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- NADIE
HABRÁ DE SUPONER
- QUE
ESTO SEA DE GRAN IMPORTANCIA PARA LA NACIÓN
-
W.C. Williams
mi madre fuma Marboro Light, como si fuese una amenaza
- pública.
mientras descubro que en la calida habitación duerme
- un gato
siamés, me olvido del Empire State
- y confundo
las postales. la observación que hago
- de las cosas
dispuestas al límite, es irracional. el ser que soy
- se
diferencia de lo irracional, del negativo?
- deambulo.
tengo adicción por los breves momentos.
- pretender
que un instante anterior me nace,
- se reproduce
en mi sino, es justificar
- ese humo que
a ras de la cabeza me sostiene,
- como la
trastienda. y corre marzo sobre el cuerpo.
- el
fantasmagórico ¿cuerpo del otro?
- así fue la
impresión que nos dejó ver los peces
- en el
mercado central.
- mi madre
mira de soslayo la avenida
- donde el que
va delante tiene su cuartada y la razón;
- parte de la
razón. (viendo que la razón es un supuesto
- juicio que
provoca un ideal abstracto).
- el
sacrificio es admitir en el otro que la reducción
- de tales
espacios nos provee de felicidad.
- luego se
evaporó el gramófono y las cartas
- (¿tus
cartas?) fueron el pretexto
- para
adueñarse de lo que quedó.
- tengo mal
dormir y entre la ventana y el cuadro
- del abuelo
las cosas fueron desapareciendo.
- todo está en
marcha cuando busco
- en la prensa
nacional aquellos otros peces
- y la
bitácora. Nadie habrá de suponer que esto sea
- de gran
importancia para la nación.
- mi madre
fuma Marboro Light y desmiento
- cada una de
las postales del ilusionista. cada una de sus jugadas
- que parecen
perfectas. a simple vista es descubrir
- cómo se
empolva la memoria o parte de la memoria,
- y hasta los
discos de los Beatles. aquellas fachadas
- parecen de
mal gusto y enrarecen la quioscos de la multitud,
- aún cuando
hemos perdido el tiempo. mi madre reconoce
- que existe
la posibilidad de doblegar ese espacio,
- cuando en la
calle nos detenemos en un punto preciso
- (¿en el
mercado?), sólo ella y yo nos damos cuenta
- que por un
minuto algo de nosotros había cambiado
- de repente.
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-
VIDA
DE POETA
-
Et
je m´en vais/ Au vent mauvais
-
Qui m´emporte/ Deçà, delà,
-
Pareil à la/ Feuille morte.
-
Paul Verlaine
-
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-
-
recordando el Boulevard Saint-Michel,
- la tarde se
perdía. después de apostar por el otoño
- próximo.
Verlaine cubría el banquillo húmedo
- frente al
bar donde los poetas pierden sus anhelos,
- quizás.
cruzamos unas palabras para distinguir el órfico
- enigma. y
nada nos pareció tan práctico
- como aquel
hombre que nos invocaba al poeta.
- tenía cierto
orgullo por la música que provenía
- de los bares
de costumbres. allí pasamos la noche.
- la incierta
morada fue un lujo y el desconocido
- nos auguró
salvarnos. tenía un papel en sus manos,
- que repasaba
como algo necesario. la luz de aquel
- paraje, por
ejemplo, delataba al poema que no pudo
- ser
diferente. Verlaine a esta misma hora estaría
- por aquí,
con sus sombrero, y la sombra fantasmagórica
- de Rimbaud.
ellos tenían una conversación
- a orillas de
aquel refugio. no me asombré. así
- es la vida
de poeta. y me voy –igual que Verlaine –
- con el
viento malo, que me lleva, aquí, allá,
- semejante
a la hoja muerta.
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-
- BELLA
ÉPOCA
-
- un día en
medio del sendero
- alguien te
preguntará por el advenedizo
- hombre que
llevas y habrá un silencio.
- una
demoledora paz cubrirá
- en apretado
instante la arboladura del verano. los pastos que cubrían
- la cabaña
donde el fuego se debatía en cubrir
- tanta
soledad. el incienso nos proveería de la súplica
- y sólo
habría una abertura para recordar al padre
- que dispuso
en un páramo, la hora del te.
- la renovada
imagen de un Dios que se asegmenta y nutre,
- entre
promontorios, la imagen misma, la falta de lumbre.
- cabría
decir, son tiempos difíciles,
- pero en un
poema algo hay de neutralidad;
- de esas
imágenes que la artista nos impone
- en medio de
un tiempo. el despertar, sus saudades
- como
marineros que se aíslan, como cuerpos dispuestas
- a la noche o
al comienzo, en lo irreverente,
- como pudo
ser la mano poderosa que se deposita
- o la fatiga
del viaje. La artista conoce de las sombras
- y solo nos
enmudece ante la época, el rostro
- equidistante
de los hombres. son tiempos difíciles.
-
- ellos
tomaban vino de Rusia y yo me quedé
- pensando en
el ocaso donde un cuerpo desaliñado
- me convoca.
cae la tarde. al final
- no estoy tan
solo en la cabaña.
- vuelve la fe
al centro de la mesa y es la hora precisa,
- la supuesta
hora. ellos beben en vasos de cartón sus glorias
- terrenales,
sus dudas. podría admitir
- que marzo no
fue el último reducto, ni la plegaria.
- por la
filigrana que me conduce al sitio de reposo, admito
- la bella
época, es decir, el invierno.
- no creo que
se haya caído
- una rama del
árbol milenario, por azar. un cuerpo pasa a ras
- del poema y
enmudezco
- para no
reconocer su breve estancia.
- cabría
decir, son tiempos difíciles, pero no me atrevo
- a confirmar
lo imposible, a ir deletreando un nombre,
- en el
supuesto nombre. y cae la tarde
- con sus
mejores luces desde la cabaña donde los cuerpos buscan
- el estío, lo
efímero del sitio. ellos referían épocas
- antiguas
donde la lumbre
- era la mejor
opción. bastaría escuchar en medio del sendero
- al hombre
que llevas,
- y habrá un
silencio enorme, una demoledora paz.
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- AL FONDO
EL AGRESTE PAISAJE. LA INUSITADA NOCHE
-
-
hace unas horas,
me asomé a la ventana. saldremos de un sitio para entrar en otro,
nos ratifica la tarde. deletreo el espectáculo del que somos
inseparablemente los cuerpos (¿los únicos cuerpos?). el umbral. la
inteligible morada. a nada he renunciado cuando a ciegas descubro
al niño que corre detrás de su pelota. y veo al ómnibus cerca. la
muerte. en la ventana un geranio se aferra a la frontera por donde
las voces penetran agujereando todo lo material, develando el vacío.
gustaba de tomar esos vinillos a la hora de la cena. con
posterioridad mi mano no pudo alcanzar la pelota y el niño sigue
donde antes. al fondo el agreste paisaje, la inusitada noche nos
devuelve la arboladura. a ciegas tomo un candil para desmentir el
universo que penetra, la desnudez que me abriga. he tenido demasiada
suerte de que la lluvia sea irrepetible. un salto. el vendaval.
siento el gemido de las ánimas cuando parsimoniosas cruzan la
penumbra en desasidas imágenes como un soplo de luz por la ribera.
-
-
los días van
transcurriendo.
-
-
aparentemente
gustaba ver en los pastos al pájaro meciendo la neutralidad (¿su
neutralidad?). laceraba el antagónico y abrupto relieve, el áspid,
donde yacen todos los sortilegios del mundo. la filosa huella que
consterna al hombre. ni la nieve ya ronda el ocre de la foto donde
la noche penetra los juncos derramados y se escuchan las voces de
los muertos. también tuvo suerte el ruiseñor pero una advenediza
imagen nos hizo a otros sitios, ya invisibles. si pudiera abrazar la
demoledora razón que nos habita, y nos arroja al fuego de estos
años, como pétreas máscaras, como torpes animalejos dispuestos a
morir en una obsesión que va más allá de los límites, de ese
indescriptible aroma que nos impone el nogal, las aguas de un río, o
la palabra eternidad.
-
-
los días van
transcurriendo.
-
-
por la ranura
admito el vértigo. las canijas luces del Oráculo de los hombres,
donde una vez resurgían las sombras, la ceniza, y la tierra del
anacoreta era un sitio de reposo. allí hubiera repasado estas –mis-
palabras, como ahora deletreo la mano arrugada y temblorosa frente a
este sosiego que me impone el mar, el reflejo de las aguas que
alguna vez cubrieron esta Isla. el mapa que se distiende invade el
lúdico escenario. gustaba tomar esos vinillos a la hora de la cena.
la multitud seguía impenitente. la fatiga ha devorado los contornos
de un árbol, los trasnochados aromas de una estación que nunca pude
precisar. los temores me encumbran y veo que estoy solo en la
fachada de la foto, justo donde el ocre se adueña de los que
compartían el sitio. adentro hay sombras, y palabras, y algo de luz
(¿pudiera ser posible?). afuera, apenas sucede el mediodía y queda,
quizás, el rocío entre los geranios del patio. cansado miro el
horizonte donde advierto el canto de un ave, el gemido de un animal
nocturno, y siento que alguien se acerca y merodea el sitio de
reposo. esperanzado, descorro las cortinas.
-
-
los días van
transcurriendo.
-
-
-
-
- UN POEMA
SOBRE UN BANCO DE PARQUE
-
-
Amada, déjame decir tu nombre
-
recóndito y misterioso como las aguas
- que
abre el círculo de la cuaresma.
-
Pedro Llanes Delgado
- ahora que
estoy en el vórtice
- donde los
danzantes esperan
- junto al
despeñadero la imagen
- de la
muchacha que cierra el Oráculo
- de Delfos.
no mires al lebrel,
- no sientas
el paso de las aguas del río.
- olvida el
fulgor que traen
- las auroras
por estos recónditos parajes.
- en los ojos
del flechero
- hay algo de
culpa, como hay algo de culpa
- en el
corazón del espantapájaros, en su argamasa.
- no te
atrevas a invocar a las nereidas. el otoño
- regresará
sobre un banco de parque,
- para borrar
los recuerdos (¿tus recuerdos?).
- amada, deja
en el laurel la epifanía,
- el eco que
has descubierto por estas
- praderas
invisibles donde Dios
- nos abandona
entre los astros.
- ahora que
estoy en el vórtice,
- en el
círculo de la cuaresma,
- donde los
potros salvajes
- recuerdan
los adagios de la estación,
- y siento
cómo escurridizas luces
- me penetran,
y me roban las palabras.
-
-
-
-
-
ANTIGÜEDADES (EN
UNA VASIJA DE PELTRE)
-
-
rehuso definir
las líneas de la mano.
-
me admiro por la
permanencia, afuera
-
cuando no hay
nada que perder. yo, desnudo
-
dejo la
abertura. y la luz confunde el arco total
-
¿desde el
alféizar? (exacto punto equidistante)
-
ángulo mínimo
desde el espectáculo
-
que hace mi
cicatriz junto a los promontorios.
-
una foto sepia
estrujo, en fin
-
las cosas han
quedado como aquel poema
-
que hablaba
sobre la posteridad. y el territorio
-
sin mapa
definido donde alcanzar ¿el premio?
-
el tiempo
anterior que ya me inquieta,
-
apenas existe.
en la bitácora de los años
-
volvería sobre
aquel verso y el sonido de la piedra (cayendo)
-
desde el baldío
sitio ¿(im) personal? fuimos a esos senderos
-
ensayando las
palabras que se olvidarían.
-
mientras yo era
aquel adolescente
-
de rostro
advenedizo. nada me hacía esperar.
-
en la
neutralidad del poema mi voz escapa,
-
a menudo. siento
los picos de los pájaros aferrados al caos,
-
a la maraña del
verso (inquietos, podríamos decirlo así).
-
fijo sobre
aquella tempestad lo que materialmente dejarían
-
estas
antigüedades (en una vasija de peltre)
-
que ya no serían
el lúdico espacio arrebatado
-
por el hombre;
el péndulo cayendo sobre el oficio.
-
la aguja del
tiempo y esta otra sombra irrepetible
-
en la
confirmación del sendero (mis manos desde la utilidad
-
de aquellas
cosas antagónicas)
-
mientras yo era
aquel adolescente de rostro
-
advenedizo,
aferrado a la travesía.
-
– nadie pudiera
decirme exactamente ¿por qué?
-
-
-
-
-
CARTAS DESDE
FRANCIA, l989
-
-
en el vaivén de
las hojas
-
que ya no serán
más del árbol y la primavera,
-
otra cuerpo se
distiende en el desgaste
-
de las cosas (in)tangibles.
otros días
-
volverán a la
subasta de lo efímero
-
y otra noche
(para ser más exacto) aguardará
-
el éxtasis que
tus ojos ocultan. en vilo
-
por los senderos
menos transitables
-
leo (cartas
desde Francia, l989) apenas
-
tuve fortuna
junto al límite. un animal
-
enjaezado a mi
vientre recubría
-
toda esta tierra
flotante de espíritus.
-
ya no podré más
detener las palabras,
-
en la evasión de
sus golpes dejo silencio.
-
junto a lo
advenedizo o inmaterial
-
llega a su
término lo menos lúdico, lo menos
-
aparente. en el
vaivén de las hojas
-
la neutralidad
semeja el invierno tardío.
-
ahora que nadie
escribe cartas
-
hay demasiado
afán despojado de palabras.
-
más
allá del Boulevard Saint-Germaine
-
el polvo ciega
la fe (había señalado en el Diario).
-
definitivamente,
todo lo memorable nos pertenece.
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