Rebeca Ethel Becerra Lanza

Fotografía propiedad del autor

 
 
Siluetas
 
                               Todos caminan apresurados
                               sin tiempo para las aceras
                               y los parques
                              
                               No olvidan
                               porque no han vivido
                               pasan...
                               como un simple viento de muerte.
                              
 

 

Sola a La mesa
 
No me gusta
sentarme sola a la mesa
no encuentro palabras para los cuchillos
si le digo al mantel que está elegante
miento:
no tengo manteles bonitos
 
Soy materia entre materia
y aún no me acostumbro
me da pena sentarme sobre una silla
saludar con ojos al tiempo
cuando ya se ha marchado
o caminar despacio por las calles
dejando a mis espaldas
el vaho silencioso de los perros
 
Lentamente cruzo a través de este tiempo
ocupando espacios que tal vez
no me pertenecen
arrebatando días que esperan sentados
en el umbral de una puerta
acumulando de esta tierra
el polvo que se levanta sobre las cabezas
 
Todo esto es una fiesta
donde no he sido invitada
 
Un ir y venir de soledades
donde el címbalo de mi cuerpo
golpea con su eco
este mar infinito.
 
 
 
El corazón en la tierra
 
                               Vuelvo a esconder
                               el corazón en la tierra                        
                               esta vez no quiero que nazca
                               déjenlo
                               que se alimente de piedras
                               que viva atado entre las raíces
                               que conozca la dureza de los metales
                               que sepa dónde nace el agua
                               y dónde se esconde su furia
 
                               Todos tenemos una parte oscura
                               necesito algo de infierno
                               en los ojos.
 
 

 

Distanciamiento
 
Hoy quiero descansar
bajo la sombra de un almendro
pero los que conozco
están derramando lágrimas
y no me gustan las sombras tristes
tal vez los hombres tristes
tal vez las mujeres tristes
 
Hoy mi ser no tiene territorio
vivo en un paraíso de metales
no hay dioses
no hay hombres
sólo mi pensamiento sin frontera
nadie puede llegar si no es por mi camino
nadie puede tocarme si no me ha tocado                                     antes.
 
 
 
Tal vez
 
Tal vez
los puentes nos conduzcan
hacia otra orilla
hace falta un árbol
para descansar en este camino
 
Hablo de los pies
que merecen lavarse
en un claro río.
 
 
 
El color de la madera
 
Llego
Encuentro las sombras
aferradas a las cosas desesperadamente
hurgando su centro
su esencia
queriendo arrancarles
lo que no llevan adentro
 
-Ya no determino
cual es el principio y el final
de cada una-
 
Desaparece
la última vocal de nuestros poros
 
 
El último grito
 
La última palabra
 
El último dolor de hombre
queda sumergido
                               en el hermoso color de la madera
 
 
***
Yo sabía que dios era bueno
por eso lo tomé de las manos
y lo llevé de paseo
Le enseñé las montañas
las piedras
y los ríos
 
Bajo la impenetrable sombra del mediodía
descansamos
 
                               El día avanzaba con pies de paloma
 
Luego partimos hacia las ciudades
conoció las sillas
las camas
la mesa vacía
las ventanas
 
Entonces
me peguntó por el hombre
yo callé
lo invité a morir
 

 

 
Hace falta
 
Cierro la puerta
la casa se amará en silencio
A cada paso el sol me aguarda
bajo mis pies no puede tocarme
Voy naciendo
palpo el polvo de mi cuerpo
cavo surcos con mis dedos
el hombre aún no me conoce
no se conoce
no es tiempo
Hace falta llegar al mar
y despedirse
traspasar
dejar huella
volver a cavar surcos
hacer un hueco para que crezca un ojo
que observe el otro lado de la vida.
 
 
 

 

También la muerte
 
También la muerte
se convierte en rutina
limpiamos el cuchillo
lo volvemos a ensuciar
 
Hora tras hora cae
en cada esquina
un hombre
una mujer
un niño
un viejo
uno que otro árbol
 
 
La sangre es como el amor
busca un hueco
en donde anidar.
 
 

 

Ojos como ventanas
 
Veo tantas cosas
las cosas me ven a mí
nos ven a todos
y todos nos vemos
como cosas y nos olvidamos
 
Nos olvidamos de ser hombres
convidarnos a caminar
en silencio
a despedirnos de los crepúsculos
 
Ya nadie me invita a su casa
 
Nadie siente el miedo de otros ojos
y desea tocar
lo que ha tocado mi boca
 
Nos parecemos
tanto el uno con el otro
que cuando ando
ya no sé
si las casas tienen ojos
o los hombres tienen ventanas.
 
 
 
 
 
Hacía la nada
 
Los hombres avanzan
las cosas penetran por sus zapatos
salen por sus ojos
como espadas
como mujeres que no regresan nunca
El brillo de su piel es un muslo
es una pierna
es un pecho que se derrama y cae en su boca
mientras un niño llora
Los días que los esperan son iguales
salir y entrar
saludar y despedirse
definir su existencia
redondear la vida con el trabajo
esperar que la ciudad crezca
y rondar por siempre
 
Polvo que se lleva el viento.

 

 
 

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