Mónica M. Volpini

 

Antología poética

 
 
LA FOTO
 
 Me miras desde una foto
 (que dejaste tirada al marcharte).
Qué hermoso, mi amor…qué lindo.
Allí nos vemos unidos y sonrientes…como antes.
 
Como cuando acariciábamos entre los dos al hijo…
Ese hijo que hoy se ahoga en un maldito mar de lágrimas.
 
Mi cabeza se apoya en tu costado.
   Estoy viva. Estoy feliz…
mientras  aspiro ese perfume que creía que usabas para mí.
 
     Desde la noche a la mañana
   olías  a jazmines del valle, y era dulce
dormirse al calor que desparramaba tanto aroma.
 
Sí. Ya sé. Vos me dirás que es tan sólo una foto.
 
Un inmortal momento de mutuo arrebato
      que alguien nos robó.
 
(Pero no fue cualquier fotógrafo)
 
(Ese alguien fue nuestro hijo, inocente,
    tratando de guardar aquel instante).
 
        Y esta noche que la miro…
-con mis ojos enturbiados por la locura de sufrir tu ausencia-
     …lo descubro. Todo.
 
O casi todo. No sé.
 
Veo que tus ojos no sonríen a la par de los míos
           y que desde tu boca
se destila una amargura que aquel día no noté.
 
Entonces te imagino de frente y me pregunto
   Sobre el por qué de tamaña tristeza.
 
      Ya estabas con ella.
 
Y me cuestiono esa sonrisa inocente que partía mi boca.
 
Cómo no me dí cuenta de que estabas sufriendo.
 
En lugar de sonreír….debí haberte abrazado
muy fuerte. Con amor. Con entrega.
 
Es de noche. Siento que me aliviaría romper esa foto.
Pero seguiría su dibujo ilustrando memoria.
   Entonces la doblo. La guardo.
         O la olvido.
 
Haga lo que haga…todo será igual.
 
 

 

ME REVIENTAN LAS VENAS
 
Me revientan las venas de palabras
mientras el corazón golpea en mi cabeza.
 
Mil pensamientos me desordenan el alma
que  de tanta paz disfrutó en tu ausencia.
 
Te veo para odiarte y me marcho para ser feliz,
Pero nada es posible. Yo soy tu amante,
 
y aunque el cielo se acabe y nos libere la muerte
no me podrás abatir con tu afán de inmolarte.
 
 

 

HOY DEBO RENUNCIAR
 
        Hoy debo renunciar.
           Es necesario
Olvidarme de las curvas de tu cuerpo
    que alguna vez tocamos juntos.
 
Te cuento que conocí el infierno.
    Es el adiós que se les grita
   a los que continúan cerca
         en el espacio
        pero que ya no son.
 
     Hace unas horas te escuché
declararle tu amor a otra mujer
   Imaginé tu sonrisa, franca y joven.
     Pensé en sus ganas,
 en la alegría por disfrutar tu voz.
 
          Quise matarla.
O tal vez te dibujé muerto en mis recuerdos.
      Perdóname.
Hoy he descubierto que no puedo
   manejar a mi antojo un corazón.
 
      Ya no eres mío.
(A pesar de las mentiras que escupiste
     para salvar tu error).
 
   Amar es lo normal.
 Por eso aún te amo.
   (El cielo me abrió los ojos).
(Hoy debo renunciar).
 
 

 

DESASOSIEGO
 
Márcame las horas.
   Delimítame el tiempo.
Tápame los ojos
   Y oblígame a sentirte.
 
     Es tan difícil lo fácil
cuando  es tan arduo el camino…
   …para amarte…
 ….para dejar que me ames…
Que ya no puedo escaparme
    del destino común.
 
Pero el corazón se agita
   mientras tus manos me tocan.
 
  El alma estremece las mejillas mustias
     por almacenar dolor,
      al teñirse de rojo
-                                                                 y no es vergüenza, amor…
…más bien yo lo llamo bronca-
porque te amo pero sobre la almohada
  debo pintar suavemente tu nombre
    para que el viento lo arrastre
           sin que te borre jamás.
 
  Y así estoy en la noche:
vagabunda en la abundante sombra.
        Eternamente sola
(aunque el corazón me dice
    como una mala palabra
que, en contra y no a favor de todos,
   habitará la sonrisa pícara
       masticada en mis labios
cuando llegue lánguidamente la hora…
    …. algún  día tal vez).
 
 
 
 
 
SIESTA EN FEBRERO
 
Pronto llegará la lluvia
y mis hiedras sentirán la fresca caricia de sus gotas.
Mientras tanto, tu amor se está instalando en otro cuerpo,
en otra alcoba y entre otros brazos,
mientras tanto.
Y llegarán: el agua, la oscuridad y el viento.
Tu cuerpo pintará su lujuria
sobre la juventud de una mujer más nueva.
Ahora me pregunto qué me queda:
algunos inviernos
entreverados con las innumerables primaveras
que algún día descubrí bajo tus sábanas.
Tal vez hoy no necesites el agua.
El amor solo –cuando es real- puede crear el éxtasis.
Te atrapó la juventud y la ilusión por una vida nueva.
Y allá te vas.
Veo que la locura hoy te acompaña a todas partes.
Pienso que me quedo sola.
Pero solamente estaré sola de vos.
De toda una vida pintada de desamor y engaños.
Jamás me despediré de tu recuerdo
   -eso lo sabes-
Y en tu memoria quedarán pegados nuestros años de lucha,
de dolor y de amor.
Pero también de mentiras.
Yo le pregunto a mi alma por qué no te hice feliz
ni siquiera con el hijo,
ni siquiera con las primeras caricias sinceras y ardientes.
Pero no me responde.
Será para no aumentar este dolor que presagia muerte.
Comienzo a vivir la inercia en mi materia.
No entiendo tu efímero pasaje en nuestra vida
a través de los años.
Los años… Dios sabe que generan tempestades.
Porque mi peor pecado fue haber envejecido,
mientras a tu lado florecía otro amor
joven, pleno de la vida y de los sueños que algún día tuvimos.
Sueños que ya no recuerdas.
También se pusieron viejos.
Como yo.
Y te irás bendiciendo esa nueva vida que ilumina tu otoño.
Mírate al espejo.
No cierres los ojos.
Tu cabello está blanco y las manos te tiemblan
igual  que las mías.
Vete ya. No importa. No entiendes.
 
 
 
 
EL ESPEJO
 
Recién me asomé al espejo,
y sentí bronca cuando vi que estaba loca.
 
Loca o sola. Es lo mismo.
Ambas cosas enajenan la sonrisa.
 
    Acaricié mi piel
sintiendo que además estaba vieja.
 
Y le pedí a Dios que se hiciera presente.
 
      Aún lo espero.
 
(Será un día difícil. Lo sé).
 
 

 

EN SILENCIO
 
Siesta de un sábado con mucho sol pero sin vos.
  Y de qué me sirve estar contenta.
 
Nubes de terciopelo me acarician el alma desde arriba
  como si desearan rescatarme de este infierno.
 
    Pronto se acabará mi luz
por más que el sol de otoño se empecine en iluminar el cuarto.
 
Para qué perseguir la claridad
si mis ojos se niegan a contemplar el cielo
en este pequeño espacio que desborda ausencias.
 
    Las cosas materiales
me danzan entre recuerdos lejanos…
-“¿Recuerdas cuando me compraron en aquella feria?”-
  me dicen dulcemente.
 
Y claro que me acuerdo.
 
(Es tan cierto como que no quiero acordarme).
 
Si juntos las obtuvimos
han perdido  su valor cuando me quedé sola.
 
  Al diablo con la materia.
En este momento, sólo a tu ausencia puedo ponerle precio.
 
Porque eres demasiado caro para recuperarte.
 
Ya debo entenderlo de una buena vez:
 Que no estás disponible ni deseo comprarte.
 
(Y debo conformarme con llorarte a medias).
 
 
 
 
POEMA CUARTO
 
   No sé para qué escribo todo esto.
Será para dejar constancia de mi muerte.
Será para atraerte desde la nada absoluta de mi sueño
  y para que hiervas en este infierno de deseo.
 
  Es por tu alma altiva, deliciosamente fría y lejana
que me lastima el cuerpo con su azote cortante
  de odio, de sardónica risa; de helada respuesta
    a mi derretida ansiedad
          de fe, de amor, de paz.
 
(O tal vez escribo en medio de un incesante anhelo de calor,
        para que lo lea, mañana
      ese minúsculo pedacito de amor
    que me estalló en el vientre alguna vez).
 
Necesidad…enfermedad de amor latente en la sombra
  de mi soledad, desesperada de Dios.
 
    No sé para qué escribo todo esto.
Será para olvidarme de que aún debo seguir andando,
    que todavía me faltan desengaños y burlas;
      porque no se me ha de permitir detener
este loco ir y venir de historias vividas y futuras
  y mi eterno deseo por arrancar del alma
          todo lo pasado,
y mi enfermizo rencor por los futuros miedos
    de soledad, de paz, de nada…
 
…será por eso que esta siesta de un invierno
   (El más frío y triste y lánguido
de todos los que soplaron sobre mi ajada piel)
arrojo sobre el papel mis lágrimas viejas,
mancho con tinta azul el último escalón hacia la muerte
   de esa alegría que alguna vez endulzó mi cara
    que ya no ríe, que ya no mira el cielo:
       Por eso escribo todo esto.
           Por eso y nada.

 

 
 

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