María Luisa Lázaro 

Antología poética

 
 
(De Resurrección del ángel)
 
 
TIEMPO DE BROTE
 
 
 
La capuchina azulada se está pudriendo en sus hojas y sus raíces, sólo tengo que darle tiempo a que rebrote y se enrame.
 
Es el temblor mismo que brota de las ventanas de su piel. No son lancetas, son restos tímidos de follaje aún verde, anhelando.
 
 
 
 
SUEÑOS EXCÉNTRICOS DE VIUDA
 
La viuda se cansó de sus sueños excéntricos, de la lluvia de lava recorriéndole las mejillas destapadas en lástima. La viuda fue a una tienda de antigüedades y sin mediar negocio desabotonó el alto cuello de su blusa poco ajada para el amor; hasta los botines de cuero pesado.
 
Permaneció desnuda hasta la siguiente galería humana, donde encontró un traje que imaginó con el musgo del pesebre que se exponía. Se fue verde y transparente a buscar la vida, que se le escapaba casi de entre sus muñecas, seccionadas ya una vez al ras de otras heridas.
 
La soledad era negra y el amor un martillo gris que le golpeaba las enaguas.
 
 
 
 
 
DÉBIL ANTE LA MUERTE Y EL OLVIDO
 
Hace poco reconocí a una muchacha linda pero débil frente a la muerte y el olvido. Me seguía infeliz. Quise ayudarla, se encerraba en su cascarón de agua. Las pocas veces que asomó la mirada me dijo que la muerte ya no viaja a caballo viene en el viento como si fuera un remolino de arañas.
 
Se esconde porque ya no le quedan sino las manos y los pies para ocultarse. Yo le hablé de los sonidos conque las montañas se alzan y se ponen verdes y amarillas de azahares. Me repitió la misma historia de la muerte y el caballo. Que ahora es viento, hombre impetuoso que le va seduciendo la sangre.
 
Todos los días amanecía con los ojos en las venas de los antebrazos. Es que sus manos se habían vuelto ocre para la vida.
 
Un día decidió colocar en su garganta dos campanas de bronce con un tanto de estaño, para llamar a los ángeles. Y empezó a cantar como una rosa se abre, suave. Hasta que su voz se fue haciendo recia… rompió todos los hilos del viento.
 
A lo mejor termina como Luz Caraballo, calle arriba, calle abajo, de Zumba a la Hoyada de Milla.
 
 
 
 
ESTÁTICA
 
Algunas veces ella quiere quedarse quieta, en su cama, arrancarse los oídos y los ojos. Su perro, echado al pie de la cama, la intuye, sabe que si la deja inmóvil se puede deshacer como el polvillo de los grillos muertos.

Le ladra, tira las sábanas, lame sus manos colgadas, inertes casi. Sube al lecho, relame la cara, las orejas; le llora, rastrilla la cabeza con sus patas suplicantes.

Ella, reacomoda la audición y la mirada. ¿Cómo desairar al resucitador, con qué desacato? Hay tantas formas de ser Dios, de sanar las tristezas con saliva, hocico de perro terco que sabe de muertes emocionales, desganos de andar.

Se incorpora, lágrimas amorosas la visten... ¿Qué otra inducción  puede acrecentar bendiciones y agradecimientos?
 
De Ángeles y demonios
María Luisa Lázzaro (Mérida-Venezuela)
 
 
 

 

ES BUENO UN ÁNGEL
          
Es bueno tener un ángel
que no tenga rostro ni boca,
ni voz que retumbe como la conciencia
hecha de hojaldre y leyes.

Silencioso y crudo como el espejo,
deja que transcurra el devenir equivocado o no,
pero creciendo.

Ve como se afinan o desafinan
las cuerdas de la vida
o de la muerte cotidiana.

Y no interviene...

No juzga ni se ríe...

Sabe... que en cualquier momento...

una ráfaga de olvido
lleva a perder ganando...
o viceversa.

Silencioso espejo de todos los días.

 
 
 
OBLIGADO POR LA CERILLA
 
El pez vela desaguó sus contornos
obligado por la cerilla de la vida.
 
Lo veo sin sus perfiles azules,
sin naturaleza que mostrar para la venta
de candelabros checos o indonesios.
 
Los desmembrados de la paz
se llevaron todo
menos el pez cerúleo,
triste en manos del fuego
y el desamparo de las pertenencias
más necesitadas para iluminar la risa.
 
Un nardo lloroso quedó atrapado en la parafina.
 
De Pretextos ofídicos
María Luisa Lázzaro (Mérida-Venezuela)

 

 

 
SONIDO HÚMEDO
 
Cada viernes es el anticuario.
Subirse al caballo es la precognición.
Un estandarte objetivado aumenta la temperatura,
baja las persianas.
 
El estado beta presupone un alfa,
hay que dormir respirando.
 
Dos sonidos húmedos llegan a los pies,
naftalina sonora.
 
Granos de arena entre tanto
bate alas de aviones en miniaturas,
la textura del alcatraz no se hace esperar.
Vuelve la cabeza,
desaparecen los ojos de los pies.
 
No otra armonía que volver a soñar.
 

 

 

¿HACIA MÍ?
 
¿Hacia mí,
roca de intemperie, impasible,
 
silencio tenue
recuerdos balza,
naufragios de aridez,
 
palabras circulatorias,
sabia anscentral?
 
 
¿Permanecerá la ternura del pan?
 
 
 

 

 
(De Cromática en vuelo)
 
 
NOCHES DE MAGIA
   ============
 
 Hay noches donde la magia
es una hilera de alhelíes perfumándonos.
Noches de aves del paraíso.
 
Sembramos gloxíneas  y prímulas,
y hacemos fragancias de la nada.
 
Hay días en que las espinas son un techo a las zarzamoras:
si metemos las manos con cuidado
habrá delicias en las bocas.
 
Días que no son espinosos, y sin embargo
escuece imaginar siquiera
a las godítias enramadas con las ipóneas.
 
Entonces la magia se muda de jardín,
se acomoda en otro cantero
donde no sea esfuerzo hacer surcos
para los esquejes de cinarias y ficus.
 
Son tan escasas las estaciones de magia...
tan insuficientes las aves del paraíso...
tan engorroso prender tallos de crisantemos...
 
Es una pena
no hacer cantera en la carne:
canal concéntrico para fuentes inmutables de agua.
 
 
 
 
 
POLICROMA EN ESENCIAS
 
Bosque de cipreses, oraciones sin alaridos.
El cielo: silencio de guacamayas dormidas.

La araucaria destaca entre eucaliptos muertos,
las oropéndolas fastidian a los perros voladores.
En el cráter, el ántrax contamina los ojos.
La fumarola no está en los sueños
ni traspira la greda rojiza de la piedra pómez.

Un poco más allá,
en las manos crecen bugambilias cárdenas.

Si pudiéramos recuperar la hojarasca,
reconvertirla en vida sin penurias.
Retornar a lo alto del árbol, regresar la clorofila.
Desfragmentar piedras en los tallos,
reverdecerlos surcando mares nuevos con la palabra:
policroma en esencias.



 
 
FULGOR Y PIÉLAGO

Era extraño el resplandor en la noche
de palmeras doradas,
el salitre acariciaba las fosas,
exacerbando sonidos antiguos.

Los ojos contemplan, a distancia,
efectos tridimensionales de ensueño.
La algarabía de los pelícanos de yeso
indica las certezas del amanecer.

Permanecemos de pie, sin embargo.

 
 


OCRE LAS AGUAS
 
Son ocres las aguas,
demasiado sol oscuro la soledad,
el andar los horizontes
sin casa habitada
de peces aguamarina
que cuenten de ternuras.
 
Bronce metálico, frío,
para los pies afables del amor.
 
 
 
 

 

DECIR LOS ANDAMIOS
 
¡Cómo decir
los andamios perdidos entre algas verduscas!

¡Cómo regar el agua y limpiarlos
sin austeridad!

¡Cómo tocar la cuerda precisa de su voz:
cantarme el cuero que falta!
 
Otra vez haciendo de las suyas,
los asuntos metafísicos.
 
En el crepúsculo del sueño
enmendamos...

 
Se presionan cada una de las vértebras,
amando en Morse los hombros;
labios de macho cabrio...

La palabra,
-como si fuera cuerpo-
luna en el crepúsculo del sueño.

 

 

 
 

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