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- Uno
dice
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- Uno dice
neblinas, sabe sueños,
- oye luces
lejanas con olor de palomas en la mañana verde,
- sabe platas
quemadas hacia viento y caballos,
- pronuncia
mariposas de vidrio y lo que entiende,
- lo que cree
que entiende del país de su sombra
- y lo poco que
sabe y lo que mucho que siente,
- confundiendo
palabras con relámpagos negros
- que germinan
y escapan y no dicen y queman,
- que le queman
la boca, las pupilas a uno
- -que es uno y
los que han sido y los que vienen-,
- y no saben
que uno no los sabe ni un poco,
- aunque nazcan
de uno y de sus muertes.
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- Uno surge
huracanes de los dedos
- cuando hay
lluvia en el mundo y uno llueve.
- Uno sabe que
saben las palabras
- una vida
distinta de paredes,
- que ya eran
sin uno,
- que fueron
porque uno las habitó de hélices,
- y que van a
quedar cuando uno,
- aunque uno no
quiera,
- no quede.
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- Uno dice
silencios de fuego.
- Uno quiere
decir y no puede.
- Uno sabe el
Abismo.
- Eso es todo.
- Uno dice y no
entiende.
- Eso duele.
-
- Pero eso no
importa.
- Uno dice.
- Eso es
suficiente.
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-
Lloro
-
-
Despierto en el
silencio y siento y lloro.
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No hay nada
singular en despertar. Y lloro.
-
Y lloro ante la
aurora y su mudez de oro.
-
Ante la inmensa
aurora mueren mis sueños. Lloro.
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Lloro porque hay
los lejos, las muchachas
-
que nunca pude
amar y extingo y nombro.
-
-
Lloro porque mi
nombre no es mi nombre,
-
porque otro hay
que es yo y yo soy otro.
-
-
Lloro porque no
tengo explicaciones
-
para llorar de
este o de aquel modo.
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-
Lloro porque las
lágrimas son lágrimas
-
y son para
llorarlas como lloro.
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-
Lloro desnudo en
mis habitaciones
-
porque despierto
y soy desnudo y solo.
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-
Lloro la noche
que despierta muerta
-
dentro del
precipicio de mis ojos.
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-
Lloro invadido de
silencio y sábana.
-
El mar huye dos
olas de mi rostro.
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-
Lloro por nada,
tiempo, frías hojas,
-
por hojas frías,
tiempo, nada, todo.
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-
De pronto soy. No
sé. No me pregunto.
-
Ayer pude dejar
de ser de pronto.
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-
Despierto y son
los lejos, la muchacha...
-
-
Despierto en el
silencio. Siento. Lloro.
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Carta de marzo
-
- Hoy que se
marchen todas las hojas de este marzo
- tal vez pueda
decirte estas palabras ciegas.
- Hoy cuando
partan todas las calles y las alas,
- cuando tus
alas partan y partas tú con ellas.
-
- Este verano
tuvo la luz de mil veranos
- y tuvo los
crepúsculos más verdes de la tierra.
- El nombre del
verano fue el verde nombre tuyo.
- Este verano
tuvo tu claridad de estrella.
-
- Hoy que se
quemen todas las hojas de este marzo
- y me quede en
las manos la luz de sus hogueras,
- te diré que
ya nunca será igual el ocaso,
- que nunca
será el mismo verano sin tus huellas.
-
- Me queda tu
alegría de luz volando crines
- en las
velocidades del sueño y las colmenas.
- Tu melodía
mía para viajar el tiempo
- y el eco de
tu abrazo diciendo adiós me quedan.
-
- Diré que este
verano duró lo suficiente
- para
incendiar los días del tiempo con luciérnagas.
- Diré cuánto
te quise. Me hilvanaré en el alma
- cenizas que
me extingan cuando ya no te quiera.
-
- Hoy que ya
vuelan todas las hojas de este marzo
- desenredo las
lámparas boreales de tu ausencia.
- Y hacia la
tarde arrojo caballos de silencio,
- y lanzo al
horizonte estas palabras ciegas.
-
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-
-
Sonata
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- Alguien hay a
lo lejos que te nombra,
- que edifica
con hojas tu sonido,
- y te trae del
tiempo en que sucedes
- y despierta
la luz en que dormías.
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- Alguien es a
lo lejos de los días
- que te dice y
parece que cantara,
- que te dice y
parece que no fuera
- y parece que
no dijera nada.
-
- El silencio
se puebla de tu nombre.
- Una ciudad
nocturna enciende lámparas.
- De tu nombre
las cosas surgen todas,
- y surge el
sueño todo y las palabras.
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- Alguien te
hace palabra y dice todo.
- Todo deja de
ser si alguien te calla.
- Todo
encuentra su muerte en tu silencio.
- En tu
ausencia completa todo es nada.
-
- A lo lejos
del tiempo que te envuelve
- una voz te
susurra y te desata.
- Lleno de
hojas y música es el viento.
- Hay otoño a
lo lejos. Alguien canta.
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- Deseo por los vientos
-
- De vigilias sin ojos ni
costados,
- de arañadas estrellas y de
dientes,
- de cuernos, de contornos y
de frentes,
- yacentes son los vientos
derrotados.
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- Pena el césped doliente
derrumbado
- al peso de sus restos
inclementes.
- Yacentes vientos son.
Vientos yacentes
- de muerte sin descuido ni
cuidado.
-
- En pleno prado están. En
pleno prado
- imitan a las rocas y a los
muertos
- por lunas y rocíos
socavados.
-
- Asomo tras asomo me he
asomado
- a verlos, a llorarles los
abiertos
- manojos de latidos
arrancados.
-
- Y al verlos corazón no me
ha sobrado
- para desearlos vivos y no
muertos.
- Mas muertos siguen, y
descorazonados.
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-
- Réquiem por un mosquito
-
- Un mosquito maté sobre un
soneto,
- y para resarcir su infausta
suerte
- me obligó a cometer hasta dar
muerte
- Al poema que exhibe su
esqueleto.
-
- Y la empresa por un verso me
meto
- (ay, soneto, qué ganas de
tenerte
- En mis manos, y verte y ya no
verte,
- Parido de la pluma por
completo!
-
- Y zumbando con más fragor que
galgo
- y con más hidalguía que el
hidalgo
- (advierto: no es poético
delito
- decir que resta ya decir
poquito,
- por otro verso confesado
salgo
- Que un soneto maté sobre un
mosquito.
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