|
|
-
- HABLANDO CLARO
-
-
A Diego Almansa:
-
un Gran amigo
-
que siempre habló con claridad
-
- Hablaré claro,
- hablaré sin giros ni rodeos,
- que también la poesía
- es el grito desnudo
- de un simple alfabeto.
- Hablaré claro,
- para tener contentos
- a los oídos
- (¿o quizá a la conciencia?)
- de un gran amigo.
-
- Diré cosas claras, diáfanas,
- nítidas como el petróleo.
- Diré que la vida en Sudán
- es un plato sobre la mano;
- diré que en Sierra Leona
- llevan siete años
- de Masacre Civil
- y nadie mueve un dedo
- para evitarlo;
- debe ser tan poco importante
- que ya cansaron a los telediarios.
- Diré, que para algunos,
- ser indio en México
- es vivir en pecado;
- que el Grupo de los Ocho
- juega al Risk
- con muñequitos de carne
- y hueso
-
o sólo hueso .
- Diré que la roja sangre
- de los rojos,
- nunca enrojeció la tierra
- de los blancos;
- que los niños de Río
- son las páginas que se pasan
- de los periódicos.
- Diré que la Tierra se muere,
- y que todos iremos al entierro,
- obligados.
-
- Diré, que Dios es tan antiguo
- que aún no se ha enterado
- que el láser de los hombres
- puede curar la ceguera.
-
- Podría hablar
- más poéticamente,
- y quizá hasta construir
- un buen poema;
- pero no quiero,
- no vaya a ser
- que no me entiendan.
- Y no hablo, precisamente,
- para ser entendido
- por unos pocos.
-
- Estoy hablando claro,
- como quiere un gran amigo.
-
- Tan claro
- que muchos dirían
- que la tinta con la que escribo
- es demasiado negra
- para entender lo que digo.
- (2000)
-
-
-
-
- No veo que se reparta la tarta
-
- Vamos a hablar claro. Otra vez.
- Aunque no quede bonito. Aunque no
nos vayan a coger
- para un telediario (o mejor dicho,
gracias a eso).
- Vamos a decir lo que vemos. O
mejor, lo que no vemos
- por ningún sitio.
- Vemos un puñado de peces
esparcidos por el suelo,
- apestando a vergüenza ajena, y un
atún enorme de vez en cuando
- para las pupilas de los
incrédulos.
- Pero no veo la caña de pescar ni
la red por ningún sitio.
- Vemos sacos de trigo apilados por
la tele, con estampados
- de siglas y escudos. Parece que
creen que la gente come letras
- y se cubre con telas de bandera.
- Veo pan para hoy, y hambre para el
resto del siglo.
- Pero no veo el tractor ni el silo
por ningún sitio.
- Veo expertos, blanquitos
inmaculados con sus trajes
- de Armani recién sacados de
los infiernos.
- Consejos de papaíto para los hijos
descarriados.
- Veo inspectores internacionales y
marionetas de teatro.
- Pero no veo escuelas y
universidades decentes… por ningún sitio.
- Veo informes de ayuda al
desarrollo, enormes cifras
- que para sueldos de político no
son más que limosnas
- que se da por caridad al
pordiosero.
- Veo, como en el cerdódromo,
carreras de donativos
- para ver quién se gana la parcela
más grande en el cielo.
- Pero no veo que se reparta la
tarta de la que se habla en todos sitios.
- Veo, que las cucharas están
siempre en las manos de los mismos,
- y a los demás se les manda una
foto por carta
- y un restaurante amarillo con un
payaso en la fachada.
-
-
- Veo este poema quemado por la
inquisición de los nuevos siglos.
- (Poemas
para repensar el mundo)
-
-
-
-
-
- QUERERTE
-
A ti si lo quieres
-
- Quiero quererte como nadie,
- como no existirá persona
- que pueda describirlo.
- Quiero albergar un amor
- que se me derrame,
- que no me coja en el pecho
- y que se me escape.
- Que se vaya de mí,
- y a mí vuelva,
- desesperado,
- con todo el oro del mundo
- convertido en un abrazo.
-
- Quiero quererte tanto
- que me faltarían vidas para darte
amor
- y corazones para albergarlo;
- tanto, que hasta la palabra Todo
- me parezca poco.
-
- Quiero quererte en la
vigilia
- y en el sueño, soñarlo.
-
- Quererte del principio al
fin,
- en todos los cabos;
- que cada segundo de mi vida
- te quiera más
- que el segundo pasado.
-
- Quiero quererte a
bocanadas;
- exhalar amor en cada soplo.
- Llorar de felicidad como los
niños
- descansando sobre tu hombro.
-
- Quiero tenerte y que me
tengas
- y que eternamente nos tengamos.
- Levantarnos una mañana
siguiente
- y pensar
- que fue en el cielo donde
descansamos.
-
- Quiero quererte tanto,
- mostrarte tal adoración,
- que este poema fuera
- el único idioma de mis labios.
-
-
- Quiero sentirte tan
íntima
- que no quiera creerlo;
- que tenga que dudar si es delito
- quererte como te quiero.
-
- Quiero quererte como no
pudiera
- imaginar que te querría,
- inimaginablemente,
- como se quiere en los cuentos;
- quererte a lágrima viva,
- a corazón abierto.
-
- Quererte tan alto, tan
grande,
- tan sin límites,
- que este mundo nos fuera pequeño.
-
- Quiero quererte así
- porque así lo siento,
- porque sé que puedo
- querer como estoy diciendo
- -
alma, corazón y tacto -
- Quererte así
- porque descubrí hace tiempo,
- que las lágrimas que lloro
- son pedazos de amor sin dueño.
- (2000)
-
-
-
- ESPERA
-
-
Llanto de un padre a un hijo
-
aún en el vientre.
-
-
- Espera en la luz
- a que Marte se deje de mesar las
barbas
- y sienta que el aire es tan
blanco aquí fuera
- que no hagan falta laberintos de
niebla,
- ni cuadros de pino provecto sin
tela,
- para mirar algo más que el confín
de las pupilas.
-
- Espera en el sueño
- a que África rompa las últimas
cartas
- y todos empecemos a jugar a
subirnos a los árboles,
- de nuevo, como antes, como cuando
las ranas
- no molestaban a nadie, y no
necesitaban nenúfares
- donde apoyar su cuerpo y su
memoria.
-
- Espera en la quietud
- a que las manos del silencio me
acaricien
- y pueda guardar en un segundo
toda calma del mar,
- para que llegues a sentir el
hálito a rumor de caracola
- que llevaré pegado en el último
temblor,
- cuando el éter se canse de darnos
ultimátum.
-
- Espera en el tiempo
- a que todos seamos latines de
museo,
- tétanos con la sonrisa que nunca
tuvimos,
- y nos miren desde cualquier
agujero negro
- sin saber qué fuimos ni cómo
pudimos serlo,
- para que nazcan románticas
teorías sobre el Hombre.
-
- Espera en la soledad
- a que haya tantas banderas como
ombligos
- y sólo se escuche un himno cuando
nos roce el viento,
- entonces podremos andar por la
tierra sin mancharnos de tinta
- y oír la voz de quien grita antes
de mirarle la cara
- para ver si tenemos tiempo o
llevamos prisa.
-
- Espera en la inocencia
- a que Rousseau se crea lo que
dijo
- y la polilla ponga sus huevos
sobre el cemento
- de los edificios, para que sea la
rabia del vacío
- la que cercene ahora el cáncer
que tenemos por Cielo,
- donde apenas miramos de vez en
cuando las estrellas.
-
- Espera en un beso
- a que abra el libro en blanco de
mis deseos
- y venza a la cobardía de saberme
enteramente humano,
- viajaré en un verso al otro lado
de las metáforas
- para perderme en las íes y
aprender de lo ficticio
- el arte sublime de no preguntar
demasiado.
-
- Espera en la Luna
- a que el seno de Isis se haga
carne en mis labios,
- y la ardentía cavernosa de unas
entrañas maternas
- te transforme en Fénix con mármol
tallado en la espalda,
- para que los golpes sobre el
yunque de tus pasos
- sean las distintas formas de
soñar tautologías.
-
- Espera en la razón
- a que el número de los mundos
sólo sea un apodo infantil,
- y en esta Aldea haya Globos de
colores para todos
- sin que sea siempre el mismo
aliento el que los infle,
- para que tus sueños puedan volar
a la derecha de Dios
- porque no importará dónde esté la
cuna desde la que vuelen.
-
-
- Espera en la esperanza
- hijo mío, a que puedas salir de
esas entrañas,
- sin tener que llevarte las manos
a los ojos, hijo mío,
- como hice yo, para no caminar
sobre esta tierra
- de los hombres, con la duda
clavada entre las sienes
- de si hubiera sido mejor no haber
nacido.
- (2000)
-
-
CUANDO LO DIGAS
-
-
A Virginie Lorite:
-
Assez vu.
-
La vision s’est reencontrée à tous les airs.
-
ARTHUR RIMBAUD
-
-
- Ahora que
todo huele a tarde de domingo
- y se nos caen
de la boca las húmedas palabras
- del reino de
la Tierra, que nunca nos dijimos.
-
- Ahora que
el adiós querrá llenarlo todo
- como sediento
de las lágrimas de otoño,
- tú te vas, y
yo me quedo solo en estos brazos.
-
- Mírame a los
ojos cuando lo digas.
-
- Ya oigo los
barcos peleándose en el puerto.
- Del hueco de
mi recuerdo se escapan tristes
- los ayeres y
se van las olas que nunca vuelven.
-
- Fuiste como
esas olas, como golpe de brisa
- en mis labios
desecados, todo inmensidad
- y pasado, y
canto dentro de caracolas.
-
- Mírame a los
ojos cuando lo digas.
-
- Corazón de
norte vestido de rojo prohibido,
- me llevaste
hasta los abismos de los espejos
- donde todo era
yo y todo eran tus ojos.
-
- Me cerraste
los labios en la palabra mañana
- y tuve que
aprender a morir cada día
- y cada día
resucitar sin memoria con el alba.
-
- Mírame a los
ojos cuando lo digas.
-
- Recuerdo
cuando mi deseo se hizo llama.
-
Me viste en las pupilas el incendio de mis ruinas
- y viniste a
calmarlo con la zarza de tu tacto.
-
- Los dos nos
quemamos. Lentamente consumidos
- hasta que sólo
quedó una boca y un silencio
- y el incienso
salino que esta tarde exhalamos.
-
(2001)
-
-
-
- ****
-
- Me dijeron que te encontraría
tumbada
- aquí, sin ganas de verte ni
ver a nadie,
- con todas tus piedras regadas
por el suelo,
- oliendo a Prozac barato y
naftalina.
- La última vez que te vi, te
salía una antorcha
- gigante de la arena y un
hombre con cara de romano
- te lloraba el luto desde la
playa.
- Parecías tan efímera que
nunca hubieras existido.
- ¿Qué fue de tus gusanos de
seda dime
- esos que guardabas con morera
en una caja de zapatos?
- Estabas leyendo en las
revistas The age of innocence
- y en tus ratos libres le
prestabas la vida a los transeúntes.
- Vengo a que me devuelvas la
nostalgia que te presté.
- Ahora que he aprendido que la
esperanza es una flor
- de cactus, prefiero creer que
Dios existe
- y que seré, por fin, un
ciprés azul cuando me muera.
- Lo de Lorca... me ha dicho
que te perdona,
- que no tuviste tú la culpa;
te está rezando cantos de cisne
- desde la gloria.
- Lo ocultas bien detrás del
maquillaje de City Hall que te pones,
- pero yo sé que estás a punto
de llorar lágrimas de betún.
- Vamos, no alargues más esta
visita,
- no quiero acabar
escribiéndote después un poema.
-
- Ya vendré otro día, a ponerte
flores,
- cuando dejen de vender en el
kiosco de la esquina
- tus fascículos de futuro por
entregas.
- (Nueva
York)
-
-
-
- VI
-
- Te pones el vestido negro,
inexorable,
- después de rociar el Chanel
número 5 con tu cuerpo
- y maltratarme los ojos con la
rendija de la puerta.
- Sé que tenía que haber
llegado tres copas de Champagne más tarde.
- Me pides que te elija los
pendientes;
- me haces que los odie de
envidia
- y al final te pones los que
te regaló tu marido.
- En el piso de arriba, nos
sobrecogen los orgasmos
- de los recién casados en la
funesta obstinación de quien no tiene memoria,
- y nos quedamos un segundo
entero, persistentes hasta la fatiga,
- destapando en silencio la
herrumbre de nuestros labios.
- Esta noche todo el mundo te
volverá a decir que estás preciosa.
- Has contratado a otros oídos
más voluptuosos para la ocasión,
- pones la narcótica sonrisa de
las mandrágoras
- y les insinúas l’Arc du
Triomf con una sutilidad digna de La Gioconda.
- Algunos impíos se rozan
contigo deliberadamente
- y los veo echándose a los
bolsillos tu voz
- y masticar después, como
cocteleros de galas,
- las migajas de tu glamour
reserva del 68.
- Yo te miro desde lo alto de
Mon coeur, desde allí alcanzo a ver
- también esa espina gigante
que te clavaron,
- y que te duele
lo sé
subrepticia, inconfesablemente,
- detrás de las bambalinas del
teatro.
-
- No te molestes en llamar
otra vez. Creo que la cobertura de mi móvil
- ya te ha conjurado.
-
(París)
-
- III
-
- Recé para que lloviera. Sólo
te faltaba eso:
- la lluvia cayéndote por la
cara y por tus senos de agua.
- Sólo te faltaba eso. Eso y
una sirena muda
- recorriéndote los soportales.
- Había oído hablar de ti, pero
no te imaginaba.
- Cuando te vi, con esa máscara
y esos ojos
- de leona en celo, pensé que
se habían equivocado las olas.
- Una cortesana venida a menos,
- del entredós de seda al
fustán de mirar por las ventanas,
- de tus veladas perpetuas a...
qué fue de tus amantes,
- tú, la más elegante puta de
todos los tiempos...
- Un corazón de acuarela late,
frágil,
- al otro lado de tu cintura.
- No sé por qué pero no das
lástima,
- y no te lo digo por despecho,
- es por si te despiertas una
noche antes que tu orgullo
- y lo atas a la cama
bien fuerte
- no se te vaya a escapar de
puntillas
- como hacen todos, dejándote
unos besos flotando
- por los canales,
- mientras tú te hundes en tu
propio lecho de barro
- y San Marcos se la pasa
confesando las culpas
- a las gárgolas del Vaticano.
- (Venecia)
|
|