para contar la historia de los hombres Que mueren Con la risa desnuda, Con la voz apagada, Con las frentes desiertas. ¿Lo recuerdas, Rosario? ¿Y tú, Felipe? ¿Y tú, Pablo? ¿Lo recuerdan? Nada ha cambiado, hermanos, Nada, sino los nombres de los que ahora mueren. Nada, sino los rostros ahumados De los mismos verdugos. ¿Lo recuerdan…? Canto final a la ciudad Ciudad de vagas sombras coloniales, Te siento en cada vuelco de mi nueva esperanza. Estás en el más simple de mis actos, En mi nativo sueño, En mi constante fuego desatado. Amo tus ventanales ojerosos, tu dura luz, Tu rara geometría, Tu abanico de sombras, Tu silueta de alfombra musulmana. He recorrido todos tus matices, Tu definida historia, tu modesto atavío, Tus reliquias. He ido a cada paso de tu anhelo Y viajas en mi sangre, inseparable. Yo te encuentro en mis manos, San Miguel, Y te muestro desnudo frente a cada latido De los pueblos. Eres noble y leal con tu silencio, Con tu eterna mañana. Eres noble y leal con tu gran pueblo, Donde el hombre es palabra no apagada. Ciudad del nuevo grito, ciudad-jardín, Geranio indescifrable. Ciudad de altiva voz, Pájaro alerta. Ciudad de alero inmenso, Hospitalario suelo de agua quieta. Legendaria ciudad, siembra morena, Te ofrezco esta canción desde mi roja sangre: Mañana un nuevo trigo habrá en tus mesa. La noche esquimal A Nina, en el recuerdo. Todo lo abandoné: Cavé las olas, arranqué los sueños, Dije a la nada adiós, A todos adiós, No pronuncié tu nombre Porque ya estaban lejos sus letras repetidas. Todo lo abandoné: Sigo mi viaje, De nuevo estoy de paso. Sobre París cae el calor de agosto. Salgo a las calles, Voy a las plazas, Me detengo en los puentes Y cual hombre común Veo correr las aguas reverberantes del Sena. Estuvimos en la noche más corta Que hubo sobre la tierra: La noche era una línea Y la línea un reflejo De la noche esquimal. El norte se nos vino de pronto sobre la luz del río, Río heroico plomizo Que otra vez en septiembre cruzarás Con el otoño que hará flamear Las hojas amarillas Junto a los muros de la vieja y callada fortaleza. Todo lo abandoné: En mis pupilas queda un poco del verde de tus ojos, Y solo, aquí, junto a otra edad, En otro meridiano Quiero buscar en este nuevo río Algo que me recuerde Nuestras frecuentes marchas junto al tuyo. Todo lo abandoné: Dejé tus peces frescos alejarse hacia el alba. Ya no pude quedarme a esperar tu regreso. Cuando de nuevo vuelvas Y preguntes mi nombre Contestarán mis pasos A lo largo de aquellos poblados corredores. Te digo adiós, Me voy, Vuelve la noche Y el viaje no termina. Estampas I María del Carmen Es que la vida no había traído un dolor Tan perennemente extraño. Y como la ceniza que se vierte Las manos arden Y arde la sonrisa, Las uñas se rebelan Y el corazón se sale de su órbita. Es que el dolor tiene un vestido en todo, Es invierno y verano, Musgosa soledad Y piedra en sombra. Hace dos años, María del Carmen, Estrella de mi voz y terrenal origen, Cayó tu rostro de mujer agraria Al fondo de la tierra, de su tierra, Y tu cabello negro, siempre negro, fue a buscar Nueva savia. María del Carmen, resignación de pueblo En tu mirada, Lucha la de tus manos Por el pan de la aurora Y la esperanza. Viajé desde tu barro-corazón hasta el mundo Penetrado de anhelos. Muerte la de tu sangre, De voz a voz el aire abría tu partida, Y en mi clara tragedia, Inconfundible, Tu adiós quemaba el surco donde sembró tu mano Este recurso mío de ni mostrar la lágrima. Hace dos años, María del Carmen, Y ahora estoy viviendo De tu constante esfuerzo campesino, De tu morir en sombra Mostrando al sol la cara. Porque llevo en las venas Ese genuino estado de los hombres Que no lanzan un grito, No obstante que la sed Envenena el cerebro. Yo que crecí entre el pueblo, entre tu pueblo, Madre, Que recorro la ruta de los hombres que luchan, Que presiento que a veces se me acerca la muerte Y no termino nunca Este retrato alegre de los granos distintos, Vengo a buscar tu nombre Y dentro de la tierra Que te cubre y te quiere, Hundo mi puño herido Para que no se oculte la estrella que anhelaste Ver en los rudos pechos de los hombres del mundo. En nuestro barrio, Madre, nuevos niños Se agitan en los morenos brazos de sus madres. Y todos crecen, aman como nosotros y esperan. II Niños de la colonia Belén ¿Cómo quién de esos niños era yo? ¿Cómo quién? A veces recuerdo algún momento feliz: A veces recuerdo una rústica carretilla, Unos bueyes de madera Y un camino trazado con las uñas. ¿Cómo quién de esos niños era yo? No como ese de la camisa roja Y los zapatos polvorientos. No como ese niño que juega y mira La esperanza. No como aquel que ríe Y grita Y se agiganta, Y lo destruye todo Y todo lo construye. ¿Cómo quién de esos niños era yo? ¿Yo era un terrón de sucia azúcar, Una infancia de arena, Una campana de sellado grito. Ahora veo estos niños. Todavía no saben de la futura aurora. Alguien de ellos dijo: allí está el viejo, Cuando mi barba se mostró a la luna. Todavía no saben… y quizás saben Que hoy estamos buscando la mañana Para depositarla entre sus manos Junto al pan Y la vida. Por el amor vivido Vosotros estaréis aquí esperando mi muerte Y yo os diré: Recoged esta voz, Lanzadla a cualquier sitio, Escondedla en el último rincón, Yo estaré libre nutriéndome de nuevo. Quiero escribir para los dos días últimos, Para cuando se empiece a formar dentro de mi piel La fuente mineral de mi terrestre Deformada materia. Quiero escribir para los dos días en que la lengua Se atará lentamente en el grito Y las palabras, antes tan difícilmente pronunciadas Frente a la primavera, Serán un eco turbio En el cercano otoño de mis pasos. Vosotros estaréis aquí esperando mi derrumbe De pobre arena abatida. Y yo seré quien venga a decirme adiós Definitivamente a mi mismo. Había vivido en una diaria pregunta Cuando perdí el derecho que traía De establecer mi vida, De construirla sobre la esperanza, De recorrer las manos sobre las gastadas superficies, De elevarme ante todo, De esperarme en silencio mi llegada, De estar en el instante en el sitio preciso Pero sonó la hora de todas las respuestas Y, yo tengo la mía: Amo, es verdad, la vida, La amo en una forma cotidiana, Extendida, visible. Y es porque amo sin preguntar ya nada Que me duele el amor Que va conmigo. Es un destruirse siempre, Un encenderse Para apagarse siempre, Para encontrarse siempre en lo que se ama. No. No es ningún egoísmo, Es no saber de fijo si ya ha muerto todo Y lo único que queda es sólo amor Por el amor vivido. Primera lluvia “¡Arriba! ¡A perforar los siete cielos con vuestros brazos nudos o cubiertos! ¿Vais con amor? Pues elevad los brazos verdes, frondosos, apacibles, mansos.” J. Moreno Villa —Ven, vamos a caminar juntos esta vez, Mañana volveré a estar solo Y entonces de mi brazo Irá sólo tu sonrisa —Ven, pienso que mi camino Puede aún ser muy corto, O alargarse de pronto hasta el final encuentro De tu sangre y la mía. —Antes que tú llegaras, ¿Dónde estaba mi sueño? ¿Dónde, en qué regiones vegetales del ansia, Sobre qué soledades se perdían mis manos? Ya no ciudades grises, Casas frías raídas— Ya no —Sepultureros devuelvan esa cara que era mía, Quiero recuperar toda mi antigua forma Que era mi propia vida. He vuelto con la lluvia, Con la primera lluvia deshojada A encontrar la raíz Que latía entre el barro Voy al mañana A recoger las horas que perdí cada día. Voy a buscar mi rostro, Mi antiguo rostro, Y las dos manos firmes que llevaba. —Ahora, escucha, Voy a iniciar la vida, Vamos a caminar unidos esta vez Porque mañana, Si yo vuelvo a estar solo, Habré aprendido a caminar contigo, Y entonces, siguiendo el mismo ritmo De tus pasos, Apoyada en mis brazos me llevaré Tu sombra. |
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