Marvin Valladares Drago

 

Antología poética

 

 

Una pequeña Luz
 
una vez vi algo inolvidable
una pequeña luz dentro de un ser
dentro de un ojo para ser mas exacto

la chispa no conjuró mis miedos
ni disipó mis dudas
es solo que brilló dentro de un tiempo memorable
en el segundo crítico en que los astros enmudecen
y el mar abjura de sus dunas

como esos macabros habitantes de los fondos marinos
esos fósiles que deambulan por la noche de sal
ignorantes del horror de sus fauces
          y de sus armaduras
un pez abisal que de pronto despierta sorprendido
por que en la punta de su antena una lámpara ha sido conjurada
y delante de si se rasga el universo
y se sueltan las vendas de bastos territorios
y los secretos mudan sus foscas herraduras
y en ese instante todo pierde misterio
y nada regresa a su negra cimiente
 
así ni mas ni menos
como uno de esos peces abisales
 
nunca olvidaré ese destello
nunca….
 
 
 
 
secuela con prismáticos desde un octavo piso
 
 
un viejo
 
un viejo borracho arranca su camisa frente al parque central
después de un ritual incomprensible
amenaza con deshacerse del sucio pantalón
 
repentinamente sube a una banca y lanza un grito inaudible
/imposible saber que ha proclamado el viejo desde aquí/
luego desenvaina un peine y corretea a los cipotes que lo asedian
es difícil seguir su paso endeble y errabundo
 
de pronto
corre a refugiarse detrás de un obelisco
no lo veo mas
parece que ha desaparecido
 
una mano entra y esparce algunos granos
una horda de palomas se desploma sobre el atrio
picoteando voraces entre las baldosas 
 
el viejo regresa
espanta algunas aves y lame unas cuantas semillas
 
luego da un salto y se lanza a la fuente
decenas de transeúntes se apiñan para admirar
el nado inexplicable  del atleta
 
un manto plomizo abraza el horizonte
el cielo cómplice se desborda
los curiosos
                        /cobardes como  de costumbre/
corren a refugiarse del sagrado diluvio
 
el viejo queda solo
/nadando inmutable bajo la lluvia/
 
escampa
la palomas regresan y lo observan
yo también
por un momento parece que me ha descubierto
 
el sol ha regresado jubiloso
el viejo solloza
yo también
 
 
 
 
 
 
 
la resta inapelable
 
 
voces que llueven desde el cenit luctuoso   
fósiles que arrastran su registro sombrío
orejas colosales tendidas en los campos
 
     cronómetros mutantes.
 
cronos rasgueando su espiral de herrumbre
paganini y su violín asmático convocando el silencio  
el zarpazo letal
 
la resta inapelable.
 
 
alaridos que habitan los hoscos precipicios
manos crispadas aferradas al tiempo
océanos de ira
 
miedo...
 
 
 
 
ventana
 
 
aquí se levantaba un pabellón de gallinazos
y una ventana de musgo abría sus fauces invernales
a una selva de copiosos muertos
la ciénaga ocultaba sus trampas seculares
 
todos los días al bajar de la escuela
mis ojos violaban la sagrada penumbra
pegado al precipicio de la hiedra
conspiraba en silencio contra mis propios miedos
 
el recuerdo es de raíces
de hojas
de lluvia
de amargos riachuelos despeñando mis dedos
 
nunca supe que buscaba exactamente
si era aquella anciana de plateados mechones
que ocultaba sus despojos detrás de los ocotes
o la niña descalza que pelaba naranjas sobre las madreselvas
 
en la espesura
un perro disecado dormía su siesta de huesos imposibles
 
hasta esa ultima tarde de la infancia perdida
después de tantos aguaceros
el perro vomitaba su olvido sobre las dormilonas
la vieja ya no tejía sus pobres telarañas
y aquella macilenta criatura
no pelaba más sus mustias desventuras
 
solo el perro despierto después de tanto fango
miraba horrorizado mis ojos insaciables
 
 
 
 
 
 
 
 
balada para techos de zinc
 
 
hoy prematuramente llueven voces
algunas sentencias vienen portando calendarios bisiestos
otras ocultan su veneno bajo el frío granizo
 
a la tierra le ha dado por soltar su perfume de arcilla
 
un pájaro pequeño se refugia tras la ventana
quien sabe por qué se ha puesto a trinar con desenfreno
y es su canto tan alto
y es tan breve su cuerpo
 
arriba
una mano se crispa sobre el pizarrón gris
Poseidón martillea sobre la bóveda con su puño de plomo
cien valerianas de oropel apuñalan la noche
 
de pronto caen gotas
el concierto se abre a otras oquedades
los mortales se apiñan junto a los alerones
 
el telón ha caído
 
 
 
 
 
 
 
 
 
cruceta              
I
 
Casandra ha bajado corriendo desde el cerro
anunciando con chillidos estridentes
que la lluvia viene cerca del río
la niña de pronto se detiene
una mano senil le acaricia el cabello
 
sus trenzas traen alas de insectos
y algo de polen incipiente.
 
 
                II
 
un embudo de hojas cenicientas
espanta los zanates del patio
dos morros suicidas sucumben ante la hecatombe
y en un acto grotesco explotan sobre la grama
 
el abuelo sonríe aliviado desde la hamaca
y reanuda sus toscas bocanadas de humus
 
repentinamente la espiral se torna hacia el ocaso
la jarra de hojas-aves cae muerta sobre la tierra
 
luego
lo de siempre
un vagón fúnebre que atraviesa el paisaje
la cortina de agujas teje la borrasca de mayo
 
 
                        III
 
llueve
 
 
 
 
 
holocausto de falenas
 
con las lluvias llegaron las hormigas
un cuarto en penumbras
y su telegrafía anónima
la lejanía infestada de cópulas y cieno
frecuencias ebrias
vampiros y  falenas
 
un cardumen hierático de voces
dunas impredecibles
cicatrices nómades
holocausto de flores
 
la túnica felpa de una mantarraya
un rincón guarnecido
 
un anzuelo desnudo
que interroga  el vacío
 
 
 
 
 
 
las coordenadas
 
en un punto del cosmos alguien camina a ciegas
quizá sobre una nebulosa de éter
talvez sobre una estrella
y es posible que un torpe lazarillo
trastorne sus órbitas cruciales
 
en un punto distante   alguien tira de un hilo
alguien destila odios
alguien ceba sus magníficos dardos
 
alguien tamborilea vulgarmente  
quizá sobre una rampa de granizo
talvez sobre un topacio muerto              
 
alguien pone la oreja sobre el ombligo azul
y descifra sus códigos fluviales
 
ssshhhhh……
¡SILENCIO!
alguien susurra
alguien pronuncia la palabra poesía
alguien conspira
alguien desangra sus febriles mandrágoras
alguien también sonríe impunemente
alguien aplaude hasta la nausea
 
 
alguien quiere llover
 
 
 
 
 
ablución
 
el parque esta desierto
la tormenta
atormenta
algunos vagabundos improvisan paraguas naranjas
en las cabinas telefónicas
 
un trío de perros huye despavoridos
con dirección al anfiteatro
/me pregunto por que de pronto  se han detenido
a remojar su lengua en los húmedos ojos del asfalto/
 
un carrito de hot dog pasa trastabillando frente a la catedral
aparentemente nadie conduce sus despojos
 
la trompeta de un arcángel anuncia la retirada
la gente sale de sus cuevas
los buhoneros vuelven a cantar
 
una ranchera mete su cola parlante en medio de las bancas
un borracho levanta la cabeza y grita:
¡VIVA CHENTE!
un niño-anciano orina sobre la grama azul
 
y así …
sin misterio alguno
deja de llover
 
 
 
 
 
 
segundo invierno
 
llueve de nuevo
dentro y fuera   
 
pero esta vez sin niños
sin abuelos
sin mendigos
sin corazones rotos
 
llueve nada mas
simple y sin misterio
como si el cielo
quisiera despojarse
de un llanto antiguo
y posarlo en mis ojos
 
 
 
 
 
 
 
electra
 
hoy que la lluvia ha tomado tu cuerpo por asalto
te has quedado en secreto junto a mí
y a pesar del granizo mordiendo tus mejías
te has erguido
y en tierno desafío no has anclado en mis ojos
y en mis brazos   refugio no has buscado
 
hoy que tu pelo alberga el licor de los astros
y tus pechos responden al tacto de las nubes
te has quedado tan quieta
y he visto tu cabello conducir las señales
y tus pies proclamar su verdad en el lodo
 
y a pesar de que has visto mis labios encendidos
y los últimos destellos atravesar mis brazos:
a pesar de todo este derroche de señales
no has querido entregarte
 
y lamentablemente todo ha terminado
y el último aguaviento ha lavado tu rostro
y al fin tus ojos han buscado asidero
y he corrido dispuesto a proclamarte
y pesar de toda mi agonía
sin mirarme
te has marchado

 

 
 

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