Oswaldo Roses

 


Fotografía propiedad del autor
 

 

Esbozo biográfico

Oswaldo Roses. Escritor, poeta, y ensayista nacido Málaga, España, 1965. Pensador, poeta, narrador, ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: CANTOS DE SANGRE, Ediciones Rondas, Barcelona, 1984; LA MUERTE MÁS DIFÍCIL, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha quedado finalista del Premio Internacional de Poesía Amorosa, Mallorca, 2002. Es asesor literario de la colección Torre Tavira, de Cádiz. Ha sido incluido en NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, Ediciones Lord Byron, Lima, 2004. Ha colaborado en las revistas electrónicas Respublicae, Wemi, Letralia, Bajo los Hielos, Libertad, Refinado, La Gota, Pusaki, El Anartista, Realidad Literal, Cajón de Letras, Proscritos, Casi Nada, Redel, Fígaro, El Fantasma de la Glorieta, Veneno, Sufragio, Poegia, Híbrido Literario, Escáner Cultural, Poetas en la Red, Contracultural, La Rana Dorada, The Big Times. Ha publicado en periódicos de todo el mundo; y últimamente destacan GRAMMA, VICTORIA, SIN MORDAZA, EL CIBERPERIÓDICO, VÍCTIMAS DE LA PRENSA, EL TORRENTI, DISTRITO 19, EL NUEVO ENFOQUE, MOMARAMDU, LA GRILLA (donde tiene una columna), VISIÓNMX (donde tiene una columna). Ha colaborado también en revistas de investigación. Parte de su obra está traducida al inglés, al catalán y al italiano. Ha sido incluido en Nueva Poesía Hispanoaméricana, Ed. Lord Byron, Lima, 2004, dirigida por el poeta peruano Leo Zelada. biográfico del poeta

 
Selección Poética
 
Las leyes carnívoras
A Óscar Huerta
 
Con la cúpula de Dios en la noche
aviva la nieve negra
la esperanza;
es así,
hay una astucia que afila sus sueños,
sus vengativos sueños,
más indoblegables
que nunca.
 
 
La queja de Chéjov
 
Esta es la flor de la soledad:
mirar,
mirar
cómo escribe una sombra mis recuerdos.
Mirar
bajo la vida alejada
el cariñoso pan,
el beso cortado y el rencor.
Ahí en prisas la muerte calla.
 
 
Una flor como se pueda soñar
A Ruth
 
Con un largo viaje al horizonte:
te besaré,
si tú me lanzas un rostro
y ya como el agua
-primera ley-
se ilumine, se entregue.
 
 
Sin poder
A Miguel Hernández
 
En este imperialísimo canibalismo
cómo resistir
con los ojos vaciados
de llorar;
en qué fondo hundirse
y guardar el alma;
por qué motivo fiarse
de la luz que no se acaba, que no,
pero acuchilla.
Qué rumbo es la dulzura, Miguel,
desahuciada ya hasta la muerte.
 
 
República de la soledad
 
 ¿Quién ha visto
la muerte abandonada en la noche?,
¿quién de entre todos los guerreros del Hades,
de la nada y del olvido?
 
Porque ¿cómo se escupe el sueño
si petrificada está la visión
depauperada
                    de los siglos?
 
 
 
El Quijote
 
Enferma de lágrimas
la gloria
ante terrenos inmundos
para quien sólo venció a los titanes del engaño,
a los que denigraron
el honorable nombre de mi dulce amada.
 
 
 
(Sotto voce) 
 
Llega el frío que sólo uno comprende,
llega aquí, ahí donde mi fe,
llega irrenunciable: cortador de ojos.
Es gris
a fondo desconsolando palabras,
gris a fondo.
(enero de 2003)
 
 
 
Aspereza
A   Raúl Mellado Castro
 
Es tarde,
              ahora no puede uno rezar,
ahora no puede uno dejar la lluvia
para siempre.
 
Es tarde
de mucho presentimiento desgajado,
entre murciélagos fuertes
e inolvidables delaciones
como diamantes de tormenta perfeccionando el odio.
 
 
De pronto...
A Federico García Lorca

De pronto el toro en soledad erguida
con el nombre solar de la hermosura,
y a Dios ve el hombre por su cara oscura
cuando asusta la muerte y alza la vida.

Fieramente una rosa transmitida,
humildemente y rabia de ternura,
no se quiere matar -él nos lo jura-
sino a la muerte audaz, y no a la vida.

¡Ay!, soledad soñada frente a frente,
¡ay!, llegar paso a paso, lentamente,
enduendeciendo la pasión perdida.

Toro que siente, toro que no pierde
más tristeza fatal que la que muerde,
sólo muere de nuestra misma herida.
 
 
 
Mar
 
No hay oleaje inútil
del fondo a la arena;
ni sensación ni abismo
para menguar su fuerza.
 
Sólo es luz fugitiva,
sueño; sólo presencia.
Sólo revuelos cándidos
en la distancia esbelta.
 
Suspiros y caricias
¿cuánta más brisa ciega?;
sonrisas y canciones
cuanta más mar se deja.
 
Delicias del azul,
lánguidas, aún velan
como flores del cielo
—paz— espumas enhiestas.
(octubre de 1999)
 
 
Mañana
(A Luis de la Paz)
 
Mañana, es el amor
recogiendo las flores
más amables, soñando
como brisa perfecta.
Canta la ilusoria ave
 
en su vuelo, de pronto,
de rama a rama, e hila
hilos de corazón.
 
Se llena un tiempo del sueño;
las aguas de la alberca
no esperan a la ilusión,
sino enseñan sus gemas
 
y escuchan el sosiego
del granado, del niño
que yo llevo apacible,
que yo sonrío eterno.
 (octubre de 1999)
                        
                        
La alegría
 (A Ruth)
 
Retiene la alegría
el tiempo y sus heladas;
ingrávida, a sí misma.
Descubre la esperanza
como encendida música
magnánima, sin miedo.
 
Ni la excusa más fiera
la detiene en su altar
de recuerdos, solemne.
 
Es la estrella más firme
el color más amable,
hondo ánfora del amor.
                        
 
                       
Melancolía
 (A Matías)
 
Como cuando se regresa
por el invierno a la casa
a través de unas callejas
solitarias y nostálgicas
 
sólo en ti un puro deseo,
sólo en ti una pura mirada.
Entonces sientes lo perdida
que se ha quedado la infancia.
 
Tanto se te ha arrancado
del corazón, que las lágrimas
son ese olvidarse mismo
de la soledad -callada-.
 (septiembre de 2000)
                        
 
                        
Vejez del cuerpo
 (A José Hierro)
 
Cuerpo, albor lejano
de juventud, tiempo
de estrellas, holgado
morar en el viento,
 
derramado azul
acorde a silencios
que giran y tiemblan
iguales a pájaros,
 
o quizás a músicas
o a erguidos árboles.
Orillan aromas
su ámbito, su vidrio,
 
una faz tan bella
de eternidad. Lámpara
ciega, con recato
de diamantes íntimos.
(septiembre de 2000)
 
 
 
Del Olvido
A Ramón Ordaz
 
Ante la hoz del olvido
no sabes hacer nada;
el asunto es el mismo,
sombría la mirada.

El azar muere oculto
y triste, sin esperanza.
Moneda de abandono,
excusa, sombra avara.

El miedo te desvive
y quema la nostalgia;
frente a un precipicio
las preguntas exhalan

sus silencios heridos
por manos afiladas.
Son verdad las angustias,
víctimas de las lágrimas.
 
 
El furor del fuego
 
tal vez con las letras del sueño
tal vez
te he escrito
pequeña y perfumada soledad
cuando he visto en seguida la luna enrabiada
en el dolor sonámbulo de tu beso
 
tal vez con las mordaces primaveras de la noche
tal vez
mientras he estado durmiendo a perdición
llorando el ebrio amor
y sobre todo...
cuando la música del deseo
/caía sobre las sábanas:
he sentido todo el destino mío
en ese instante torpe y frágil de tu cuerpo
 
pero tal vez la palabra más enlagrimada -más-
me desveló que no ha existido inmensidad tan cercana
 
 
 
La sombra de la sombra
(A fabián farga)
 
llorar de asco
a la plaga de las pérdidas
-que es de miedo el beso
enloquecido el Sol
arrugado hasta el bostezo de la espera-
a lágrimas de catarata carniceras
soñando con abanico de alacranes
tan debajo del ombligo de los circos
oh así
gran chocadura
contra la soledad
contra
las deposiciones de los sábados
el patio en su manera buscarratas
o las trepidaciones
o los detritus de repuesto
o los días sin más
como huracanes invencibles
los días que comen las mentes ésas
a sabiendas del desconcierto total
en los reinos de las uñas
mientras ríen las serpientes
 
 
 
En cualquier sombra
 (a Sandra Maldonado)
en cualquier sombra me dicen niño
pero soy un trago nevado de la espera
quizás no soy nada
o un junio velozmente en este clima
de rodillas
pero también para luchar me sé cada cual
con su desodorante masticado
a navaja de partir hacia la noche
porque en la indefinida colección del agua
sufrimos
eso es
no sé la respuesta de la infamia
no la sé
o quizás
porque no sé más que la excepción de mi suspiro
o inciertos y despedazados rumbos imposibles
donde lágrimas tan últimas parecen sangrientas
aunque declaro convencido de que sirvo para gritar atado
como aquel muy oráculo amistoso de mis uñas
acaso de la desarrepentida inercia del crepúsculo
porque más a ciegas desacurrucando la verdad
y la lluvia medrada por sus silencios es límite
tal como encender la ebriedad del cielo
mientras yo ya ni soy perfecto que es desgarrada una pena
desencarnada a pena por la sucia flauta
y luego me echarán en plomo al río
 
 
Todo sigue
Todo sigue.
El viento en las palabras
sigue
con su ritmo hechizante.
Y el Sur sigue
ola a ola
como azul, que en limbos frenéticos adora vivir.
Sigue al más allá neto del mediodía;
sigue un río que cruza la historia;
sigue en su afán la fantasía.
 
 
Abstracción o... el aliento invertido
A Sara Vanegas Coveña
 
Cuando pesa el invierno
busco rayos sonámbulos,
busco viejas armas
                           de luz,
busco dioses o semidioses -o semitumbas-
enfermos de otras avaricias
o, en claro,
la sutileza de las palabras.
 (febrero de 2003)
 
 
Atila acorralado
A Julián González
 
Mis ojos ya no aguantan la tristeza,
no perdonan ya en llanto la mirada
como una soledad desmesurada,
como una eterna maldición impresa.
 
Esclavos de ir tratando la belleza
trágicos son de luna enamorada,
e inmóviles de pena constelada
con tanto desandar tiempo que reza.
 
Al labio su flor llevan gladiadora
—solitaria de espinas de alegría—
¡oh!, con este revés que anda y que llora.
 
Por un desierto de amargura mía,
cansado de libar sueños de aurora,
voy ausente de morir sin compañía.
(diciembre de 1998)
 
 
 
Escorpiones
A R. M.
 
Escorpiones me lloran por los ojos
día tras día en negro pensamiento,
y aman, hacen su dulce desaliento,
su soledad herida y sus despojos.
 
Escorpiones que muerden a manojos
las fatales tristezas de tormento.
¡Ay soñar olvidado y polvoriento
andando en duro sino de rastrojos!
 
Tiznarán hasta el niño en el que canto
hacia esta lis ciega de ternura,
la paz sin burla, la razón invicta.
 
Escorpiones me clavan hacia el llanto,
en el mal de ave, reino en desventura,
que desgajes de sangre precipita.
 

 

 

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