Nicolás Pinkus

 

Antología poética

 
 
ENVIADO
 
El ángel a este barrio, a esta cuadra siniestra
donde vivo; puesto
a hurgar en esta casa por mandato patronal
viene a alertarme; enviado el ángel desde dónde a resolver, a reunir
cada ánimo dispar y lograr que me encamine hacia mi meta, creo que a eso
viene este enjuto de ala, cabizbajo
más triste que nadie y en salto a lo mortal, ¡cae en mi sala!
y yo que sólo quiero meta logro, más futuro; y tacho
almanaques sin días, de la nada
viene este mendrugo de ave a darme lata, ya sé que es Tu correo pero mal
y tarde Te acordaste; enviado el mequetrefe, yo maldigo
cada débil movimiento; distinto pero poco
igual casi es lo mismo.
 
 
 
RADA TILLY
 
 
Si la verdad llegara tarde
y toda su carga fuera a dar al mar
la corriente la dejase amurallada al lecho
filoso y bello,
indetectable
el sonar informara que sí, algo ve
verde fluorescente en la pantalla pero
qué es
y si nunca se supiera que la verdad
clara que debía tocarnos, el augurio
arrojado a cambiarnos la vida
fue a dar al abismo
y si ese golpe de suerte ese salto de conciencia ese aire
está vivo allá abajo
entre el escozor y el casco de un pesquero
y berrea y chilla
y aún lo escuchan por la playa
pero qué
el viento debe ser
el ulular
enviudándome
talándome los sauces de raíz
si de verdad llegaras
tarde
o ni siquiera.
 
 
 
COMENSAL PADRE, HIJO
 
 
En la espera hemos grabado
nombres en los platos de madera
y lustrado una vez más
vasos y cuchillos para matar el tiempo.
Recostarse sobre la mesada de granito
nos entretuvo. ¡Comiencen!
Bastará la compañía silenciosa de la fórmica
en su sitio
la cocina atestada de objetos
máquinas livianas
la heladera que tritura hielo
el parpadeo tubo
fluorescente como si él fuese a regresar
cargado de helado.
 
*
 
Crucificadle
                               porque a su tiempo más debido
                                      no ahorcó a los señores del hartazgo
                                           (Roque Dalton, Cristo)
               
 
 
Querubín
que tuerces ala para acercarte
a los hombres;
ángel de protuberancias dotadas para surcar
divino el cielo, mensajero
baja un poco
podamos así
querubín acariciarte
cada pluma tan frágil filigrana
espuria
y enceguece al vuelo.
 
 
 
NANA PARA UN LIBERTO
 
               
                El niño-no-apto-para-mayores-de-18-años
                   (Roque Dalton)
 
 
 
Grillo
brillo grillo
amarillo
verde limón
que la Tierra gire un montón
no quiere decir
que sepas...Mejor
grillo,
rama clara de patas que va,
no me pises el plato
dejé
comida de ayer
en tu cric crac
aserrín
aserrán
légame
y devuelve
esta sobra orfandad
al reino animal
a un planeta
sin gravedad
que gire en su luz
millón tras millón
algo verde de un jugo mejor 
amarillo
grillo convoy.
 
 
 
 
 
EL APAGÓN DE NEW YORK
                      
                         And when you want to live,
                                      How do you start? Where do you go?
                                      Who do you need to know?
                                      (The Smiths, The boy with a thorn in his side)
        
Fear is an instructor of great sagacity and the herald of all revolutions
                        (Ralph Waldo Emerson)
 
 
I
 
La noche en que se fue la luz
yo estaba en la plaza; cerca de un jazmín
pero no me viste
ni viste la flor
ni a los chicos en sus uniformes
de acné, esa noche
la luz se fue de pronto
antes de que hubieses intentado
mirarme, allí
sentado en Astor Place
con nuevos ojos
en vano
porque ahora oscuros los pétalos,
mi cara tallada en el deseo
sofocante: estábamos
en julio, a mediados de mes,
y yo quería experiencias,
emociones que no se compran
ni siquiera ordenándolas
por catálogo
-envueltas
 
como regalo- yo quería tu experiencia,
la noche en que se fue la luz.
 
 
II
 
El aire huele a devastación
y a vidrio. Bella corrosión del sentido
nasal, como mi voz; como el néctar que escapa del estambre
-y sin la tentación visual-
reina,
descolla y me corona como el gran testigo
de su polen: la sexualidad vegetal irrumpe
y no se ve
 
nada de Manhattan
 
llega hasta mí
la alerta insular, espina
de 1977 con mi pinga
dura contra el apagón bajo el pantalón,
huelo como los atardeceres de verano:
húmedos y untables, satinados por
y para mí
este ágape nocturno sin contornos
sin previo aviso, como si fallara el suministro de ergonomía social
y los transportes
y los teatros claudicaran
resignadamente ante la cancelación, el estupor
ajeno que contagia cómplice, al rato
-todos encogiéndose de hombros en el tren,
donde una mujer encontró fósforos
de cuando fumaba;
-todos arremolinándose contra bolsos y carteras
para no perder lo poco
y lo mucho, multitudes sin vocación
para el instinto, la sombra nos decreta
intrascendentes porque de todas las maneras visibles
 
posibles, le sobramos.
 
 
III
 
Sobre los árboles, la Cintia Menor y otras constelaciones
brillan sin alumbrar
la Rauda Calixto, la Septeyma
y esa otra no sé bien
cómo se saluda a los extraños
cómo tener miedo y estar solo –y a un mismo tiempo-
estar tan, tan
caliente
bajo la fronda del parque central- he caminado
a tientas- la ciudad es una anguila
que chilla, vieras cuán
erguido el rozar del jean entre mis muslos qué apetito
soberano, yo anuncio
mi vanguardia en esta isla al aire
libre
y liberado
 
a pocos metros de la estatua de Martí.

 

 
 

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