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- Salimos a la calle, caminamos
bajo la llovizna,
- entramos en un bar, bebemos,
compramos una pizza,
- la envolvemos, se enfría, la
tiramos,
- seguimos malecón abajo, las olas
blancas
- levantan sobre nuestras cabezas,
- la noche es lenta, acuosa, no sé
si triste,
- tomamos café, tú casi no me ves,
no me oyes
- Te acompaño al ómnibus
- No puedo articular palabra
- Te vas en silencio
- Yo tomo el ómnibus siguiente,
- nada me molesta, ni el tumulto ni el vocerío,
- me quedo en el puente,
- las parejas jugueteando en la yerba,
- demasiado lejos mi casa
- Entro, subo las escaleras
- Repaso mi vida, y en cada imagen estás,
- en cada imagen perteneces,
- abro la puerta, el apagón, qué maravilla,
- me tiro en la cama, oscuro, silencioso,
- Alguien llama al teléfono. No respondo.
- Afuera es posible que siga cayendo la llovizna.
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- ***
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- Cuando los trenes rondan
- como pájaros extraviados
- mi cabeza
- cuando chirrían y me estrujan los
huesos,
- como puñales de escarcha, como
velas encendidas,
- ¿qué querrán de mi, sobre que
pastos de mis sueños
- irán a esparcir sus cenizas?
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-
- ***
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- Recorro el mismo camino de años
atrás
- El vaho de la noche escolta mi
sombra
- Llevo tiempo hurgando, viendo a
ver si aparece
- el preciado tesoro
- Voy a mover los molinos gastados
- Vengo de muy lejos, de donde
siempre
- y llevo esperma en las manos
- El tesoro no es una ceiba
heráldica,
- ni un sicómoro
- El tesoro se escurre en la
aceitada maleza,
- en el brillo de las hojas,
- en el confín
- Todavía voy marcando mis pasos
- y huellas traslúcidas van
quedando atrás
- No es el tesoro un gato salvaje
- Me abro la camisa y grito con
Tarzán
- A mi edad mi grito rebota en la
oquedad
- del monte
- Tras muchas máscaras
- vacío mis ánforas
- a donde tantos vinieron a beber
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-
- ***
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- He vuelto los ojos a la piedra
antigua
- y sobre ella he grabado
- mi discurso onomatopéyico
- He andado y desandado
- He creído y descreído
- hasta encontrar el rastro
- de mis huellas perdidas
- Me he vuelto a colocar el antifaz
de Jano
- bajo un cielo de estrellas
esquivas
- Me he vestido de acróbata, de
mendigo
- He tratado de ocultar mi
verdadera faz
- Pero la suma de mi propio linaje
- me desnuda
- Ahora sólo aspiro a repartirme
- en el tiempo que heredé de mis
antepasados
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- ***
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- Cuando mi imagen se desdibuja
- en el espejo
- y máscaras remotas, enigmáticas,
- se adhieren a mi rostro,
- máscaras de tantos que dejaron
sombras
- indelebles, peregrinas en el
tiempo
- hurgo en el fondo de mi mismo
- palabras sueltas, voladoras,
- palabras de tanta estación,
- de tanto azoro
- que me den una respuesta,
- una señal quizás,
- cualquiera que sea su signo
- para descifrar mi letra en el
oráculo
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- ***
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- ¿Hacía dónde me encamino,
- bajo qué lámpara me alumbro,
- en qué manta me cobijo,
- dónde oculto el asombro
- entre qué vidrios se escurren mis
ojos,
- sobre qué escombros me alzo en
estupor,
- donde pongo a volear mi alma
- si el tiempo no alcanza,
- si no basta una vida para llenar
- el hueco donde pastan como
despojos de orfandad
- los sueños que acuné en la
infancia?
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-
- ***
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- Tienen prisa los días
- que me persiguen como una sombra
- Tienen prisa y yo voy lento
- porque no quiero llegar
- Debe ser terrible llegar al veril
- Se, sin embargo, que habrá un
trofeo
- que tendré que recibir con las
manos abiertas,
- con los ojos vidriosos,
- con los pies
desnudos
- Oh, tierra, libérame de ese día
infausto
- conviérteme en medio del camino
- en un caballo de crines azules
- en una piedra de rayo
- en una luz esquiva que se
disuelva en la noche
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-
- ***
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- Yo te espero
- bajo los signos rotos
- del cine cantonés.
- Yo te espero
- en el humo amarillo
- de una estirpe deshecha.
- Yo te espero
- en la zanja donde navegan
- ideogramas negros
- que ya no dicen nada.
- Yo te espero a las puertas
- de un restaurante
- en un set de la Paramount
- para una película que se filma a
diario.
- Dejo que la lluvia me cubra
- con sus raíles de punta
- mientras presiento tu llegada.
- En compañía de un coro de
eunucos,
- junto al violín de una sola
cuerda
- de Li Tai Po,
- yo te espero.
- Pero no vengas
- porque lo que yo quiero realmente
- es esperarte.
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-
Che
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- Che, tú lo sabes todo,
los recovecos de la Sierra,
el asma sobre la yerba fría
la tribuna
el oleaje en la noche
y hasta de qué se hacen
los frutos y las yuntas
No es que yo quiera darte
pluma por pistola
pero el poeta eres tú.
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- POEMA CHINO III
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- Pregunté qué fruta era ésa
- que colgaba en ramos de un
árbol
- tan fino como las venas de la
princesa Fu Peng.
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- — Ciruelas, me contestó el
edecán.
- Pregunté si la grulla
esculpida
- a las puertas del pabellón de
las Bodas
- era de jade legítimo.
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- — No hay otro, me contestó el
edecán.
- Pregunté a la hora de la
cena,
- si la raíz de loto era
realmente
- la comida preferida de la
emperatriz.
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- — Lo era, me contestó el
edecán.
- Pregunté, al pie de la
muralla
- si la sangre derramada allí
por millones de hombres
- que dejaron sus casas
enlutadas no era monumento
- a la historia de China.
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- — Lo es, me contestó, grave,
el edecán.
- Pregunté si aquel dragón
tallado en la piedra
- Era un símbolo imperial.
- — Lo es, me contestó el
edecán.
- Pregunté si era un dragón con
cabeza de león
- O un león con cabeza de
dragón.
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- — Lo es y no lo es, me
contestó con ironía el edecán.
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- A J.L.B.
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- Yo también pienso en las
cosas
- que pudieron ser y no fueron
- Pero son cosas que tú y yo
- no compartiríamos
- Por ejemplo, que el rostro de
Helena
- quedara o no en la historia.
- Que Beda llegara o no a
escribir
- el tratado de mitología
sajona
- que tú, severamente, le
impusiste
- Lo que me importa son otras
cosas,
- mucho menos tantálicas,
- las manos que no pude tocar,
- los ojos que una vez me
miraron con terror
- y que amé,
- la culpa que quedó atrapada
- en la rama de un árbol,
- el pájaro que no cantó porque
le apretaron
- el cuello y que no aparece en
ningún tratado
- de ornitología,
- la muerte que no tendré,
abismal y catártica
- junto a la fuente de Antinoo,
- el espejo y el tigre de tu
oscuro laberinto,
- El Borges que no fui por
culpa de Borges.
- Ante la tumba del poeta desconocido
-
- Ante esta tumba
- inclínate, pastor, y arroja
tus semillas
- Haz tu mejor discurso, hombre
de barricada,
- ante estos huesos verdes ya
del moho de la noche
- Y tú, mujer, recuerda que
aquí yace uno
- que cantó a tu belleza
- solo, en un cuarto oscuro de
una casa de huéspedes cualquiera
- Niño gentil, deposita aquí tu
flor pequeña,
- ésta es también la tumba de
un soldado.
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- Oriki para
Bola de Nieve
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- Caballero de Olmedo,
- juglar herido por la flecha
de Ochosi, el cazador,
- ven en tu trineo de yaguas
- y enciende las calabazas.
- Dueño de la fragua y del
colmillo del jabalí,
- sumérgete en la espuma de las
cinco palanganas de Ochún.
- Entra, con tus calderos de
cobre,
- al monte carulé,
- apaga los grillos,
- estruja las esponjas,
- que aquí estamos flautas,
arcángeles
- péndulos silbantes
- para oír cómo crujen tus
viejos caracoles.
- Vamos, despréndete de los
cascos,
- salta estremecido del Puente
a la Alameda
- y déjanos tu capa de lagarto
raída,
- tu ronquera ancestral,
- tu canto antiguo.
- Zumba la curiganga
- mi negro
- ¡Zumba!
- Zumba la curiganga
- mi negro
- ¡Zumba!
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- Canción I
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- Te quedaste con todo,
- el libro y la memoria,
- los paseos y la flor
- Pero yo tengo tus ojos
- y de vez en cuando
- me miro en ellos — tan
tristes y huidizos–para que tú me lo devuelvas todo,
- el libro y la memoria,
- los paseos y la flor.
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