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Mercedes Durand
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| Antología Primera | |||
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(La compilación y
selección de la muestra poética de Mercedes Durand, ha sido realizada
por André Cruchaga)
Las manos y los
siglos
“Y he aquí que
ese pasado de súbito se hace presente. Que lo palpo y aspiro. Que
vislumbro ahora la estupefaciente posibilidad de viajar en el tiempo
como otros viajan en el espacio”.
Alejo Carpentier
Voy a
decirlo todo
Como lo vio
el bisonte
Y lo
esculpió en las rocas
El hombre de
Altamira…
Soy la
lumbre del tiempo
Y el corazón
del mundo.
Soy un ser
sin edades
Sin cálculos
Sin prisas
Sin relojes
de arena
Sin
sandalias
Sin báculos
Y sin
abecedarios.
Soy un sin
tiempo sin tiempo.
He recorrido
asombros
Borrascas
Ansiedades
Y miradas
perplejas
Y voces
guturales
Y alegrías
informes
Y formas
desprendidas
De la
urgencia y del hambre…
He visto
arder el fuego
Y estallar
los guijarros
Y correr el
antílope
Y recoger
bellotas
En paisajes
de taiga.
Voy a
decirlo todo
Con palabra
sencilla
Y soltaré mi
lengua
Como un
pequeño pájaro…
Voy a
decirlo todo.
He de vaciar
un cántaro.
Más tarde
Con el
tiempo
Me cubrirá
la hierba
Me asumirá
el silencio
Y cesarán
mis pasos…
III
“Si el fuego que
ahora abanican las mujeres se apagara de pronto, seríamos incapaces
de encerdelo nuevamente, por la sola diligencia de nuestras manos”.
Alejo Carpentier.
Mariposas de
hielo volaban sobre el río.
Frías
estalactitas colgaban sus arañas
En las
cuevas oscuras…
El mar se
desbordaba
Y caracoles
negros de miradas gigantes
Horadaban
las playas…
Huracanes
terribles arrancaban raíces
De abedules
hermosos
Y elevados
pinares…
Osamentas
deformes de omóplatos torcidos
Y fémures
calcáreos
Escribían
sus huellas junto a los esqueletos
De enormes
dinosaurios…
Las finas
cornamentas de los alces perdidos
Colgaban de
los troncos podridos de las aguas…
(Eran
tiempos sombríos
de pájaros
siniestros y de inviernos morados)
Lianas
entumecidas por la manos del cierzo
Semillas
congeladas y bellotas vacías
Felinos
enterrados en dédalos de hielo
Mujeres
anegadas en túnicas de limo
Pedernales
de hombres
Hombres de
pedernales…
El frío
perforaba los párpados del sueño…
Fue entonces
que en la noche de vientos acerados
El hombre de
las cuevas
Aterido e
insomne
Frotó
medrosamente dos fragmentos de cuarzo
Y una chispa
sublime le iluminó los ojos
Y esa noche
hizo fuego
Por obra de
sus manos…
En las
profundidades verdosas de los bosques
Transitaban
las piaras de antílopes y renos
Y en las
vastas estepas de iluminados rumbos
Pastaban las
manadas de caballos salvajes.
De pronto
En el
silencio
Un zumbido
imperioso distraía al rebaño
—rombo de
hueso en vueltas de chasquidos extraños—
O la música
nueva de una flauta de caña
Atraía a los
renos
Y demoraba
el paso
De los
largos antílopes y los negros caballos…
El arco se
extendía
Las flechas
despuntaban
Y los dardos
de hueso y las piedras agudas
Desangraban
la estepa
Y el cazador
volvía con el reno a la espalda.
Y en la
noche preñada de insectos y conjuros
Los tendones
resecos de los renos exangües
Vibraban al
contacto de las manos golpeantes…
Y los magos
bebían la sangre serenada
Y los
hombres hundían sus cuchillos labrados
En las
blandas entrañas de remos y bisontes…
Y las
mujeres recias
De senos
abundantes
Y pródigas
caderas
Velaban
junto al fuego
Y cuidaban
que el viento
No apagara
su llama…
De hierba
humedecida formaron sus cabellos.
De obsidiana
y turquesa
De jade y
amaranto
Los ojos y
los labios.
De carozos
henchidos los senos opulentos.
De frutales
manojos el sexo y las entrañas.
De troncos y
de orquídeas las piernas y las manos…
Eva fue
hacia la algaba y dobló sus rodillas
Ante el
hisopo en rama
Y enredó sus
cabellos en delgados carámbanos
Y juntó en
su regazo los conos de los pinos
Las brasas
de enebro
Las hebradas
de ocote
Y los restos
yacentes de las maderas muertas
Y después
fue a la gleba
Y removió la
tierra
Y arrancó la
cizaña
Y sembró la
semilla
Y luego
sudorosa se llegó hasta la cueva
Con el
rostro encendido
Y el cabello
mojado
Y sumisa y
alegre
Veló junto a
la hoguera
Y segó las
espigas
Por tiempos
milenarios…
Y Adán fue
el vigilante
El hombre
que se hundía la cintura en las aguas
Y arponeaba
a los peces
Y cazaba
venados
Y ululaba en
el cuerno de las noches de luna
Y atraía las
huellas de los osos polares
Y de los
ocelotes
Y los
menudos cascos de las gacelas ágiles.
Adán
atalayaba la pezuña y el rastro
La marea y
la ovada
Y a las
primeras luces
Descubría
los cantos de pájaros extraños..
¡Adán era
vigía…!
¡Eva la
vigilaba!
De: Poemas del
hombre y del alba
Vengo del
viento
Vengo del
viento azul
Donde el
jacinto
Sorprende en
su temblor al lirio de agua.
Vengo en el
viento
Y con el
viento traigo
La voz
delgada del Guarajambala,
El eco
acantarado del Sumpul,
El dialecto
azulino del Jibia
Y la música
en flor del viejo río.
Del río de
las barbas de esmeralda,
Del río que
se extiende por los valles,
Del río que
amortaja a los cadáveres,
Del río de
la luz en las entrañas,
Del río
viejo,
Del río
sangre,
Del río
indio,
Del río
padre,
Del río río,
Del río
Lempa…
Vengo en el
viento
Y con el
viento traigo
Suspiros de
copal,
Aire de
bálsamo,
Guirnaldas
de esquinsuche
Y aliento de
cacao…
Vengo del
viento
Y con el
viento traigo
La oscura
ramazón de los caobos,
El canto
melancólico del guauce,
La auora
vegetal del maquilíshuat,
El jacamar y
su plumaje huraño…
Vengo del
viento
Y con el
viento traigo
Un corazón
de viento huracanado…
De: Sonetos
elementales
Mundo
vegetal
Yo conocí la
edad de la palmera
Y el verbo
de los blancos arrozales.
El mundo de
los seres vegetales
Me dio la
anunciación de Primavera.
Las rosas
visitaban a la higuera,
El bálsamo
curaba a los maizales,
El pino
repartía madrigales,
La pascua su
encarnada cabellera.
Hermano era
el abeto de las tunas,
Amigo era el
maguey de la gladiola,
Y novios
tulipanes y aceitunas.
¡Amor, se
respiraba verdemente!
¡Amor,
gritaba al viento la corola!
¡Amor fue la
canción de la simiente!
Mundo
mineral
La tierra se
vistió de profetisa
Y alzando al
infinito la mirada,
Cavó en su
corazón la codiciada
Criatura
mineral de pétrea risa.
En cobre
condensó la luz rojiza
Que nace
jugueteando en la alborada;
En hierro la
pupila fatigada
Del día que
entre lluvias agoniza.
Del sol
canicular cortó un retazo
Cubriendo la
desnuda piel del oro
Y dando
eterna luz a su regazo.
¡El verbo
mineral lanzó a los vientos
La fe del
inorgánico tesoro
En dioses de
telúricos acentos!
El fuego
El gozo de
la joven panadera
Brotó de las
caricias matinales
Del fuego
que convierte a los trigales
En panes de
morena caballera.
El rojo
crepitar de la madera
Quemó las
inclemencias invernales;
La lumbre de
los soles tropicales
Doró la
juventud de la pradera.
El fuego
atardecido en la herrería
Moldeó la
dimensión de los balcones
En rizos de
enrejada fantasía.
El fuego,
corazón de los talleres,
Llevó en
universales expresiones
Aliento de
artesanos menesteres.
Espacio
de mi voz a Frida Kahlo
Un día,
Frida Kahlo,
Pleno de sol
y niños,
Me acerqué a
tu horizonte,
A tu mundo
divino:
Acaricié un
rebozo, un nopal y un indio.
Desde ese
día, Frida,
Aspiré tu
dolor sublimizado
Por la voz
de la lucha.
Me dijiste
el mensaje que la tierra
Proclama en
las espigas;
Me dijiste…
Me dijiste
mil cosas, Frida Kahlo,
Con tu verbo
encendido.
Entendí tu
mensaje,
Lo guardé
entre los pliegues de la sangre
Para donarlo
a mi hijo,
Porque…
quién Frida Kahlo
No aprendió
tu lección de sacrificio
Si era tu
voz un himno libertario
Para el
mundo oprimido.
¿Quién te
pudo ignorar si tu presencia
amanecía en
todos los colores
de las cosas
sencillas?
¿Quién se
negó a ignorar tu noble ayuda
elaborada en
paz y dulcemente
desde el
cedro labrado de tu silla?
Ninguno,
Frida Kahlo,
El Louvre
mismo atesoró tus cuadros,
Veneró tu
mujer y tu pintura;
Te amaron
los hambrientos de justicia,
Te
comprendió la juventud,
La brisa,
Los paisajes
risueños,
La campiña;
Te saludó el
arroz,
El vodka
alegre,
Los maizales
indígenas sangrando,
La Torre
Eiffel y la Alambra antigua;
Te saludaron
todos Frida Kahlo
Porque tú
eras la vida,
Porque
enseñaste siempre
Acuarelas
tranquilas
Porque
igualmente pronunciabas panadero
Que arte
impresionista.
Por eso,
Frida Kahlo,
Cuando la
lluvia acompañó tu viaje,
Me dije:
Sus cenizas
Habrán de
germinar en rosas blancas
En auroras
de olivo,
O tal vez
pintarán una paloma
Sobre el
lienzo del mundo.
Te has ido
Frida Kahlo,
Se mece en
tu recuerdo
La fiesta
alborozada de tus trajes
Y el gozo
circular de los anillos.
Adiós a la
pintora Frida Kahlo,
A la mujer
sufrida,
A la artista
que un día
Me permitió
mirar a su horizonte,
A su mundo
divino,
Y acariciar
el rostro del rebozo,
Del nopal y
del indio.
De: Las manos en
el fuego
Un vuelo de
azules mariposas
Le inundaba
la frente
Y los pasos
menudos del rocío
Verdecían el
musgo
Empurpuraban
más a los geranios
Y agitaban
su pulso…
La noche de
un agosto fronterizo
Entre el
gozo y el miedo,
(mariposa-zenzontle-miel-canela)
Sacudió sus
entrañas
Y el rumor
pizarrino de la lluvia
Y el dolor
de la sangre
Despertaron
mi llanto
Y heme aquí…
desde entonces.
La madre de
María Inmaculada
Bendijo mi
venida
Entre Kyries
y Salves y Acordaos
Y mieles de
achicoria…
Nací del
llanto y con la lluvia tenue
Una noche
sin noche
En vuelo de
opalinas mariposas
—entre barro
y canela—
Y por anual
me dieron el zenzontle
Y por signo
un lucero
Y por
herencia el viento, la colina
Y el mar y
el horizonte…
El Ángel de
la leche me dormía
En brazos de
mi madre
Y el morro
de una tímida sonaja
Sacudía mis
manos…
Pronto mis
pies corrieron por la casa
Y conocí a
la hormiga
A la
chiltota —prima del naranjo—
Al zompopo
de mayo…
Jugué al
escondedero con mi sombra
Y el libro
de Mantilla
Y el ábaco
de cuentas rojo-blancas
Y la manzana
rosa
Y Sor Emilia
con su toca nardo
Me fueron
familiares…
Miedos
estacionados en los goznes
De puertas y
ventanas
Asomaron su
voz de medianoche
En perros
sincopados
Y trac-trac
de carreteras ambulantes…
Un ser
estaba siendo ente y era
Construido
con palabras,
Asombros,
experiencias y consejos
De luna y
porcelana…
Un ser
estaba siendo ente y era
Romboide en
espiral,
Lámpara del
no-yo, luz del nosotros,
Sombra de
girasol,
Gota
infinita del mar existencial,
Fragmento
del no-ser…
Un ser esta
siendo ente y era
Átomo de
galaxia,
Cristal de
cosmonauta en agonía,
Espuma
sideral,
Profética
visión de aconteceres,
Salmo del
siglo XX…
Un ser
estaba siendo ente y era
Lágrima de
la tarde
Escudilla de
sílabas y nombres
Racimo de
palabras…
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