Neus Aguado

 

Antología poética

 
 
Necesito llorar cuanto el silencio esgrime
para acallar conciencias y neutralizar verdades.
Trepanar con soltura los cerebros amigos
y verificar que alguna vez existieron en mí.
Compadres de alguna fiesta inconclusa
a la que llegué con excesivo retraso.
Llegue descalza como una antigua carmelita
y mis hábitos –siempre fueron malos- impregnados de ron.
Mas eso no fue óbice para brindar por todos ellos.
Miles de copas he vaciado junto a mis amigos
y fieles bebieron y fieles bebimos durante horas.
Ninguno pudo acompañarme más allá de la vida
ni tampoco quisieron acompañarme hasta la esquina.
Pero mis amigos son buenos y todo lo festejan con vino.
Y yo soy una ingrata porque siempre me quejo:
sin comprender que ellos son mi único vino, la mejor la marca.
©Neus Aguado
De: Ginebra en bruma rosa
(Ed. Lumen, Barcelona, 1989)
 
 
 
***
 
 
Nadie acuse a Ginebra, la reina.

 

Con Lancelot soñaba cada noche
y Lancelot se demoraba en justas y torneos.
No supo ni quiso preservar su honradez
y confundió a su caballero con senescales
y en lechos de estameña hundió sus nalgas
a la espera de montar fontana abierta.
Cómo cabalga, cabellera al aire, en bruma rosa.
Cómo apaga su sed bermeja en la hendidura.
©Neus Aguado
De:   Ginebra en bruma rosa
(Ed. Lumen, Barcelona, 1989)
 
 
 
 
Como una araña impasible detrás de los cristales...
 
Como una araña impasible detrás de los cristales
están mis sentimientos escondidos en tu mirada.
No se mueven, ni que los golpee el tiempo,
inmutables en el lagar del vino más rancio
esperan que alguien rompa el espejo y no esperan,
están allí incrustados en un cristal purísimo.
Y no existe para cortar el diamante más fino.
©Neus Aguado
De: Ginebra en bruma rosa
(Ed. Lumen, Barcelona, 1989)
 
 
 
Las tablas de la ley
 
Saber que cometes adulterio
para no volver a cometerlo
que matas para no volver a matar
que robas para no volver a robar
que codicias para no volver a codiciar.
Y aunque no te lapiden
ni te corten la mano
ni te saquen los ojos
saber que el alma está completamente mutilada y se arrastra peregrina
topando con los ángeles que alguna vez tú misma mandaste desangrar.
©Neus Aguado
Del libro Aldebarán
[Ed. Lumen, Barcelona, 2000]
 
 
 
Consejos domésticos
 
Sacar a pasear el alma como quien saca un perro,
no permitir que te ladre ni que te lama,
plancharla después del bronceado
y procurar que no se queme, aunque arda.
Consumir el fuego sobrante y, si no hay más remedio,
mandarla una vez más a la hoguera o a la tintorería.
©Neus Aguado
Del libro Aldebarán
[Ed. Lumen, Barcelona, 2000]
 
 
 
 
***
 
 
 
Y al respetar la densidad de los sueños, coto hermosamente vedado,
ser uno de los sueños más sabios y sagrados, ser la realidad
de días plenos con su sol y su lluvia y la luna de la cosecha.
Y que nada ni nadie destroce la esencia de nuestro sentir primero.
Y cuando hayamos olvidado cuánto nos costó encontrarnos y reconocernos,
los inmensos laberintos que nos precedieron hasta que salimos a la luz de la espiral
con una rosa chamuscada entre las manos como única prueba
de nuestro peregrinaje a través de los subterráneos y sus acechanzas,
entonces, digo, cuando hayamos olvidado que alguna vez
temblamos y cambiamos nuestras almas y cambiamos nuestros cuerpos;
entonces que una lluvia muy fina nos limpie por dentro despacito
y nos otorgue la sabiduría de poder amarnos de otro modo,
como en un arrebato de nostalgia de otros mundos y sueños,
como si recomenzara una danza antiquísima que brotó en el inicio.
 ©Neus Aguado
Del libro Aldebarán
[Ed. Lumen, Barcelona, 2000]
 
 
 
 
Es la voz del encuentro...
 
Es la voz del encuentro,
la escucha como si fuese reo de muerte
y el escucharla fuese su última voluntad.
Nadie sabrá jamás el poder de sus labios,
el poder de hipnosis del sonido
superior al de los poderosos ojos.
Escucha, pues, y muere.
Demasiada tibieza para perseverar.
©Neus Aguado
Del libro Aldebarán
[Ed. Lumen, Barcelona, 2000]
 
 
 
 
La cínica belleza que el tiempo ha madurado
es la que me gusta a mí
qué le voy a hacer, qué le vamos a hacer
vade retro efebos y ondinas
La belleza de los cuarenta años
es la única que siempre me gustó
hasta enloquecerme
hasta hacerme abandonarlo todo
qué le voy a hacer, qué le vamos a hacer
Tout homme ou toute femme qui renonce à son désir
refoule son propre abandon (Pascal Quignard)
 ©Neus Aguado 
Del libro Entre leones
(El Toro de Barro, Cuenca, 2002)
 
 
 
Nec spe nec metu
 
Alumbro con una linterna de bolsillo
esta mi casa que cobijó tu ira,
me parece muy distinta, casi deshabitada,
la ira llenaba todos los rincones
y ahora ni siquiera hay tristeza
sólo vaga una divisa de una dama italiana
que se refugió sin temor ni esperanza
en los libros de horas, en los iluminados.
Un día de fiebre soñé una casa solariega
con las persianas entreabiertas
marcando el paso del sol y la belleza.
Tú me dijiste que la habías visto a la misma hora
Seguramente no fue a la misma hora,
seguramente no fue la misma casa
aunque días después la pudimos ver desde el tren,
entonces ignorábamos que ya habíamos perdido el tren,
la casa, las persianas, el paso del sol y la belleza.
©Neus Aguado 
Del libro Entre leones
(El Toro de Barro, Cuenca, 2002)
 
 
 
 
Absorber fracaso tras fracaso...
 
Absorber fracaso tras fracaso
la escoria de todas las ausencias.
 
Reanimar gesto tras gesto
la parodia de la media vida.
 
Plantarse miedo tras miedo
en frente de la oración nocturna.
 
Para gritar lentamente y sin esmero
las únicas mentiras aún sin escupir.
 
Para modular la eterna frase de la oportunidad.
©Neus Aguado 
Del libro Entre leones
(El Toro de Barro, Cuenca, 2002)
 
 
 
 
Reconstruiré una a una las arrugas de tus ojos...
 
Reconstruiré una a una las arrugas de tus ojos
para bebérmelas de golpe en primavera.
 
Atravesaré con mi tacto los pliegues de tu boca
para sorberlos como un mejunje medieval.
 
Tu voz dejaré que la reconstruya el mar
para más tarde sellarla con un ramillete de algas.
 
Después me columpiaré en tus quejas
(como plumas de siniestras palmípedas)
y atravesaré con mi sangre el hilo de tu aliento.
©Neus Aguado 
Del libro Entre leones
(El Toro de Barro, Cuenca, 2002)
 
 
 
 
41
 
sepia es la herida
te digo
en el retrato
no la podrás distinguir
se ha quedado en el fondo
y lo que es peor
fue mi máscara
en los años
de formación
como suele decirse
19-VI-2002
 
 
 
 
42
 
agonizas en mí
treinta y siete años
después
aún no alcancé tu edad
es curioso
que la muerte haya
esperado
hasta ahora
para irse a paseo
estuvo dentro de mí
treinta y siete años
fue como retenerte
como parar el tiempo
pronto
blanqueará mi propio cadáver
pero ya no será mi huésped
©Neus Aguado 
Del libro Intimidad de la fiebre,
(El Toro de Barro, Cuenca, 2005)
 
 
 

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