Maura Echeverría

 

Antología poética

 
 
 
DESDE  EL  AMOR
 
(A Miguel Angel Echeverría)
 
                   
Hoy quiero abrir  mi corazón,
para decirte que te quiero.
Para decirte, en la intimidad de tu cuarto
y de tu almohada,
que los momentos mejores de mi vida
me los dio la familia  que forjaste.
 
¿Qué luz te iluminó
para escoger a la madre de tus hijos?
 
¿Qué arcano descifraste
para darme los hermanos que me diste?
De mi niñez, padre querido,
guardo tu rostro
consentidor de mentirillas;
tu compañía en el festejo matinal
de las chiltotas,
donde las amapolas del amor
estrecharon  nuestros nombres.
 
Esa niñez sigue atada a mi memoria
con la frescura del arroyo
que viaja entre la fronda.
 
Más tarde, cuando el sol de la vida
templó mi entendimiento,
conocí tu cargamento de fatigas
y el firme resplandor de tu esperanza.
 
Desde entonces
me abracé con amor a la familia.
Desde entonces edificamos altos sueños
y combatimos malos tiempos...
Y vaya, ¡qué unidad nos dio el dolor
y la alegría!
 
Ya pasó el mediodía en nuestras vidas
y en este descender hacia la muerte,
yo bendigo tu acierto, padre mío,
al darme la familia que me diste.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
A  MI  MADRE
 
Para decir que te quiero,
viejita de mis amores,
he preferido el romance
y el lenguaje de las flores.
 
Penetra, viejita mía,
la flor de mi pensamiento
y sabrás que en tus esencias
se humedece mi contento.
 
Mi paladar exigente
con tu fulgor se encariña.
Es que al besarte las manos
vuelvo a sentirme tu niña.
 
Que yo te quiero, lo sabes.
Que tú me quieres, lo sé.
Pero es bonito decirte
que te quiero y te querré.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
DE  PRISA
 
Alguien me espera,
es por eso mi prisa.
 
Hay dos brazos que ríen
con mi contacto.
Esperan que yo asome
para cercarme de amor.
Hay dos ojos que quiebran
sus anhelos
en los míos
y cantan mi mejor canción.
Una boca ...
Sí.
Una boca que formula
las mejores caricias
y unas manos que buscan
mi nombre al despertar.
 
Alguien me espera,
es por eso mi prisa.
Me espera mi pequeña
con sus tres soles de edad.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
PACTO  ADOLESCENTE
 
 (A Antonio Rodríguez Rauda)
 
 
Ayer,
recorrí  las calles de mi pueblo
y un muro viejo
y polvoriento,
me obsequió un racimo fresco
de recuerdos...
 
En él está
el pacto de amor adolescente,
que tú y yo
grabamos un día de tormenta.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
ASOMBRO
 
Pensando en mi madre estaba,
recordaba cosas bellas...
Cuando el vaso en que bebía,
ante el asombro del cielo,
se me llenaba de estrellas.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
DULCE  EJERCICIO
 
                    ( A  Laura Vitelia  Sermeño)
 
 
Por las tardes de lluvia, con  mi nieta,
poetizamos la luz de cada cosa.
yo hablo del baile gris de las gotitas
y ella, del regocijo de la rosa.
 
Pensativa formula el primer verso,
yo hago el segundo, ella sigue adelante;
hacemos un cuarteto bien construido
y el ejercicio sale fascinante.
 
Sus ojitos reflejan su cerebro
demandando la idea pertinente.
Sola busca y rebusca en laberintos
hasta que un haz de luz hiere su frente.
 
Suena el verso buscado en su garganta
y reímos ufanas de contento.
Ah... maravillosamente la vida
nos premia con la miel de ese momento.
 
Con Laura voy saltando continentes
en un corcel de mágica alegría
y guardamos las flores preferidas
en canastas de asombro y de poesía.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
COMO  SIEMPRE
 
         ( A  Eunice Echeverría, mi hija)
 
 
Al ausentarme, recuérdame con alegría.
nuestra dicha construida debe ser festejada.
Es que heredamos y tejimos amor, lo sabes,
y ese lazo nos hizo eternas, indestructibles.
 
Ríe, si, cuando recuerdes mi palabra afable,
mi mal genio y mis locas batallas literarias,
los pollos navideños en salsa de tomate
y aquel ardiente viaje hasta la Isla Martín Pérez.
 
Ríe, ríe... yo estaré junto a ti, como siempre.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
JERUSALEN
 
Yo te amé, Jerusalén,
cuando mis ojos de niña
perseguían la oración de mi madre
a la hora del sueño,
 
Cuando Jesús bajaba
de la estampa bendita,
a cerrarme los ojos
y a librarme del miedo.
 
Después, la polvareda que el tropel
de la vida  levantó ante mis ojos,
me cegó por un tiempo;
y cuando pude mirar,
mis manos ya estaban viejas...
 
Pero así, con el cuerpo marchito
y el alma en infancia
un viento de golondrinas
me condujo hacia ti.
 
Me arrodillé en tu tierra
y abrace tu memoria.
Respiré un aire viejo
y en él su palabra...
Su palabra de siempre,
su palabra de siglos:
“Amaos los unos a los otros”
 
Ahora, ahora
estoy en mi América
conjugando tu gracia
y enhebrando recuerdos,
rescatando palabras
y auscultando milenios.
 
¡Ah, Jerusalén, tan distante
y cercana...
Quién podría creerlo que cuando
te nombro,
nítida y generosa, entras
por mi ventana.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
HE  SIDO  LIBRE
 
Desde que yo recuerdo
he sido libre:
 
Corrí todas las sendas
de la infancia
bajo el amate protector
de la inocencia.
 
Luego le dije: ven, al amor
y el amor vino
y anidó como pájaro de fuego.
 
Desafié la rutina,
lo obligado
y enrumbé mis escuadras
hacia el cielo.
 
Es que mi espíritu,
desde hace silos,
ya había sido liberado.
©Maura Echeverría
 
 
 
 
LA CASA SOLA
 
Me gusta mirar las golondrinas
y las nubes que van rumbo a mi pueblo,
con ellas viajan mi nostalgia
y el deseo azul, de levantarme en vuelo.
 
¿Cómo estará la casa donde reinó
el afán y la alegría?
¿Estará difundiendo su lengua la reseda
o el mirto me tendrá recados de la aurora?
 
No sé.
Las puertas como párpados cerrados
luchan por preservar viejas memorias,
mientras los niños, en la calle,
juegan futbol y rompen calendarios...
 
Me gusta mirar las golondrinas
y las nubes que van rumbo a mi pueblo...
©Maura Echeverría
 
 
 
 
LECCIÓN DE HISTORIA
              2003
 
La ONU dijo no,
a la invasión gringa a Irak.
 
El ángel del mal del siglo XXI
advirtió:
“El que no está conmigo,
está contra mí”.
 
Y en desafío a la moral,
y en abrazo con la perversidad
y la codicia,
destruyó, asesinó y ocupó
la patria de sendos posos
petroleros.
 
Posteriormente, vendrá el negocio
de la reconstrucción.
©Maura Echeverría
San Salvador, 2003
 
 
 
 
GAVILANES  Y  PATOS
 
Para obtener un trabajo
no es menester ser instruido.
Basta con un buen contacto
y simular ser sabido.
 
Hay personas preparadas
trabajando campo ajeno,
que aunque masquen y remasquen
no digieren bien el heno.
 
Por eso los que sí saben
se quedan sin derrotero:
o venden trapos usados,
o se van al extranjero.
 
Por el camino sin fondo
van narigudos y chatos...
Así funciona este mundo
de gavilanes y patos.
©Maura Echeverría

 

 

 
 

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